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Título: El corazón de Yacaré
Autor: José Luís Muñoz
Editorial: Imagine Ediciones
Págs: 220
Precio: 15 €
Hubo un tiempo, antes de que la ciencia se empeñara en explicarlo todo, en el que los seres humanos vivíamos convencidos de que el amor, así como el resto de los sentimientos, residían en nuestro pecho, justo en el corazón. Y aunque ahora sepamos que en realidad todo está en nuestra cabeza, aún nos cuesta creerlo cuando el músculo palpitante que habita en nuestra caja torácica se acelera al ver llegar a la persona amada. De esto sabe mucho, sin duda, Yacaré, la protagonista de El corazón de Yacaré, la obra de José Luís Muñoz ganadora del Premio Seseña de Novela Romántica 2009.
En Macladán, un ficticio país sudamericano, las cosas siempre salen según lo previsto: los ricos son cada vez más ricos, los pobres viven en chozas, apartados de la gran urbe, y si alguna vez alguno de estos indeseables intenta rebelarse, ya sabe lo que le espera. Y, sin embargo, algo extraño pasa últimamente, algo ha cambiado en la vida del ingeniero O´Higins desde que saliera del hospital tras una operación de emergencia: una mujer de rasgos indígenas, siempre vestida de rojo y con tacones altos, no deja de seguirle allá donde va. ¿Qué podrá significar?
En Macladán, ese país sudamericano con un régimen totalitario, en el que los policías siguen órdenes muy precisas cuando el supuesto delincuente es un rebelde que se opone a la injusticia reinante, el mestizaje no está muy bien visto. Sin embargo, precisamente el mestizaje, la mezcolanza, es lo que mejor define la narración en esta novela, por varias razones. Diremos, en primer lugar, que no se puede ubicar esta pieza dentro de un solo género literario, pues si bien el amor y el erotismo están muy presentes, danto pie al género romántico, también lo están los tintes negros del género policiaco. Y si además tenemos en cuenta que Macladán es un país ficticio con una vida cotidiana muy similar a la de otros países sudamericanos actuales, ¿por qué no hablar también del realismo y la literatura de denuncia social?
En segundo lugar, El corazón de Yacaré no es una historia narrada por una sola voz, sino que son varias las que encontramos, comenzando por un narrador externo, ajeno a la acción, que da paso a capítulos guiados por la propia Yacaré, el ingeniero O´Higins y hasta el joven inspector de policía Nelson Correa. Esta curiosa diversidad de puntos de vista no hará otra cosa que enriquecer una trama ya de por si interesante, por el grado de apasionamiento que encontramos en estas páginas. Es más: probablemente, con un solo narrador, no se hubiera conseguido el mismo efecto de cara al lector.
Diremos, también, y para finalizar esta enumeración, que incluso los capítulos en sí parecen querer mezclarse entre ellos, o al menos rebelarse en cuanto al orden que podría parecer lógico, contagiados, quizá, por el espíritu salvaje de una mujer indomable.
¿Y quién es Yacaré en realidad? ¿Es una mujer fatal de las que salen en las películas americanas? ¿O simplemente una mujer sencilla y enamorada, que se esfuerza por conseguir un fin que la obsesionará hasta la muerte? ¿Lograrán comprenderla el ingeniero O´Higins, ese magnate de las telecomunicaciones sin escrúpulos, o Nelson Correa, el policía de técnicas implacables y conciencia intranquila? ¿Porqué ellos se sentirán irremediablemente atrapados en sus redes?
Espero que dentro de un tiempo seáis capaces de contestarme a estas preguntas, después de atreveros vosotros mismos a adentraros en El corazón de Yacaré, una novela de amores tremendamente intensos, más allá de la razón y de la propia vida; pasiones incontrolables, sentimientos encontrados e injusticias que no pueden repararse, que hará que vuestros propios corazones, o el lugar de la mente donde vuestro espíritu resida, de más de un vuelco, en señal de absoluta rebeldía.
El amor es un sentimiento extraño: a veces es tranquilo y sosegado; otras tantas, se desboca, haciendo que nuestra razón se nuble por completo. En todo caso, el amor, el más grande de los sentimientos humanos, siempre es mejor vivirlo a que te lo cuenten. Y lo mismo se puede decir de novelas como El corazón de Yacaré: no esperes a que te la sigan contándola, simplemente léela por ti mism@.
Cristina Monteoliva

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