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Tenemos la suerte una vez más de comenzar una nueva actualización de La Biblioteca Imaginaria con una entrevista vía email. La autora, en esta ocasión, es Laura Gallego, una escritora prolífica que sin duda a casi todos os sonará, aunque sea de oídas, pues el suyo se ha convertido (muy merecidamente) en pocos años en uno de los nombres de referencia de la literatura juvenil en español.
Laura ha publicado recientemente la novela “Donde los árboles duermen” (y la reseña, como siempre, la encontraréis tras este artículo). Hablamos con Laura de su novela, pero también de otras cosas. No os lo perdáis:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
A los diez años, más o menos. A los catorce terminé mi primera novela, y a los veintiuno publiqué por primera vez la que en realidad era ya mi novela número catorce.
¿Por qué literatura juvenil?
¿Y por qué no?
¿Te imaginas tu mundo sin la literatura?
Claro; soy escritora, mi trabajo consiste en imaginar mundos posibles... o imposibles. Pero habría que matizar si hablamos de un mundo en el que yo no hubiese llegado a conocer la literatura o, por el contrario, que se diera el caso de que me quedara sin ella después de todos estos años. Me explico: podría ser una campesina medieval que jamás hubiera aprendido a leer. En tal caso, supongo que mi mundo no cambiaría demasiado, porque no sabría qué me estaba perdiendo. Probablemente escucharía los relatos de los juglares y soñaría despierta, sin imaginar la cantidad de historias fascinantes que me podrían ofrecer los libros.
O también podría haber una gran catástrofe planetaria que acabara con nuestro mundo tal y como lo conocemos. En ese ambiente post apocalíptico, por supuesto que añoraría los libros, poder leer y escribir. Aunque imagino que estaría preocupada por otras cuestiones más acuciantes. Por ejemplo, sobrevivir a la radiación.

© Sergio Cuesta/Archivo SM
¿Cómo surge la idea de escribir “Donde los árboles cantan”?
Este libro es, en realidad, la suma de tres historias entrelazadas: por un lado, la historia de Viana; por otro, la historia de Uri; y, por último, la historia de Nortia, el reino donde ellos viven, que es el marco y el nexo de unión de los dos personajes. La historia de Viana tiene su origen en un episodio del Belianís de Grecia, un libro de caballerías del siglo XVI en el que estoy trabajando para mi tesis doctoral. En dicho episodio, el héroe y sus amigos conquistan una ciudad, y más tarde "se reparten" a las doncellas de noble cuna como parte de los acuerdos de paz. Me llamó la atención que estas damas parecían muy contentas con sus matrimonios forzados, como si fuese un gran honor que se les hacía, y traté de ponerme en el lugar de una doncellita que se ve obligada a casarse con un hombre al que no conoce y a quien, además, considera su enemigo. Y así fui, poco a poco, desarrollando la historia de Viana. La historia de Uri tiene otro origen, pero, siendo sincera, no recuerdo cuál. Iba a ser una novela aparte, pero me di cuenta de que encajaba bien con la historia de Viana, de modo que estos dos personajes se han encontrado en una historia común y creo que es lo mejor que les podía haber pasado, porque sus vidas no habrían sido las mismas de no haberse conocido.
¿Cuántos libros de caballeros y de historias medievales has tenido que leer antes de escribir esta novela?
Muchos; pero llevo haciéndolo desde que era pequeña, y no para escribir este libro en particular, sino simplemente porque me apetecía.

Algunos opinan que “Donde los árboles cantan” es tu obra más madura. ¿Piensas tú lo mismo?
No lo sé; eso es algo que deben decir los lectores. No me corresponde a mí valorar mi propia obra porque, como autora, no puedo ser objetiva.
Pero, ¿has escuchado cantar alguna vez a los árboles?
Claro. Todo el mundo puede oírlos cantar, si presta atención :-)
¿En qué se parece a ti Viana, la protagonista de esta novela?
En nada, me temo. No desarrollo a mis personajes a mi imagen y semejanza. Intento que cada uno de ellos tenga su propia personalidad, acorde con sus experiencias vitales y con el mundo en el que vive.

© Sergio Cuesta/Archivo SM.
¿Te gustaría que “Donde los árboles cantan” se llevara a la pequeña o a la gran pantalla?
La verdad, prefiero que mis historias se queden en el papel. No entiendo esa obsesión con adaptarlo todo a una pantalla. Con las películas y las series nunca pasa. A los directores de cine nunca les preguntan si les gustaría que se escribieran libros sobre sus películas.
¿Qué esperas que encuentren los lectores en “Donde los árboles cantan”?
Sobre todo, una historia que les entretenga y que les haga pasar un buen rato.
¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Muchos; tengo cerca de una docena de historias en mente, pero necesito encontrar tiempo para escribirlas. Lo próximo que va a salir es una novela para lectores a partir de 10 años, que se titula Mago por casualidad y que es una historia de humor y aventuras sobre los tópicos de la novela fantástica. Está previsto que se publique la próxima primavera en la editorial Bruño.
Muchas gracias, Laura, por tu tiempo y tus palabras. Esperamos que encuentres tiempo para escribir todas esas historias que rondan en tu cabeza, y que lo hagas tan bien como lo has hecho hasta ahora.
Gracias a Carmen Palomino, de SM, por las fotos para ilustrar este artículo.
Y por último, pero no menos importante, gracias a todos los que estáis como siempre al otro lado haciendo posible que este proyecto siga vivo semana tras semana.
Cristina Monteoliva
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Título: Donde los árboles cantan
Autora: Laura Gallego
Editorial: SM
Págs: 480
Precio: 14,94 €
Imagina que eres una joven dama en un reino medieval, uno en el que todo parece tan perfecto como en un cuento de hadas: tienes un padre que te adora, estás enamorada de tu prometido (un caballero, por supuesto) y tu mejor amiga es estupenda. Pero, ¿y si de pronto todo dejara de ser tan perfecto? Con la entrada del reino en guerra, por ejemplo. ¿Qué supondría eso para una joven dama como tú? Nada mejor que adentrarse en “Donde los árboles cantan”, la nueva novela de Laura Gallego, para averiguarlo. Y si no me crees, sigue leyendo esta reseña.
Viana es una joven noble que vive feliz en el reino de Nortia. No podría ser de otra manera, pues aunque su madre murió hace tiempo, su padre la adora, amistades no le faltan y, lo que es más importante para ella: está a punto de casarse con Robian, su gran amor. Sin embargo, la felicidad no es eterna, menos aún cuando los bárbaros deciden conquistar el reino. Las mujeres nobles quedarán entonces indefensas, todas ellas serán obligadas a casarse con los nuevos señores del lugar. Incluso Viana, a pesar de que Robian siga vivo. Las circunstancias llevarán a nuestra joven protagonista a huir al Gran Bosque, un lugar prohibido donde tal vez esté su salvación.
Aunque soy una gran lectora de literatura juvenil, creo que hacía mucho tiempo que no me había topado con un libro cuya acción tuviera lugar en la edad media (real o de un mundo imaginario y mágico). Probablemente la idea de toparme con una historia demasiado dulzona, al estilo de los cuentos de hadas, me había hecho decantarme por otras diferentes en los últimos tiempos. Así que lo primero que he de decir de “Donde los árboles cantan” es precisamente que no se trata de un cuento de hadas caramelizado, sino de una novela fantástica con muchos toques de realismo en la que empatizar con la protagonista, esa chica al principio débil pero que poco a poco se irá endureciendo, os será la mar de fácil.
“Donde los árboles cantan”, como decía antes, es una novela fantástica, ya que la acción transcurre en un país imaginario, el reino de Nortia, un lugar que es invadido por unos bárbaros prácticamente invencibles, y en el que hay un bosque extraordinario que las gentes deben evitar. En este bosque, como el título del libro indica, los árboles cantan y los sucesos mágicos sorprenderán a Viana, la protagonista.
Que “Donde los árboles cantan” sea una novela fantástica no quiere decir que todo sea de color de rosa, como también he comentado antes. Aquí los planes no siempre salen bien, ni los enamorados pueden estar por siempre juntos. Existen momentos terribles que nos recuerdan a la realidad de la edad media europea, actos sobre todo en contra de las mujeres y los más desvalidos.
Del largo e interesante elenco de actores destacan, aparte de Viana, esa chica guapa, tremendamente impulsiva, cabezota y apasionada: Lobo, el caballero venido a menos que se convertirá en el protector y mentor de Viana en su lucha por liberar el reino de los bárbaros; Harak, el rey bárbaro de corazón de hielo, el mismo que parece no morir nunca; Robian, el traidor y primer amor de Viana y, sobre todo, Uri, el muchacho salvaje que llega desde el fondo del bosque no sólo para ayudar a Viana en sus múltiples aventuras, sino para enseñarle el canto de los árboles y mucho más.
Hay cosas que nunca pasarán de moda, como los buenos libros de literatura juvenil cuya acción se sitúa en lejanos reinos medievales con un toque de magia. Si a esa historia le añadimos una protagonista intrépida, una guerra inesperada, un lugar prohibido, unos malos temibles, un amor imposible, la lucha por liberar un reino y un toque de realismo, entonces tendremos una gran novela de aventuras de título “Donde los árboles cantan”. Y, sinceramente, amigos de las emociones sin límite combinadas con buenas letras, ¡no sé qué estáis esperando para haceros con un ejemplar de este libro! ¿O es que no os atrevéis a comprobar por vuestra cuenta si todo lo que os he dicho es cierto?
La vida no es un cuento de hadas. Justo cuando todo parece ir bien, llegan los problemas. Saber enfrentarlos es todo un reto, más aún cuando no te han educado para ello. Descubre ahora esto y mucho más en “Donde los árboles cantan”, una novela sorprendente y única que te atrapará entre sus páginas.
Cristina Monteoliva

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Título: Manifiestos vanguardistas
Autores: Varios
Editorial: Barataria Ediciones
Págs: 251
Precio: 12,50 €
La ignorancia es gratuita porque nosotros lo hemos querido así. En Europa, en sus literaturas están más que presentes algunas de las ideas que han venido defendiendo los artistas de vanguardia que han quedado compilados en este libro.
Podríamos considerar las vanguardias como las manifestaciones culturales fuertemente distinguidas por la crítica y su actitud negativa hacia una institucionalización del arte, particularmente hablando, y de la sociedad retraída en un compendio normativo y restrictivo que la ahoga a pequeños sorbos.
Por eso, será a partir de las vanguardias literarias cuando los artistas, incluyendo a los literatos en esta categoría, elaboren textos lo más pragmáticos posible que reflejen su visión del mundo y lo que necesitan para seguir resistiendo en él.
Es curioso cómo tras la lectura de Manifiestos Vanguardistas queda casi justificada la creación de un nuevo género literario, el del “manifiesto”, puesto que se convierte en un proyecto conceptual que no solo cuestiona posicionamientos literarios, sino también estéticos, políticos, sociales y culturales, lo cual le da aún más, si cabe, cierta legitimidad y honra artística.
El primer movimiento vanguardista recogido en este arduo trabajo de investigación por parte de Claudia Apablaza, y delicadamente prologado por Jordi Corominas, es el Vedrinismo, cuya máxima es la defensa a ultranza del verso libre como única forma de transformar la poesía.
En esta pequeña definición, han quedado plasmadas algunas de las palabras que más se repiten en cada uno de los movimientos: "defensa", "libre" y "transformación".
En casi todos los movimientos vanguardistas conocidos en los países iberoamericanos, se busca una transformación del mundo conocido hasta el momento, así como una liberación de prejuicios emocionales, culturales y politicos.
En su libro, “Manifiestos literarios”, Juan Carlos Santaella dice que “un manifiesto es una toma de posición con respecto a ciertos hechos e ideas relativas a un hacer concreto de la literatura. Por lo tanto, este compromiso implica, a su vez, la elaboración meticulosa de una teoría, de una poética y de un discurso que será preciso convertirlo en una escritura militante con objeto de ganar legitimidad y poder de convencimiento”. Serán los escritores vanguardistas, en ese afán indiscutible por transformar el arte y la sociedad, los que busquen adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del sueño y a los sobresaltos de la conciencia, como decían los Vedrinistas, en los primeros años del siglo XX, y para ello centrarían sus críticas en las instituciones sociales proponiendo nuevos valores a partir de un mundo más artístico. Véase el caso del Estridentismo en México en los años 20. Con este único fin, tendrían que inventar nuevos lenguajes, pues como apunta Lotman cuando un artista toma partido por un género determinado o tendencia artística específica, tendrá que tomar igualmente la vía de un determinado lenguaje en el que quiera comunicarse con el lector. De esta manera el lenguaje formará parte de una jerarquía de lenguajes artísticos, dentro de una cultura previamente dada.
Lo que ocurre con todos estos manifiestos es que consiguen convertir también al lector en un agente transformador y al arte en un instrumento que genera ese cambio. Por ejemplo, en el Pancalismo, originario de Puerto Rico, la belleza tiene un carácter universal, todo es bello, por lo que el lector incluso, es el que convierte el lenguaje en belleza con su lectura.
Ya sabemos que la belleza está allí donde nosotros creemos contemplarla. Y para ello, necesitaremos restregarnos los ojos, y destruir cualquier resto de tela de araña que haya quedado perenne en nuestra visión del mundo, como proponían los propulsores del Martinfierrismo, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, porque no quiere reconocer que ha olvidado cómo mirar.
Pero también es posible, que no exista nada que ver, como en algunos de estos días nos planteamos, por eso, para cuando el tedio y el hastío, la desilusión y el vacío estén a punto de vencernos, el Creacionismo acude en nuestra ayuda y nos invita a experimentar y a crear belleza en lugar de reproducirla, al fin y al cabo, “el poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta”, y como citaba Rimbaud, “…y a veces, he visto lo que el hombre ha creído ver”.
Particularmente considero que uno de los fines más claros de cada uno de los movimientos vanguardistas era permitir que el placer de la creación siguiera siendo eso, precisamente un placer más allá de modas o movimientos sociales, más allá de lenguajes previamente establecidos, pero sobre todo, un placer ajeno a las normas establecidas, un libre placer liberado en sí mismo de cualquier constricción que le quitara valía.
La Bandera que debe ondear en la mente de todo creador, independientemente de la disciplina en las que más a gusto se encuentre su mente y su espíritu, debe ser la de la valentía, porque será esa la única patria en la que pueda habitar la libertad de pensamiento. No importa si para defender esta bandera se tiene que molestar y hacer ruido como si el barco estuviera a punto de encallar, sí, es imprescindible tañer la campana y hacer ver, que el arte no puede seguir una ruta establecida; porque el arte, se alimenta de objetos, ideas, seres, artefactos y palabras que no aparecerán nunca en las cartas de navegación, pues se van creando a sí mismos cuando consideran que es necesaria su aportación a la sociedad.
Me gustaría pensar que las vanguardias estarán siempre presentes, que podremos ir a un Café de las Artes y conocerlas de cerca, que se crearán más Cafés de las Artes donde iré con mis amigos creadores, con mis poetas amigos libre y gratuitamente. Libres de prejuicios, gratuitamente sin pagar un alto precio vital por seguir buscando lo que otros ya buscaban hace cien años: la sencillez del hombre, la valía de su conciencia, la necesidad de comprenderse, descubrir que, como ilumina Jorge Riechmann en el poema Brassai en el Reina Sofía , incluído en su libro Desandar lo andado, “… las cosas pueden hacerse de otra forma. La vida puede enlazarse con otra libertad”.
Elvira Ramos

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Título: El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela
Autor: Hans Magnus Enzensberg
Traducción: Richard Gross
Editorial: Anagrama
Págs: 112
Precio: 11,90 €
“En cambio nuestra Europa”, dice un poema de Gottfried Benn (El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela, pág. 17). “Muchos dislates, mucha charlatanería: la verdad, obra de su vida, 500 páginas..., ¡es imposible que sea tan larga la verdad”.
¿La Unión Europea? ¿La Comunidad Económica Europea? ¿Los jerarcas y poderosos que desde allí dictaminan y deciden como ha de avanzar la rueda del mundo? Ahí están los funcionarios y altas instancias de Bruselas, tejiendo, financiando y protegiendo lo que conviene, y casi que legislando pues mandan ellos, solo ellos, ¿los demás, el resto?, los demás, el resto, no cuenta, no existe, es indivisible porque se trata de la masa, de los ciudadanos de a pie que en su momento fueron miserablemente engañados pues creyeron en el espejismo de sus palabras y sus hueras y sibilinas promesas. Nos representan, o eso quieren hacer creer escondiéndose detrás de decenas de siglas, directrices, códigos secretos propios de una religión poco menos que animista y decadente. Mentira, sencillamente una inescalable montaña de mentiras y papeleos y burocracias. Mientras tanto sus riquísimas dietas y sus emolumentos no faltan en sus despensas, y por ese vacío de poder que no vive directamente en el vacío ni lo sufren porque apenas rozan las carencias y el vacío verdadero de gobiernos y naciones sin moneda y economía fuerte, de países que no pueden competir con las grandes potencias (Alemania, Inglaterra, Francia), repito, por ese poder que en la sombra rige, quita, pone, luchan muchos por llegar a esa catedral llamada Bruselas, Unión Europea, Comunidad Económica Europea, obra en su comienzo de Jean Monnet con sus dioses menores: la industria del acero y el carbón. Y más tarde estrategia de Winston Churchill, para la unificación de Europa por allá por 1948. ¿Y los presupuestos para la cultura, qué? Nada, una migaja. “La cultura molesta por el mero hecho de ser difícilmente homogeneizable” señala en el capítulo 3 el atento y avisado de Magnus Enzensberg.
Si algo siempre sobresale e ilumina en la escritura, en los ensayos y estudios de Hans Magnus Enzensberg (Baviera 1929, en la contraportada del libro se hace mención de sus obras), es su oficio para llevar lo que señala en más de una dirección, de forma llana y visible. Sin dejar que las bridas de su caballo ensayístico le haga perder el rumbo y marche a su antojo. Su limpieza en el momento de individualizar un dato determinado para guiar al lector por otros razonamientos, por otros cuestionamientos, por vías en la que nos es necesaria (nos recuerda sin recordarnos) la memoria. La memoria para tener en cuenta el paso que adelanta o atrasa, el color que resta y no suma, la duda que sería factible despejar a tiempo para evitar dudas y descalabros mayores. La memoria, amiga complaciente y oportunista de los vencedores y acaso enemiga infiel de los vencidos (a su pesar), sea la guerra que fuere.
Si algo debemos tener en cuenta cuando tenemos un libro de Magnus Enzensberg en las manos, es su respeto hacia nosotros, su valiente gesto de decir nombres y apellidos cuando hay que decirlos, incluso su humor cuando toca informar sobre un tema tan de risa como el asunto ese de cómo deben llegar al mercado los pepinos, qué tamaño han de tener, y qué tipo de curvatura para su distribución en el mercado. Y nunca lo hace diciéndonos “Sean obedientes”, eso no. Lo hace invitándonos a que continuemos resistiendo, a enfrentarnos, porque la receta con que nos intentan seguir embaucando por desgracia no es nueva “socialización de las pérdidas, privatización de las ganancias” (capítulo 7).
El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela: libro importante para entender un poco esta Europa de hoy que va de naufragio en naufragio y que tanto le cuesta probar el viaje de la estatua a la cantera de donde salió la piedra para la obra. Importante libro. Sustancialmente importante.
Ubaldo R. Olivero

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Título: El bosque de los corazones dormidos
Autora: Esther Sanz
Editorial: Montena
Págs: 345
Precio: 14,95 €
El bosque de los corazones dormidos, es un libro de género juvenil romántico escrito con una prosa sencilla y con unos personajes perfilados suavemente y de personalidad cómoda para enganchar a su lectura a las mentes más jóvenes.
Quizá para una lectora de páginas sin fin, El bosque de los corazones dormidos sea una lectura demasiado diluída. Esther Sanz, ha sabido crear una bonita historia, aunque triste.
Clara ha perdido a su madre, meses después a su abuela y como es menor de edad debe cambiar la urbe de Barcelona por un pueblecito de la provincia de Soria. Allí, sumida por una tristeza extrema y tutelada por Álvaro, un tío que demuestra más amor a sus abejas que a su propia sangre, decide exiliarse en medio del bosque, donde conoce a Bosco. Junto con Braulio se completará el triángulo amoroso.
El principio es interesante, la autora presenta muchas incógnitas que se irán desvelando a lo largo de la novela, consigue engancharte y querer saber qué ocurrirá después. Pero parece que el segundo tercio se torna laxo y es como una antesala de la primera parte al desenlace. Es en éste cuando los personajes vuelven a ganar fuerza para despedirse de nosotros al terminar.
No creo que El bosque de los corazones dormidos sea una mala inversión. Es una buena opción para un público determinado, es interesante y pese a que el recurrido triángulo amoroso con una joven y dos chicos que la pretenden es algo muy utilizado por los autores, es algo que dentro del género gusta. Su sencillez hará las delicias de las lectoras primerizas y que desean expandir su mente a algo más que espadas y dragones y dejar la fantasía pura para sus hermanos menores. También gustará a las personas que huyen de libros pesados o demasiado complicados. Si tienes una hija, una sobrina a la que “picar” para leer, creo que esta obra es una buena opción.
Es el primero de una trilogía que continuará con El Jardín de las Hadas sin Sueño que tiene prevista su salida el próximo 12 de Abril. Y aunque me esperaba un poco más de una novela que me ha gustado, tengo ganas de saber qué ocurrirá en la segunda parte. Espero también que Esther Sanz (como todos los autores) madure la historia y nos muestre a unos personajes que además de crecer físicamente también lo hagan emocionalmente.
Aída Albiar García

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Título: Salvajes
Autor: Don Winslow
Traducción: Alejandra Devoto
Editorial: Martínez Roca
Páginas: 350
Precio: 18,90 €
Un exmarine que ha pisado las calles de I-Rock-and-roll y sus carreteras en medio de la nada, o que ha cruzado los desiertos de Istanlandia repletos de talibanes haciendo surf en las arenas, se convierte en un salvaje. Se llama Chon.
El hijo de dos psiquiatras, psicoanalizado desde pequeño por unos padres que se autopsicoanalizaban cada manifestación de absoluta normalidad, es un salvaje. Se llama Ben.
Si tu madre está casada con «el número cinco» (porque ya no vale la pena recordar sus nombres), y te sugiere una «entrenadora de vida», es normal que te conviertas en una salvaje en la cama con Chon o con Ben, y que tu nombre, Ophelia, acabe siendo O. para todos, porque Ooooooo es lo que sale de tu boca cuando te corres con ellos.
Era un zeta, ese grupo de élite la policía mexicana que combatía a los narcos, pero los zetas terminaron trabajando para ellos, para los carteles de la droga. Cruzó la frontera, vivió entre los güeros, y se convirtió en la mano ejecutora del cartel de Baja California. Hace bien tu trabajo, es frío como una piedra, como un «helado», le llaman Lado. Ha cruzado muchas veces esa línea en la que puede cortarle la cabeza a siete desgraciados del Azul (el pinche perro del cartel rival en California), y lo graba en video y lo envía por internet para que todos sepan que es un salvaje, y que Doña Elena, la Reina, la viuda de Sánchez Lauter, gobierna ahora el cartel con más huevos que todos esos hombres juntos que habían pensado que una mujer al frente era el fin de la familia y del «negocio».
Para una mexicana como Elena, de ese nivel, “viuda milf”, con esa belleza que aún retiene y que ya no puede compartir, con posesiones en México y en California, muebles importados de Europa, idiomas, con hijos licenciados o estudiando en UCLA, los que viven en el Norte, con sus agentes inmobiliarios, sus jardines cuidados por ilegales, sus bancos jugando al casino, son salvajes.
Chon, Ben, O., hacen un buen trío. Chon y Ben cultivan la mejor variedad de maría de todo el sur de California. Chon trajo las semillas de Istanalandia, de allí se trajo también ese instinto salvaje de supervivencia, de ajustar bien los retrovisores y saber cuándo te han dejado una trampa en mitad de esa nada de arena, y cuándo hay que saber huir. ¿Y Ben? Ben ha sabido crear las mejores variedades de hierba hidropónica con las semillas que pilló Chon en Istanalandia (¿o fue en I-Rock-and-Roll?). Ya sabes, sativa, indica, mucha energía, poca energía, consumo customizado a gusto del consumidor. ¿Y O.? O. los ama a los dos, y a ella misma, y si fuera por la «entrenadora de vida» que su madre le quiere colocar, amaría al mundo entero, pero hasta entonces lo mejor es recorrerse los centros comerciales del condado de Orange, y comprar y gastar para que Ben y Chon la amen a ella de la misma manera (ooo, ooo, oooooooooh).
Son los reyes, controlan el mercado de maría, untan al capo local de la DEA para no molestar y no ser molestados. El problema no está allí, eso lo puede entender cualquiera, el problema está al sur de San Diego, más allá del mundo, al Sur (es decir, más allá de una buena tienda de surf, o un buen Resort de golf de esos que extienden adosados hasta donde alcanza tu vista). Los hijos de unos pijos fumando cannabis entre clase y clase no son el problema, los padres de esos pijos fumando, menos todavía. Hasta el capo de la DEA probando esa divina mierda lo puede entender.
Pero sí hay un problema. Elena, la Reina, la viuda de Sánchez Lauter, que ha heredado la soledad de dirigir el cartel de Baja California, ha entendido que el «negocio» hay que llevarlo allí, al país de los salvajes. Y hay que entrar desde abajo, controlando el negocio de la hierba. Y la mejor hierba es la de Ben y Chon.
Y Lado, que es un salvaje, sólo sabe hacer negocios a su manera (que es la forma en la que Elena dice que hay que hacerlos): toda la hierba que producen esos dos güeros, la mejor, la van a controlar ahora los suyos. ¿Está claro? Les va a pasar un dinero fijo, buen precio, pero con margen de sobra para hacer negocio. Chon y Ben entienden el mensaje: ahora van a trabajar para ellos, olvídense de todos esos clientes agradecidos durante tanto tiempo, hacerse con el mercado que costó arrebatar a aquellos moteros yonquis. Todo a la mierda.
Respuesta: No.
Hay un problema. Lado es un salvaje. Lado secuestra a O., y Chon y Ben saben que no pueden vivir sin ella, y esas imágenes que reciben por internet de aquel tipo detrás de O. con la motosierra a escasos centímetros del cuello de ella aclaran las dudas.
Respuesta: Sí.
Pero Chon, que es un salvaje y ha patrullado esas calles de I-Rock-and-Roll y esos desiertos que ocultan oasis de amapolas, tiene un plan, y Ben va a tener que convertirse en otro salvaje, y esos mariachis no conocen todavía a Chon y a Ben cuando deciden que tienen un plan para rescatar a O..
Y Elena, la Reina, la señora del cartel de Baja California, que recibe por internet esas imágenes que le envía Lado de la habitación donde O. debe esperar hasta que los gringos pendejos cumplan todo el trato, piensa «el amor te fortalece, el amor te debilita».
Don Winslow escribió El poder del perro en 2005 (aquí su reseña en La Biblioteca Imaginaria). Tal vez una trama más ambiciosa, más detallada: la historia del origen de los carteles mexicanos y la historia del fracaso americano por parar todo-aquello-al-sur-de-la-frontera. Salvajes no es un spin-off, no es ninguna continuación, no pisa suelo mexicano porque ya todo ocurre aquí, en el bronceado norte, en California, y no hay ningún rastro de aquella historia en ésta. Y sin embargo desde la primera página sabemos que estamos pisando un territorio bien conocido. Winslow es camaleónico, si con El poder del perro aprendíamos a hablar como un mexicano, a pensar como uno de ellos, a contar la historia con ese acento que sonaba a casquillos rebotando contra el asfalto, en Salvajes nos mezclamos con esa generación de veinteañeros crecidos en los hall de los centros comerciales, en la abundancia de familias desestructuradas por la filosofía new-age y la «ética del hacker surfero». Es una virtud en Winslow, estoy seguro. No espera a que profundicemos en el escenario, no hay tiempo, todo va a ocurrir deprisa y lo sabemos. Nos suelta directamente en la historia, sin concesiones. Y entonces te das cuenta de que has tomado partido en la novela, te has dejado llevar como si el que pasa maría fueras tú, como si el que tiembla pulsando el gatillo fueras tú, y el que da papeleta al gringo pendejo fueras también tú, y no sabes cómo ni por qué, pero estás deseando volver a tener otra-de-Winslow en las manos. Tal vez porque aprendes más de qué va la cosa real, qué está pasando ahí afuera, en uno de sus libros que en diez horas seguidas de noticieros presentados por lindos y lindas periodistas de mesa de redacción.
Antonio Muñoz Quintana

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Título: Textos Mitológicos de Las Eddas
Autor: Snorri Sturluson
Traductor: Enrique Bernández
Editorial: Miraguano Ediciones
Págs: 272
Precio: 13 €
¿Cómo surgieron las estirpes de los hombres? ¿Es dios ese de quien hablaste?Entonces respondió Hár: De ningún modo lo consideramos dios. Era malo como todos sus descendientes; les llamamos gigantes de hielo. Y se dice que mientras dormía, sudó: entonces le crecieron bajo la mano izquierda un hombre y una mujer…(El engaño de Gylfi, canto V de Snorri Sturluson)
Se consideraría incompleta la biblioteca de los seguidores de las grandes sagas de la humanidad el no tener Textos Mitológicos de Las Eddas, la colección de obras literarias que recogen la tradición oral de la mitología escandinava. Se componen de dos volúmenes: El Edda de Saemund el Sabio –que no aparece en esta traducción por ser más conocido por su relación con el Cantar con Los Nibelungos-, escrito en verso alrededor del año 1000 de nuestra era, y el Edda de Snorri Sturleson, escrito en prosa alrededor del año 1225.
El Edda de Snorri o Edda Menor fue escrito por el político e historiador islandés Snorri Sturleson (1179-1241), con objeto de preservar la poesía y la mitología escandinava. Con un primer capítulo llamado Gylfaginning (El engaño de Gylfo), en el que se narra cómo Gylfo, rey de Suecia, viaja al palacio de Walhalla, en la tierra de Asgard, para entrevistarse con los dioses. Por medio del diálogo entre Gylfo y los dioses el autor desgrana todos los fundamentos de la mitología nórdica. En el diálogo se narra por boca de los dioses como fue la creación del mundo y habla de la creación y las diferentes peculiaridades de los Dioses Nórdicos. El diálogo incluye pequeñas aventuras protagonizadas por diferentes dioses, siendo muy amenas sobre todo las protagonizadas por Thor. Las divertidas aventuras de Thor hacen que esta obra sea muy entretenida de leer, a diferencia de otros libros mitológicos o religiosos. Este primer capitulo concluye con la narración del Ragnarok (destino de los dioses), en el cual los dioses cuentan como será el fin del mundo y su propia muerte combatiendo en una última batalla apocalíptica contra el mal, representado por la alianza entre el rebelde dios Loki, encarnado en el lobo Fenris, los Hijos de Muspel y la serpiente de Midgard. Tras esta última batalla los dioses morirán y el mundo conocido será destruido, teniendo que ir los hombres a habitar otras moradas.
El libro se complementa con La Edda Poética o Edda Mayor es una colección de poemas escritos en nórdico antiguo preservados inicialmente en el manuscrito medieval islandés conocido como Codex Regius. Junto con la Edda prosaica de Snorri Sturluson, la Edda poética es la fuente existente más importante sobre mitología escandinava y leyendas heroicas germanas. Como a los vikingos cuando invocaban a Odín, a unos les convertía en héroes a otros les llamaba con él y ambas convocaciones eran dadas por buenas. Así debemos leer y disfrutar este libro: como un llamado a profundizar en la historia mítica de otros pueblos.
Ricardo Acevedo Esplugas

Sobre su significado hay muchas teorías uno de ellas nos indican que significa bisabuela o puede estar relacionada con la palabra latina edo “He compuesto (poesía)”.
Fue escrito en el siglo XIII pero no se supo nada de su paradero hasta 1643 cuando llegó a las manos de Brynjólfur Sveinsson, obispo de Skálholt.
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Título: Guía de Mongolia
Autor: Svetislav Basara
Traducción: Luisa Fernanda Garrido Ramos y Tihomir Pistelek
Editorial: Minúscula
Págs: 154
Precio: 13,50 €
Uno de los culpables de que este libro cayera en mis manos fue Enrique Vila-Matas, y sin duda ahora comprendo por qué le gustaba tanto. En mi opinión todos los que estén en la órbita lectora del barcelonés pueden sorprenderse muy gratamente con Guía de Mongolia. Así que les doy permiso para dejar de leer esta reseña y correr a la librería o biblioteca más cercana.
Y es que Basara es otro cultivador de la extravagancia. Su libro es imaginativo y excéntrico, lúdico, absolutamente reacio a lo convencional y decididamente divertido. Juega con el género de la autoficción y es también metaliterario. Reconozco que el título del libro no me atrae, no me dice casi nada. Y sin embargo, Guía de Mongolia es una de esas novelas en las que desde las primeras páginas estás convencido de que has acertado al elegirla.
El motor de la trama es el suicidio de un amigo del narrador, que a su muerte le deja una carta en la que le comunica que una revista le ha propuesto viajar a Mongolia y escribir una guía, y que él, estando decidido ya a quitarse la vida, ha dado a la revista el nombre de su amigo, el narrador, para encargarse de tal fin. Con este pretexto se inicia un recorrido delirante por algunas de las peculiaridades del país, y, sobre todo, asistimos a las conversaciones metafísicas (reflexiones sobre el tiempo exterior y el interior, sobre la visión de la muerte en las sociedades actuales) entre el protagonista y un grupo de bebedores de vodka en el bar del hotel. Entre ellos se encuentran un oficial ruso que se ha hecho lama, el cadáver de un viejo, un obispo o el corresponsal de un periódico que ya ha desaparecido.
Por definición, algo que se hace llamar guía se supone verídico y real. Sin embargo, hay partes de este libro que parecen más propias del género fantástico. Así, Basara refiere algunas leyes y costumbres del país, que podríamos adscribir al terreno de lo absurdo.
La del serbio es una voz que narra desde los márgenes, ajena a toda convención y academicismo, pero que tampoco descuida el entretenimiento. Todo ello hace valiosa cada página de esta breve novela que pide y merece una relectura. Basara se nos revela, en definitiva, como un autor de potente singularidad. Diría que este libro es una pequeña joya de no ser porque no me gustan las joyas. Ahora sólo queda esperar que Minúscula tenga a bien publicar otro libro suyo. Algunos le estaremos muy agradecidos.
Jesús Artacho Reyes

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Título: Vertical
Autor: Juan Manuel Pérez Rayego
Editorial: Ediciones del Viento
Págs: 128
Precio: 15 €
Presta atención. Intenta transportarte hacia el futuro. Estás entrando en un edificio de veinte plantas que te dispones a subir una por una. Mientras lo haces, todos los habitantes del edificio salen a saludarte y tú les saludas también uno por uno. Los conoces a todos. Son tus antepasados que en lugar de morir, han conseguido pasar a otro estado vital de “tránsito”.
Sí, la naturaleza humana ha mutado de forma que el cuerpo es capaz de superar a la muerte, pero cada transitante requiere los atentos cuidados de su descendencia para concluir el cambio. Como descendiente vivo, y por tanto actuante, tu obligación es cuidar del edificio familiar y construir la nueva planta que te alojará y permitirá seguir el ciclo. Sin duro trabajo no habrá donde reposar más tarde, sin descendencia el ciclo se romperá, y cuanto más poder adquisitivo tengas, más descendencia podrás tener para que se haga más cómodo el trabajo.
“Estoy otra vez aquí, en esta oscuridad con palabras. Ahora sin ti, soy oscuridad y soy palabras”. Con este arranque la novela hace ver la tristeza que supone para el protagonista la obligación diaria de ese edificio. Alejado de su amada, atormentado por las eternas disputas entre los inquilinos, por la responsabilidad de sus raíces, de pronto es sorprendido por la terrible noticia de que debe entregar uno de sus familiares para el trabajo en la Gran Pirámide.
Hay que decir que un extraño cataclismo había detenido la Tierra y la humanidad la había hecho volver a girar artificialmente. Una maquinaria en forma de pirámide permanecía siempre en movimiento gracias al trabajo continuo, a menudo hasta la muerte, de integrantes de todas las familias.
En una realidad en la que se ha conseguido no morir, ¿a cuál de tus familiares enviarías a una muerte segura?
Dentro de esta atmósfera onírica a caballo entre lo agradable y lo grotesco, se plantea un segundo tema de fondo. La historia es narrada por un habitante del llamado Mundo Vertical, metáfora de rectitud hecha evidente en el edificio, pero dentro de la Tierra también existe el Mundo Horizontal. “Acude al mundo horizontal”, le aconsejan, “Allí se conforman con ser”.
Desde la visión del narrador es un lugar extraño, pero el lector puede ver rápidamente las diferencias entre ambos. Es una sociedad más sencilla, más cercana a la naturaleza, a la espiritualidad.
“Es una civilización curiosa la vuestra. Os empeñáis en elevaros, cada vez estáis más lejos del suelo al levantar castillos sobre vosotros mismos, castillos que huyen hacia arriba, hacia vuestras artificiales metas.¿Llegaréis a ellas? ¿Os quedaréis sin aire?”
Excelente y original novela de un amante de lo experimental que en verdad es toda una experiencia.
Raquel Arévalo

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Título: Noches en Bib-Rambla
Autora: Carolina Molina
Editorial: Roca Editorial
Págs: 447
Precio: 21 €
Hablar de literatura histórica granadina suele ser sinónimo de novela centrada en la época del Reino de Granada o, como mucho, en el periodo posterior a la toma de la ciudad nazarí por los Reyes Católicos. Pocos novelistas han dedicado sus esfuerzos a dar a conocer otras épocas de la ciudad. Entre esos pocos autores se encuentra Carolina Molina, que tras su novela decimonónica granadina “Guardianes de La Alhambra” se presenta ahora con su continuación, “Noches de Bib-Rambla”, la obra de la que hoy hablaremos.
Tras largos años lejos de la ciudad, Max Cid vuelve a Granada para hacerse cargo de los negocios familiares. No le queda otra, pues su padre acaba de fallecer y dejarlo todo en manos de su cruel madre, “la Benajara”, sería todo un despropósito, uno casi tan grande como el proceso de “modernización” al que algunos pretenden someter a la ciudad. Tal vez éstos últimos lo consigan, o tal vez no. Lo cierto es que lo tendrán bien difícil, pues Max y otros muchos estarán ahí para tratar de impedirlo a lo largo de los años. Unos años, por otra parte, en los que Max no sólo conocerá la importante historia de Granada, sino también el amor en múltiples vertientes.
Como decía al comienzo de esta reseña, “Noches de Bib-Rambla” es la continuación de “Guardianes de La Alhambra”. Lo es porque Max Cid es el hijo de Manuel Cid, el protagonista de la anterior obra de Carolina Molina; también porque hay una continuidad en el tiempo, el lugar y hasta en los personajes. Y, sin embargo, es totalmente factible que cualquiera se acerque a “Noches de Bib-Rambla” y la entienda a la perfección sin conocer nada de la novela anterior, tal es el grado de independencia, en realidad, que tienen la una de la otra.
El narrador y protagonista de esta historia que va desde mediados del siglo XIX hasta casi rozar el XX no es otro que Max Cid, un miembro de la alta burguesía granadina, siempre en guerra con los detractores de la cultura, con su temible madre, con los críticos de sus escritos y hasta con el amor. Y es que Max es un hombre inteligente y comprometido con la defensa de la ciudad; pero también, y sobre todo, un ser tremendamente enamoradizo. Francesca (la condesa di Mare), Alma y Valeria serán las mujeres de su vida. Todas ellas les aportarán algo, tal vez mucho más de lo que él sea capaz de darles a ellas. Cuál será la que más marcará al caballero es algo que sólo sabrás si te decides a leer esta novela.
El título de la obra, por otra parte, no sólo hace alusión a la plaza granadina de Bib-Rambla (el equivalente a la plaza mayor en otras ciudades), sino también, y fundamentalmente, al afán de Cid y sus compañeros de fatigas por defender el patrimonio histórico de la ciudad, y más concretamente la puerta de las orejas o puerta de Bib-rambla, una antigua puerta de la época nazarí que en la actualidad, y sólo parcialmente (la otra parte fue destruida), se encuentra en el bosque de la Alhambra.
Otros episodios históricos interesantes que se señalan en esta novela son el interés de los amantes de la historia por la ciudad por Iliberri (la Granada romana) y la sucesiva y triste destrucción de monumentos de épocas pasadas por parte de las autoridades, en un afán por modernizar la ciudad a toda costa.
La novela viene además acompañada de dos prólogos, el de la autora y el de Pedro López López, un apéndice en el que se enumeran los personajes reales que aparecen en esta historia, una lista de autores consultados y otra de hechos históricos que tuvieron lugar en el periodo en el que transcurre la acción.
“Noches en Bib-Rambla”, en definitiva, es una novela apasionada de carácter fundamentalmente romántico (en todos los sentidos de la palabra) que nos da a conocer, además, hechos históricos relevantes de la segunda mitad del siglo XIX. Adéntrate entre sus páginas ahora si deseas conocer no sólo los amoríos de Max Cid, sino también algo sobre la Granada posterior al romanticismo, sus gentes y todo lo que no tenemos hoy en día en la ciudad por culpa de la mala gestión de aquellos años.
El que un periodo histórico granadino parezca llamar la atención más que otros no quiere decir que esos otros no sean igualmente interesantes. Descubre esto y mucho más con la lectura de “Noches en Bib-Rambla”, esta nueva novela de Carolina Molina sobre la segunda mitad del siglo XIX de una ciudad esplendorosa que, de no haber perdido muchos de sus monumentos, lo podría haber sido mucho más hoy en día.
Cristina Monteoliva

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