|
Título: Días de menta y canela
Autora: Carmen Santos
Editorial: Plaza & Janés / Debolsillo
Págs: 221
Precio: 17, 50 € / 8,95 € la edición de bolsillo
Llega el verano y con él las pateras a las costas andaluzas y canarias. Cientos de africanos cargan sus ilusiones a la espalda y emprenden viajes inciertos a una Europa quizá no tan idílica. Lo vemos impasibles en las noticias. Porque a veces parece que se nos olvida que hubo un tiempo no tan lejano en el que también muchos españoles tuvieron que salir para ganarse la vida en otras partes de Europa. Algunos volvieron tras años de ahorros, otros decidieron quedarse en Francia, Alemania, Suiza o Bélgica. ¿Porqué volver? ¿Y porqué quedarse? Tal vez si te adentras en “Días de menta y canela”, la novela de Carmen Santos de la que hoy te hablaré, llegues a entenderlo.
Clara Rosell tiene un marido abogado, dos hijos pequeños y un nuevo trabajo en un periódico que la trae de cabeza. Aunque todo el mundo quiere que vuelva a casa para cuidar de los niños, esta mujer madura un tanto desanimada quiere llegar a ser periodista con todas sus fuerzas. La oportunidad de demostrar su valía viene en su busca durante las Navidades, cuando Clara descubre en un diario alemán la misteriosa muerte en Düsselforf de Héctor Laborda, un emigrante español que nunca volvió a su país. Para llegar hasta el final del enigma, Clara deberá viajar a la ciudad alemana en compañía del hijo de Héctor Laborda. Pero, ¿está nuestra aspirante a periodista preparada para lo que le espera en este viaje?
Una simple palabra, un gesto, un hecho ajeno a nosotros: cualquier cosa puede llegar, en un momento dado, a despertar recuerdos en los que ya apenas pensábamos. Así, para Clara Rosell, esta mujer profundamente sumergida en su propia crisis de los cuarenta, el descubrimiento de la noticia de la solitaria muerte de Héctor Laborda no sólo la llevará a emprender una aventura que dejará profunda huella en su persona, sino también a abrir un cajón de su memoria, el mismo en el que se hallan sus recuerdos de infancia en Alemania. Y es que al igual que este Héctor Laborda apático que no tuvo contacto siquiera con su hijo, los padres de Clara tuvieron que dejarlo todo y viajar a Alemania en busca de un futuro mejor. Tan sólo después de años de sacrificios y anécdotas que esta mujer madura ahora recuerdo, pudieron todos volver a Valencia, cuando Clara ya era adolescente.
Tres son las líneas argumentales, por tanto, que nos presenta la Clara narradora: la de sus recuerdos, tan nostálgicos como entrañables; la de la investigación periodística, cargada de intriga; y, finalmente, y no por ello menos importante, la pasional, junto con Héctor Laborda hijo.
La protagonista absoluta, como ya supondréis, es Clara Rossel, una mujer de edad media con un gran sentido del humor, a pesar de la desesperanza que la llena en los últimos tiempos. Casada con Emilio, ex novio de su difícil hermana Anita, y madre un tanto tardía (parece que su entorno no quiere dejar de recordárselo) de dos criaturas que no se están quietas ni un momento, Clara ve una válvula de escape a su vida justamente cuando se le presenta la oportunidad de viajar a Alemania junto a Héctor Laborda hijo, un hombre del que no podrá otra cosa que enamorarse perdidamente.
Días de menta y canela, por tanto, es una novela que atrapa desde el principio por varios motivos. Primeramente, por la frescura de su narradora, una mujer que a pesar de su desasosiego parece tomárselo todo con gran sentido del humor; después, por sus personajes, tan reales, tan perfectamente perfilados; y en tercer lugar, por lo interesante de sus distintas tramas entrelazadas, y por lo mucho que podrán hacernos sentir a nosotros mismos (o recordar). En definitiva, amigos, como los trenes que viajaban a Alemania en los sesenta para llevar a los trabajadores, esta es una novela que no deberías perder. ¿Te atreves a adentrarte en sus páginas?
Olvidamos demasiado pronto. Enterramos en la memoria hechos que deberíamos tener muy presente. También a nivel colectivo. Por eso, vemos impasibles las pateras llegar a las costas sin pensar que nuestros tíos, padres o abuelos también tuvieron que salir de España en busca de un futuro mejor no hace tantos años. Recordemos y aprendamos, a la vez que saboreamos una novela tan emocionante como Días de canela y menta. Estoy segura de que no te arrepentirás de esta elección.
Cristina Monteoliva

|
Título: Algo más inesperado que la muerte
Autora: Elvira Lindo
Editorial: Alfaguara
Págs: 272
Precio: 19 €
Algo más inesperado que la muerte, segunda novela para adultos de la prolífica Elvira Lindo, cobra -aunque fue publicada en 2002- un nuevo interés al ponerse esta temporada en escena su adaptación teatral.
En ella se parte de una pareja arquetípica, la del anciano con cierta fama y poder económico y la mujer joven que, a ojos de todo el mundo, se casa con él por interés, pero la autora trasciende los tópicos y, al hilo de la relación de la joven periodista y el anciano y reputado escritor, se hace un retrato de las debilidades de unas personas expuestas constantemente a la mirada de los otros. A lo largo de la novela conocemos las miserias de los personajes y, por este mismo motivo podemos entender que, ante todo, son personas que luchan por sobrevivir en un mundo que, de una manera u otra, les es hostil. Eulalia es una mujer que ha tenido que vivir siempre con la vergüenza que le producía una madre diferente, aficionada al juego y a la vida nocturna y poco afectuosa con ella. Cuando empieza la novela vemos a una mujer que soporta bastante mal los síntomas de la menopausia, el peso de la mirada de los otros y una vida que, pese a lo mucho que le ha costado conseguirla, ahora se le antoja vacía, lo que la lleva a la consulta de un psiquiatra. Leonor, la madre de Eulalia, es una mujer egoísta e impertinente pero a lo largo de la obra podemos verla también con los ojos de Gaspar: una persona alegre, vitalista y libre, muy libre y, en el ejercicio de esta libertad se ahorra el juzgar a los demás. Gaspar, que puede parecer al principio un pobre hombre, resulta ser también una persona con muchas ganas de vivir la vida al que los acontecimientos históricos y políticos, igual que a España, le juegan una mala pasada que trunca sus deseos de amor y de una vida mejor. Samuel, el anciano escritor, siente hasta el final de sus días el deseo de vivir el amor y la sensualidad y, por encima de todo, es un hombre lúcido al que lo peor que se le puede achacar es su vanidad y el provecho que saca de su privilegiada situación. Tere, por su parte, es también una persona con una gran energía para salir adelante aunque su traumática infancia la lleva a repetir una misma escena en la que el sexo, de alguna manera, siempre está relacionado con algún beneficio. Quizás los que peor parados salen en esta novela son los dos amantes de Eulalia, Jesús, el fiel lacayo de Samuel y Jorge, un eterno Peter Pan que no parece asumir que el tiempo de la dialéctica ya pasó. Así, partir de la vida de los diferentes personajes se hace un breve retrato de la historia española desde la segunda República hasta los nuevos barrios que crecen a las afueras de Madrid, haciendo un especial hincapié en la época de la transición. Para finalizar, las palabras de la hija de la vecina de Tere que, con sabiduría infantil es capaz de sintetizar lo que está sucediendo cuando Eulalia acusa a Tere de mantener relaciones con Samuel para conseguir un beneficio a cambio: “Sonia Pancorbo Sánchez dice que la que insulta y dice pu es porque es pu”. Quién esté libre de culpa, que tire la primera piedra, parece querer decir Elvira Lindo.
Sonia Sierra Infante

|
Título: Te compraré unas babuchas morunas
Autora: Pepa Cantarero
Editorial: Ediciones Carena
Págs: 367
Precio: 22 €
No recuerdo si era Unamuno aquel que nombraba la intrahistoria, esto es, el hecho de que la historia debiera ser contada a partir de la vida diaria de los ciudadanos de una nación, en lugar de a partir de las grandes gestas de sus gobernantes. Perdón si me equivoco en la cita. Pero en una cosa sí que no me apeo del burro porque no ando muy descaminado, y es en mi afirmación de que el compendio titulado “Te compraré unas babuchas morunas” es un ejemplo de intrahistoria. Le llamo compendio porque esta verdadera “Enciclopedia Álvarez” no solo se nutre de intrahistoria. Es además de una novela con trazas (huellas) de autoficción, un severo ajuste de cuentas con el pasado personal de la autora. Más aún: un documento catártico en el que ha invertido la friolera de 30 (en letra treinta) años de su vida, que se dice pronto.
Vamos a lo de la intrahistoria: la novela despliega el microcosmos de vivencias y vicisitudes de tres generaciones de la familia del personaje que se oculta tras el nombre de “Arsenio el ranchero”, o Arsenio Camacho, abuelo de la escritora, dueño y señor de las vidas de su familia, reputado como un sabio, poderoso como un cacique, temido como un diablo. “Arsenio el ranchero” es un paradigma universal en sí mismo: lo comedido y lo desproporcionado, el que no se mira en apariencias pero vive sometido a ellas, aquel cuya sombra es tan alargada que se extiende por toda Sierra Morena y tapa el sol en el territorio cerrado y asfixiante, pero mágico, de la inexistente “Jara de la Sierra” en la provincia de Jaén. No hay aventuras, pero nos llegarán los ecos del paseo de este personaje desde Orán hasta Brasil; no es una novela social, pero se narran las condiciones en las minas en los países de allí y de aquí; los personajes no quieren romper su corteza, pero al final los sentimientos le afloran como volcanes; no es una novela histórica, pero vivimos la hecatombe de la Guerra Civil a través de sus piojos, su tisis, su hambre, sus pérdidas irreparables (ahora mismo recuerdo una definición de estadística: “Cuando un hombre muere es una tragedia, cuando cien hombres mueren es una estadística”). Y es que un solo hombre marca la vida de Ariadna, la hija de Arsenio, madre de la protagonista, y por ende la de todos sus hijos (p. 218 “Con ella, mi madre nunca jugué. Siempre estaba pensando en algo. ¿Se podía pensar tanto? ¿Nunca tenían fin sus pensamientos? Y las pocas veces que sonreía, era peor el remedio que la enfermedad, me rompía los esquemas, se me antojaba otra”). El balance final sobre la madre, en el capítulo “Cosas de vivos La nieta reflexiona sobre su madre”, p. 362.
Así es todo en estas páginas: tangencial. No hay un afán por hacer una radiografía social, aunque sí una resonancia nuclear magnética, una imagen de alta resolución de los sentimientos. Pero el caso es que sentimientos y entorno social se entrelazan de tal forma que, como sin querer, todo pasa ante nuestros ojos: el retrato de una España que arranca en el bandolerismo y que derivando en la pérdida de nivel de vida en el campo arroja a sus habitantes a la emigración; el amor reverencial y primitivo por la tierra que demuestran estas gentes, y que a un lector joven podría sonarle a realismo mágico y no a una realidad que se remonta a no hace tantos años; apenas unas líneas entreveradas para darnos una idea de la Barcelona del desarrollismo industrial; el costumbrismo secular andaluz reflejado en los ritos mortuorios; la deshumanizada frialdad del estado del bienestar catalán de los 80. Pero en realidad, lo que la autora persigue es ajustar cuentas con sus antepasados y con sus coetáneos, y para eso llama a los muertos y a los vivos a declarar para diseccionar sus interioridades a partir de sus propias confesiones o de un narrador mutante que adopta diversas formas: testigo, cámara, omnisciente… Y si hay que relativizar la condición divina del narrador, pues también (p. 84 “Me llamo Fausto. ¿Mi cometido en esta historia? Me temo que soy un comodín de última hora. Un recurso de la escritora. Necesita contar ciertos pasajes de la vida del principal protagonista, Arsenio. Cosas, anécdotas y vivencias que sólo yo, en mi condición privilegiada de amigo –entiéndase, lo que se entiende por amigo de verdad-, puedo saber.”)
La vida, intrahistoria. “Te compraré unas babuchas morunas”, puro nervio. Porque está escrita con las tripas, con el hígado y con el corazón, y quizá por eso se siente real como una bofetada. Todo en esta historia es injusto en sus dos vertientes, la injusticia de los hombres y la injusticia del destino, pero como no hay tapujos, el/la lector/a termina juzgando a los personajes como si fuera su propia familia, como si tuviera vela en este entierro o en este desentierro, sin la corrección política de alguien que en el salón de su casa lee en pantuflas o en babuchas, o en zapatillas de paño a cuadros. Eso queda para las lecturas convencionales, porque estas líneas no entran por los ojos, se mastican como arena. Casi seríamos capaces de oler el arroz con conejo que se comen la nieta y sus primos en una reunión familiar en la que revuelven el pasado y remueven una vez más en la figura de Arsenio, el abuelo/dios. Pero porque nos da la gana olerlo, nos creemos con derecho a estar en esa reunión, no porque la autora pierda el tiempo en describirnos las volutas de humo del carbón de encina, eso sí que no. Las concesiones al estilo, al abrillantado, y a la locuacidad postiza, no sé si las habrá.
Y ya hablo de “compendio” y eso sin afán despectivo sino descriptivo. “Te compraré unas babuchas morunas” es una creación atípica en su contenido (ya dije al principio que es más que una novela). Y por su puesto en su forma: desde la transcripción literal de una entrevista en la que la escritora interroga a un paisano en torno a la figura de su abuelo con la grabadora oculta en el bolso), a la inclusión de algunas fotos que testimonian el espacio físico en que se desarrolla determinado capítulo. O la pieza teatral en la que los intervinientes son Arsenio, su mujer Justina, y un matrimonio entre el que Arsenio como juez que es (hablamos de antes de la Guerra Civil, cuando su republicanismo lo pone en la picota, pero su fama de hombre recto lo libra de la muerte por la mediación de un alcalde que a pesar de ser de derechas da la cara por él), tiene que poner paz… Este capítulo es un ejemplo ilustrativo doble: por una parte de “disparate” formal respecto a su integración en el todo de la novela, de otra, de cuadro antropológico en lo social que nos muestra las inquietudes, las ansias, y el equilibrio de poderes conyugales de aquel tiempo.
Pepa Cantarero dice en una entrevista que no ha pasado por la universidad. Pepa Cantarero no me suena de nada como autora. ¿Tiene esto importancia? Pues para mí, y en relación a la historia, sí. El tremendo “desorden” cronológico y narrativo de este magma en el que uno nunca se pierde por muy liado que esté el ovillo, la febril y visceral pero a la vez inexistente trama… Hay una semejanza con una narrativa más experimental. Uno busca conexiones con “Pedro Páramo” porque pone a hablar a los muertos y revolverse en sus tumbas, y se dice asintiendo con la cabeza “esta tía es una universitaria que se ha tragado unos cuantos manuales y que una mañana, mientras mojaba la magdalena en el café se ha dicho algo así como voy a escribir algo a lo Luis Martín Santos”.
Y porque me alegra saber que es una voz narrativa que no procede de una pequeña burguesía ilustrada, que aporta otra forma de narrar y otro punto de vista, dando voz a los sin voz y eso con conocimiento de causa (¿cuántos libros ha leído sobre la vida de un albañil, o de un aceitunero?). A ver si me explico: Pongamos por caso “Los santos inocentes” de Delibes. En esta obra maestra vemos por los ojos de un narrador correctísimo, que no por muy amante de lo montaraz tuvo que trabajar la tierra para comer. Es además este narrador, como un padre que nos evita los sufrimientos excesivos, que guarda las distancias con la narración, tal como señalan los cánones narratológicos. En “Te compraré unas babuchas morunas”, por el contrario, no nos quedamos en la puerta de la casa de los santos inocentes Paco y Régula, no hay una contenida y subterránea exaltación lírica del campo como Arcadia feliz, sino que entramos y nos sentamos en el chozo, y se nos encoge el estómago con la muerte de la segunda Ana, la segunda hija que se les va de este mundo a Arsenio y Justina, y luego velaremos con Ariadna el asma de su madre, las muñecas rotas de darle aire con un cartón, nos corroe la rabia, nos admira la bien trazada historia de Amatista, que da para otra novela... Sería un sinsentido querer comparar ambas obras, cada una se sitúa y transita en dimensiones y planos diferentes, pero sí que quisiera significar, diferenciar a a esa narradora de bajo nivel (en programación informática un lenguaje de bajo nivel es aquel que más cerca está de los bits, y es el que casi pega al hardware, cerebro y hueso).
La verdad es que a estas alturas de la reseña no sé si todo lo que he dicho observa una mínima coherencia. Pero debe entender que no estamos hablando de un producto manufacturado, de una operación mercadotécnica, de una obra hecha para contarse y venderla muy bien. Sirviéndome otra vez de los símiles y no de las comparaciones: ¿Cómo es posible que un ente tan cercano como una familia de pueblo de la Andalucía profunda se nos transforme en una saga comparable a los Buendía? ¿Qué hay de Comala en Jara de la Sierra? No tengo nada claro. A decir verdad lo único que creo saber es que la escritora no llevaba babuchas cuando se puso a escribirla. No le importó que sus pasos resonaran como los ruidos que siempre acechan en la parte alta de la Casa Grande, y ha transitado con botos camperos por la narración. Yo por mi parte puedo decir que ese taconeo me ha sonado muy bien.
José Cruz Cabrerizo

|
Título: Oscuro bosque oscuro
Autor: Jorge Volpi
Editorial: Salto de Página
Págs: 160
Precio: 15 €
Hay algo inquietante en los grandes bosques, en esa majestuosidad de la que los dota la Naturaleza. La calma reina en ellos, demasiada a veces. Puede que nadie te escuche si te pasa algo cuando te sumerjas en sus profundidades, nadie vendrá a salvarte de los peligros que te acechan. Ha sido siempre así, desde el principio de los tiempos, probablemente dentro de miles de años los maleantes seguirán escondidos tras sus árboles, listos para saltar sobre los pobres incautos. ¿Qué no crees que sea posible? No pensarías lo mismo si hubieras ya leído “Oscuro bosque oscuro”, el libro de Jorge Volpi que hoy revisaremos.
No parece mala idea alistarse en eso de la “Policia de reserva”, mucho menos cuando se tiene cierta edad y queda tan poco que hacer, precisamente por culpa de la guerra. Al menos ahí serás alguien útil, no podrá decir nadie cuando todo esto acabe que no arrimaste el hombro como los más jóvenes. El adiestramiento, además, no es tan complicado, aunque algún que otro superior piense que somos tan sólo una panda de inútiles. Lo malo…lo malo vendrá después, con las misiones. O puede que no. Al fin y al cabo, todo es cuestión de acostumbrarse. Y, de todas formas, tan sólo son insectos, molestos bichos que merecen ser liquidados, ¿o no?
Las historias sobre la Segunda Guerra Mundial, desde cualquier punto de vista, parecen no tener fin, al menos en cuanto al mundo editorial respecta. Todas y cada una de ellas ofrece algo distinto al lector, aunque admitamos que, precisamente por la gran cantidad de obras publicadas sobre el tema, innovar, crear algo diferente, es cada vez más difícil.
En realidad, no sé hasta que punto habrá resultado difícil para Jorge Volpi escribir una obra tan compleja y singular como “Oscuro bosque oscuro”. El resultado, desde luego, bien ha merecido cualquier esfuerzo por su parte.
¿Qué es lo que tiene de original Oscuro bosque oscuro? En primer lugar diré, pues es lo que antes llama la atención cuando te adentras en las páginas de este libro, Oscuro bosque oscuro es una novela narrada en verso, o tal vez (para otros) sea un poemario que se parece a una novela. Lo cierto es que la forma, en verso o no, en la que esta historia está narrada, o como queramos clasificarla, poco importa, pues, sea como sea, la narración de Volpi rebosa lirismo de principio a fin, es capaz de estremecer en tan reducida extensión (tan sólo 160 páginas), dará que pensar hasta al más frío de los lectores. Como pasó primero con sus personajes.
Los personajes de esta obra no son otros que personas normales y corrientes que se ven involucradas en un juego macabro, en este siniestro adiestramiento para matar a los insectos, que no son otros que personas en realidad. ¿De verdad se puede ver a un semejante como a un ser de otra especie, como algo indigno que hay que destruir por encima de todo? Dímelo después de leer esta obra, pues también en ella estarás inmerso cuando el narrador te obligue a convertirte en un soldado más, en un autómata cualquiera a las órdenes de un sistema enfermo y sanguinario.
Y de fondo, siempre el bosque, ese inquietante y espeso conjunto de árboles agregados hasta formar una masa a veces terrorífica, un lugar que desde antiguo ha inspirado a los escritores de cuentos infantiles. Esos mismos relatos infantiles son los que Volpi nos presenta, entremezclados con la narración principal, transformados sobre todo en su final, ofreciéndonos así una visión más cruel de la historia. Pero, ¿acaso no son más reales de esta manera?
“Oscuro bosque oscuro”, en definitiva, es una breve pero intensa obra que nos ofrece una historia basada en hechos acontecidos en la Segunda Guerra Mundial desde puntos de vista totalmente novedosos. Gracias al narrador, el lector se verá directamente involucrado en una historia plural que sobrecoge hasta lo más profundo. Sinceramente, si una obra así no es capaz de remover las conciencias más superficiales, no sé qué podría conseguirlo.
El bosque, oscuro y profundo, no es temible en sí. Somos nosotros, los seres humanos, los que podemos convertirlo en un lugar tenebroso y feroz. Removamos el bosque de nuestro espíritu, alimentemos sus raíces, troncos y hojas con obras que nos hagan reflexionar para bien, como este Oscuro bosque oscuro que hoy os presento.
Cristina Monteoliva

|
Título: Ancestra
Autor: Enrique Ballesteros
Editorial: Éride Ediciones
Págs: 206
Precio: 15 €
Todos tenemos miedos, temores a veces inconfesables que nos atormentan de vez en cuando. No estoy hablando del miedo a los vampiros, los zombis o una invasión extraterrestre, sino de inquietudes mucho más reales. Estos temores pueden a veces estar adormecidos, en estado latente. Pero no nos engañemos, pues es imposible escapar de ellos: tan sólo basta un pequeño estímulo para que salgan a la luz con toda su fuerza. ¿Qué hacer entonces? Tal vez deberíamos preguntarle a Néstor Pérez, el protagonista de Ancestra, la novela de Enrique Ballesteros de la que hoy hablaremos.
A Néstor le acechan las pesadillas con su tía abuela Estrella, ya fallecida, una persona a la que se sentía especialmente unido. Sin darle mayor importancia al asunto, Néstor y unos amigos comienzan el fin de semana en una lúgubre venta de los montes de Málaga, un lugar anticuado que regentan una mujer y su anciano padre, el misterioso Ambrosio Buendía. Poco les hará sospechar a los amigos en un principio la relevancia que tendrá la venta para Néstor. Pero, ¿qué misterios esconden tanto la finca como el pueblo cercano? Para saberlo, nada mejor que adentraros en las páginas de esta novela.
Como decíamos antes, el protagonista de esta intrigante novela no es otro que Néstor, un diseñador gráfico que se dispone a pasar un entretenido fin de semana en compañía de sus amigos sin llegar a pensar que el destino le espera justo en “La Nada”, la venta a la que irán a cenar el viernes por la noche. Lo que Néstor pronto descubre en el desvencijado cortijo le llevará a emplearse en cuerpo y alma en descubrir la verdad sobre la vida de su tía, de la mujer joven que un día fue en aquel lugar, de sus anhelos y esperanzas. Como si le fuera la vida en ello.
Un personaje clave en estas investigaciones que Néstor emprende de manera desesperada será Ambrosio Buendía, un anciano sombrío, muy alejado de la imagen que tenemos de los señores mayores de pueblo, que mucho tuvo que ver en la vida de la joven Estrella. Pero, ¿cuáles son sus verdaderas intenciones? ¿Quiere ayudar a Néstor o, por el contrario, obstaculizarle en su camino?
Tampoco nos podemos olvidar de la propia Estrella, a la que iremos conociendo no sólo por los recuerdos que de ella tiene su sobrino nieto, sino también por lo que de ella cuenta Ambrosio Buendía y, sobre todo, por las interesantes y bien escritas cartas que dejara a manera de diario.
Para acabar con el tema de los personajes, mencionaremos a las figuras de Julio, sufrido amigo de Néstor y a Catalina, la joven historiadora que tanto ayudará a nuestro protagonista en sus difíciles pesquisas. Pero, ¿será alguno de los dos amigos de este atormentado chico capaz de hacerle dejar una empresa que amenaza con poner en peligro su propia salud mental? ¿Puede el amor luchar contra algunos demonios del hombre?
Ancestra, en definitiva, no es tan sólo una novela de intriga llena de acción en la que veremos lo mal que puede llegar a pasarlo una persona que se deja atrapar por sus temores y sus obsesiones; sino también un buen lugar al que acudir para aprender algo (pues yo hasta ahora nada de este asunto sabía) acerca del anarquismo individualista, un movimiento pacífico y totalmente utópico que luchaba contra el olvido de todos aquellos que alguna vez habían existido con métodos tan inofensivos como constructivos. Y es que “No hay peor muerte que el olvido”, como afirma Ambrosio Buendía en estas páginas, y todo lo que no se recuerda, parece que cae en el agujero negro de “la nada”. ¿O es que acaso no te da miedo desaparecer algún día y que nadie se acuerde de ti?
Los miedos están ahí, no se puede escapar de ellos. Debemos afrontarlos como podamos, intentar que no nos dominen, de encontrar la forma de no caer en las profundas y malignas redes. Las consecuencias para nosotros mismos, de lo contrario, no creo que sean muy buenas. Y si quieres saber de qué estoy hablando, y mucho más, nada mejor adentrarte en el mundo de Ancestra.
Cristina Monteoliva

|
Título: El alfabeto sagrado
Autora: Gemma Nieto
Editorial: Temas de Hoy
Págs: 554
Precio: 21 €
La de cazatesoros debe ser una profesión la mar de emocionante. Aunque gran parte de su labor de pocos frutos, tan sólo el saber que aún quedan montones de tesoros por encontrar a lo largo y ancho del mundo debe de estimular bastante a los que se dedican a esto. Pero, ¿dónde irías a buscar tú? ¿Dónde crees que habría más posibilidades de encontrar algo único oculto a la Humanidad desde hace miles de años? Te propongo que me acompañes hasta Israel y Egipto con “El alfabeto Sagrado”, el libro de Gemma Nieto del que hoy hablamos.
Víctor Lavine, el joven investigador que trabaja para una empresa dedicada a buscar tesoros por encargo, no tiene ni idea de hasta donde le llevarán las misteriosas investigaciones en las se ve inmerso desde hace un tiempo. Y es que lo que parecía un encargo aburrido acabará convirtiéndose en una gran aventura en la que llegará a conocer a la modesta secta de los mandeos y sus secretos más ocultos, topándose en el camino con personas que harán las cosas más difíciles aún, investigadores interesados en encontrar los supuestos tesoros que los mandeos ocultan, no siempre con buenas intenciones. ¿No suena emocionante?
Si bien en esta novela de sabio y detallista narrador externo a la trama actúan multitud de personajes y el papel de los secundarios es crucial para el desarrollo de la trama, podríamos decir que el protagonista de la misma es el ya mencionado Victor Lavine, investigador de espíritu inquieto, un hombre cansado del tedioso trabajo de biblioteca que sabe distinguir la oportunidad de su vida en cuanto se le presenta.
Afortunadamente, Víctor no estará solo en esta aventura. Así, le acompañarán a lo largo de las letras grandes amigos como (por citar unos cuantos) el viejo pero entusiasta investigador Isaac Ben Simón; Said, el comerciante que tanto apego siente por sus viejos vehículos y por los pastelitos que cocina su mujer y la orientalista Andrea Jacobs, la bella e inteligente mujer que jugará un papel importantísimo tanto en la vida de Víctor como en la trama en general.
Del bando de “los malos” debemos destacar los papeles que interpretan en esta historia tanto Samuel Sinclair, casi un padre para Andrea Jacobs, el hombre ambicioso que hará todo lo que sea por descubrir los supuestos tesoros de los mandeos, siempre en busca del éxito académico; y Martin Crown, su mano derecha y despiadado jefe de los Cristianos de San Juan, un hombre con el que a nadie le gustaría estar enfrentado.
Muchos son los libros de aventuras que se escriben hoy en día, todos cargados de emoción y acción a raudales: pero no tantos pueden presumir de indagar en temas novedosos y verdaderamente interesantes. Éste de Gemma Nieto, sin embargo, no sólo nos ofrece una historia de aventuras, sucesos extraordinarios (mágicos o paranormales, según se mire) y misterios por resolver donde el lector no sabe hasta el final lo que los investigadores hallarán ni las dificultades con las que se encontrarán por el camino, sino también valiosa información acerca de una secta desconocida para la mayoría de la gente. Me refiero a la ya mencionada secta de los mandeos, un grupo religioso pacífico que sobrevive a la opresión como puede en Irak y cuyo profeta es Juan el Bautista, personaje crucial en la vida de Jesucristo y al que, no obstante, el cristianismo no parece otorgarle tanta relevancia. Gracias a la información que Gemma Nieto nos transmite en este volumen, además, sabremos también que los mandeos dan una gran importancia al alfabeto. ¿No resulta fascinante y a la vez precioso? ¿No es en verdad uno de los mayores tesoros que tenemos los seres humanos? ¿Qué haríamos acaso si nunca se hubiera inventado? Mucho que pensar, mucho que aprender. Aunque será mejor que lo descubras por ti mismo adentrándote en las páginas de este libro.
¿Cuántos tesoros quedarán por descubrir, cuantos permanecerán por siempre sin ser encontrados por los investigadores? No creo que sea fácil dar una respuesta. Lo que si os digo, amigos, es que para encontrar interesantes tesoros con la imaginación no hace falta salir de casa, tan sólo hacerse con un ejemplar de “El alfabeto sagrado” y comenzar la aventura.
Cristina Monteoliva

|
Título: Diario de las especies
Autora: Claudia Apablaza
Editorial: Barataria
Págs: 176
Precio: 13,50 €
Diario de las especies, el libro de Claudia Apablaza(1978), chilena momentáneamente afincada en Barcelona, es un libro singular. Singular por su planteamiento metaliterario que traspasa el argumento. Es un artefacto narrativo que no sé hasta que punto podemos denominar novela, pues desmenuza y deconstruye el concepto tradicional de novela. Apablaza crea una forma de organizar el material narrativo a semejanza de los blogs en donde expone un tema, como un post, y deja que los lectores le vayan respondiendo. Es evidentemente una novela deslavazada porque pretendidamente Claudia Apablaza utiliza los mecanismos reales de los blogs en los que se pasa de una conversación a otra sin ton ni son. Refleja una tendencia actual del mundo, no ya del mundo literario, que también, pero básicamente del mundo de la comunicación por internet. Así los sucesivos posts van planteando materias que tienen que ver con la creación de una novela: los personajes, los tiempos, el final, hasta el propio proceso de publicación. También en cada uno de los capítulos hay numerosas reflexiones sobre algunos libros. El personaje central de la novela es casualmente una chica chilena que viene a España a escribir una novela influenciado por la figura de Enrique Vila-Matas. Así se convierte en el alter ego de la autora de la que toma algunos rasgos biográficos. Inicia una suerte de peregrinaje entre autores con especial hincapié en Vila-Matas y en la belga Amelie Nothomb. Casi completa de un modo quizá precipitado, saltando de autor en autor algo como un improvisado Curso de Literatura Europea, que sin ser el de Nabokov, si nos da pistas de aquellas materias y autores que interesan al personaje central que viene firmando todos sus escritos como A.A. Al mismo tiempo va pasando alternativamente del escenario europeo al chileno y sudamericano, trazando paralelismos, símiles y pasarelas.
Desde el punto de vista puramente formal la apuesta de Apablaza es una apuesta arriesgada que deberíamos inscribir en la tendencia a narrar fragmentariamente. Algo que debe ser como en su momento fue el descubrimiento de la fotografía que obligó a los artistas a pasar de un arte figurativo a otro abstracto. Tendencia que aquí en España nos ha dado experimentos como Nocilla dream y el resto de la trilogía de Agustín Fernández Mallo. También Vicente Luis Mora ha circunscrito algunos de sus trabajos a esta visión fragmentaria.
Jordi Corominas compara Diario de las especies con un cuaderno de navegación, de hecho en tanto que blog es algo así como una bitácora con una doble vertiente. Por un lado vital y por el otro literaria. Ambas se funden en el texto que salta de una situación a otra. Algunos lectores pueden verse apabullados por tantas conversaciones abiertas, por tantas palabras y personajes, sobretodo aquellos que no están acostumbrados a los blogs y a las redes sociales.
Quizá la parte final se convierte en un cuadro más abstracto todavía. De lo que no hay discusión es que la autora chilena maneja con soltura los conceptos creativos y el conocimiento de los grandes autores de la literatura. Quizá para algunos lectores no avezados a la literatura chilena algunos nombres se le escapen. Pero, lo importante es avanzar por esa derrota que nos propone Claudia Apablaza, una forma de escribir y describir el mundo diferente, menos lineal, con muchas lecturas. Quizá sea la única forma de poder entender las múltiples vertientes que tiene hoy en día nuestro mundo. No olvidemos al fin y al cabo que la literatura también es una forma de reflejar el mundo.
Seguiremos los futuros proyectos de esta joven autora chilena.
Luís Vea García

|
Título: Última noche en Granada
Autor: Francisco Ortiz Rodríguez
Editorial: Mira Editores
Págs: 125
Precio: 12 €
Francisco Ortiz ((Ugíjar, Granada, 1967), es un escritor silencioso al que no le importa esperar para conseguir su objetivo. No busca la fama, ni los premios. Y todo ello lo demuestra con la frase de Dostoievski “Y no venderá su alma ni trocará su libertad moral por la comodidad.”
Este escritor granadino, querido en su tierra, es capaz de leerse al maestro ruso a dos manos. Y mientras esto sucede no olvida su otra pasión, la fotografía, que le sirve a veces para concretar imágenes para sus historias que sabe narrar con un estilo particular, certero, pulcro y esforzado.
“Ultima noche en Granada” es la historia de Luis Castillo un ex policía que un mal día tuvo que enfrentarse al dilema de matar o no matar. El disparo de su pistola acabó con la vida de un delincuente pero también la de aquel policía sin vocación, hijo de un antiguo falangista enriquecido. Se refugió en la monótona existencia de un vigilante nocturno y allí, resguardado por la noche esperó a que sus propios fantasmas lo encontraran. Y lo encontraron.
Francisco Ortiz usa distintos registros, lo cual no es fácil al contar una historia. Se le nota ávido de utilizar estilos que esfuercen al lector a una reflexión. ¿Puedes haber matado a un hombre y no saber por qué lo has hecho?, nos pregunta. ¿Puedes seguir pensando después que no eres una mala persona?
Ortiz se ayuda por largas escenas de diálogos, todas ellas tan reales, que parecen tomadas de nuestra propia vida. Perfila con delicadeza a sus personajes y los matiza con sus gestos cotidianos.
Granada surge de cada escena, atravesada por sus personajes pero no nos parece que sea ésta la última noche en Granada para Francisco Ortiz, al que le auguramos un futuro interesante en la actividad literaria de todas las noches y los días de esta, su ciudad.
Los blogs de Francisco Ortiz:
http://novelanegraycinenegro.blogspot.com/
http://francisco-ortiz.blogspot.com/
Carolina Molina

|
Título: La prisión de los espejos
Autor: Rafael Martín Masot
Editorial: Baile del Sol
Págs: 234
Precio: 14 €
Estamos ante una novela de las que presagian la llegada un gran escritor. “La prisión de los espejos” (Editorial Baile del Sol, 2010) es la apuesta firme y segura de un escritor muy joven Rafael Martín Masot (Granada, 1989) aunque este hecho no debe despistarnos de la historia que cuenta en su novela, urdida con madurez y con una solvencia técnica que dará mucho de qué hablar.
La historia transcurre en la Barcelona moderna y arranca con la entrada en crisis de un joven y exitoso psicólogo Marc Viadiu a partir de la cual se desencadena una trama que no decae a lo largo de las 231 páginas que dura esta trepidante acción.
Se trata de perseguir a la “Organización”, un entramado de empresarios y políticos corruptos a los que por su profesión Marc descubre y quiere chantajear lo cual genera una serie de circunstancias que nos llevan por Barcelona, Zaragoza y Madrid huyendo y persiguiendo, intentando sobrevivir a los todo poderosos tentáculos de la “Organización”.
Pero esta historia no solo nos ofrece acción, es una historia comprometida con la Literatura, con el oficio de escribir una buena novela.
Los personajes de “La prisión de los espejos” están construidos de una manera sólida, en una búsqueda de no solo juntar palabras para decir sino que se toma la molestia de que sus personajes hablen y existan y sean más que excusas disfrazadas de personajes para que digan lo que al autor le venga en gana. En Martín Masot los personajes tiene una vida tan suya que para muchos de nosotros varios de estos personajes se merecen una vida más allá de la prisión de los espejos pero el autor ya nos ha dicho que no va a ser así.
Hay mucha acción emocional en esta novela. Más allá de las explosiones disparos y grandes diálogos de “duros del cine”, esta novela levanta la piel de los personajes y nos permite v re su alma, sus hartazgos vitales, sus deseos de vivir, sus pasiones y su maldad. En el caso de de Marc Viadiu y el de Teresa Muntal esta complejidad y acierto de oficio de escritor llega a cotas muy altas. Asistimos en estos personajes a un desarrollo limpio y ágil de sus psicologías y sus acciones son consecuentes con su temperamento. Todo un acierto.
Las sub-tramas quedan muy bien resueltas, creíbles y llenas de una tensión digna de los mejores thrillers. En este caso la presión a la que se somete a los personajes y la persecución de la verdad son elementos que van llevando adelante la historia que no decae en ningún momento. Entre ese ir y venir un personaje recuerda a otro amigo suyo que sospechosamente se llama igual que el autor. Búsquenlo y disfruten.
Pero una de las grandes virtudes de este narrador es su sutileza y finura a la hora del fraseo en el que consigue un ritmo muy bueno. A pesar de narrarnos una escena de acción, unos disparos o la maldad que supura algún personaje, consigue Rafael Martín Masot que el paladar de los lectores quede satisfecho de muy buenas frases. Lean sino el texto que abre la novela, de un lirismo envolvente.
“La prisión de los espejos” se resuelve de manera sosegada pero les advierto que nada es lo que parece. Ese juego de espejos que se encuentra en el título es una clave que no debe perder el lector. Lo demás es dejarse llevar por una trama que envuelve desde el principio y que no está muy lejos de lo que vivimos en nuestros días.
Pedro Crenes Castro

|
Título: El oficinista
Autor: Guillermo Saccomanno
Editorial: Seix Barral
Págs: 206
Precio: 18 €
El paro aumenta en España por culpa de ese agujero negro denominado “la crisis económica”, y los que aún conservan los empleos, están cada vez más descontentos con el ambiente que precisamente se respira en el trabajo. Se hace cada vez más difícil, en el mundo de hoy, encontrar un empleo en el que las relaciones con el jefe y los compañeros sean optimas, el sueldo, digno y, ¿por qué no?, podamos también sentirnos realizados con lo que hacemos. Y, sin embargo, la cosa podría ser aún más gris, incluso negra. No hay más que echarle un vistazo a El oficinista, la novela de Guillermo Saccomanno, la obra ganadora del Premio Biblioteca Breve 2010 para saber de lo que hablo.
El oficinista es un hombre sin ilusiones que se queda haciendo horas extra hasta bien entrada la noche con tal de no volver a casa y tener que soportar a una mujer cruel y a unos hijos a los que escasamente reconoce como suyos. Todo cambia para este ser apocado el día que el amor le alcanza con sus flechas. Pero, ¿se trata de un amor correspondido? ¿Qué límites será capaz este hombre gris con tal de realizar sus sueños?
Existe en esta historia un narrador omnisciente que, como una sombra, se adhiere a este deprimente oficinista, entre otras cosas, para hacernos comprender la extrema opresión que ejerce sobre los individuos el mundo hostil en el que viven, una ciudad en la que los helicópteros no paran de patrullar de día y de noche, la guerrilla hace estragos, los niños cometen masacres en las escuelas, vándalos queman los geriátricos, los vagabundos proliferan por doquier e inquietantes perros clonados pueden abordarte en cualquier esquina. Más dura es aún si cabe la vida en esta hipotética ciudad de esclavitud laboral, en la que los nombres ni siquiera importan (basta con saber la profesión que ocupa cada uno, o un rasgo del carácter que le marque, como nos hará ver el narrador) si apenas se tienen fuerzas para seguir adelante. Y éste, como decíamos antes, es el caso del oficinista protagonista justo al principio de la historia. Será necesaria una chispa, una pizca de ilusión, para que este pobre hombre quiera convertirse en otro. Porque todos podemos ser otro. De hecho, lo somos continuamente a lo largo del día, dependiendo de la tarea a la que nos enfrentemos también de con quien hablemos. Podemos ser muchos otros diferentes, pero, ¿no somos al final siempre el mismo jugando a un cambio que no es real?
Acompañan al triste oficinista en esta aventura (pues no podría calificarse esta historia con otro término) encontramos a personajes tan dispares como la secretaria, la supuesta princesa desvalida de la que todos querrían ser príncipe rescatador; la mujer del oficinista, o el ogro que parece haber devorado por completo a la mujercita frágil con el que éste se casara; la cría, compuesta por un número indeterminado de hijos tan horribles como su madre; el viejito, hijo minusválido del oficinista, el único que se parece a él, por total debilidad; el jefe, déspota incluso a la hora de adoptar niños, o el compañero, un ser sospechoso simplemente por llevar un diario.
El oficinista, en definitiva, es una de esas pequeñas grandes historias protagonizada por un ser en apariencia simple que atrapa desde el primero momento, no sólo ya por su magnífica prosa, sino por todas las interpretaciones que podemos llegar a dar a lo escrito, a lo que le sucede a este hombre, que también podría sucedernos en un momento de nuestra vida a los lectores, pues todos alguna vez hemos querido ser otro y al final hemos sido la misma persona cometiendo nuevos errores. Se hace necesario además pensar en la influencia del “sistema” sobre todos nosotros, de ese monstruo inhumano que nos obliga a ser productivos, a dejar de relacionarnos con los demás de manera fluida, llegando a aislarnos dentro de nosotros mismos. Me pregunto si no nos estaremos convirtiendo en perros clonados que no se sabe como reaccionarán a los estímulos adversos.
Ojalá todo el mundo pudiera ser feliz con el trabajo que tiene. Al menos a muchos nos quedan las ilusiones, los sueños, esas pequeñas o grandes cosas que nos hacen seguir adelante. Y, sin embargo, es tan fácil confundirse, engañarnos a nosotros mismos con ilusiones que en realidad son espejismos…Leed El oficinista, esta gran novela que tanto me ha dado a mí que pensar, y sabréis de qué os hablo.
Cristina Monteoliva

|
<< Todas las categorías
|
| | |
|