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Título: El arte de morir
Autor: Émile Zola
Traducción y notas: Eric Jalain
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 152
Precio: 17 €
Cuando el Romanticismo se había convertido en el estilo artístico que se debía superar, surgió en Francia una forma de escribir narrativa que se denominó Realismo. En su afán por ir un paso más adelante, Émile Zola “creó” el Naturalismo.
Emilia Pardo Bazán definió el Naturalismo como “un movimiento pretenciosamente seudocientífico basado en la aplicación de un restringido concepto de determinismo a la conducta humana, con una deplorable tendencia a recalcar lo sórdido, lo feo y lo proletario”. Es una opinión radical contra Zola; el tiempo haría justicia con este autor.
Una buena muestra del arte naturalista es «El arte de morir», cuatro novelas cortas (nouvelles) que reflejan a la sociedad francesa contemporánea de Zola.
En la primera, «El capitán Burle», queda reflejado el ambiente militar, el estado degradado de unos mandos que quedan encarnados en Burle, un adicto a las mujeres, capaz de poner su cargo, el ejército, su familia, al servicio de sus pasiones. El mayor Laguitte tendrá que enfrentarlo con una realidad tan estúpida y caprichosa como el mismo Burle.
El segundo, «Una autopsia social», es un magnífico collage compuesto por cinco pequeñas historias. Si es un tópico afirmar que la muerte nos iguala a todos, Zola se encarga de demostrar en este texto que no todos caminamos de la misma manera hacia ella, que no todos somos tratados de la misma forma cuando fallecemos, pues Zola hace un recorrido que abarca desde las clases burguesas hasta los campesinos más apegados a su terruño. Una reflexión inquietante que se vuelve imprescindible.
El tercer texto, «La muerte de Olivier Bécaille» es el angustioso relato de un hombre que ha sido tratado como un muerto cuando aún posee conciencia. Ya Poe había tratado el tema de los enterrados vivos («El entierro prematuro», 1844), pero el tratamiento del asunto de Zola es totalmente distinto. No hay espacio para la especulación, para la fantasía; como bien decía Emilia Pardo Bazán, el propósito del Naturalismo es acercarse, en la mayor medida posible, al tratamiento científico. Por tanto, todo tendrá su justificación, su explicación lógica.
Por último, y como “contrapunto cómico” – como se señala en la contraportada – nos encontramos con «Las caracolas de Monsieur Chabre», un nuevo análisis de la sociedad francesa, esta vez centrado en el comerciante Chabre, rico, pretencioso y casado con una jovencita encantadora, Estelle. El matrimonio no puede tener hijos, y un médico le recomienda a Monsieur Chabre que coma marisco, como afrodisíaco. Van a la costa bretona y allí encontrarán la solución a sus problemas, aunque de forma muy distinta cada uno.
Más allá de las críticas primitivas, como la de Emilia Pardo Bazán, que se centraban en el exceso de crudeza de estos autores, el estilo naturalista, cuya máxima representación es Émile Zola, ha legado a la posteridad una documentación interesantísima sobre la sociedad en la que vivían. «El arte de morir» es un magnífico ejemplo.
Raúl Rubio Millares
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