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BAILÉ CON LA LUNA. José María de Paíz
31/01/2010 21:29:53

Título: Bailé con la luna


Autor: José María de Paíz


Editorial: Baile del Sol


Págs: 142


Precio: 10 €


 


Es probable que todos hayamos deseado al menos una vez en la vida huir de nuestros problemas, alejarnos de ellos no sólo mentalmente, sino también de forma física. Tal vez poner tierra de por medio sea un remedio temporal, nos calme en cierta medida y nos ayude a reflexionar sobre como arreglar las cosas. Me pregunto, no obstante, si en realidad sirve de algo alejarse en el espacio cuando no se llegan a acatar y, por tanto, solucionar estos conflictos que nos torturan. Tal vez la respuesta la encontremos en Bailé con la luna, la novela de José María de Paíz de la que hablaremos hoy.


Es verano y en Madrid hace un calor infernal. ¿Quién podría decidir, conociendo de antemano el tiempo que hace en el centro de la Península Ibérica por estas fechas, pasar las vacaciones en la capital de España? Tal vez no mucha gente. Pero el protagonista de esta historia tiene razones importantes que le hacen desplazarse a un lugar tan lejano de su hogar en Lanzarote, motivos que le urgen a buscar refugio en la casa madrileña de su tía, muy a pesar de la ya mencionada canícula, de la incomprensión de la gente que se topa por las calles madrileñas y de todo lo demás. De si conseguirá o no su objetivo sólo podrás enterarte si lees este libro.


El narrador y protagonista absoluto de esta novela breve pero de gran intensidad no tiene nombre, es decir, no nos lo llega a decir. Podríamos denominarle “el que nació matando a su abuelo” (ya que vino al mundo el mismo día que su abuelo lo dejaba), pues con este mote ha crecido y no creo que pueda desprenderse de él hasta su misma muerte. Como narrador, gusta este hombre torturado tanto por los demás como por sí mismo (más esto último, pues es siempre más perdedor el que está convencido de que su destino es serlo toda la vida, que es algo inmutable) de contar todo lo que le pasa en su estancia en Madrid, sin obviar los detalles más escabrosos (que son bastantes), así como los episodios del pasado más remoto y del más reciente (algunos oscuros, otros verdaderamente entrañables) que nos ayudan a comprender qué le ha hecho dejar la isla de Lanzarote para adentrarse en un inhóspito Madrid en el mes de julio, normalmente a través de una escritura ágil, ciertamente atractiva, que busca de la empatía del lector, de dar un sentido a esta huída que ha emprendido de forma correcta o errónea.


Aparte de sus recuerdos y pensamientos, de sus excesos diversos, acompañan en la aventura madrileña a este protagonista vencido personajes tan dispares como Aroa, la prostituta de alma violenta; el espíritu del difundo tío militar que habita en la casa de su tía, al que siempre hay que proveer de cerveza bien fría; Elena, la heladera de la que nuestro hombre podría enamorarse; Terry, el mejor amigo; el espíritu del guerrero guanche, del que nuestro hombre piensa estar poseído, etc.


Bailé con la luna, en definitiva, es una novela de vivencias intensas, de mentes torturadas que buscan huir tanto en el espacio, poniendo tierra de por medio, como a través del sexo, las drogas y el alcohol. Es una historia de perdedores que lo son desde el día de su nacimiento, que se resignan a serlo y no logran pensar que el futuro puede ser bien distinto, incluso, feliz. A través de esta obra, además, conoceremos un poco más de la vida de las gentes de la isla de Lanzarote, tanto pública como privada, de cuán distinto puede ser el universo de una isla si se compara con el de la Península, de todo lo que podemos aprender de los isleños con poco que nos esforcemos en conocerlos mejor.


No se puede huir de los problemas eternamente, pues éstos, de alguna manera, siempre te acaban encontrando allá donde estés. Si no me crees, si no lo has comprobado nunca personalmente, nada mejor que adentrarte en libros que hablan del tema y conocer a sus personajes. Nada mejor que leer Bailé con la luna para darte cuenta de esto y de otras muchas cosas.


Cristina Monteoliva


SOUL MAN. José María Mijangos
24/01/2010 20:07:33

Título: Soul Man


Autor: José María Mijangos


Editorial: Lengua de Trapo


Págs: 384


Precio: 19,90 €


 


La lectura de la novela ‘Soul Man’ (Lengua de Trapo, 2009), de José María Mijangos confirma algo que este crítico, y melómano convencido, siempre ha creído: la difícil comunicación entre la escritura de ficción y la experiencia musical, la complicada misión del escritor para transmitir en letra de molde lo que sucede sobre un escenario. La música es, por definición, un arte efímero. Si no fuera por el registro fonográfico sería una de las creaciones más frágiles del hombre. La música es, por tanto, presente puro: sólo existe mientras es interpretada y enseguida se desvanece en el aire. Una partitura no es exactamente música, como una receta no es un plato de comida. La literatura es, por el contrario, arte fijado. Su sentido es su existencia, al igual que la pintura. Un libro o un cuadro que ya no existen no son un libro o un cuadro en potencia, no se pueden recrear. La música se reinterpreta desde que nace. Aunque es verdad que no podemos escuchar los Conciertos de Brandeburgo de Bach tal y como sonaron la primera vez, sí podemos interpretar ese sonido sin atentar contra la integridad de la obra. Trasladar ese concepto al arte escrito sería patético. Reconstruir las obras perdidas de Aristóteles sería poco menos que un ejercicio freak, sólo apto para una parodia. Por ello música y literatura, aunque hermanadas para aumentar la sensibilidad artística, dialogan mal en sus respectivos formatos. Hay que tener la pluma y el temple de un grande para escribir una buena y sólida novela a partir de la creación instrumental, o hay que rendirse y dedicarse al prestigiado ensayo musical, de los que hay tan abundantes modelos que sólo voy a reseñar el más reciente en nuestro país. El monumental ‘El ruido eterno’, de Alex Ross, un viaje por la música orquestal (me niego a escribir ‘clásica’ o ‘culta’) del siglo XX.


En principio, la propuesta de Mijangos sonaba bien en mi jukebox. La historia de Cleophus Brown, un niño negro de Memphis hijo natural del ficticio compositor de blues y rock Mad Dog Rufus, que a través de los discos de su padre va descubriendo el mundo de la música popular del siglo XX y que, gracias a una serie divertida de azares, influye en la creación musical de nombres como Ray Charles, Elvis Presley, Sam Coke o más adelante los mismísimos Beatles. La casa de los Brown en la pequeña ciudad sureña de Estados Unidos se convierte en parada obligatoria de todos aquellos aprendices de rocker que copian descaradamente el estilo que brota de los altavoces del inquieto, gamberro y delincuente Cleophus Brown, enamorado de los sonidos americanos desde su tierna infancia y dispuesto a vivir de acuerdo a su leyenda.


Las cien primeras páginas de la novela (de un libro que tiene más de 300) son, por tanto, las mejores, las más expresivas, ricas y divertidas en anécdotas y paisaje humano y sonoro. Aunque ya el autor empieza a revelar algunas de las fallas de su estilo, como su particular obsesión por las palabras redichas, por la jerigonza, esa cultismo que tanto atenaza a nuestros autores en general y, sobre todo, por la inanidad de los personajes y de las situaciones. Así, la biografía de Brown es una sucesión de acciones delictivas que su desdibujada e increíble madre se limita a recibir con un suspiro y algún persignarse una y otra vez hasta la nausea, y un desfilar de artistas conocidos que en todo momento hablan, se comportan y actúan como si hubieran nacido en plena meseta ibérica.


Pero si la novela no carece de interés en esta etapa formativa y uno puede sonreír ante el hecho de que los discos del ‘underground’ y permanentemente censurado en América padre del protagonista Mad Dog Rufus anticipen toda la deriva del rock en los años cincuenta y sesenta sin que él sea reconocido ni vea un centavo, la obra se derrumba completamente cuando hijo, madre y su nuevo marido (homosexual a más señas) parten hacia una base de Estados Unidos en Madrid. Lo que hasta entonces era una humilde novela jocosa de iniciación al nacimiento de la música popular americana se entrevera con una parodia sacada de un tebeo de Ibáñez o de un guión perdido de una película de Mariano Ozores y se convierte en otra página más del inacabado y eterno realismo carpetovetónico novelesco español.


Una lástima que el autor no haya seguido la escuela de alguien como Jordi Sierra i Fabra, que a pesar de que los que van de listos se empeñen en domesticarlo tras las jaulas del zoo de la novela juvenil es posiblemente el mejor novelista del hecho musical en España. Su literatura hecha de pasión, amor y conocimiento sí permite un acercamiento ponderado y eficaz al fenomeno rock. O como Kiko Amat, otro al que Herralde ha sumido en la servidumbre del escritor “para jóvenes”, pero cuyos libros dan muestra de cómo se puede conjugar el fervor del microsurco con una literatura potente, romántica, de intensa voz propia. O, último ejemplo, como el estilista exquisito que es Sabino Méndez, compañero de correrías de Loquillo y sus Trogloditas y cuyo ‘Corre, rocker’, supone el encuentro definitivo entre la alta calidad literaria  y la crónica musical española de los ochenta.


Mijangos ha decidido el camino fácil, aun así su novela no carece de interés para el que se quiera iniciar en esa movida ajetreada, y que parece sólo propia de mentes adolescentes, y que en realidad es la emocionante historia de la música americana en el siglo XX. La semana pasada un provecto erudito español volvía a reírse desde las páginas de un diario nacional de las masas aborregadas que acudían a vocear a un concierto, de rock entiendo. Pobre. No sabe que esas masas aborregadas ya no van a ver rock ‘n roll de verdad, sino que acuden a sucedáneos, que el rock de verdad es la música folk de la modernidad y que, a menudo, sucede en lugares íntimos y pequeños. Su nacimiento pudo ser de mano de un bluesman amargado, censurado y genial. Vale, lo acepto. ¿Por qué no?


Iván Alonso


CORAZÓN DE NAPALM. Clara Usón
04/01/2010 10:57:16

Título: Corazón de napalm


Autora: Clara Usón


Editorial: Seix Barral


Págs: 368


Precio: 18,50 €


 


Busco en la denostada Wikipedia por la élite cultural información sobre el napalm. He de reconocer que hasta esta misma tarde, cuando he vuelto a revisar ‘Apocalipsis now’, para mí seguía siendo sobre todo ese embriagador perfume de la mañana que le encantaba respirar a Robert Duvall y, por supuesto, la sustancia invisible que abrasaba a la niña Kim Phuc en la famosa fotografía tomada por su compatriota Nick Ut: la salvajada de una guerra “justa” al descubierto. Pero en realidad me informo de que el napalm es una gasolina gelatinosa de color amarillo que tiene la particular virtud de arder casi indefinidamente. Para los lectores de Runciman, fuego griego mejorado en definitiva. Veo fotografías de bombardeos de napalm, leo entrevistas con los supervivientes y puedo entender el horror de sentir cómo uno se quema vivo, con saña, sin posibilidad de tender una humilde chaqueta sobre tus hombros para calmar el dolor infinito. El napalm lo abrasa todo.


La nueva novela de Clara Usón lleva el nombre de este arma maldita en su título, ‘Corazón de napalm’. Reconozco en mi infinita ignorancia que no he leído nada anteriormente de esta autora barcelonesa de 49 años, pero que, como parece preceptivo en estos tiempos, ha recibido los saludos de un santón como Enrique Vila-Matas y que la crítica la ha calificado como “heredera de Chéjov”. Nada más y nada menos. Eso no me arredra. Leo el libro porque me intriga cómo puede ser un “corazón de napalm”. Y no me lo imagino. ¿Es un corazón que arde eternamente por una pasión?, ¿que lleva consigo el fuego de la rabia o que se dedica a destruir todo lo que toca? También puede ser, considero, un corazón caliente que se dedica a repartir amor a su manera y que sólo consigue transmitir pavor y miedo. Esto último lo entiendo muy bien. Me volví comprensivo leyendo a Mary Shelley, compadeciéndome de ese monstruo nacido horrendo que sólo busca alguien a quien amar y que es rechazado sin contemplaciones por la sociedad e incluso por su propio creador. En el cine, ese genio atormentado y devorado por las pasiones del alma llamado James Whale lo supo reflejar como nadie. Víctor Erice lo subrayo al mostrar la escena del encuentro con la niña. Sólo la inocencia, en definitiva, no nos juzga.


 


Y en la novela de Usón también hay inocentes monstruosos. De los buenos, de los sonrientes, de los que recientemente hemos podido ver en el cine de la mano de Spike Jonze y que descubrimos antes en el álbum ilustrado de Maurice Sendak: seres hórridos pero con corazón y rostro amable. Aquí son lo que nunca queremos ver, de lo que huimos, nuestras Némesis sociales: yonquis, gitanos del barrio del Raval, buscavidas, rateros y drogotas sin solución que arañan la basura con sus contradicciones, sin hacer en realidad daño a nadie, escuchando a Sid Vicious a toda hostia y soñando con un mundo ideal de ostras con champán donde todos puedan volver a ser niños, a jugar, a  verse libres de su desgracia y de las garras de una sociedad bienpensante que los sentencia y los une a la cadena de los marginados, del deshecho social. Las ilusiones hechas pezados contra un muro de incomprensión.


Allí reside el niño con el corazón de napalm, Fede, un jovencito rechoncho y atormentado que viaja a su Barcelona natal para ver una vez más a su madre, enferma de jaco y sida, una sombra de lo que fue en los años setenta junto a ‘El Chino’, padre de Fede, su amiga Marilis y otros que perdieron el control con la jeringa y se fueron difuminando en el tiempo y las enfermedades del hígado. Una historia bien conocida. Soñador e impulsivo, Fede huye de una madrastra adusta y de un abuelo millonario y prepotente  que quiere encerrarle en un internado y viaja al barrio del Raval para cuidar de su madre, para hacerse un hombre de una manera un tanto tortuosa y dura: a golpes de realidad, luchando contra la deseable mentira que proporcionan las drogas y la nostalgia de un tiempo mejor, lleno de playas de sol, juergas y guitarras eléctricas de los Sex Pistols donde el “no future” se pliega ante el vivo deseo de un niño por resucitar a la madre muerta en vida. No hay quien no se conmueva hasta las lágrimas con los esfuerzos ridículos y casi delictivos de Fede por dar alegría, por conseguir volver a sentirse amado en un mundo en el que sólo le queda el punk extremo y la añoranza; como cuando baja a la pescadería y le compra ostras para comerlas con champán, o cuando pone un disco de villancicos para revivir la ilusión de un clima más feliz y casero.


Usón lo cuenta bien, con dramatismo, pero también con ambición y profundidad. Analiza una y otra vez al chico y sus circunstancias, se compadece de él hasta el infinito, pero también lo sacude y zarandea. Es como la madre que desea que crezca, que se haga adulto y hombre a base de lágrimas. Nos presenta la extravagancia de sus actos y el choque constante de sus deseos y la realidad. ¿Heredera de Chéjov? Puede ser. Un tal Cervantes se sentiría también orgulloso de ella, de su escritura viva, real y paródica, de su despreocupación a la hora de narrar con ligereza, sin querer epatar con profundos conocimientos lingüísticos de manual. Cuando uno tiene una historia tan grande entre manos que contar, el estilo es un lujo superfluo propio de gente ridícula.


Hay más. Entre medias, abrazando a la historia principal, se describe una extraña pasión, años después, en nuestro tiempo, entre una pintora de tercera, copista de cuadros y defraudadora en potencia, y un probo juez de menores llamado Juan poseído por una obsesiva fijación por ciertas mujeres relacionadas con una sombra de su vida pasada. Sometimiento y violación, y las trampas del arte y la memoria, se dan citas en esta narración paralela que el lector acabará acomodando, porque Usón sabe leer bien en la tradición literaria y no rehúye la fascinación del folletín, esa fiebre por pasar páginas para descubrir qué rostro llevamos todos bajo la máscara de acero que nos han impuesto otros, gente con más poder y con menos conciencia.


Cierro el libro con una sonrisa desgastada y me pregunto sí ya sé qué es un corazón de napalm. Trato de comprender a los protagonistas de la novela y sus motivos, su fijación por el abismo, su búsqueda incesante de amor y felicidad, y llego a la conclusión de que el fuego que les mueve es la pasión que anida dentro de todos ellos. Y precisamente por eso, son tipos humanos perfectamente comprensibles y reales. Amigos íntimos de los que me tengo que despedir con añoranza. Es curioso. También los personajes de Chéjov, llenos de soledad y falta de esperanza, son absolutamente reales e inolvidables. El napalm de Usón es, en realidad, esa fuerza que nos invita a levantarnos un día más y seguir intentándolo y que mercaderes espabilados han querido embotellar con el cuento de la autoayuda. Pero esa voluntad, ese llamado, no se estimula leyendo las insultantes parodias de Coelho y  de otros dedicados al menudeo porque existe a pesar de todo, a pesar de que, y es bien cierto, los molinos siguen siendo sólo molinos y los gigantes y los monstruos sólo se agitan y respiran en nuestro interior.     


Iván Alonso


EL GOLFO DE LOS POETAS. Fernando Clemot
21/12/2009 11:15:52

Título: El Golfo de los Poetas


Autor: Fernando Clemot


Editorial: Barataria


Págs: 288


Precio: 17 €


 


A veces pienso que las casualidades no existen, que tiene que haber algo más para que se den las coincidencias. Tan sólo un ejemplo para reafirmar lo que digo: existen en el mundo lugares mágicos, localizaciones que atraen por igual a novelistas y poetas a lo largo de los siglos. No, no creo que sea casual, pero, ¿qué tendrán estas localizaciones para que resulten tan magnéticos, tan evocadores, tan profundamente inspiradoras? Tal vez lo averigüemos tras la lectura de El golfo de los poetas, la última novela de Fernando Clemot.


El famoso escritor Leo Carver vuelve tras treinta años al Golfo de los Poetas, lugar que marcara su juventud y zona turística italiana ideal para pasar las vacaciones estivales en familia. Sin embargo, las cosas en la familia de Carver no van del todo bien, y ni siquiera la tranquilidad que ofrece un sitio tan bello como éste podrán hacer que las mejoren. ¿Será culpa del sitio y los acontecimientos que sucedieron allí en el pasado? ¿Tal vez Mery, la amiga de Rocío, la compañera de Carver, sea un obstáculo demasiado alto que saltar? ¿O será el propio Carver el que no quiera que las relaciones sean buenas?


El protagonista y narrador de esta historia no es otro que Leo Carver, ese escritor en decadencia que ya sólo escribe best-sellers para mitómanos, el hombre infiel por naturaleza, el que todo tiene que apuntarlo en sus libretas pues ya apenas consigue recordar nada de lo que ha hecho o dejado de hacer recientemente. Se trata éste de un narrador engañoso, demasiado subjetivo, tremendamente influenciado por el alcohol, la autocompasión, los recuerdos que le atormentan desde hace tiempo, la falta de memoria y el egocentrismo. Es un guía atormentado, una sombra de lo que un día fue o él cree que fue, que no deja de darle vueltas a los mismos asuntos, con una intensidad sobrecogedora. A veces parece dirigirse a sí mismo en su discurso, otras veces se dirige a las mujeres a las que ha amado, o más bien, con las que ha compartido lecho, como si de verdad alguna vez le hubieran importado las relaciones que con ella mantuvo.


La mayor parte de la acción tiene lugar en el Golfo de los Poetas, apelativo con el que se conoce al Golfo de la Spezia, un sitio especialmente significativo no sólo para este Leo Carver que vaga sin rumbo por su propia vida, sino para la literatura universal, pues aquí se dieron cita, entre otros poetas e intelectuales, Dante Alighieri, Lord Byron, Percy y Mary Shelley, Cesare Pavese y Marguerite Duras. No sabría decir que atrajo a estos y otros autores justo a este punto geográfico; pero, desde luego, dan ganas de visitarlo después de leer las descripciones que de la zona hace Fernando Clemot, de dar al menos una vuelta por las canteras, las playas y los bares para captar ese magnetismo.


Leo Carver, como decíamos anteriormente, no está sólo en esta idílica localización. Le acompañan, por citar tan sólo algunos de los personajes secundarios, su compañera, Rocío, esa mujer con la que apenas comparte el lecho; Selma, la preciosa hija adolescente de Carver y Mery, ese ser incómodo que no dice ni una palabra en todo el libro, la amiga que se antepone entre Rocío y Carver.


El Golfo de los Poetas, en conclusión, no es tan sólo una obra que nos habla de un hombre decadente y atormentado, un alcohólico sin remedio en busca de la respuesta a una pregunta que lleva muchos años haciéndose, un ser que en realidad no quiere cambiar, sea cual sea esa respuesta; sino también un lugar al que acudir cuando queramos plantearnos hasta qué punto nos engaña nuestra memoria, cuanto de cierto hay en la percepción que tenemos del mundo o porqué nos empeñamos en distorsionarlo todo a nuestro antojo. ¿Acaso no te lo cuestionas tú también a veces?


Nunca he estado en el Golfo de los Poetas, tal vez debería ir un día allí. O tal vez no, porque puede que el sitio real no me agrade tanto como el que he conocido en esta novela. Lo que sí puedo decir es que merece la pena adentrarse en El Golfo de los Poetas de Fernando Clemot. ¿Te lo vas a perder?


 


Cristina Monteoliva


LAS AVENTURAS DE DIOS. Rafael Domínguez Molinos
29/11/2009 20:11:05

Título: Las aventuras de Dios


Autor: Rafael Domínguez Molinos


Editorial: Ediciones Irreverentes


Págs: 96


Precio: 8 €


 


A menudo me pregunto qué estará haciendo Dios allá arriba, si está demasiado ocupado con sus temas divinos como para darse cuenta de lo que pasa en la Tierra, o si acaso eso del “libre albedrío” del que nos ha dotado le impide meterse en nuestros asuntos. Pero, ¿qué es lo que verdaderamente pasaría si Dios decidiera arreglar algunos de los puntos que enturbian la reputación de la Iglesia Católica hoy en día, como, por ejemplo, el tema de los párrocos pederastas? Nada mejor que averiguarlo adentrándose en las páginas de Las aventuras de Dios, el libro de Rafael Domínguez Molinos que hoy comentaremos.


Un alarmante fax llega un día al Cielo, un documento cuyo contenido el mismo Dios no puede pasar por alto: los curas pederastas son ya prácticamente una plaga en Estados Unidos, urge hacer algo antes de que la cosa llegue a más. Así es como Dios, el Hijo del Hombre (Jesucristo) y el Paráclito (el Espíritu Santo) deciden mandar al segundo de ellos junto al arcángel San Miguel de expedición por las distintas dimensiones de las que habla La Biblia, a ver cómo están las cosas en realidad y qué se puede hacer para resolver todos los problemas que han surgido desde que Dios mandara a su hijo entre los hombres. ¿Tendrá éxito este Plan de Choque? ¿Es acaso eso posible?


Existe en esta novela corta pero intensa, tanto en las carcajadas que nos provocará como en el mensaje que transmite, un narrador que, al igual que Dios, todo lo sabe. Este guía no sólo nos dejará conocer el Cielo, el Infierno y el Purgatorio, sino también el estado de la Tierra, y más concretamente el del Vaticano, tal vez el lugar donde nuestros viajeros, el Hijo del Hombre y el paciente Arcángel San Miguel, más dificultades van a encontrar.


Y es que éste, amigos, no va a ser un viaje nada fácil para el hijo de Dios y su acompañante. Nunca ninguno de ellos podría imaginar los terribles desajustes que los distintos Concilios han provocado a lo largo de la historia, las lagunas que muchos puntos han dejado y siguen dejando, lo difícil que es que la Iglesia Católica de su brazo a torcer en cualquier asunto… ¡Pero si casi dan ganas de irse a vivir al mismísimo Infierno!


Conoceremos también, a parte de los personajes ya mencionados (es decir, al gran padre, Dios, con todas sus preocupaciones, al Paráclito, en su forma de paloma, el Hijo del Hombre y San Miguel), a otros tan interesantes como Lucifer, el educado rey de los Infiernos; Santa Catalina de Génova, la directora del Purgatorio; el propio Papa, con su forma tan distinta de entender lo que es la administración de la Iglesia Católica, y hasta los curas pederastas (a los que deberíamos, por cierto, incluir a los irlandeses, de los que en estos días se habla en televisión), tan convencidos ellos de que lo que hacen está la mar de bien.


Los viajes de Dios, en definitiva, esta novela apta tanto para ateos como para católicos dispuestos a escuchar otras opiniones (yo sinceramente espero que nadie se sienta ofendido con su lectura, pues no creo que ésa sea la intención del escritor, ni mucho menos), es una obra en apariencia ligera, escrita con mucho sentido del humor y estilo ameno, donde, en realidad, el autor intenta mostrarnos algunos de los estragos que los cambios en la interpretación de La Biblia pueden causar a lo largo de los siglos, el ostracismo de los administradores de la fé (con el Papa a la cabeza) y la necesidad de “entender el mensaje original”, ése que se ha ido perdiendo y que tal vez no fuera algo tan complicado como nos pudiera parecer.


Desde luego, si Dios existe, su trabajo no tiene que ser tan fácil, entre tanto ruego, tanto mensaje mal entendido y demás. No me extrañaría que un día bajara a la Tierra y se llevara las manos a la cabeza al ver lo que hacemos los humanos. Pero, bueno, amigos, si queréis saber más acerca de cómo podría ser la cosa si esto sucediera, nada mejor que leer esta divertida e instructiva novela, Las aventuras de Dios, con la que yo tanto he disfrutado.



Cristina Monteoliva


MAJARÓN. Manuel Moya
22/11/2009 20:23:30

Título: Majarón


Autor: Manuel Moya


Editorial: Ediciones Baile del Sol


Págs: 99


Precio: 10 €


 


La lectura de “Majarón”, este relato largo o “nouvelle” (luego discutiremos por qué no le llamo “novela”) me ha recordado que el término “majarón” estuvo muy de moda en mi lejana juventud ochentera. He buscado por gusto (o por nostalgia) en  el http://www.rae.es y me devuelve la respuesta “La palabra majarón no está en el diccionario”, lo que me ha defraudado enormemente. Vivir todo este tiempo en el oscurantismo lingüístico de usar una palabra no controlada, inexistente en ese tesauro que es el DRAE... No sé cuántas otras mentiras habré tenido que soportar. Por lo menos tantas como Héctor, Hectorcito, Troya, Troyita, el protagonista. Algún día buscaré en  El Tocho Cheli: Diccionario de Jergas, Germanías y Jeringonzas”, del cual es autor Ramoncín a ver si ahí le ponen piso al vocablo.


Majarón es Álvaro Medina, que es un majarón. Compañero de habitación de Héctor Troya.  Se “alojan” en un híbrido a medio camino entre correccional, hospicio y hospital siquiátrico… Espero que esta pequeña aclaración no le destripe la trama, pero es una advertencia necesaria si está usted  acostumbrado/a a la literatura sencilla, lineal, de consumo. Lo que no quiere decir que “Majarón” sea un libro complicado, denso, o ladrillo, si no que es bueno que a uno le adviertan de su estructura circular (yo no lo sabía y juro que me costé enganchar). De modo que cuando llegue al final, vuelva al correo electrónico que abre el libro, y luego relea también el primer capítulo, el que está sin numerar, y ya todo cobra un nuevo sentido, un abracadabra, que cierra el libro por el principio. Es muy complicado de explicar, pero cuando se centre en la lectura más o menos a partir de la página veintitantos se va a ver “pillado por los güevos” (perdón por esta licencia coloquial y para más inri excluyente del sector lector femenino, y más propia de Majarón o Álvaro Medina que de un servidor) con un nudo ahorcaperros, y su única obsesión va a ser la de saber qué viene después, qué hay de verdad en todo lo que cuentan los personajes a través de esa ensalada de diálogos y narración del personaje.


Hablo de ensalada, pero los sabores son al cien por cien distinguibles. Aunque no haya guiones que acoten el diálogo sino un batiburrillo de voces, el lector en todo momento sabe quién habla, qué quiere, qué calla y al final del relato (sorpresivo, no en el sentido efectista, truculento, sino por el giro que se produce y que el lector no espera) va a saber perfectamente qué ocurrió (cuál es el “detonante” de la historia, que eso lo he aprendido del maestro Juan Madrid en el seminario que ha terminado de impartir hace unos días en la Biblioteca de Andalucía), en qué circunstancias… No hay un cabo suelto por ningún lado, pero otra vez hay que repetir que el lector no habitual o el no habituado a la nuevas formas narrativas, deberá tener paciencia, porque una vez metidos en harina la recompensa es sustanciosa.


Datos para demostrar que me he leído el libro: si me piden que lo adscriba a un género diría que es negro en estado puro. Y para certificar que me lo he mirado con lupa, lo que decía antes: “Majarón” es una nouvelle o un relato largo. Y eso  por cuanto carece de tramas colaterales o secundarias, va directo al núcleo atómico del asunto. Eso de que “el público se quedó con ganas de más”, pues no. Tiene la extensión justa y termina donde tiene que terminar. ¿Si lo volvería a leer en caso de que no tuviera otra cosa que llevarme a las gafas? Pues sí.


Nicholas Negroponte del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusset) loaba en “Ser digital” (el libro, no el programa de la Cadena Ser sobre nuevas tecnologías) la ventaja de los bits sobre los átomos, que si no ocupan espacio y tal y tal. Por eso, porque los bits no pesan, me voy a permitir la licencia de escribir más de la cuenta, por que no sé, creo descubrir cierto juego,  guiño, o afán de autoficción en ese correo electrónico inicial en el que el destinatario se  llama Manuel (como el autor) y en la cita a la “U***”, que también aparece en la dedicatoria del autor. Conozco la autoficción a partir de “El teorema de Almodóvar”, de Antoni Casas Ros: que si tras el misterioso autor que no muestra su rostro porque lo tiene desfigurado tras un accidente en realidad se escondía Vila Matas… A mí la verdad es que todo aquello me importó un pimiento. No sé si el fenómeno es previo a Casas Ros o qué, pero el caso es que ese “Si yo te contara mi vida podrías escribir un libro”, no añade ningún valor a las obras literarias. Ya digo que hablo por hablar, pues no sé cual ha sido la intención del autor al hacer ese guiño, y esta digresión mía no debería estar permitida porque de lo que se trata es de hablar del libro en sí, no de sus alrededores, pero en todo caso me viene bien para invitar a reflexionar sobre la figura emergente del autor que se vende por encima de su obra, y de paso citar fuentes más autorizadas e interesantes de consultar. Sobre el creciente fenómeno de la autobiografía, recomiendo el artículo de opinión de Ángeles Prieto Barba en el periódico digital “El Heraldo del Henares” http://www.elheraldodelhenares.es titulado “Escritores o rockeros: banalización de la literatura”.


Chacho, que se me olvidaba: majarón (al menos en mi barrio) venía a significar chalado, ido, volado, mal de la perola, fatal de la azotea, saltabalates.


 


José Cruz Cabrerizo


TENGO UNA PISTOLA. Enrique Rubio
15/11/2009 20:45:31

Título: Tengo una pistola


Autor: Enrique Rubio


Editorial: Booket


Págs: 416


Precio: 8,95 €


 


La forma de relacionarnos con el mundo ha cambiado sustancialmente en los últimos años. Del cara a cara y el teléfono tradicional hemos pasado a la comunicación vía teléfono móvil e internet. Podemos pasarnos años sin ver a las personas con las que conversamos por la red, creer todo lo que nos cuentan, pensar que sus vidas son tan normales como las nuestras. ¿Somos unos ingenuos? Quizá entre las páginas de Tengo una pistola, la novela de Enri Rubio de la que hoy hablaremos esté la respuesta.


Cascaradenuez tiene veinticinco años y no ha salido de casa desde hace diez. Su vida transcurre entre ordenadores, diseñando páginas webs pornográficas, conversando con un tal Ciria y aguantando las confesiones del psicólogo a domicilio que sus padres le envían periódicamente para curar su agorafobia y su fobia social. Todo cambia en la vida de este muchacho el día que recibe una extraña nota de alguien llamado Aenima. ¿Cómo es posible que la solución a sus problemas hubiera estado tan cerca y no se hubiera dado cuenta hasta este momento?


El narrador de esta singular historia no es otro que el propio Cascaradenuez, quien, con una voz clara y precisa no dudará en ningún momento en contarnos todo lo que hace y piensa en todas las dimensiones, en cada uno de los mundos que habita.


Y es que al Cascaradenuez protagonista no sólo lo veremos moverse por un único universo, sino en varios. A saber: el microcosmos de su casa, donde el tiempo no transcurre y las estaciones no se hacen notar; el ciberespacio, en el que puede ser quien quiera sin problemas; el mundo real más allá de los confines de su hogar, en el que las inseguridades se hacen muy patentes; el videojuego con el que sueña cada noche, donde él es el héroe encargado de limpiar de zombis la ciudad de Nueva York, una viva metáfora de su vida.


Pero, ¿quién es en verdad Cascaradenuez? ¿Qué se esconde tras ese apodo y ese casco de moto que no deja ver su rostro al psicólogo que más que tratarlo lo desquicia? Cascaradenuez es un tipo inteligente obsesionado con las estadísticas, un ser sensible que vive angustiado en la jaula que él mismo se ha construido, un hombre que está a tiempo de cambiar sin él haberlo planeado. Tendrá mucho que ver en su cambio esa nota que alguien deja en su buzón, ese mensaje extraño que le señalará como el Elegido. Pero, ¿sabrá él interpretar del todo bien ese mensaje? ¿Llevará a cabo el plan diseñado por Aenima y que él dice querer terminar?


El elenco de actores se completa con una serie de personajes de lo más variopinto: Ciria y sus proyectos pornográficos irrealizables; el psicólogo que viene a casa de Cascaradenuez para desahogarse; Aenima, y sus instrucciones para librarse del yugo que a todos nos impone el código genético; la Cajera, o el ángel salvador de esta historia, la mujer que le demostrará a nuestro protagonista que el mundo a veces no es tan gris como pensamos.  


Tengo una pistola, en definitiva, es una historia fresca pero a la vez tremendamente actual, una obra de trama sorprendente, lectura ágil y personajes perfectamente perfilados psicológicamente. La historia que cuenta este libro permanecerá en la memoria del que se adentre entre sus páginas durante mucho, mucho tiempo, pues las cuestiones que plantea, desde luego, nos darán bastante en que pensar: ¿hacía dónde va el ser humano? ¿Dejaremos de relacionarnos con los demás, o al menos dejaremos de hacerlo cara a cara? ¿Nos estamos rebelando contra nuestro propio código genético, contra lo que la naturaleza nos marca como correcto?


A veces pienso que somos como náufragos a la deriva en el mar de la existencia. El mundo ha cambiado, y ahora nos relacionamos con los demás como queremos a través de los medios que la tecnología nos ofrece, ocultando nuestras preocupaciones y temores; pero en el fondo seguimos flotando sin rumbo. Sólo a veces aparece un bote salvavidas en nuestro camino. ¿Por qué no agarrarse a él? ¿Y si el barco fuera un libro tan bueno como Tengo una Pistola? Yo no me lo pensaría dos veces.


 


Cristina Monteoliva


BÄSLE, MI SANGRE, MI ALMA. Miguel Ángel de Rus
08/11/2009 22:13:54

Título: Bäsle, mi sangre, mi alma


Autor: Miguel Ángel de Rus


Editorial: Ediciones Irreverentes


Págs: 112


Precio: 10 €


 


La historia nos dice que los grandes genios no siempre han acabado bien sus días, que son demasiados los que murieron en el olvido y en la más inmensa de las miserias. Menos mal que el tiempo pone todo en su sitio y hoy en día reconocemos el trabajo y la figura de estos personajes tal y como se merecen. ¿O es que acaso de algunos de ellos aún no se sabe todo lo que se debería saber? Descubrámoslo a través de las páginas de Bäsle, mi sangre, mi alma, la novela de Miguel Ángel de Rus que hoy revisaremos.


Wolfgang es el tataranieto del hijo secreto que Mozart tuviera con su prima María Thekla, además del último descendiente del célebre compositor austriaco. Ya anciano, el protagonista de esta novela aún se tortura estudiando las cartas de Mozart a su adoradísima prima, su primer y gran amor, en busca de respuestas. No es éste un trabajo fácil: son muchos los puntos oscuros, los secretos que tal vez nunca vean la luz.  ¿Conseguirá encontrar las claves en éstas y otras misivas que le hagan entender al genio? ¿Cómo afectará este estudio a su propio carácter? ¿Qué detalles nos han ocultado los historiadores de este gran genio?


El protagonista y narrador de gran parte de esta obra no es otro que el ya mencionado Wolfgang, un hombre que no quiere irse de este mundo sin llegar a entender qué es lo que llevó a Mozart, su genial ancestro, a abandonar a su amadísima prima María Thekla, aquella que él llamara cariñosamente Bäsle, la mujer que probablemente mejor le entendiera en su mundo, para casarse, en su lugar, con Constanze, una mujer de la que, como veréis si os animáis a leer esta obra, nuestro protagonista no tiene muy buena opinión.


Gran parte de esta novela se basa en las cartas que el Wolfgang originario, un joven divertido y cariñoso, dirigiera, sobretodo, a su prima María Thekla, misivas que el narrador no tardará, a continuación, en analizar en busca de posibles pistas que le lleven a desvelar los pensamientos más ocultos, los sentimientos más secretos del genio que también fue persona. Se tratan éstas de interpretaciones cargadas de pasión, de inquietud, y sobretodo de subjetividad, la misma que tendríamos cualquiera de nosotros en el lugar de esta alma atormentada que busca su lugar en el mundo.


No son muchos los personajes de los que nuestro atormentado protagonista se rodea, aparte de aquellos que pueblan los documentos objeto de su estudio (Mozart, María Thekla, el padre del compositor, Constanze…). Tan sólo de dos amigos tendremos conocimiento: Arthur y Stefan, dos hombres también ancianos que viven el ocaso de una forma mucho más apacible, el mayor apoyo que Wolfgang pudiera tener en esta última aventura de su vida. Stefan, además, se verá obligado en cierto punto de la obra a tomar la voz del narrador. Pero mejor no dar más detalles de esto.


¿Qué hubiera sido de Mozart si se hubiera casado con su adorada prima y no con Constanze? ¿Qué contenían las cartas de María Thekla a Wolfgang? ¿Quién tuvo la culpa de que el autor acabara tan míseramente sus días? ¿Y porqué el tataranieto de su hijo secreto se pregunta, tantos años después, cómo ocurrieron las cosas? ¿Es que acaso las respuestas puedan ayudarle? Tendréis que adentraros en esta corta pero intensa novela para descubrirlo, en esta obra tan interesante como reveladora en la que tan bien son utilizados los recursos narrativos (narración en forma de novela, ensayo un tanto subjetivo y las cartas de Mozart a su prima y otros familiares) por parte de su autor, Miguel Ángel de Rus.


Siempre es una pena que un genio muera en la miseria, olvidado por todos y tan sólo reconocido años después de dejar este mundo que habitamos. No sé si preguntarse por lo que fueron o dejaron de ser sus vidas sirve de algo. Lo que sí sé es que todas estas incognitas que dejan tras su muerte, este halo de misterio, dan siempre lugar a buenas obras literarias, como Bäsle, mi sangre, mi alma.



Cristina Monteoliva


EL OTRO MUNDO. Hilario J. Rodríguez
02/11/2009 21:13:41

Título: El otro mundo


Autor: Hilario J. Rodríguez


Editorial: Ediciones del Viento


Págs: 173


Precio: 16 €


 


Hace unos años en la revista “Investigación y ciencia” (la versión española de “American Scientist”) se publicó un interesante artículo que más o menos  venía a titularse “La tierra antes de Pangea”. Resulta que en el origen, antes de Pangea o el fenómeno de la separación y deriva continental, estaba todo hecho un asco: una gran masa informe rodeada de agua salada. Luego pasó eso, lo de después, o sea, que la cosa se fue desgajando y cada continente tiró por su lado y América y Europa se dijeron adiós, bye bye, pongamos agua de por medio. Con El otro mundo”, ocurre el fenómeno contrario: conforme uno va leyendo quiere estar más cerca del protagonista narrador, pegarse a su chepa y escuchar (leer) cada una de sus interioridades,  sus afectaciones culpables,  sus pequeñas derrotas, respirar su angustia sencilla. Eso, el interés que despierta en el lector lo que cuenta el protagonista, va a ser por aquello que se publicó en otra aún más prestigiosa revista científica (“Science” o “Nature”, no me pregunten). Resulta que cuando estamos en una barra echándonos al coleto un con leche o una caña  y escuchamos una conversación, al principio parece como que no queremos prestar mucha atención, pero poco a poco vamos aguzando el oído. Eso nos viene de cuando éramos animales, y todo el día teníamos que estar alerta para que no nos hincaran el diente.


Ya no sé ni por dónde iba, estoy en el otro mundo. Pero quiero decir que a este libro uno empieza no prestándole mucho interés. Así, el primer capítulo termina con un vuelo rasante y reflexivo sobre algunas cuestiones que alcanzan a la fotografía: “Las fotografías lo confunden todo, la felicidad y la infelicidad, incluso a los vivos y a los muertos” (p. 11). Y yo me dije: “Pues este capítulo uno, como que no me sitúa en la acción para nada. Vamos a ver, este tío dice la contraportada que es crítico de cine, pues el libro va de cine. Y yo por desgracia sé poco del tema”. Pero luego resulta que el siguiente capítulo es un relato casi independiente: dos viajes iniciáticos de la infancia, el de Eva por un lado y el del protagonista por otro. Y seguimos sin situarnos en la acción, sin saber adónde va este barco, pero a cambio acabamos de degustar una prosa sublime, una historia redonda y sencilla sobre los hijos de una gente sencilla para los que el mundo todavía no es tan grande.


Sin muchos rodeos: luego ya sabemos que el libro va de un escritor español que viaja a Nueva York con la idea de establecerse allí tres años, y eso con el firme propósito de escribir su segunda novela. Y para terminar de arreglarlo todo se lleva a su mujer (para que trabaje de maestra en el colegio de un barrio deprimido y no pare de chincharle) y al hijo de seis años (que llega sin entender una palabra de inglés), para que se las entienda con la chusma de su colegio. Y lo bueno de la historia reside ahí, en su carácter pedestre, de barrio, de vidas de andar por casa. Nada de tiburones de Wall Street,  nada de performances, ni un puñetero artista snob, cool, o raro y ultramoderno, como los que desfilan fotograma a fotograma en “Jo, qué noche” de Martin Scorsese… Gente que trabaja por un sueldo, que tiene miedo a muchas cosas, como cualquiera.


Se supone que cualquier novela trata sobre la propia literatura, sobre la naturaleza humana, y sobre las relaciones sociales. Este libro es una novela, porque contiene de  todo eso. Pero:


     -Al mismo tiempo es un estudio de ecología social y un cuaderno de bitácora sobre lo dura que puede ser la vida de un hispano o un español en Nueva York, cuando la policía sabe que tu casa se está inundando y no quiere llamar a los bomberos. 


     -Es una reflexión sobre lo cerca que estamos de ese país, hoy vivimos como la tierra antes de Pangea. Al final todos los seres humanos compartimos unos patrones básicos de comportamiento sin importarnos lo alejados que estemos en lo físico. Seguro que estos indicios de americanismo le va a sonar: vivo en un apartamento minúsculo y no conozco a mi vecino de al lado; el otro día un teleoperador de telefonía se puso grosero a pesar de que con total corrección le había dicho que no estaba interesado en su oferta; el que a los treinta no es rico, a los cuarenta borrico (“Si a los treinta no tienes una cuenta bancaria con un millón de dólares, has fracasado”, p. 118); hay que hacer ostentación, porque tanto aparentas tener tanto vales (capítulo XXXVII)…


     -El libro es sustancioso además en sus formas: nos vemos en el espejo del otro (el norteamericano medio) a través de los vasos comunicantes: casi siempre hay una conexión, una semejanza entre lo que le ocurre a alguien de aquí y de allí, el autor sabiamente hilvana dos historias. Como cuando hacemos una verificación y comparamos un medidor “problema” y un patrón trazable. Y las historias encadenadas nos llevan a reflexionar sobre cuestiones universales: ¿merece la pena sufrir para morir? ¿Merece también la pena sufrir para malvivir? (capítulo XXV, Nancy Klein y el padre del protagonista).  Y así más ejemplos que el lector podrá descubrir.           


También es curioso (hablando de la estructura) esa historia latente de E. M. Maisel, el inquilino anterior del apartamento que ahora ocupan. Solo tenemos una fotografía especular de él y eso porque sigue llegando correspondencia a su nombre. Gracias a una carta personal violada (si no lo sabe, en Estados Unidos meter la mano en el buzón del vecino o abrirle una carta es delito federal) averiguamos algo más. La carta es un magistral relato, una joya incrustada en el resto de la narración.


En el fondo, E. M. Maisel y el protagonista no están lejos el uno del otro: aunque habitan el mismo espacio en tiempos diferentes, y aunque el protagonista no se quiera poner la camisa que el otro olvidó (o quizá no, quizá E. M. Maisel quiso que algo suyo perdurara en otro). Quizá ambos son dos figuras de un mismo retrato, fugitivos que huyen por hastío existencial. Por otra parte ninguno de los dos hombres (ningún personaje de los que desfilan) es un peso pesado en la narración, sino que como ya dije son reflejos especulares: E. M. Maisel se refleja en la carta de su hermana, Gueloz Nsingi se proyecta siempre en su hermano. El protagonista cede su lugar preeminente y se refleja en su suegro, en su mujer, en su hijo, en los otros. Nuestro mundo también tiene su reflejo en el otro mundo, el de los sueños, ese que está en la nebulosa de “El otro mundo”.


José Cruz Cabrerizo


EBRO 1938. Rubén García Cebollero
22/10/2009 11:27:45

Título: Ebro 1938


Autor: Rubén García Cebollero


Editorial: Nowtilus


Págs: 352


Precio: 19,95 €


 


¿Se puede saber de ante mano qué batalla será la más decisiva dentro de una guerra? Me lo pregunto ahora pues de cuestiones bélicas tengo poca idea, la verdad. Pero me da la sensación, si pienso en conflictos más o menos recientes, que no, que cualquier batalla es totalmente impredecible y el ganador se verá al final de la misma, nunca antes de lucharla. De esto y otras muchas cosas habla Ebro 1938, la última novela de Rubén García Cebollero que hoy trataremos.


Verano de 1938. Estamos en plena Guerra Civil Española y los distintos bandos luchan sin cesar por todo el territorio español para ganar terreno al enemigo. Sin embargo, será una la batalla más decisiva, una la que marque el rumbo de la guerra, el color de la victoria. Ésta no es otra que la del Ebro, La Batalla de la Tierra Alta. En este libro encontraréis su historia así como la de todos aquellos que la protagonizaron.


Imagino que no tiene que ser nada fácil escribir una novela histórica sobre la Guerra Civil española, un negro periodo de nuestra historia reciente tan exprimido ya por el cine y la literatura. Sin embargo, siempre me sorprendo al encontrar una nueva visión, como la que nos plantea esta novela, un nuevo punto de vista con el que ayudarnos a reconstruir un puzzle con tantas piezas como es éste de la guerra fraticida que separó incluso a familias.


La obra de Rubén García Cebollero trata de forma objetiva, por una parte, una batalla en concreto de esta contienda, la del Ebro, dando todos los datos pertinentes que sin duda su buen trabajo le habrá costado recopilar, hechos fehacientes que nos hablan de una guerra que podría haber ido en un sentido, pero que cambió su rumbo en cierto punto.


Por otro lado, el autor nos ofrece la visión meramente subjetiva de todos aquellos que la vivieron, los sentimientos encontrados que les invadieron, las penurias padecidas, el destino final de cada una de aquellas almas. Es así como nos enfrentamos ante una narración plagada de cartas, canciones, oraciones y poesía, una narración predominantemente lírica, una prosa que quiere a veces convertirse en pura poesía, en la que los propios personajes se convierten en numerosas ocasiones en narradores en primera persona de los pasajes por los que Rubén nos lleva.


Y es que Ebro 1938 no es tan sólo una novela bélica, sino también, y fundamentalmente, una obra de personajes, con nombre y apellidos, con penas, alegrías, esperanzas y desesperanzas; en definitiva, personajes tan reales en el papel como en nuestro mundo. Difícil decantarse por uno o por otro, sabiendo que son todos tan protagonistas de esta historia, su historia: están Basilio, el viudo que le escribe cartas de amor a su difunta mujer, Berta, con tal emotividad que nos será imposible dejar de conmovernos tras la lectura de sus misivas; Maik, el camillero de ambulancia americano que se enamora de Carmela, la joven y simpática bibliotecaria prima de Basilio; Pablo Uriguen, el vasco que no volverá nunca más a pescar; Roque Esparza, el maño que se nos hace tan cercano al expresarse como lo hace; Pedro Hernández, el murciano nadador que acabará hospitalizado… Todos y cada uno son indispensables, todos ellos se merecen el sentido homenaje que Ebro 1938 les brinda, que Rubén García Cebollero les ofrece a ellos, pero también a nosotros, hijos de la democracia que no debemos olvidar que hubo un tiempo en que las cosas no eran tan fáciles como lo son ahora, que España lucho y ganó un bando, pero que también podría haber ganado el otro; pues cuando se va a la guerra, todos esperan ser los vencedores y lo cierto es que todos, como seres humanos pierden mucho más de lo que pudieran imaginar en un principio.


Toda batalla es mala, digan lo que digan los políticos que las fomentan. Las guerras siempre conllevan muerte, destrucción, un sufrimiento innecesario para todos los combatientes y sus familias. No me cansaré de decir que el ser humano necesita aprender del pasado para no repetir los errores en el futuro. Leer Ebro 1938 es una buena forma de empezar.


Cristina Monteoliva


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