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AELITA. Alexei Tolstoi
15/08/2010 21:31:37

Título: Aelita


Autor: Alexéi Tolstói


Traducción: Marta Sánchez y Nieves Fernández


Editorial: Nevsky Prospects


Págs: 281


Precio: 16 €


 


Mucha ha sido la fascinación que literariamente ha provocado el viaje espacial desde que Julio Verne  hiciera de él una novela en De la Tierra a la Luna (1865) y también mucho lo que se ha fantaseado sobre lo que en el espacio íbamos a encontrar, no siempre con visiones positivas, más bien al contrario desde La guerra de los mundos (1898) de H.G.Wells. Casualmente La guerra de los mundos también nos da una visión de lo que de Marte podíamos esperar. No obstante, en el mundo de la extinta Unión Soviética, la visión que se tenía de Marte viene dada por otras novelas. Recordar la fantástica Estrella roja (1908) de Alexánder Bogdánov, también editada por Nevsky Prospects, que, en este caso, es un referente más cercano para explicar esta Aelita (1922) de Alexéi Tolstói (1833-1945). Pero antes de adentrarnos en estas disquisiciones, pensemos un momento, desde nuestra perspectiva de lectores españoles, en algunos referentes previos, porque, pese a que la novela de Tolstói es muy anterior, a nosotros nos ha llegado mucho después cuando otras obras posteriores eran más que conocidas. A mi mente llegan  la fantástica narración de Ray Bradbury, hoy en día un clásico, Crónicas marcianas (1950) o la humorística Marciano vete a casa (1955)  de Frederic Brown o la más cercana trilogía de Kim Stanley Robinson, Marte rojo (1992), Marte verde (1993), Marte azul (1996) que abarca la vida humana en Marte durante un período de 35 años y que fue elogiada por Arthur C. Clarke como la mejor novela de la colonización de Marte. Seguramente el lector encontrará muchísimos más referentes con los que completar esta improvisada lista.  Por eso es mejor leer la novela de Tolstói como un clásico que nos ha llegado tarde.


Hablábamos de la obra Alexánder Bogdánov porque es anterior a la de Alexéi Tolstói y debo remarcar una par de aspectos en común: uno muy claro que es que habla de un viaje a Marte. Y otro más de profundidad, pues contiene una carga político-ideológica revolucionaria muy acorde con los sucesos que acompañaron a la creación y los primeros años de la Unión Soviética. Estos aspectos son también remarcables, quizá de una forma un tanto menos diseñada o esquematizada, en Aelita.


¿Cuál es el argumento de Aelita? Básicamente es la historia de un ingeniero que sueña con viajar a Marte para lo cual recluta a un antiguo soldado recién licenciado. En Marte encontrará un mundo que le abrirá los ojos sobre lo que dejó en la Tierra pero que, al mismo tiempo, le permitirá abrir su corazón maltrecho al amor de una marciana. Porque Aelita, bajo esa capa de ciencia ficción y de revolución, es básicamente una historia de amor. Una historia de amor que redime al protagonista, Loss, tras la muerte de su mujer, en un proceso similar al que sufre Martin Eden, héroe de la obra de Jack London, respecto de Ruth.


La novela de Tolstói tiene muchos paralelismos con obras como la de London, en cuanto a la expresión de ese proceso revolucionario que también existe en Estrella roja. Igualmente con respecto a esa inocencia que existe en la narración de la historia, a veces un poco primitiva, otras quizá un poco naif. Por otro lado, el relato nos sorprende inicialmente con toda una jerga hard o científica, como en Estrella roja, que llega a hacer a ratos demasiado lenta la narración.


Pasado un primer tercio de la novela, la sensación de encontrarnos con un texto de ciencia ficción excesivamente duro desaparece para dar paso a un texto más alegórico-legendario en donde el autor a través de la narración de Aelita y de las reflexiones de Loss, el ingeniero, y de Gúsev,  el soldado, nos adentramos en la cultura marciana. Una narración a veces demasiado lenta y no siempre bien llevada, que da paso al tercio más significativo e interesante de la novela en donde se encuentra la historia de amor y el desenlace revolucionario. Destacar el final en el que, con maestría, el autor se reserva información para dejarla caer como una bomba de aviación en el momento justo. Buena conclusión, bien llevada y ciertamente sorpresiva.


Prepárese el lector que desee enfrentarse al texto de Tolstói para leer un clásico como los de Verne, H.G.Wells o, incluso, Rider Haggard.


Luis Vea García


 

RAYUELA. Julio Cortázar
15/08/2010 21:24:33

Título: Rayuela


Autor: Julio Cortázar


Editorial: Cátedra


Págs: 752


Precio: 12 €


 


En 1963, a punto de cumplir Julio Cortázar los cincuenta años, se publica un clásico entre los clásicos: Rayuela. Era un libro difícil de leer y comprender, pero obtuvo un amplio reconocimiento entre los jóvenes de aquella época que querían ampliar sus conocimientos, que guardaban en su interior el afán de descubrir cosas nuevas, completamente diferentes a las publicadas hasta entonces.


Julio Cortázar en ocasiones reconoció que muchos de sus relatos provenían de sueños rememorados. Quiso romper las ataduras de la mala condición y para criticar el orden establecido concibió la literatura como un objeto de desorientación. Como sabemos, provocó una intervención renovadora en todas las instancias del texto, tanto en el plano existencial como en el expresivo del discurso.


Y así es esta impresionante novela, con un título que no podría ser más acertado: Rayuela. Podemos afirmar que es una de las grandes novelas de Hispanoamérica, con una prosa completamente revolucionaria.


Rayuela es más bien una anti novela, el deseo de Cortázar de criticar la literatura, y de además, llevar esta crítica a la práctica. Nace de la contradicción entre el impulso que siente el escritor de escribir y a la vez de cuestionar en el mismo desarrollo del texto, la forma y la posibilidad de escribir una novela.


A través de de un ojo que espía a todos los personajes, juzga las acciones e incluso pensamientos de estos, y ese ojo es otro personaje, el escritor Morelli, que incluso podríamos considerarlo como un alter ego de Cortázar. El personaje principal de la novela, Oliveira, es un completo antihéroe, un erudito que tan sólo vive por y para él, ajeno a las necesidades de sus amigos, y sobre todo, a las necesidades de La Maga, su compañera sentimental, a la que no duda en engañar con otra mujer, a la que no duda dejar escapar por puro egoísmo. El resto de personajes se articulan en torno a Oliveira y la Maga, unos cuantos eruditos más que se reúnen para divagar y para tratar de concebir qué es la literatura, entre otras muchas cuestiones. Después de la huida de La Maga debido a un fatídico accidente, Oliveira decide volver a su tierra natal, quedándose en casa de un amigo, donde volverá a sembrar los problemas al enamorarse de la mujer de éste al confundirla en un delirio constante con La Maga.


A nivel estructural observamos que Rayuela rompe con las estructuras de las obras tradicionales al comportar una doble estructura: una superficial con la novela lineal que podemos leer de forma normal y que llega hasta el capítulo 56, y la profunda, en la que el lector va alternando los capítulos de las dos primeras partes con los de la tercera, sin un aparente orden cronológico o temático. Por ello, puede parecer a simple vista una novela dura, y que no puede entenderse leyéndola solamente una vez. Rayuela es un laberinto que nos hace navegar a través de sus infinitos recovecos, un laberinto con una búsqueda sin fin, al igual que lo es la búsqueda de Oliveira, porque como bien dice él al principio de la novela… “¿Encontraría a La Maga?”.


Esta novela también parece un compendio infinito de sabiduría. Mientras la estuve leyendo necesité volver una y otra vez a las notas a pie de página e informarme en una enciclopedia de temas de los que hablaba y yo no tenía ni idea. Así pues, Rayuela es una obra que necesita de un lector experimentado, de ese lector que quiera estrujarse los sesos, pues eso es lo que pretendía Cortázar: romper con esa típica visión del lector que se sienta en el sofá y es totalmente receptivo. ¡Ahora el lector debe ser activo, debe implicarse con la historia, sentirse partícipe de ella!


La originalidad de Rayuela reside principalmente en esa originalidad que la caracteriza, en la libertad de procedimientos. Puede parecernos una obra desordenada, sin argumento, totalmente fragmentada, y es que desde un primer momento los personajes son caóticos, al igual que sus acciones. Pero esto no es así: Rayuela merece ser leída y merece serlo desde el respeto, tratando de entender porqué fue concebida de este modo, tratando de establecer la relación lector- escritor con la que Cortázar soñaba al escribirla.


Esta maravillosa edición del 2008 cuenta con una introducción dirigida por Andrés Amorós para Cátedra, con notas a pie de página, fotografías de la ciudad en la que se ambienta la trama, e incluso planos geográficos, todo ello con la intención de ayudar al lector en su tarea de comprender una novela que puede resultar difícil e incluso a veces incomprensible. Les animo a que lean la introducción, a que dediquen al menos un poquito de su tiempo en descubrir las referencias que encontramos en las notas a pie de página. Si lo hacen, hallarán en Rayuela un pequeño tesoro, se introducirán de lleno en sus páginas, en su bella historia. Sentirán odio hacia Oliveira, pero también conmiseración, sufrirán por el destino de La Maga, y sobre todo, pondrán en marcha la maquinaria de su mente, queridos lectores, porque como una vez dijo Estanislao Zuleta: “Leer es trabajar”.


Elena Montagud


 

CUADERNO DE NOTAS. Anton Chéjov
02/08/2010 9:49:15

Título: Cuaderno de notas


Autor: Antón Chéjov


Traducción: Leopoldo Brizuela


Editorial: Páginas de Espuma-La Compañía


Págs: 187


Precio: 9,90 €


 


¿Qué escritor no desearía conseguir el éxito leyendo un sencillo manuscrito? Encontrar las dosis justas que necesite cada una de las narraciones. Saber de qué modo se cuecen las obras maestras, el modo de operar del cerebro de los grandes genios, la forma de trabajar, los detalles a incluir, el material a desechar… Este conjunto de cosas son las que uno puede encontrar, nada más y nada menos, en este pequeño Cuaderno de notas de Anton Chéjov. Un pequeño libro que en poco más de ciento ochenta páginas da cuenta de algunas de las genialidades de este maestro del cuento y excelente autor teatral.


Unas veces nos encontramos con escenas a medio hacer, en otras ocasiones son variaciones sobre el mismo tema, juegos sobre las posibilidades que puede tener una escena teatral o un fragmento de cuento. Uno se apercibe de la minuciosidad de orfebre con la que Chéjov trabajaba. Lo anotaba todo: precios, rasgos de los rostros, fragmentos de una esquina, detalles de un callejón, de una luz o de una casa. Todo se encuentra ahí. Y si uno sabe leer bien, entre líneas se apercibe de que para este autor la ocurrencia no debía constituir lo único. Había grandes dosis de trabajo, de dudas, de variaciones, de documentación y muchísimos detalles.


Otras de las cosas que a uno se le quedan grabadas al leerlas son esas frases lapidarias, esos golpes de humor, o de genialidad, de reflexión y de lucidez.


 Algunas muestras de lucidez:


“… la igualdad de los hombres jamás será posible. La desigualdad debe considerarse, por tanto, como una ley inmodificable de la naturaleza. Pero nosotros somos capaces de volver inocua esta desigualdad (…) A este respecto, la educación y la cultura harán grandes conquistas.” (p.22)


“Lo nacional no tiene nada que ver con lo científico” (p. 67)


“El hombre no abre los ojos hasta que no es infeliz” (p.160)


Otras tantas de humor:


“Envidia tanto que bizquea” (p.24)


“No tener caballo se dice aquí poner a cuatro patas a la paisana” (p.29)


“Son formidables los alemanes, hablan del precio de la lana… mientras que nosotros, los rusos, nos enzarzamos a discutir sobre la liberación de la mujer (…)”( p. 38)


Y la sátira con crítica:


“Los curas y los actores tienen muchas cosas en común”(p.45)


Y consejos:


“La buena educación no consiste en no manchar el mantel con salsa, sino en aparentar que uno no ha visto nada cuando otro hace algo así”(p. 57)


Quizá lo único criticable es lo deslavazado del texto. La falta de unión entre unos fragmentos y otros, como seguramente corresponde a un cuaderno. Pero este pequeño libro es una de aquellas joyitas para leer con calma, para aprender, para llenarse de sabiduría… Un libro imprescindible para cualquier escritor y para los interesados en la obra del maestro ruso. Un libro al que acudirán muchos autores cuando no encuentren frases lapidarias con las que adornar su discurso. Ya saben, Cuaderno de notas de Anton Chéjov.


Luis Vea García


 

PRINCIPIANTES. Raymond Carver
12/07/2010 8:45:19

Título: Principiantes


Autor: Raymond Carver


Traducción: Jesús Zulaika


Editorial: Anagrama


Págs: 320


Precio: 19 €


 


Raymond Carver es conocido como el padre del realismo sucio y el modelo de novelas como American Psycho. Pero tras la publicación de la versión larga de su obra ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?, podemos plantearnos si realmente fue Carver el maestro o fue su editor el que nos enganchó a la escritura del mejor autor americano de los últimos 50 años.


Cuando llegó a mis manos de nuevo un libro escrito por Carver y lo leí, pensé que había una historia que debía aclarar. Por eso antes de ponerme manos a la obra  volví a leer el relato Diles a las mujeres que salimos y me emocioné como la primera vez que lo leí hace más de cinco años. Cuando mis criterios y gustos literarios no eran los de ahora.


Diles a las mujeres que salimos es la obra maestra dentro de este libro bajo mi punto de vista, ¿por qué? Porque  realiza a la perfección un modelo de historia que luego tendrá en los herederos literarios, más o menos directos, de Carver, una atracción muy fuerte.


En ocasiones frío hasta el exceso, un Carver puro, con un final fulminante y una última frase perfecta, cortada como un diamante, simplemente exacta y helada.


Sin embargo, tras leer mi primera edición de este relato y después leer el texto de la nueva edición en Principiantes he llegado a la conclusión de que aquel final no lo escribió Carver sino su editor, Gordon Lish. En realidad, tiene toda la pinta de que Carver en su lugar había escrito  unas cuantas cuartillas.


Carver sigue a Jerry por la colina, narra largamente que viola a una de las muchachas protagonistas, que se levanta y que queda atontado, tras ello ya sabemos lo que viene, y si no es así, seguro que ya tienes el libro entre las manos y estás a punto de descubrirlo.


En Principiantes encontramos la inenarrable necesidad de contar todo, independientemente de la violencia que se refleje.


Me invade la curiosidad de entender a este autor que  escribió el que yo creo que es uno de los mejores cuentos de terror que se han escrito, Diles a las mujeres que salimos. Lo que se narra es una violencia que nace si explicaciones aparentes en un terreno aparentemente normal, curiosamente como cualquiera de las situaciones de violencia de género que vivimos en estos días.


Algunos cuentos de Carver son suficientemente violentos y suficientemente sutiles que no necesitan más que el lector sienta de entrada un hedor de violencia y tragedia, una tragedia que se encuentra congelada, que está sobre la mesa pero nadie quiere verla.


Todo el libro de Principiantes funciona como un perfecto reloj, porque Carver era un relojero. Un relojero que es capaz de encajar todas la piezas para que al terminar de leer un cuento de cuatro escasas páginas recibas una sacudida eléctrica al encontrarte cara a cara con las miserias de una humanidad desarmada y sin palabras.


Ha llegado Godot, leer comparativamente los dos textos, el editado por Lish y el que ha llegado ahora a mis manos ha sido extraordinario. Porque he sentido en esta versión original algo parecido a  lo que  hubiera sentido si,  imaginativamente en Esperando a Godot, éste llegara al final de la obra y dijera cosas sentimentales o en su defecto sensatas.


Me gusta Carver, me da igual que la mitad de sus escritos estuvieran pasados por la piedra de su editor, me gusta y punto. Además, es interesante descubrir que uno de los máximos modelos de la cultura narrativa contemporánea es alguien sacado de un laboratorio montado en un despacho destartalado de un edificio de Nueva York.


No me atrevería a decir que Carver no estaba capacitado para mantener aquella mirada impasible sobre el mundo que sus cuentos tienen. Pero sí que tengo suficientes conocimientos sobre su obra para poder decir que en su defecto tenía el antídoto para luchar contra ella. La única manera que tenía de enfrentarse a esa suciedad era esbozándola entre líneas, y sobre todo en los finales, porque la cuestionaba. Como si sintiera la necesidad de convencerse a sí mismo de que a pesar de todo, el mundo es habitable.


En Principiantes al final la gente llora, o dice te amo, las tragedias son explicables e incluso en algunos momentos podemos ponernos de parte de los malos de cada historia.


No puedo y no quiero pensar que el Carver al que le daba miedo la soledad, que tanto sufría en su vida privada, era incapaz de percibir el dolor que sentían sus personajes. Porque Carver tenía en la cabeza algo terrible, pero también fascinante, la idea de que el sufrimiento de las victimas es insignificante. Y que bajo el hielo de esta sociedad que tan poco ha cambiado desde su incursión en el panorama literario, hay un rescoldo de humanidad y esa idea que a capa y espada defiende Carver es lo que le hace ser grande.


“Supe que tenía que quedarme ahí un rato largo, mirando hacia fuera, fuera de la casa, hasta que no hubiese nada más que ver”.


Elvira Ramos


 

LA HIJA DE ROBERT POSTE. Stella Gibbons
20/06/2010 23:48:53

Título: La hija de Robert Poste


Autora: Stella Gibbons


Traducción: José C. Vales


Editorial: Impedimenta


Págs: 368


Precio: 22,75 €


 


La ausencia definitiva de los padres deja un vacío que no puede llenarse nunca. Aunque admitamos que hay gente que no se preocupa precisamente por este aspecto, sino por cómo vivirán cuando sus padres ya no estén. Tal vez sea un planteamiento un poco superficial en nuestros días, la mar de práctico hace unos años, concretamente en los años treinta, para, digamos, una mujer soltera que acaba de terminar sus estudios universitarios. ¿Qué de qué estoy hablando? Pues precisamente del punto de partida de “La hija de Robert Poste”, la novela de Stella Gibbons de la que hoy os hablaré.


Flora Poste se ha quedado huérfana justo después de terminar sus costosos y deportivos estudios universitarios. Sus padres, personas con las que apenas tuvo contacto en su vida, no es que le vayan a hacer mucha falta en el futuro. Pero, ¿de qué se supone que va a vivir, si su padre estaba arruinado en el momento de su muerte? Su amiga, la señora Smiling, lo tiene muy claro: Flora debería aprender un oficio útil, como el de secretaria, y ponerse enseguida a trabajar. Flora, por su parte, opina que lo mejor será escribir a sus parientes para que alguien se haga cargo de su manutención. Qué es lo que lleva a esta refinada muchacha a elegir, de entre todos sus parientes, a la excéntrica  familia Starkadder para vivir con ellos en su mugrienta granja es algo que sólo averiguarás si te adentras en las páginas de esta divertidísima novela.


La protagonista de esta hilarante obra no es otra que la ya mencionada Flora Poste, una mujer inteligente, independiente, y puede que un tanto egoísta, que no está interesada en ponerse a trabajar por nada del mundo. En su camino, para bien o para mal, se cruzan los Starkadder, unos parientes de lo más rústico que Flora se empeña en “ordenar”.


Y es que no hay nada en el mundo que crispe tanto a nuestra chica como el desorden, y en esta granja si hay algo es de eso: el primo Amos y sus obsesiones religiosas; Elfine, la muchacha asilvestrada; Judith, siempre llorando; Seth, el muchacho libertino que en realidad quiere ser actor; Reuben, esperando heredar la granja; Meriam, la criada que se queda embarazada siempre que florece la parravirgen; Adam y sus vacas; la tía Ada Doom, que tanto atemoriza a todos los demás desde su reclusión, y un largo etcétera de personajes llenos de matices. ¿Creéis que será tarea fácil?


Si Flora leyera esta reseña, seguro que vendría a tirarme de las orejas también por mi desorden, pues he dejado para el final el hablaros de los capítulos introductorios de esta obra. El primero que encontraremos es el que José C. Vales, el traductor de esta novela, firma. En él, entre otras cosas, se nos avisa de que gran parte del humor que guarda esta novela es lingüístico, y en parte se pierde en la traducción. Es por ello que Vales deberá acompañar al texto original con multitud de útiles aclaraciones a pie de página.


El segundo prefacio viene firmado por la propia Stella Gibbons y es, sin duda, uno de los capítulo introductorios con los que más me he reído en mi vida. Como bien ella nos indica, hay un gran sector de la crítica, y en especial cierto escritor, que no creen que una mujer como ella sea capaz de escribir una buena obra literaria (por supuesto, no tenían ninguna razón). Con tanto desparpajo como sus personajes, y más sentido común que Flora Poste, así es como ella se dirige a ellos y les dedica sus más rebuscados párrafos a lo largo de esta obra (textos de un rococó excesivo, que, por lo visto, es lo que la crítica admiraba en esa época. Entenderlos bien, amigos: eso es ya otro cantar).


La hija de Robert Poste, en definitiva, esta joya de la literatura británica del siglo XX, es una divertidísima obra de principio a fin llena de aventuras, situaciones disparatadas, amor, buenos consejos y mejores intenciones escrita de una forma deliciosa que llegará al corazón de todos sus novelas; una novela con la que pasar un buen rato en cualquier época del año gracias a su intrépida protagonista y sus dispares familiares. ¿De verdad te lo vas a perder?


No sé si a alguno de vosotros se le ocurriría irse a vivir con unos familiares completamente desconocidos en una granja en mitad de ninguna parte. Tal vez mejor dejar la experiencia para la siempre práctica Flora Poste. En todo caso, estoy segura de que “La hija de Robert Poste” es una propuesta que no podrá pasar desapercibida para ti si se cruza en tu camino.


Cristina Monteoliva


 

HISTORIAS DE NUEVA YORK. Stephen Crane
17/06/2010 10:39:26

Título: Historias de Nueva York


Autor: Stephen Crane


Traducción: David Cruz


Editorial: El Olivo azul


Págs: 104


Precio: 15 €


 


“Historias de Nueva York” es un curioso libro de cuentos, de historias, como bien dice el título, historias reales que su autor, el controvertido Stephen Crane observaba previamente y luego describía, con mente metódica y periodística. Quizás por eso sus cuentos escritos en el siglo XIX  y ambientados en Nueva York, tienen para un español del siglo XXI el valor de una película de época. Puede que nos arrastre más lo que no dice que lo que dice.


Nos adentramos en una ciudad masificada, caótica, rápida. Parece no haber cambiado nada esta ciudad ciertamente cantada con frecuencia por cineastas o por novelistas. La portada del libro es un acierto, fotografía de 1900, año en el que curiosamente murió Crane, lo mismo que las fotos interiores que avalan cada cuento. Una edición cuidada la que presenta El Olivo Azul para un librito minúsculo pero suculento, que se lee tan rápido como su autor describe sus historias.


Crane se basa en la confusión, en la agilidad literaria y en la repetición. El coche que se ha paralizado en medio de la calle en “El carruaje averiado” desordena la vía pública, alborota a los viandantes y prepara al lector para lo que le viene: un mundo de diálogos y de locura urbana. Cuando ello pasa y el cuento acaba no sabremos muy bien si ha existido una trama o una historia que contar, sólo nos ha dejado una sensación y una imagen de fotograma en el subconsciente.


Es por eso que Crane describe personajes extraños, como aquel niño andrajoso que desea un juguete que conseguirá con fiera determinación. Es un niño siniestro, como nos adelanta en el título del cuento. Estas historias están llenas de niños vagabundos, perros callejeros, miseria, “pena del nacimiento, de la esclavitud y de la muerte”.


El prologuista de esta edición, Juan Bonilla, nos dice que Crane estaba enamorado de la realidad. “No consentía darle un ápice de importancia a la imaginación ni a la fantasía”, ése es el valor que tienen estos cuentos como referencia a una realidad que por conocida no nos debe dejar indiferentes. Porque la realidad, es, en sí misma, aún más absurda que toda fantasía. El regusto de amargura que nos deja en cada relato nos convence de que estamos leyendo vida, aunque ésta sea de hace más de un siglo.


Carolina Molina


 

LAS GRANDES FAMILAS. Maurice Druon
13/06/2010 21:57:07

Título: Las grandes familias


Autor: Maurice Druon


Traducción: Amparo Albajar


Editorial: Libros del Asteroide


Págs: 408


Precio: 18,95


 


Una vez más la editorial Libros del asteroide y su buen olfato para los grandes libros pone en nuestras manos una de esas novelas que son motivo de aplauso, cariño y memoria reiterada para el resto de la vida una vez se termina su lectura.


“Las grandes familias” (Libros del Asteroide, 2009) que se publicó por el año 1948 y que firma el gran Maurice Druon no ha perdido ni un solo ápice de pasión, ritmo y buen oficio al escribir. Druon pintó un retrato descarnado y oscuro de aquellos que estaban llamados a influir en la historia francesa dada su condición de miembros de las familias “reinantes” del momento.


Estamos en el periodo d entreguerras, cuando Europa parecía ser la única sociedad válida, el único accidente. Un periodo en el que todo el mundo tenía a París como capital del mundo y en la que todos deseaban tener acceso al poder. Dos familias en ese escenario, los Schoudler y La Monnerie quedan vinculadas por la historia de amor que sellan por el matrimonio François y Jacqueline. Un amor que básicamente es lo único luminoso que ocurre en esta novela. A partir de aquí asistimos a la crueldad, despotismo y ambición desenfrenada de unos personajes que se hacen daños hasta muy entrados en la vejez.


Si quieren hacerse una idea del tono irónico y cruel que alimentará toda la obra léanse el prólogo que no es otra cosa que el marco trazado por Druon para poner en marcha a sus tristes personajes que no saben la que se les viene encima en medio de semejante escenario. Personajes, dicho sea de paso, muy bien construido y brutalmente tratados por su autor.


Pero esta novela, primera parte de una trilogía que también publicará Libros del Asteroide, queda entre nosotros no sólo como una gran obra literaria, sino como un testimonio sociológico que ilustra a la perfección cómo era la sociedad europea a mediados del siglo pasado, qué pasiones la movía y a que tiranías estaba sujeta. Una novela necesaria como brillante.


Es para mí el personaje de Lulú Maublanc y el odio que siente por Noël Schoudler (son los dos grandes “malos” y los responsables de gran parte de estas argucias) el que merece el mayor elogio. Estamos ante una psicología y empaque de personaje de los más sólidos que se pueden encontrar.


“Las grandes familias”, le mereció a Maurice Druon el prestigioso Premio Goncourt y el reconocimiento del mundo de las letras francesas al que siempre estuvo muy ligado. Dueño de una gran obra literaria nuestro autor falleció en 2009 dejando tras de sí una estela larguísima por la cual debemos seguir a este maestro de las letras, cercano a los grandes franceses del XIX por lo menos en su estructura y calidad narrativa en esta novela.


Queda por esperar que en breve tengamos las otras dos novelas que completaran el fresco de aquella sociedad. Por el momento el disfrute para los sentidos y la mente que genera “Las grandes familias” es altamente recomendable. Una novela que admite por su precisión literaria más de una lectura.


Pedro Crenes Castro


 

KANIKOSEN. EL PESQUERO. Takiji Kobayashi
13/06/2010 21:51:58


Título: Kanikosen. El pesquero


Autor: Takiji Kobayashi


Traducción: Shizuko Ono y Jordi Juste


Editorial: Ático de los Libros


Págs: 152


Precio: 15 euros


 


Ahora que voluntariamente todo se confunde, ahora que no encontramos diferencias entre lo que se dice desde la izquierda o desde la derecha, ahora que empezamos a ver la ruina de lo que tantos años ha costado crear, probablemente Kanikosen, el pequeño libro de Tajiki Kobayashi, sea una forma de ir a los orígenes, de entender el principio que es casi como entender el proceso. No es extraño, por tanto, que en Japón haya sido uno de los libros más vendidos en el año 2008. Ahora que ya, incluso en la economía, no hay verdades absolutas, los japoneses debieron ver en este libro el inicio de algunos de sus problemas económicos. Sin embargo, a alguien le parecerá extraño que un libro escrito en 1929 cobre protagonismo. Es evidente, y nos lo dicen los especialistas, que la economía es cíclica. Para desgracia nuestra, la historia también parece serlo y no deja de tener una mueca de ironía. La historia que narra Kanikosen es la de un pesquero, el Hakko Maru, en aguas de Kamchatka. El relato de la explotación y deshumanización de estos obreros, de estos pescadores … No sorprende pues que los japoneses de hoy, en la hora de la crisis mundial, se vean reflejados en esos otros japoneses de los años veinte, porque sus miserias son la continuación de las de aquellos.


Kanikosen es un gran libro, un libro concienciador, un libro aguerrido y crítico con la realidad,  partícipe de la literatura de denuncia. No alejado de otras realidades descritas sobre la revolución industrial en palabras de Dickens, no lejos a las explicaciones de las huelgas en EE.UU contadas por Jack London en Martin Eden y en algunos otros de sus libros.


Kanikosen también nos reconcilia con el género humano. Con su capacidad de lucha contra la injusticia, con su visión del mundo…


La misma vida azarosa que llevó el protagonista –qué estupendo es que Ático de los Libros haya incluido ese posfacio final con la vida del autor- hasta ser asesinado por la propia policía japonesa tras un brutal interrogatorio por su militancia en el partido comunista.


Vamos a ver algunas de las perlas que se encuentran en Kanikosen:


(p.33) “Cuando el capitalismo ya no podía obtener más beneficios, cuando bajaba el interés y había exceso de capital, hacían literalmente lo que hiciera falta en cualquier lugar: buscaban desesperadamente cualquier salida”.


Esta es la visión que tiene el patrón de sus trabajadores:


(p 42) “-¿Qué son para ti las vidas humanas? (…)


-¡Pero hombre! Es que Asakawa nunca ha pensado que vosotros seáis humanos”


Y otra:


“Perder cinco o seis cuerpos no tiene ninguna importancia pero sería una lástima perder el bote”(p.44)


Y algo sobre las condiciones de vida de los obreros:


(p.72) “Algunos se metían los piojos en la boca y los hacían crujir con los dientes delanteros, o los aplastaban con las uñas de los pulgares hasta que se les teñían de rojo”


Y otro ejemplo más:


(p.79) “Al día siguiente, cuando los obreros bajaron a la factoría, vieron al estudiante del día anterior atado a la columna de un torno. Tenía el cuello doblado sobre el pecho igual que un pollo desnucado. (…) llevaba un cartón escrito a mano con una letra que era claramente la del patrón: Éste es un traidor que se hace pasar por enfermo. Está prohibido desatarle la cuerda”.


Qué mejor que sumergirse en las aguas de Kamchatka a bordo del Hakko Maru. Lean Kanikosen, el pesquero y reflexionen. Hace falta, mucha falta.


Luís Vea García


 


LA NATURALEZA DE UN CRIMEN. Joseph Conrad y Ford Madox Ford
07/06/2010 0:14:56

Título: La naturaleza de un crimen


Autores: Joseph Conrad y Ford Madox Ford


Traducción: Pablo Sauras


Editorial: El Olivo Azul


Págs: 80


Precio: 14 €


 


La naturaleza de un crimen es un libro escrito a dos manos por Joseph Conrad y Ford Madox Ford. Una propuesta del primero al segundo, pues aunque ahora consideramos más importante a Conrad, en su momento era quizá más conocido Madox Ford. De Conrad no hace falta mencionar sus grandes novelas: Lord Jim, El corazón de las tinieblas, Nostromo, El agente secreto, etc. Hace unos días también reseñábamos otra de sus obras menos conocidas: El final de la cuerda. De Madox Ford destaca especialmente El buen soldado y El final del desfile.


Fue Conrad quien propuso a Madox Ford  hacer una novela a dos manos. En realidad fueron tres, ésta y dos novelas más: Los herederos y Romance. Si bien el libro no deja de ser una obra menor, es curioso saber que Conrad no la incluyó en la lista de la totalidad de sus obras, quizá no contento con el contenido final. E, incluso, en el prólogo, Madox Ford confiesa haber olvidado la existencia de La naturaleza de un crimen.


Es significativo leer uno tras de otro los prólogos sucesivos de los dos autores y ver de qué modo se escribió La naturaleza de un crimen. Incluso cómo los mismos hechos son descritos de forma diferente. La supuesta colaboración en uno se convierte en pequeños conflictos contados por el otro.


El planteamiento de La naturaleza de un crimen se basa en una larga confesión, la del criminal que admite su pecado. En esa larga confesión en forma de carta a su amada, mujer casada con otro hombre, el protagonista cuenta su crimen y, al mismo tiempo, descubre lo peor de sí mismo a la persona que quiere. Viéndose acorralado, y en un desenlace lamentablemente seguro e inevitable, pone en manos de su amante la verdad de sus pensamientos y vida. El modo en que se apoderó de la fortuna de su amigo siendo él albacea y de qué forma adquirió riquezas y fama.


Si bien la forma de plantear la narración como largo ejercicio de retórica continúa una larga tradición literaria, a veces lastra el contenido. La primera parte se lee con rapidez. Hacia la mitad, la retórica espesa un poco la narración.  El final, un tanto incierto, toma un giro que resulta un tanto precipitado. No sabremos nunca si fue por alguna de estas razones por las que Conrad despreció su pequeña obra. Siempre nos quedará la duda del motivo.


A través de las páginas de La naturaleza de un crimen cobran vida algunos temas de rabiosa actualidad. Una muestra: “… no es éste un tiempo de grandes hazañas sino de gigantescas operaciones especulativas”(p.24). Un ejemplo de que mucho de lo que vivimos proviene del pasado, por lo que nunca viene mal releer a los grandes, en este caso a Madox Ford y a Conrad. Y, a pesar del desenlace,  recomiendo encarecidamente leer entre líneas el capítulo final, descubriremos un sibilino razonamiento merecedor de nuestra mayor atención.


Luís Vea García


 

REFLEXIONES CONTRA LA RELIGIÓN. Mark Twain
24/05/2010 8:17:27

Título: Reflexiones contra la religión


Autor: Mark Twain


Traducción:  Mario Muchnik


Edición: Trama Editorial


Págs.: 68


Precio: 7,50 €


 


Maestro del humor ácido como su coetáneo y compatriota Ambrose Bierce, no en vano llamado Bitter Bierce (“Amargo Bierce”), la faceta cómica de Mark Twain camina entre la ironía sutil y el humor negro. Mark Twain, heterónimo más que seudónimo de Samuel Clemens, ha dejado para la posteridad mucho más que una o dos obras aptas para el público infantil-juvenil. La prueba es este delicioso librito que de haber sido publicado en su tiempo hubiera horrorizado a las mentes más liberales. La comparación con Bierce no es, a mi parecer, equívoca. He aquí la definición, en su impagable “Diccionario del diablo”, del término Monseñor: “Alto título eclesiástico, cuyas ventajas pasó por alto el fundador de nuestra religión”. Pero pasemos por alto del mismo modo estas semblanzas. Mientras que dicho diccionario ha tenido numerosas ediciones, las “Reflexiones contra la religión” de Mark Twain tuvieron que esperar hasta 1963 para ser publicadas en su país, como nos detalla Muchnik en su prólogo, y aún así después de esta edición no ha vuelto a haber ninguna más. Tenemos ante nosotros un verdadero libro condenado, más de lo que lo estuvo el poemario “Las flores del mal” de Baudelaire, que simplemente se consideró a niveles jurídicos como perjudicial para la moral pública, es decir; laica. ¿Pero de qué nos sorprendemos? Estados Unidos es la cuna de la Cienciología y el vivero más grande que existe de fanáticos de Cristo y de misioneros-invasores, y lectores de la Biblia en general. Sus mismos políticos y principales son un ejemplo de expertos exegetas que dominan a la perfección los versículos bíblicos y los sacan a relación cuando se considera oportuno. A cada cosa puede aplicársele el versículo adecuado, incluso si se trata de llevar la guerra a algún país. “Mía es la venganza, dijo el señor”, recitaban los del KKK cuando ponían algún negrito a fuego lento. Aunque nos estemos saliendo de madre, podríamos decir que en ningún sitio como en Norteamérica el punk tuvo más sentido. Los Dead Kennedys, por cierto, atacaban por ahí, usando como título para su primer disco el conocido lema In god we trust, con la efigie de un Cristo crucificado sobre un billete de dólar. En la contracarátula (lo sentimos, es su nombre técnico), dos señoras de la burguesía yanqui observando una ejecución del KKK como quienes van de visita turística.


Pero efectivamente nos estamos saliendo del contexto. Vayamos al grano. ¿Qué razones hay para que este librito siga siendo clandestino en EE.UU y hasta ahora no se haya publicado en España? ¿Hay más razones de las que el propio título nos dice? Sentimos decepcionar, pero sí, las hay. A lo largo de la historiografía literaria siempre ha habido herederos y albaceas literarios que han destacado por ser estrictos y políticamente correctos; en este caso, lo fue Clara, la hija del autor; pero no debemos ser demasiado duros con ella ya que se temía la reacción de algunos integristas, como Mary Baker Eddy, a quien se aborda de forma muy directa en estas “Reflexiones”. Por otra parte, el mismo autor, consciente de las reacciones que podría despertar el manuscrito, hubo expresado en él el requisito siguiente: no ser leído antes del año de Nuestro Señor de 2046. O eso dijo. La obrita está llena de diatribas durísimas contra Dios, visto como un ser amoral, egoísta, injusto. Estas diatribas, que sólo podrían partir de un buen conocedor de la Teología cristiana, están impregnadas de una lógica aplastante donde no falta una soterrada comicidad. El libro posiblemente podrá conseguir de sus lectores alguna sonrisa burlona. He aquí alguno de sus comentarios: “A Adán se le prohíbe el fruto de cierto árbol, informándosele solemnemente de que si desobedece morirá. ¿Cómo es posible haber pensado impresionar a Adán de ese modo?... por su conocimientos y experiencia, en nada superaba a un bebé de dos años; no podía tener ni idea del significado de la palabra muerto; no había oído decir nunca que algo estuviera muerto”. No hay respuesta para este pensamiento tan agudo como desconcertante que no creemos se le haya ocurrido a nadie concebir. Sostiene Mark Twain que todos arderemos en el infierno si no se cumplen ciertas condiciones concernientes a la fe, pero también serán quemados aquellos que nunca hayan oído hablar de Dios, lo que prueba, según él, la magnífica generosidad de este alto personaje protagonista de la Biblia. A este lúcido norteamericano le sorprende que Dios, siendo tan poderoso y teniendo el don de la ubicuidad, se interesara por el enjambre humano, y no sólo eso: por el pueblo menos atractivo de dicho enjambre. Los judíos. Son palabras del autor, no nuestras, pero ya que hablamos del tema, ¿no es cualquier civilización de la antigüedad (con sus religiones) mucho más atractiva de lo que lo fue la judía? Pero Dios decidió mimar a esta última y “que el diablo se lleve al resto”. Algo así como vestir de limpio y dar de comer a un pordiosero, a sólo uno. “Dios ideó ingeniosamente al hombre de manera que no pueda evitar obedecer a las leyes de su pasión, de sus apetitos y de sus varias cualidades desagradables e indeseables… y luego Dios lo castiga por hacer precisamente esas cosas que, desde el origen de los tiempos, Él sabía que haría”. Porque Dios –nos explica él desde estas páginas- reivindica en nosotros todos los méritos mientras él no los lleva a la práctica y acaba las más de las veces por condenarnos al infierno Aún así, le llamamos Padre, sin pensar en que si tuviéramos un padre así pero terrenal ya habría pasado por los tribunales, acusado de maltratos al menor. No obstante, para los predicadores, esos maltratos son en beneficio de la víctima; sirven para purificarla.


Este es un libro que nos hará reflexionar. Es un ejercicio muy sano de raciocinio que nos va a sentar muy bien, porque no debemos olvidar que aunque el fanatismo musulmán está en el punto de mira de la política internacional (no entramos en las razones), el fanatismo cristiano existe y tiene también su parte indigesta. Mark Twain escribió estos pensamientos directos y llenos de ironía casi en estado de trance, caminando a grandes zancadas incluso por encima de la barandilla de su porche. No existen estas “reflexiones” como tal, es decir; como libro. Se han reunido de forma independiente en esta primera edición española, pero en realidad formaban parte de sus diarios, de su autobiografía, que siempre se ha publicado en Estados Unidos -of course- pasando por alto este apéndice infecto, estos comentarios que fueron escritos entre el 19 y el 25 de junio de 1906 y han esperado tanto para ver la luz. De pasar más tiempo hubieran llegado al 2046, fecha que el escritor deseaba para su difusión.


Queda hacernos una pregunta que a nuestro parecer es esencial: ¿era Mark Twain creyente? La respuesta a todas luces es que no, dada la dureza de sus acusaciones, y lo férreo de sus desmentidos. No obstante, si analizamos con atención la coherencia de sus pensamientos y de sus ocurrencias mordaces, vemos que hay cierto despecho a su Creador a la vez que un conocimiento de la fe y de lo que se cocía con respecto a lo que él llama púlpitos. No era desde luego alguien ajeno a la religión, ni mucho menos. Nuestra conclusión es que era no un ateo, sino un anti-teo. Cree que Dios existe, sí, pero lo desprecia por su actitud poco condescendiente con sus criaturas. Es una posición bastante sensata, si lo pensamos. Junto con estas reflexiones, la editorial Trama ha publicado también su “Diario de Adán y Eva”. Otra forma de echar un vistazo a la cara más desconocida de un escritor que, junto con Poe y Bierce, son los “cráneos más privilegiados” de la literatura norteamericana.


José Leandro Ayllón


 


 


 

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