|
Miguel Lizana es licenciado en Derecho y en Fotografía por Kensington and Chelsea College de Londres. Pertenece a una categoría de jóvenes fotógrafos que entiende su trabajo como síntesis de sensación e información no exenta de una crítica serena.
“Vidas y tránsitos” (Tropo Editores 2009) es su segundo libro. Un viaje existencial por Bosnia y Herzegovina, Guatemala, Cuba, Uruguay dónde el objetivo no permanece ajeno a lo que ve, que camina entre poemas de Benedetti, Carlos Marzal, José Daniel Espejo, Lara Moreno y Javier Payera.
Más de 140 imágenes en blanco y negro que han viajado desde la época del grano, la química y las cámaras analógicas para abrir una ventana en la vida de “los otros”, los alejados entre oscuridades profundas y marcados contrastes.
¿Cuándo supiste que la fotografía era tu vocación?
Me licencié en Derecho en Zaragoza, y al terminar encontré la fotografía casualmente. Profundicé en su estudió y desde entonces me acompaña en mi experiencia vital. Es la mejor forma de comunicación que conozco.

¿Qué hay en “Vidas y tránsitos”? ¿Cómo tomó forma este libro?
Después de estudiar fotografía en Kensington sentí la necesidad de expresarme a través de la cámara e intentar narrar en imágenes. En “Vidas y tránsitos” cada serie tiene una línea argumental: la relación que establece el viajero con las personas que cruzan por delante de su objetivo, y así voy mostrando pedazos de vida por encima del exotismo y los tópicos. La primera foto, creo que fue en Guatemala.
Más de un centenar de imágenes y texto de autores tan reconocidos como Benedetti, Carlos Marzal, José Daniel Espejo, Lara Moreno, o Javier Payera., glosando viajes realizados entre 2000 y 2004.
¿Dónde reside la esencia de lo grafico, eso que cautiva al espectador?
Tal vez en la fuerza. Hay lenguajes más dinámicos, pero la fotografía atrapa un momento capaz de generar un encuentro turbador y evocador con la persona que observa.

¿Quiénes influyen en tu manera de mirar el mundo?
Las series de “Vidas y tránsitos” beben del clasicismo de la fotografía. Salgado, Koudelka, Willy Ronis, Robert Frank… de aquellos que cuidaron mucho la composición de las imágenes.
Otras profesiones liberales acatan un código deontológico. ¿Hay fotos que lamentas haber sacado?
No. Hay días en que estás muy concentrado y no tienes la interacción que desearías con la gente. No sabes nada de sus vidas, y sin embargo, acabas contando algo de ellas. Esa superficialidad en la relación fotógrafo-retratado no es lo que más deseo, pero ocurre. Sabes que estás presenciando momentos que nunca más en tu vida volverás a vivir y tienes que obtener esas imágenes.
En todo caso, creo que mis fotografías sugieren más que subrayan, puedes contar lo mismo respetando al retratado.
¿Hay un instante decisivo?
No tengo claro que exista. Las imágenes más interesantes las encuentras dónde no creíste que fuera a suceder. La fotografía es compleja, se hacen pocas fotos casi redondas.
¿No resulta paradójico ver la vida en blanco y negro?
El fotoperiodismo no es un ejercicio de realidad. Hay un grado de subjetividad implícita y el blanco y negro es una licencia más en la ruptura con la realidad. No vemos en blanco y negro. Es un instrumento más para evocar otras cosas.
Cristina Banzo
|
COMUNICADO DE PRENSA CAMPAÑA NAVIDEÑA 2009-2010
Detalles de la actual escena musical independiente y alternativa en España, obra publicada por Lenoir Libros (http://www.lenoir.es), es el tercer libro de investigación periodística a modo de ensayo sociomusical del escritor, crítico musical y periodista, Julián Sánchez. Julián Sánchez, dará a conocer y firmará ejemplares de su obra en Casatomada Llibres – Espacio Diletante- (Pje Antonio Torrandel, 1- Local 11- Palma de Mallorca), el lunes 4 de enero de 11 a 14 horas y de 17 a 20.30 horas, vendiendo, además, ejemplares del resto de sus libros. Las actividades cuentan con la colaboración de la revista musical digital cántabra La Factoría del Ritmo, dirigida por F-MHop & Félix Vera (http://www.lafactoriadelritmo.com).
TARIQ ALI EN GRANADA
Tariq Ali estará el próximo día 2 de enero en la Fiesta de las Culturas de Granada. El ensayista y escritor de origen paquistaní regresa a la ciudad escenario de su mítica "A la sombra del granado" veinte años después de su última visita para celebrar un encuentro con sus lectores a las 12.00 en la Fundación EuroÁrabe y recoger a las 19.00 se le entregará el Premio Granadillo 2010 en el Teatro Isabel la Católica, premio que el año pasado recibió Antonio Gala.
A lo largo del trimestre que viene la Editorial Alianza, que viene publicando su obra desde hace un tiempo, publicará el libro "Conversaciones con Edward Said", una larga entrevista que Tariq Ali hace al ensayista de origen palestino.
Seleccionadas las 3 obras finalistas de la IV Edición del Premio El Espectáculo Teatral
El Comité del Lectura del IV Premio El Espectáculo Teatral ha seleccionado las 4 obras finalistas de entre las 80 obras presentadas al concurso. Las obras finalistas, presentadas en todos los casos bajo seudónimo, son:
-El desnivel, de Alan Robinson (Argentina)
-Desgüace de estatuas hombre, de Silvestre Ortigal (España)
-Tres mujeres Públicas, de Antonio Gayo (España)
- Camas y mesas, de Willy (España)
El Premio, organizado por Ediciones Irreverentes y la revista El Espectáculo Teatral, ha tenido este año un gran incremento en número de participantes, ya que se ha pasado de recibir 68 obras teatrales a recibir 80 obras de 12 países.
La participación por países ha sido:
España 32 obras.
Argentina 21 obras.
México 11 obras.
Portugal 4 obras.
2 obras de Cuba, Colombia, Uruguay y Venezuela.
1 obra de Francia, EEUU. Puerto Rico y Chequia.
Para el Presidente del Jurado, Miguel Angel de Rus “Hay que destacar que año tras año participan en El Espectáculo Teatral dramaturgos que tienen como lengua común el español repartidos por todo el mundo. No hay razón para hacer premios nacionales porque lo que nos une es el idioma, y el mismo interés despierta este premio en autores que viven en Chequia, en Estados Unidos, en Cuba, en Portugal o en Francia. Es una buena enseñanza para que el teatro español trabaje unido para derribar fronteras, porque el español es el segundo idioma en el mundo, y es un mercado al que no se puede renunciar. Nadie tiene derecho a quejarse de la crisis si tienes una herramienta privilegiada; el único idioma que es capaz de competir en el mundo con el inglés. En El Premio El Espectáculo Teatral lo estamos comprobando cada año. Ya no hay fronteras”.
El IV Premio El Espectáculo Teatral se entregará como parte de los actos de la jornada de clausura del Festival de Artes Escénicas MADFERIA, el día 14 de enero de 2010. La entrega tendrá lugar en el Centro Cultural Eduardo Úrculo y se espera que quien realice la entrega del Premio sea el ganador de la pasada edición y Premio Nacional de Teatro Santiago Martín Bermúdez.
Los ganadores de las 3 primeras ediciones del premio han sido autores de primerísimo línea, ya que junto al mencionado Martín Bermúdez están la que fuera directora de la RESAD, Lourdes Ortiz, y uno de los autores jóvenes más galardonados, Raúl Hernández Garrido.
Toda la información del Premio irá apareciendo puntualmente en la revista El Espectáculo Teatral, la única revista hecha exclusivamente para la industria teatral.
|
Título: Pandemia
Autor: Lewis Perdue
Editorial: Via Magna
Págs: 496
Precio: 19,95 €
Muchas son las amenazas que se ciernen sobre la humanidad pero seguramente la más seria sea la amenaza bacteriológica ya que se trata de un enemigo que no vemos, que no hace ruido y que además es muy letal. A lo dicho súmenle que un grupo de expertos, médicos, epidemiólogos y biólogos y detrás de ellos se esconde intereses políticos entonces me parece que estamos ante una catástrofe de proporciones insospechadas.
Es lo que plantea Lewis Perdue en su reciente novela “Pandemia” (Editorial ViaMagna, 2009) hará las delicias de los amantes del género de thrillers de catástrofes de proporciones planetarias. Plantea básicamente este autor que existe un virus que mata selectivamente y por razas. Básicamente hace que persona de la misma raza se destruyan.
Pero hay una heroína, en este caso la doctora Lara Blackwood autora en parte del hallazgo pero que asiste a la perversión del trabajo de su vida y no nadie más que pueda salvarnos de tan terrible destino.
Pandemia llega a nuestras librerías en tiempos en los que tenemos como los de la gripe A y otras enfermedades están a la orden del día. Este libro que es puro entretenimiento y que obedece a la mecánica de la acción estadounidense es posiblemente a la vez una advertencia novelada de lo que el hombre es capaz de hacer contra el propio hombre.
En su nota final el autor nos anima a no olvidar las atrocidades cometidas por los alemanes y los japoneses que experimentaron de manera aberrante con seres humanos. Lewis Perdue nos dice que no debemos olvidarnos de aquellas barbaridades para que no se repitan y afirma además que la novela está basada en hechos reales, lo cual, aunque suena manido y provocador de morbosidad en muchas ocasiones, es cierto.
Con un buen ritmo, con acción y momentos de suma intensidad esta novela llena los objetivos lúdicos que esperamos del género, que goza de muy buena salud en nuestro medio.
Lo mejor de esta novela es sin duda como se desarrolla la lucha de una mujer en un medio masculino y como la industria y la política son lo que de verdad todos al final del día pensamos: un gran engaño. La capacidad de destrucción del hombre contra sí mismo asusta y Perdue nos lo retrata con una compleja red de acciones que nos esconden su crudeza. Una novela ésta para los que después del entretenimiento quieran darse a la tarea de buscar los correlatos en nuestra sociedad.
Pedro Crenes Castro

|
Título: La tierra baldía
Autor: T. S. Elliot
Editorial: Cátedra
Págs: 336
Precio: 12,30 €
Comentar en pocas palabras la gran complejidad que encierra La tierra baldía no deja de ser una pretensión ambiciosa y al mismo tiempo imposible. Nacido en EEUU en 1888, no tardó en convertirse, una vez trasladado a Inglaterra, en todo un refinado inglés Anglo-catholic. Con una esmerada y completa formación, relucen en sus escritos grandes influencias de sus años como estudiante de filosofía y lector avezado (Baudelaire y los simbolistas franceses, Dante, Royce, Russell, James, Bradley, la filosofía hindú y mística, etc.). Mención especial merece a importante influencia que sobre Eliot tuvo Ezra Pound. De él tomó, entre otras cosas, ese gusto por incorporar elementos poéticos escritos en otras lenguas. Esto podemos muy bien contemplarlo en el propio final de La tierra baldía que termina diciendo “Shantih, Shantih, Shantih”, que según nota a pié de página, se trata de una fórmula que aparece en los Upanishad y que viene a significar algo así como “la paz que supera nuestro entendimiento”.
Esta obra de 1922 (año quizá de la internacionalización de las vanguardias, ya que se publicaron muchos libros fundacionales: Trilce, Veinte poemas de amor para ser leídos en un tranvía, Ulyses, Desolación, etc.) supone un cambio radical en la concepción de la poesía, elevando a Eliot a la altura de los escritores más influyentes de los años veinte.
Una primera lectura de la obra nos sumerge en un caos que, como la fugacidad de un espejismo, no es más que aparente, ya que a la profunda e inteligente voz poética de Eliot nada escapa y todo es envuelto por una lógica que acaba unificando. Como afirma Viorica Patea en su introducción (elemento sin duda imprescindible para aprehender el sentido de la obra), este collage de yuxtaposiciones “posee un carácter onírico; el argumento o los argumentos carecen de principio, desarrollo y final”. Esta inabarcable nómina de simultaneidades que sugiere el poema refleja lo que más tarde escribirá el propio autor en otra de sus obras maestras Cuatro cuartetos (1944), a saber, que “el tiempo presente y el tiempo pasado/ están quizá presentes ambos en el tiempo futuro,/ y el tiempo futuro contenido en el pasado./ Si todo es tiempo es eternamente presente,/ todo el tiempo es irreducible”. Sin duda, la voz que recorre La tierra baldía parece estar fuera de todo tipo de temporalidad.
El libro está estructura en cinco partes claramente diferenciadas (pero formando a la vez un todo):
1. El entierro de los muertos.
2. Una partida de ajedrez.
3. El sermón del fuego.
4. Muerte por agua.
5. Lo que dijo el trueno.
De cualquier manera, a pesar del carácter fragmentario al que venimos refiriéndonos, se respira cierta apocatástasis cuyo centro tal vez sea un simbolismo metafórico que intenta describir, a base de pasados, el mundo y el Hombre moderno. Sirva pues su comienzo de antesala:
Abril es el mes más cruel, criando
lilas de la tierra muerta, mezclando
memoria y deseo, avivando
raíces sombrías con lluvias de primavera
David Porcel Bueno

|
Título: Axiomático
Autor: Greg Egan
Traducción: Pedro Jorge Romero
Editorial: Grupo Editorial AJEC
Págs: 345
Precio: 17,95€
Raúl Gonzálvez del Águila señala en la presentación que Greg Egan es considerado un autor difícil. Le pregunto a un voraz lector y conocedor de ciencia ficción, amén de doctor en Físicas y profesor universitario, y me dice que las novelas de Greg Egan son dificilísimas… Y yo, que a diario debo hacer uso de la tecnología aplicada y que por eso lo último que quiero es que me dé quebraderos de cabeza, que soy incapaz de determinar si lo que aparece en la portada del libro es una cinta de Möbius, que mi lectura de Sci-Fi más reciente de se remonta a la friolera de tres años (“Fuentes del paraíso” de Arthur C. Clarke, y lo digo entonando un mea culpa y no como un mérito), me enfrento a este libro de relatos para hacer una reseña. La terrible y malsana valentía del ignorante.
Decir que es una colección difícil sería una generalización, además de una falsedad. Una función lógica AND implementada en un circuito integrado de la serie 40XX tiene una tabla de verdad en la que todas las entradas deben ser 1 para que la salida sea 1. En caso contrario la salida será siempre 0. Eso ocurre con esta colección de relatos: que no es una función AND porque no todos los elementos se pueden meter en un solo conjunto (el de los duros de roer), dado que hay una prevalencia absoluta de relatos que pertenecen al conjunto de los perfectamente claros para un no biólogo y para un no físico (mi caso). De los dieciocho relatos que integran este “Axiomático” solo aceptaré como verdad axiomática la de que el lector medio puede perderse de forma absoluta en dos: “El asesino infinito” y “Hacia la oscuridad”. En los demás, se puede prescindir de la comprensión de los complejos procesos bioquímicos y no soltarse del hilo de la historia. Porque la voluntad de estos textos no es la brillantez ni el alarde científico-técnico, sino recorrer los complicados vericuetos de lo que, desprovisto de cualquier tinte religioso, llamaríamos alma del ser humano.
¿Se figura no tener un cuerpo fijo, sino depender de “anfitriones” a los que usted va a “ocupar” (en algún momento hay una referencia-homenaje a “La invasión de los ladrones de cuerpos”)? ¿Podría vivir sin un pasado, con el único referente fijo de una caja de seguridad donde se contiene todo lo que es usted? Dice el protagonista de “La caja de seguridad” por boca de su actual anfitrión: “Sueño un sueño simple. Sueño que tengo nombre. Un nombre que no cambia, mío hasta la muerte. No sé cuál es mi nombre, pero eso no importa. Basta con saber que lo tengo”. Detrás de una narración perfectamente armada pero ligera (por cuanto nos hace sonreír al ponernos en una situación casi de astracanada), se agazapan interrogantes resbaladizos por ejemplo en torno a la voluntad, y le digo yo que se intuye un poso de amargura.
Una cita siquiera somera de cada uno de los relatos haría interminable esta pequeña noticia que quiere arrojar luz sobre el libro que publicado en otros muchos países, tenemos la suerte de ver también en el nuestro. De modo que tendré que ir siendo breve, y decir que es un libro poliédrico, que pone ante los ojos del lector aspectos casi de andar por casa en cuanto a aspectos éticos y metafísicos de los que uno no tiene consciencia hasta que no se los susurran: Me hago mayor, mi cuerpo y mi cerebro se degradan. ¿Me gustaría tener un recambio de mi cuerpo y un recambio de mi cerebro? Si la respuesta es sí, ¿entonces seguiría siendo yo mismo? Porque si lo físico delimita quién soy, no voy a ser lo mismo con un cuerpo de veinte años que con uno de setenta. Y a partir de ahí el lector podría perderse en los caminos cuánticos que se bifurcan hasta no se sabe donde. Lo bueno es que hace que uno ponga las neuronas a funcionar sin darse cuenta, pero además, eso a partir de unas narraciones que no pierden en ningún momento de vista que su función es la de contar. Narrar, incluso en clave de género negro: “La caricia” por ejemplo, donde no sumergimos en una historia/reflexión sobre la ambición del artista por llevar a buen puerto sus propuestas. Una crítica velada a las quizá expresiones artísticas demasiado radicales. Yo por ejemplo pienso en una de la que no voy a dar detalles porque no la presencié, y auspiciada por una Universidad, en la que el artista termina destruyendo el propio objeto artístico y todo el mundo que tiene las manos libres de copas y canapés, aplaude.
En su origen toda la materia del universo era de una densidad tal que podría caber en una cuchara de café. Las narraciones de Egan tienen esa misma densidad, estás rumiando una cosa cuando ya te suelta otra ráfaga con unas longitudes de onda tan cortas y cortantes como el láser. Por ejemplo contra el racismo (en “El foso” otro de los “duros” en su parte científica encontramos los complicados mecanismos bioquímicos que podrían generar gente con ADN y ARN no estandard y por tanto inmune a los ataques víricos. Gente rica por supuesto). O con una narración atractiva, tierna, trufada de melancolía por el tiempo pasado, va entonces y de repente la emprende contra la ambición de las farmacéuticas, y el sangrante afán por el dato carente de ruido estadístico que la clase médica y científica lleva hasta el extremo, y que no es una exageración, sino una realidad sancionada por los comités de selección las revistas científicas de prestigio, como bien sabemos. El relato en cuestión es “Hermanas de sangre”.
Y tampoco deja títere con cabeza si se agarra con las aseguradoras en un relato genial que recuerda a “Corte de corteza”, la inigualable novela, también en clave de ciencia ficción, del Daniel Sueiro: la posibilidad de transplante de cerebro es el núcleo de la novela del español, y de este relato sublime (“Amor apropiado” se llama).
Greg Egan o bien le ha pagado a su mujer para que cuente todo su mundo interior, o es tan sagaz llegando al espíritu femenino, que yo desde luego nunca le presentaría a mi esposa. Y además, para quien guste de la justificación científica, no falta eso, la elucubración bioquímica otra vez. De qué va: La esposa de un accidentado va a “gestar” durante dos años el cerebro de su marido al que van a meter en un cuerpo de recambio. Para demostrar que no exagero cuando digo que estos relatos tienen una complejidad (no lectora, ojo, porque leerse se leen con facilidad pasmosa) constitutiva severa, en este relato también sale a relucir, además el planteamiento de qué soy yo: p. 276, “Él era su cerebro, no sus miembros aplastados, sus huesos rotos, sus órganos dañados y sangrantes”, y en la página 280 más bofetadas: “… bien, alguien, en algún lugar, tendría que salir perdiendo. El gobierno actual considera que l mercado es el mejor método para decidir quién es ese alguien” (el seguro médico leonino solo deja dos opciones: o muere el marido con su cerebro y todo, o ella “gesta” in utero durante los dos años que decíamos, el cerebro de su marido. mientras le fabrican el cuerpo de recambio mediante un clon. Hasta ahí cubre lo que pagaron). Claro que ahí no acaba la cosa, porque seguramente usted a continuación se preguntará sobre las implicaciones morales de fabricar un clon con un cerebro limitado que se va a desechar para colocar el que la mujer gesta mediante complicados engaños bioquímicos a su propio cuerpo. Hay en cada relato una arquitectura, una tramoya, una red cristalina asombrosa. Son como vidrieras catedralicias que arrojan una luz según la hora del día.
Y también de cambios de cerebro (implantación de “la joya” o dispositivo Ndoli) y de la inmortalidad asociada a eso va “Aprendiendo a ser yo mismo”. En el plano narrativo, genial, pero es que además me he sorprendido formulándome la siguiente pregunta: si el cerebro es una máquina de base biológica, qué diferencia hay entonces con una máquina de base cristalina como un microprocesador. También es una máquina, ¿no? Solo una barrera moral o sentimental nos puede hacer negar lo evidente. Y para colmo, es un relato que tiene no un final sorpresivo, pero sí un final secreto que tendrá que descubrir cuando lo lea.
El dispositivo Ndoli que también aparece en “Cercanía”, que le dará para pensar un buen rato, eso no lo dudo, acerca de la conveniencia de que aún nuestros seres más cercanos tengan zonas de sombra para nosotros. De lo contrario serían un poco nosotros mismos.
Estos artefactos explosivos no tienen temporizador, ni se activan por un interruptor de mercurio, son de ignición espontánea. Imagínese por un momento que tiene en sus manos una bomba que estallará si usted piensa “la bomba va a estallar”. ¿Quién sería capaz de controlar el pensamiento “la bomba va a estallar”? Pues eso ocurre con estas páginas, que por mucho que lo quiera leer como entretenimiento, por mucho que se haga el cretino, no podrá acallar ese eco lejano de las preguntas. Una podría ser por ejemplo “dónde está la percepción de mi yo (relato “Ver”) porque ¿si el yo reside en mi cerebro, el dedo gordo de mi pie también es yo?
Este chiste malo y chusco me recuerda que no debo dejar de citar los brochazos de humor que a veces salpican algunos relatos: Shawcross, el virólogo protagonista de “El virólogo virtuoso”, cierra este relato irónico con un final que es un chiste, y que lo hace ridiculizarse más de lo que ya se ha ridiculizado en su afán por barrer del planeta la promiscuidad. Y ahora un ejemplo de lenguaje “indirecto”, un falsete que no tiene desperdicio”: p. 54 “Pronto se verían regularmente para entregarse a actos desordenados pero ligeramente agradables, diseñados para que fuese improbable que entre ellos se transmitiera material genético humano o vírico”.
Ya digo que el libro se bifurca en tantos caminos… La “ligereza” de estos relatos entretenidos es tan engañosa que a veces si no miramos en perspectiva no nos damos cuenta de que tienen el mismo calado que otros más tristes como “Ricura”. Sirva de ejemplo “Axiomático”, narración que da título a la colección y que traspira un pesimismo vaporoso, que no pesa (un superbebé ha nacido y ha manipulado el tiempo dando lugar a una paradoja espacio temporal en la que ha invertido la flecha del tiempo y consigue no nacer). Desde luego en todo el libro prevalece la angustia de la dualidad, el miedo a perder mi poder decisorio, (no sé si el relato será anterior o posterior al fenómeno Second Life, pero ahí está “Un secuestro”).
De momento no podemos alterar la flecha del tiempo, y es por eso que esta reseña no puede continuar dando cabida a más comentarios respecto de otros relatos que sería deseable sacar a la luz. Terminaré aconsejando que quien lea estas pobres líneas empiece el año perdiendo el miedo a la buena Sci-Fi (es que lo digo así porque es más fino), y acometa la lectura de una obra que como bien se dice en la presentación, está llamada a ser un clásico de la ciencia ficción.
José Cruz Cabrerizo

|
LA BIBLIOTECA IMAGINARIA
LES DESEA A TODOS SUS AMIGOS Y SEGUIDORES UNAS MUY FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS Y UN FANTÁSTICO AÑO 2010

|
Hoy tenemos el gusto de ofreceros en La Biblioteca Imaginaria la interesante entrevista que nos ha concedido Fernando Clemot hace unos días vía email. Fernando Clemot ha tenido un buen año 2009: ha publicado su novela El golfo de los poetas (de la que hablaremos con él a lo largo de este artículo y, como siempre, hallaréis la reseña tras las palabras del escritor) y ha ganado el premio VI Setenil al mejor libro de relatos publicado en España por su libro Estancos del Chiado.
En fin, amigos, que no os entretengo más, aquí os dejo con la entrevista:
¿Cuándo comenzaste a escribir?
Lo mío con la escritura no fue algo vocacional ni nada parecido, de hecho pensando en el tema creo que indudablemente tuve que llegar a escribir de mano de la lectura, ya que desde muy joven sí que fui buen lector. No había escrito nada (con excepción de una historia de romanos que debí escribir con nueve años bajo el influjo de la serie Yo Claudio y Quo Vadis) hasta los veinticuatro años. Por entonces trabajaba en la administración y se organizó un concurso de relato corto en el que fui premiado. Aquello debió mover algo, como esas reacciones químicas de laboratorio, una primera eclosión moderada que afectó a la estructura de la composición, ya que aquel pequeño concurso hizo que me volcara de una forma decidida en la escritura.
¿En qué género te encuentras más cómodo?
En estos momentos en la novela. No escribo cuentos desde hace cinco años. Desde esa fecha hasta ahora he escrito dos novelas y creo que en estos momentos tengo más fresco el tempo de la novela, una forma de escribir no tan inmediata como la que exige el cuento, que creo que demanda un trabajo más de orfebre y de precisión que de largos plazos.
¿Imaginas tu vida sin la literatura?
No en estos momentos. Sobre todo por la lectura ya que, aunque me resulta molesto y me genera angustia, he podido pasar largas temporadas sin escribir. Dejar de leer y escribir sería una limitación excesiva, una carga que llevaría mal, desde luego, aunque creo que como cualquier imposición que limitara mi libertad.

Este año has publicado El golfo de los poetas y te han concedido el premio VI Setenil al mejor libro de relatos publicado en España, ¿qué ha supuesto todo esto para ti?
Posiblemente he ganado una visibilidad que no tenía. Aunque tanto “El golfo de los Poetas” como “Estancos del Chiado” eran libros escritos hace tiempo han sido en este año en que se han editado y han tenido repercusión. Antes había tenido una buena trayectoria en premios de cuentos pero lo del Setenil creo que ha sido una bonita conjunción de elementos, un hecho que posiblemente marque un antes y un después en mi carrera, tanto por la entidad del premio como por el hecho de que lo ganara desde una editorial minúscula y con una distribución manual. También que lo ganaran en años anteriores libros que luego tuvieron una gran notoriedad (en el caso de “Los girasoles ciegos”, o el de Pàmies y Fernández Cubas) y que en la final hubiera nombres y libros de relumbrón ( como los de Bonilla, Millás o Molina Foix) le ha dado una significación especial. Creo que este hecho demuestra que no todo el mundo de los premios literarios apesta (aunque una parte muy grande de los premios de novela están “pasteleados”) y queda todavía un espacio para los premios limpios y los jurados que no se mueven por intereses, amiguismos o manipulaciones. No lo digo porque ganara yo, si hubiera ganado Millás, Bilbao o Márquez hubiera sido igual de justo y limpio todo, pero seguramente al ganar un semidesconocido como yo se hizo todo más expreso.
¿Cómo surgió la idea de escribir “El golfo de los poetas”?
Buena pregunta. He tenido que pensar bastante ya que es una novela que empecé a escribir a principios de 2005 y cuyos primeros momentos tengo perdidos entre tinieblas. Creo recordar que se dibujó primero un escenario general que eran unas vacaciones en familia como fuente de conflictos. Las vacaciones son un escenario de tensiones inigualable: en ningún momento del año estamos más juntos y nos podemos odiar más y mejor que en unas vacaciones. Luego ya ahondé en una personalidad problemática como podía ser la del personaje central, Leo Carver, luego fueron apareciendo su mujer, su hija, y esa amiga o amigo insoportable que siempre hemos tenido que tragar en nuestras parejas. Recuerdo que aquellas primeras semanas busqué la casa donde tenían que pasar las vacaciones, como si realmente fuera a alquilarla, la busqué hasta que encontré unas fotos del tipo de casa que buscaba. Tenía jardín y estaba en cuesta; también tenía una piscina, tres plantas y estaba pintada de color crema. Era la casa de Leo. La memoricé en sus rasgos y también me dibujé un pequeño plano que me puse frente al ordenador. En todo momento traté que el espacio de juego fuera conocido, familiar, y la mejor forma de que eso fuera así era que yo lo sintiera como mío, que tuviera una imagen exacta del lugar donde tenía que moverse buena parte de la novela.

¿Cuántas veces has estado en el lugar donde transcurre esta historia?
He estado en Carrara, Pisa y toda la zona de costa de Toscana y Liguria bastante. En concreto la zona de Marina di Carrara me pareció un lugar hermoso y evocador. En pleno verano desde la playa hay una vista muy hermosa de las Montañas Blancas, las montañas del mármol con sus explotaciones mineras brillan como si estuvieran nevadas. Luego también desde los miradores que hay en la sierra (en concreto desde el de Campo Cecina sobre las canteras) se puede sacar material para el recuerdo, para una memoria atormentada que brille como el mármol en la oscuridad.
¿Y has escrito allí?
La verdad es que cuando estuve allí no escribí ni una letra aunque sí que bebí bastante y creo que para el lector de “El golfo de los Poetas” le resultará igual de reveladora una circunstancia como la otra. Por aquel entonces escribía muy poco.
¿Te sientes identificado con Leo Carver?
Leo Carver no es un personaje simpático. No es ningún arquetipo ni modelo de nada. Es un personaje extremo que sobrevive como puede a su instinto de destrucción aunque en este precipicio sin fondo en el que vive mantiene una cierta coherencia autodestructiva.
¿Crees que si su vida hubiera sido de otra manera si los hechos terribles de su juventud no hubieran llegado a suceder?
Si Leo Carver no hubiera tenido la historia de Val en la recámara hubiera buscado otra que le sirviera de excusa. Simplemente busca un punto, un elemento que le sitúe en el momento en que las cosas le empezaron a ir mal. Busca un chivo expiatorio en su pasado, un hecho que le haga pensar que si hubiera ido en otra dirección todo hubiera ido mejor. Es difícil reconocer de una forma directa un fracaso ( en este caso su vida) sin buscarle peros y circunstancias que atenúen el peso de nuestra culpa. En este caso la historia de Val es una salida, un recurso mental para ahuyentar un error de peso, un error de fondo.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en El golfo de los poetas?
El golfo de los Poetas es una historia intensa y dura, narrada desde un yo hegemónico y ambiguo. Hay un narrador poco fiable. No es evidentemente una historia divertida pero creo que si el lector acierta a entrar en la dinámica mental del narrador puede obtener un acercamiento a un infierno personal. Sería como acercarnos al fuego sin llegar a quemarnos las pestañas. También creo que es una novela que apuesta de forma definitiva por la palabra, por la palabra en su sentido cognitivo más profundo, no como vehículo de una historia sino la palabra como historia misma. Si dejamos de lado el valor de la palabra, del lenguaje, la literatura acabará semejándose cada vez a la imagen y en esa partida tenemos todas las de perder. Si nos limitamos a narrar una historia de forma aséptica convertimos la novela en guión, en pura imagen. En una época en que la imagen tiene un peso atroz la apuesta por la palabra es la apuesta por la literatura de principio.
¿Tienes ya nuevos proyectos?
Tengo una novela acabada y alguna en ciernes. También un libro de cuentos. Me gustaría cerrar en tres novelas un ciclo sobre la memoria y sus mecanismos. La memoria es seguramente el secreto (junto con la vida, el sueño y la muerte) más poderoso que albergamos los seres humanos. Me gustaría escarbar en los mecanismos que hacen que despierten los recuerdos de ese limbo oscuro en el que viven. Cómo funciona la memoria, cómo miente, cómo rellena lo que no ha ocurrido con recuerdos prestados… Creo que es un enigma y un campo de experimentación maravilloso. La memoria y sus secretos daría para una carrera literaria pero me gustaría dar mi granito de arena con este pequeño ciclo.
Muchas gracias, Fernando, por tus respuestas, tu tiempo y tus fotos de la presentación de El golfo de los poetas. Esperamos que el 2010 te sea tan favorable como el 2009, tanto en lo literario como en lo demás.
A vosotros, como siempre, queridos lectores, gracias por estar ahí un semana más.
Cristina Monteoliva
|
Título: El Golfo de los Poetas
Autor: Fernando Clemot
Editorial: Barataria
Págs: 288
Precio: 17 €
A veces pienso que las casualidades no existen, que tiene que haber algo más para que se den las coincidencias. Tan sólo un ejemplo para reafirmar lo que digo: existen en el mundo lugares mágicos, localizaciones que atraen por igual a novelistas y poetas a lo largo de los siglos. No, no creo que sea casual, pero, ¿qué tendrán estas localizaciones para que resulten tan magnéticos, tan evocadores, tan profundamente inspiradoras? Tal vez lo averigüemos tras la lectura de El golfo de los poetas, la última novela de Fernando Clemot.
El famoso escritor Leo Carver vuelve tras treinta años al Golfo de los Poetas, lugar que marcara su juventud y zona turística italiana ideal para pasar las vacaciones estivales en familia. Sin embargo, las cosas en la familia de Carver no van del todo bien, y ni siquiera la tranquilidad que ofrece un sitio tan bello como éste podrán hacer que las mejoren. ¿Será culpa del sitio y los acontecimientos que sucedieron allí en el pasado? ¿Tal vez Mery, la amiga de Rocío, la compañera de Carver, sea un obstáculo demasiado alto que saltar? ¿O será el propio Carver el que no quiera que las relaciones sean buenas?
El protagonista y narrador de esta historia no es otro que Leo Carver, ese escritor en decadencia que ya sólo escribe best-sellers para mitómanos, el hombre infiel por naturaleza, el que todo tiene que apuntarlo en sus libretas pues ya apenas consigue recordar nada de lo que ha hecho o dejado de hacer recientemente. Se trata éste de un narrador engañoso, demasiado subjetivo, tremendamente influenciado por el alcohol, la autocompasión, los recuerdos que le atormentan desde hace tiempo, la falta de memoria y el egocentrismo. Es un guía atormentado, una sombra de lo que un día fue o él cree que fue, que no deja de darle vueltas a los mismos asuntos, con una intensidad sobrecogedora. A veces parece dirigirse a sí mismo en su discurso, otras veces se dirige a las mujeres a las que ha amado, o más bien, con las que ha compartido lecho, como si de verdad alguna vez le hubieran importado las relaciones que con ella mantuvo.
La mayor parte de la acción tiene lugar en el Golfo de los Poetas, apelativo con el que se conoce al Golfo de la Spezia, un sitio especialmente significativo no sólo para este Leo Carver que vaga sin rumbo por su propia vida, sino para la literatura universal, pues aquí se dieron cita, entre otros poetas e intelectuales, Dante Alighieri, Lord Byron, Percy y Mary Shelley, Cesare Pavese y Marguerite Duras. No sabría decir que atrajo a estos y otros autores justo a este punto geográfico; pero, desde luego, dan ganas de visitarlo después de leer las descripciones que de la zona hace Fernando Clemot, de dar al menos una vuelta por las canteras, las playas y los bares para captar ese magnetismo.
Leo Carver, como decíamos anteriormente, no está sólo en esta idílica localización. Le acompañan, por citar tan sólo algunos de los personajes secundarios, su compañera, Rocío, esa mujer con la que apenas comparte el lecho; Selma, la preciosa hija adolescente de Carver y Mery, ese ser incómodo que no dice ni una palabra en todo el libro, la amiga que se antepone entre Rocío y Carver.
El Golfo de los Poetas, en conclusión, no es tan sólo una obra que nos habla de un hombre decadente y atormentado, un alcohólico sin remedio en busca de la respuesta a una pregunta que lleva muchos años haciéndose, un ser que en realidad no quiere cambiar, sea cual sea esa respuesta; sino también un lugar al que acudir cuando queramos plantearnos hasta qué punto nos engaña nuestra memoria, cuanto de cierto hay en la percepción que tenemos del mundo o porqué nos empeñamos en distorsionarlo todo a nuestro antojo. ¿Acaso no te lo cuestionas tú también a veces?
Nunca he estado en el Golfo de los Poetas, tal vez debería ir un día allí. O tal vez no, porque puede que el sitio real no me agrade tanto como el que he conocido en esta novela. Lo que sí puedo decir es que merece la pena adentrarse en El Golfo de los Poetas de Fernando Clemot. ¿Te lo vas a perder?
Cristina Monteoliva

|
Título: El alquimista de Granada
Autor: Washington Irving
Traducción y notas: Federico Villalobos
Editorial: Ediciones Traspiés
Págs: 121
Precio: 15 €
Ediciones Traspiés pone en manos de los lectores españoles una pequeña joya de la obra del gran Washington Irving (1783-1859) conocido sobre todo por sus hermosos “Cuentos de la Alhambra”. Descubierto entre las obras de “Bracebridge Hall” “El alquimista de Granada” no es otra cosa que el fruto de azar literario y el buen hacer de su traductor y Federico Villalobos. Y obviamente del buen hacer de Irving. La aventura del hallazgo, su traducción y publicación es compartida como si de una obra de ficción se tratase convirtiéndose así Federico Villalobos en un personaje ficticio de una historia real.
“El alquimista de Granada” es una novela corta que cuenta con un reparto exquisito aunque para algunos solo sea una novelita romántica más. Personajes bien definidos, una trama misteriosa que se va desarrollando con un ritmo entretenido y algunas veces trepidante forman el conjunto del secreto del éxito de esta pequeña obra.
En la novela vemos el cariño primero que Irving sentía por lo morisco y recuerda muchas veces el esplendor perdido de los días árabes. Un estudiante se fija en un viejo alquimista que estudia y busca la piedra filosofal. Él, muy atraído por dichos estudios se va acercando al alquimista. A partir de allí la trama se desarrolla por los senderos tradicionales de la aventura que termina en... es mejor que se acerquen a la obra y lo comprueben.
Escenas de acción, dramas amorosos y heroísmos extremos hacen de El alquimista de granada una lectura entretenida y no exenta de sus desafíos morales. La Inquisición, y el Catolicismo en esa terrible institución, son dibujados y tenidos por cosa terrible por el autor que consigue con la literatura lo imposible en la realidad. Lean y encuentren.
Una excelente introducción y un glosario de nombres de alquimistas y demás personajes citados hacen que comprendamos mejor la historia de este antiguo arte que busca, la eterna juventud y la sabiduría por la vía de las ciencias.
Estamos de acuerdo con Federico Villalobos en que la gran escena es el alegato valiente y quijotesco de alquimista ante el tribunal de la Inquisición, alegato emocionante y aleccionador para estos días en los que nada vale la pena para que lo defendamos.
Una novela para disfrutar, para soñar. Una novelita a la vieja usanza de las grandes aventuras como “El final de Norma” de Pedro Antonio de Alarcón o “Kim” de Kipling por su brevedad. Caben a pesar de las pocas páginas de esta novela un universo complejo y perdido ya que inició Irving sin saberlo y que sería el precedente magnífico de sus célebres “Cuentos de la Alhambra”.
Pedro Crenes Castro

|
Título: Fama
Autor: Daniel Kehlman
Traducción: Helena Cosano
Editorial: Anagrama
Págs: 192
Precio: 15 €
¿Quiénes somos? Parece que esta pregunta que nos venimos repitiendo desde el inicio de los tiempos sigue sin encontrar una respuesta satisfactoria, como se encarga de demostrarnos Daniel Kelhman con «Fama». Gracias a las nuevas tecnologías, el ser humano hoy más que nunca – aunque siempre ha sentido la necesidad de ser otros –, puede permitirse la multiplicidad vital, trazar distintas líneas a través del espacio y el tiempo, retomar viejas amistades o crear nuevas con seres de los que quizá sólo sepamos un nick.
Pero la pregunta trasciende la experiencia humana para cuestionar la misma identidad de la obra. ¿Qué es «Fama»? ¿Nueve relatos que se van autorrelacionando? ¿Una novela con nueve capítulos? La solapa del libro, donde podemos encontrar la biografía del autor, me dio una pista que he seguido y que me ha aclarado muchos aspectos de esta obra.
Allí dice que «Fama» “se adentra en el territorio del relato posmoderno con nueve historias que sumadas forman una «novela sin protagonista»”. Relato posmoderno, ahí estaba la clave. Y es que «Fama» puede ser catalogada, perfectamente, como una novela posmoderna, siendo la primera de las características de este tipo de relatos, precisamente, la hibridación genérica (Zabalgoitia, 2007).
Una segunda característica es la función de los personajes, que aunque convencionales en apariencia, suelen tener “un perfil paródico, metaficcional e intertextual”. No encontramos un protagonista de «Fama», sino una serie de personajes que, de forma coral, van apareciendo y desapareciendo a lo largo del texto. La función de este “personaje colectivo” es reflejar nuestra sociedad, en un amplio espectro, desde el actor y escritor famoso al informático anónimo obsesionado con los foros en internet. Encontramos parodia, encontramos metaficción (“en cuanto invita a la autorreflexividad, a la autocrítica”) y encontramos intertextualidad, pues los personajes van desvelando su forma de ser, normalmente, no en las historias que protagonizan, sino en sus apariciones en otros textos.
Una tercera característica, el papel del lector, un papel privilegiado, pues es el lector el que da sentido al conjunto, pues es el único que posee todos los datos, todos los detalles, el único que tiene una visión global. A diferencia de los autores omniscientes, Kehlman abdica de su posición a favor del lector.
Una cuarta es el carácter innovador, “un más allá de la norma literaria establecida, una clara búsqueda de la experimentación […] además de un marcado carácter lúdico y metaficcional […] creación de mundos posibles únicos, alternativos al mundo real, y muy a menudo contradictorios a éste” (Zabalgoitia, 2007). Quien lea «Fama» comprobará cómo cumple con esta característica.
Y una quinta y última: el final de las historias. Entramos en el terreno de las interpretaciones varias. No representan la realidad a la manera clásica, ni la niegan como los relatos modernos, sino que presenta realidades posibles, de una manera abierta, “para que cada lector la asuma y decodifique con sus propias competencias”.
Durante la lectura de «Fama» no pude evitar acordarme de películas como «Pulp Fiction» o «Babel», por la estructura fragmentaria, por la forma elegida de narración. Es una experiencia intelectualmente excitante, que puede gustar más o menos, pero que seguro no deja indiferente a ningún lector. Una novela que refleja, de una forma excelente, el momento en el que ha sido producida.
Raúl Rubio Millares
|
|
| | |
|