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Título: El sillón maldito
Autor: Gastón Leroux
Traducción: Cristina Ridruejo Ramos
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 184
Precio: 18 €
Poneos en esta situación: muere un académico de la lengua y su sillón vacío ha de ser ocupado, como manda la tradición, por otro candidato. Hasta aquí todo bien. Pero resulta que el candidato a suceder al difunto académico muere mientras lee su discurso de ingreso. Nada raro, cosas así podrían suceder pero ¿y si esto ocurre hasta tres veces seguidas? Seguro que nadie querrá ocuparlo y más si la prensa hacer circular el rumor de que existe una maldición sobre ese sillón y que cualquiera que ose ocuparlo morirá irremediablemente.
Esta es la propuesta de novela de intriga (de novela negra diría yo) que Gastón Leroux (1868-1927), el autor de la famosísima obra “El fantasma de la Ópera”, nos propone a modo de parodia del género sin caer en chistes ni soluciones fáciles en “El sillón maldito” (El olivo azul, 2009). Una obra que no podremos dejar si empezamos a leerla.
El secretario perpetuo de la Academia Francesa Hippolyte Patard, es nuestro detective y los personajes que orbitan a su alrededor completan una interesante trama que nos tendrá entretenidos desde el principio hasta su sorprendente fin.
No se puede negar que el manejo de la intriga, de los misterios escondidos y de los giros sorprendentes en la historia son muy bien utilizados por Gastón Leroux para que la historia de un hombre y su intrigante mujer consigan su objetivo. Lean y se darán cuenta que cualquiera, si se las ingenia bien podría ingresar en cualquier academia.
Supersticiones, prensa amarilla, ambiciones secretas y tres muertos bajo el sillón son algunos de los hilos argumentales y pistas que nos permiten seguir la historia de este sillón de la Academia Francesa, de Los Inmortales (no me digan que no tiene guasa la cosa) muertos en el intento y sobre todo de la búsqueda de la “Inmortalidad” de un hombre sencillo y hasta aquí se puede contar… Lean y asómbrense.
Tenemos que reconocer, leída la novela, que la intriga y el misterio que planteó Gastón Leroux no ha perdido ni un ápice de su capacidad de atracción. Aunque parezca cosa de otra época el oficio de Leroux ha conseguido que sus historias vayan más allá del tiempo y la parodia del género y de las épocas y las intuiciones para permanecer como una obra sólida después de cien años de su publicación en un periódico francés.
La edición de “El olivo azul”, como toda las suyas, es muy hermosa y hace mérito al recuerdo emocionado de Luis Alberto de Cuenca que en su infancia leyó la novela de Leroux con voracidad adolescente y que prologa ahora con entusiasmo.
Para los amantes del género esta novela les sabrá a gloria. A los que no son tanto de novela de intriga esta obra les acercará y desmitificará a un tiempo un género que está muy en boga en estos tiempos por el planeta libro. Pero a todos, a los que aman la lectura esta novela les parecerá una pequeña joya rescatada por una excelente editorial del túnel del tiempo y del silencio.
Pedro Crenes Castro

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