|
Tenemos el placer hoy, en La Biblioteca Imaginaria, de ofreceros la entrevista que tan gentilmente nos respondiera José Luís Muñoz hace unos días. José Luís ha ganado recientemente el Premio Seseña de Novela Romántica 2009 con su novela El corazón de Yacaré (novela que más tarde revisaremos, como siempre).
Pero éste no es un premio en su haber. Efectivamente, el talento de este salmantino de nacimiento, actual residente en Granada, no podría pasar desapercibido de ninguna manera, de ahí su notable éxito.
Sin más dilación, aquí van las respuestas del autor. Espero que las disfrutéis tanto como yo:
¿Qué ha supuesto para ti ganar el Premio Seseña de Novela Romántica 2009 con El Corazón de Yacaré?
Un montón de cosas positivas. Cuando leí las bases, pensé que la novela, que la había terminado hacía unos meses, encajaba perfectamente en la filosofía del premio, porque era una novela romántica, y creo que lo es mucho, lo que no quiere decir, en absoluto, que sea cursi o rosa. Además el premio me ha puesto en contacto con una editorial pequeña, Imagine, pero que, como su propio nombre indica, tiene muchas ideas en perspectiva y proyectos en los que me gustaría colaborar.
Éste no es el primer premio que has recibido con una de tus novelas. ¿Te sientes un escritor de concurso?
Siempre digo que le debo mucho a los concursos literarios y, en ese aspecto, éste es un país privilegiado que da muchas oportunidades a los escritores. Si no hubiera ganado, el mismo año, en el 85, dos premios literarios de cierta envergadura como el Tigre Juan y el Azorín, seguramente habría tirado la toalla. Recibir premios estimula, sitúa el foco sobre tu obra literaria, le da más difusión.
¿Dónde buscas la inspiración?
La inspiración no tiene reglas y es imprevisible. Puede surgir de la página de un diario, de una frase que, misteriosamente, te llega a la cabeza, de un perfume que te transporta, de una película o un libro que estimula tu creatividad, de vivencias propias que disfrazas y conviertes en ficción. La de EL CORAZÓN DE YACARÉ vino a través de un relato muy antiguo, que tenía aparcado, volví a leer y me di cuenta que se había quedado corto, que daba muchísimo más, para una novela.

¿Has estado alguna vez en Macladán?
Sí, he estado muchas veces en Macladán. Es un territorio de ficción pero que está hecho de muchas realidades. Es un país que es la síntesis de toda Sudamérica explotada, sacudida, en el pasado, por feroces dictaduras, y que se restaña ahora sus heridas. Mi literatura, en buena parte, está ligada al continente americano que, realmente, me fascina en todos sus aspectos, como paisaje y paisanaje. Lo he visitado literariamente en 1492, con LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, y lo he seguido haciendo con ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN, ambientada en Cuba, LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, en Venezuela o LLUVIA DE NÍQUEL, en USA.
¿Y te has cruzado con Yacaré alguna vez? ¿Qué le dirías, si eso fuera posible?
Yacaré es el paradigma de la mujer indígena, bella y salvaje, explotada y perseguida desde los tiempos de la conquista, cuando literalmente las cogían. Es un tipo de mujer sencilla y sensual, apasionada y leal, de la que uno se puede llegar a enamorar perdidamente a pesar de las diferencias culturales. Es, salvando las distancias, parecida a la caraqueña del Maní, muy mujer, en un sentido que en América tiene mucha vigencia y en Europa poca. Me he cruzado con la imaginación, con la vista, pero no le he dicho nada, por si acaso, como tampoco le dije nada a la caraqueña del Maní que vi bailando en una sala de fiesta de Caracas.
¿Cuál es tu personaje favorito de esta historia?
Pues es Nelson, el policía torturador, porque creo que es más rico en matices, está lleno de contradicciones, vive atormentado por lo que hace, ante lo que todavía no está del todo vacunado. Debe haber algo turbio en mí, bueno, en todos, para que sintamos una cierta empatía por los personajes poco claros. Ésta es una constante de todos los personajes de mis novelas, que no son modelos a imitar sino todo lo contrario, hasta los que quiero que aparezcan como héroes, como era el caso de Marín de Urtubia, el protagonista de las tres novelas de LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO, que podía parecerlo pero en realidad era un traidor a los suyos, o el ex etarra de LA CARAQUEÑA DEL MANÍ, que busca la expiación de sus culpas.

La venganza está muy presente tanto en tu anterior novela, El mal absoluto, como en El corazón de Yacaré. ¿Se trata de una casualidad?
Pues sí, es casual. No lo había pensando. El tema de la venganza es algo muy complicado. Lo políticamente correcto es perdonar, pero hay atrocidades que no se pueden perdonar. La del nazismo, por ejemplo, es una de ellas. Una monstruosidad de ese estilo perdura, y cuando escribí EL MAL ABSOLUTO me puse en la piel del protagonista judío y me dije que no podría perdonar a su verdugo e idearía la fórmula de hacerle el mayor daño posible. En EL CORAZÓN DE YACARÉ hay algo más que venganza, hay una conducta irracional por parte de la protagonista femenina por recuperar algo que le pertenece.
También la política y la denuncia social son temas relevantes en ambas novelas. ¿Crees posible que el mundo cambie para bien?
Cuando escribo mis novelas nunca me planteo discursos políticos o moralizantes, sino que estos salen de forma automática. Tienes razón al decir que ambas novelas son muy políticas, denuncian hechos execrables y que tienen relación entre sí. Las prácticas de tortura y vejación que emplearon las dictaduras sudamericanas estaban inspiradas en el nazismo, y viejos nazis siguen emboscados en Argentina y en Chile, vinculados a esos años de plomo de sus dictaduras. El doctor Mengele vivió y murió en Paraguay. ¿Que el mundo cambie? Bueno, hemos iniciado una época de moderado optimismo después de cerrar el lamentable capítulo Bush y tener a Obama en la Casa Blanca. Con él seguramente las cosas irán a mejor, a pesar de la crisis que ha heredado, y Estados Unidos recuperará su sentido democrático y volverá a hacer política en vez de hacer la guerra. En ese sentido es muy significativa la política de acercamiento a Irán, por ejemplo, impensable en la anterior administración. Y sí, las cosas, sobre todo en Sudamérica, están ahora infinitamente mejor que hace veinte o treinta años, cuando era el patio trasero de Estados Unidos que organizaba golpes de estado contra todos los intentos de democratización.
¿Nos hacen libres los libros, la lectura?
Bueno, los buenos libros siempre te aportan algo, desde el punto de vista estético o en su fondo. Resulta clarificador que las dictaduras los consideren dañinos, a los libros, y los quemen. En los libros cabe de todo, desde un pensamiento conservador o reaccionario, a un pensamiento progresista y revolucionario. Pero también hay que saber digerirlos. Leía hace unos días que Hitler era un lector compulsivo, que leía mucho, y eso no le mejoró, creo. En España, durante cuarenta años, la libertad de expresión estaba atenazada, muchos libros no llegaban y recuerdo viajes a París para comprarlos clandestinamente. Los totalitarismos temen la cultura, los de derecha y los de izquierda, porque temen la crítica.

¿Qué esperas que encuentren los lectores entre las páginas de El corazón de Yacaré?
Lo primero es que les entretenga durante su lectura, transmitirles ese apasionamiento con la que fue escrita la novela, que es polifónica, hay tres voces en ella que conforman la historia. Me gusta parafrasear a Vázquez Montalbán que dijo que escribíamos lo que nos gustaría leer. Pues eso hago. La amenidad no está reñida con la calidad, aunque haya todavía algunos críticos que piensen de ese modo, que para que un libro sea bueno ha de ser el típico tocho que se te cae de las manos. EL CORAZÓN DE YACARÉ es muy sensual, está en el lado opuesto de la anterior, EL MAL ABSOLUTO, que era fría, casi una novela de tesis. Quiero transmitirle al lector el concepto América, su exuberancia, que se manifiesta en la vida, pero también en la muerte, que exacerba los sentimientos, entre ellos el amor, hasta unos límites que en Europa no se conocen.
¿Tienes ya nuevos proyectos en mente?
Varios, pero el problema es de tiempo, y hay unos que sedimentan y otros que se postergan indefinidamente. Hay una novela negra, que no acaba de salir, que la tengo en la cabeza desde hace muchos años, y habla del, probablemente, mayor asesino en serie de la historia de Estados Unidos, un matón de la mafia que murió hace años en prisión y alardeaba de haber liquidado a más de cien personas con métodos manuales. Y hay una novela histórica, en la que estoy embarcado, que es muy laboriosa, sobre la marcha de Hernán Cortés a Tenochticlán, narrada desde los dos puntos de vista, el de los conquistadores, que eran muy salvajes, y el de los aztecas, que todavía lo eran más pero estaban en su tierra. El tema del encontronazo de culturas en América es un filón inagotable de buenas historias que tienen muchas más fuerza que la conquista del Oeste. Hay cierto reparo, como un complejo de culpa, a la hora de escribir sobre esos hechos, cuando España era la potencia dominante y, como tal, cometía un sinfín de desmanes. Llevo doscientas páginas escritas y no veo el final.
Muchas gracias, José Luís, por tomarte tu tiempo con esta entrevista y por cedernos las fotos personales que la ilustran.
Como siempre, queridos lectores, os emplazo a la próxima entrevista, esperando que sigáis siendo fieles a La Biblioteca Imaginaria.
Cristina Monteoliva
|