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Hoy, en La Biblioteca Imaginaria, tenemos el placer de ofreceros la entrevista que el escritor Luís Vea García ha sido tan amable de concedernos a través del ya tan socorrido correo electrónico.
Luís Vea García, entre otros géneros, cultiva el del cuento con gran atino. Es por ello que nos interesaba hablar con él de su volumen Cotidianos, un libro de relatos que, a pesar de su título, se sale de lo común (como ya veréis si más tarde leéis la reseña que del mismo he realizado también esta semana).
No digo más, aquí van la entrevista:
¿Cuándo empezaste a escribir?
Escribo desde niño. Mi primera novela trataba de una pirámide, de unos conquistadores y unos lagartos gigantes. Tenía 14 años. Luego escribí relatos para la revista del instituto. Cuando empecé la carrera hacía un programa de radio en el que recitábamos nuestros propios poemas. Más tarde dejé de escribir, pero pronto me apercibí de que el gusanillo nunca desaparece del todo. Tras un viaje empecé a tomar notas, luego salieron historias. De eso hace ya más diez años sin parar.
¿Qué tiene de especial para ti la vida cotidiana? Es un disparador para la creatividad. De hecho al mismo tiempo que apareció Cotidianos, podía haber aparecido un libro de relatos fantásticos. Pero surgió de este modo.
Muchos de tus cuentos están escritos en primera persona, pero ¿alguno de ellos es autobiográfico?
Algunos de ellos tienen algún rasgo autobiográfico, quizá sirven como contexto en unas ocasiones; en otras, una excusa para continuar la historia. A veces son rasgos de un personaje, pinceladas del carácter, ideas que me obsesionan, o denuncias encubiertas.Pero no hay un cien por cien de autobiografía, porque yo suelo elaborar mucho el material del que dispongo, aprovecho muchas experiencias oníricas y acabo mezclándolo todo, cambiando el contexto o los personajes, o el tiempo, o el lugar.

¿Cuál de estas historias te gustaría vivir?
Todas las historias de Cotidianos están vividas aunque sólo sea por el mero hecho de haberlas escrito, diseñado, pensado, discurrido...
¿Y cuál no?
Hay varias historias que son dolorosas por diferentes motivos. Banda sonora para una película habla de la muerte del ser más querido; Recuerdos en fuga de París, del sufrimiento ante la enfermedad, Solo rumano revive un pasado muy obscuro. Todas ellas son historias que inquietan por dentro. Que remueven. También Mar de recuerdos y Hombres.
¿Es inevitable el desencanto de las parejas?
No, supongo que no. Pero ocurre que hablar de la felicidad literariamente da poco que decir mientras que la desgracia, el enfrentamiento, los desencuentros son terrenos literariamente abonados para hablar de ellos. En general todo lo que suponga discusión, enfrentamiento, contraposición, da más juego. Lo de la felicidad lo dejo para Bucay.

¿Qué harías si encontraras un maletín por la calle?
En el relato El maletín del barrendero el protagonista encuentra un maletín. Es un hecho anecdótico, yo hace menos de un año encontré una billetera con bastante dinero, documentación, etc... La entregué a la policía local pero me dijeron que ellos tardarían tiempo en avisar al propietario por lo que me tomé la molestia de entregarla yo mismo en la secretaría del instituto donde estudiaba su propietario. El hilo de la historia nos lleva a ver cómo en una sociedad de rufianes y sin principios, como en la que vivimos, siempre hay alguien que se aprovecha de nuestros pequeños esfuerzos cotidianos.
¿Has dejado alguna vez unas oposiciones por realizar un postgrado?
Es curioso como el tiempo es cíclico. Este relato, Levando anclas, tiene casi diez años y ahora podrían su contenido y contexto ser de rabiosa actualidad. Digo esto porque no estaba pensado como cuento sobre la cacareada crisis, pero habla de ella. Yo hice las oposiciones y no he estudiado ningún postgrado.
¿Te has enamorado de la hija de un feriante?
No. Ni siquiera he sentido demasiada atracción por las ferias que en mi niñez eran focos de delincuencia. Sin embargo el relato La hija del feriante habla de ese primer amor infantil y de la huella que deja en nuestra edad adulta.

¿Qué esperas que los lectores encuentren en estos relatos?
Nunca he entendido porqué siendo nuestro tiempo de ocio tan corto y tan espaciado no se hayan puesto de moda los relatos. En nuestras vidas tenemos multitud de tiempos muertos y esperas en transportes públicos, trámites burocráticos, citas, lugares propicios para leer un relato en vez de esos mamotretos sobre códigos y templarios de quinientas hojas. Un relato dura muchas veces lo que dura nuestro trayecto en transporte público. Son ideales para leer en esas circunstancias. Una pequeña historia antes de empezar a trabajar. Sólo deseo que hagan pensar, que conmuevan, que dejen huella, que hagan reír o llorar, o sonreír, o apartar el libro un momento para volverlo a coger un rato después, que hagan asomarse a la ventana, que provoquen un recuerdo infantil, o el redescubrimiento de un rostro que se creía olvidado...
¿Qué nuevos proyectos tienes en el horizonte?
Acabo de finalizar un poemario que busca editor. Ahora he retomado la escritura de una novela que habla indirectamente de la transición y para un futuro próximo estoy trabajando además en un ensayo sobre la estancia de Unamuno en Canarias.
Muchas gracias, Luís, por tus sinceras respuestas, tu tiempo y tus fotos personales. No sólo esperamos que Cotidianos siga llegando cada vez a más lectores, sino también ver pronto en las librerías esos proyectos de los que nos hablas.
Como siempre, queridos amigos, gracias a todos por estar al otro lado y espero que no os perdáis tampoco la próxima.
Cristina Monteoliva
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Título: Cotidianos
Autor: Luis Vea García
Editorial: Isla Varia ediciones
Págs: 140
Precio: 12 €
¿Dónde buscar la inspiración a la hora de escribir un cuento? ¿Acaso en lo insólito, en lo fantástico, en lo más recóndito de la imaginación? ¿Porqué no fijarnos también, de vez en cuando, en lo cotidiano, en lo rutinario, en eso que le pasa a la gente todos los días? Nos sorprendería saber cuantos de estos hechos pueden dar lugar a una buena historia. Pero aún estamos a tiempo: Luis Vea García puede enseñárnoslo a través de Cotidianos, su libro de relatos que hoy nos ocupa.
Cotidianos, como antes apuntábamos, no es otra cosa que un excelente libro de cuentos de extensión variable cada uno de ellos, compuesto por un total de veinte piezas que se distribuyen en seis apartados: sexo, trabajo, parejas, ayer, enfermedad y además. Aunque el libro podría estar dividido en otras secciones igualmente válidas, o no estar segmentado de ninguna manera, explica el autor en la breve introducción que precede a estos cuentos (y que, de paso, nos acerca más al escritor de este volumen) la idoneidad, según su criterio y el momento de la publicación, de presentar así su obra.
Hablar de estas secciones tal y como nos las presenta el autor, enumerar los cuentos que componen cada una de ellas, no es algo que creo que deba hacer yo en este momento. ¿Por qué?, os preguntaréis. Es bien sencillo: si yo así lo hiciera le quitaría toda la emoción al asunto, desvelaría todo el misterio. Así que con vuestro permiso, y con el del autor, os diré que en los mundos cotidianos que Luís Vea García nos presenta en este libro hay cabida para el recuerdo y/o la nostalgia (“Mar de recuerdos”, “Banda sonora para una película”, “Recuerdos en fuga de París”); los primeros y más tiernos amores platónicos (“La hija del feriante”); los encuentros más inesperados (“Tránsito de un libro a una mujer”, “La espera”), que a veces tienen un final feliz (“Como decía Shere Hite”); los desencuentros por desgracia irremediables (“Redención”, “Cruce de caminos”, “Aria de soledad”), las leyendas urbanas (“La chica de la peli”), que muchos nos aseguran haber vivido en sus propias carnes; esos sueños que se pueden hacer realidad (“Levando anclas”) y aquellos que no acaban tan bien para los que los protagonizan (“El mar lamía los pies”, “El maletín del barrendero”); las más grandes soledades (“Obligada soledad”); ese toque de locura que todos llevamos dentro (“Zzz (autorretrato cotidiano)”, “Nicotina”), que pueden acabar convirtiéndose en las obsesiones (“Anhelo reiterado entre sábanas”), y éstas, finalmente, pueden llevar a aquellos que las padecen a cometer actos terribles (“Hombres”, “Sólo rumano”).
Veréis, por tanto, que los temas tratados en este libro son tan variados como interesantes, tan clasificables como todo lo contrario, tan rutinarios como fuera de lo común. Y es que, a fin de cuentas, hay tantas situaciones cotidianas como personas hay en el mundo. ¿A qué no lo habías pensado antes?
En definitiva, con una prosa sencilla, sin pretensiones, clara y honesta, gracias al predominio de los narradores en primera persona que nos hacen pensar en que lo autobiográfico se cuela más de una vez por estas páginas, y a través de unas historias cargadas de significado, Luís Vea García nos ayuda a descubrir que el mundo de lo cotidiano, eso que a veces pareciera no tener importancia por rutinario y monótono, está lleno de situaciones que a ojos de muchos, en realidad, son simplemente extraordinarias. Porque, insisto, lo que es cotidiano para unos es todo un hallazgo para otros. ¿O es que acaso existe lo cotidiano, como término global? Y, en todo caso, ¿no sería bueno, de vez en cuando, tal y como Luís Vea García nos invita a hacer, pararnos a pensar en todas esas cosas que pasan normalmente a nuestro alrededor? Quizá nos estemos perdiendo algo y no lo sepamos aún.
Aunque muchos piensen que lo que nos pasa en el día a día, lo rutinario de nuestras vidas, no pueda interesar a nadie, queda demostrado gracias a un excelente libro de relatos como Cotidianos que todo aquello que para muchos pasa desapercibido merece ser contado, puesto de manifiesto. Sé que vosotros también lo veréis así, tan sólo tenéis que animaros a adentraros en las páginas de este libro.
Cristina Monteoliva

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VIVERO DE RELATOS EN VIVO EN DE MES EN CUANDO

TALLERES PRÁCTICOS PARA PADRES TODO UN MUNDO EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
El próximo domingo, 31 de mayo, en la Feria del Libro de Madrid (Pabellón Infantil Constelación Libro) tendrán lugar los talleres prácticos "Todo un mundo" de 11 a 14 horas organizados por Ediciones Pirámide y a cargo de Elizabeth Fodor y Montserrat Morán, autoras de los libros de la colección Todo un mundo.
Los talleres impartidos estarán divididos en los siguientes grupos:
Grupo 1: Todo un mundo de sensaciones (de 5 a 10 meses). De 11.00 a 11.30 horas
Grupo 2: Todo un mundo por descubrir (de 15 a 18 meses). De 11.45 a 12.15 horas
Grupo 3: Jugando se hace camino I (de 3 a 6 años). De 12.45 a 13.15 horas
Grupo 4: Jugando se hace camino II (de 3 a 6 años). De 13.30 a 14.00 horas
Las autoras, Elizabeth Fodor y Montserrat Morán, también firmarán ejemplares de sus libros en la caseta de Grupo Anaya (190-194) de 13.00 a 14.00 horas el 31 de mayo.
Si queréis saber más sobre la colección de libros Todo un mundo, visitad la web www.edicionespiramide.es
Defensa de Montjuïc por las Donas de Barcelona // Viaje en pos de un destino
Federico González Frías nos ha hecho saber acerca de la reciente presentación en la Librería Alibri de Barcelona (antigua Librería Herder), de dos novedades editoriales: Defensa de Montjuïc por las Donas de Barcelona, de Federico González Frías, que inaugura la Colección Marginalia en colaboración con la editorial “Libros del Innombrable”, y Viaje en pos de un Destino, de Mireia Valls, en Symbolos.
Defensa de Montjuïc por las Donas de Barcelona
El renacimiento secreto de la capital catalana realizado por un grupo de mujeres
de la zona del Montjuïc a las que termina siguiendo la ciudad entera.
Una farsa heroica atestiguada por el periodismo.
¿Realidad o ficción?
Más información sobre el autor en http://federico-gonzalez-frias.com
Viaje en pos de un Destino
Para empezar…
Una copa vacía y un buen vino para brindar.
¡Por el Pensamiento!
Todavía ahora es posible aprender a pensar.
Es posible abrir la puerta sellada de la conciencia,
atravesar comarcas internas ignoradas y desconocidas, transitar los senderos
que unen el entramado del universo, conocerlos
y al conocerlos, conocernos.

EXPOSICIÓN: AIRE
Dentro del marco de actividades de la Feria del Libro de Madrid’09, Lunwerg Editores y la Fundación AXA presentan la exposición Aire. El acto tendrá lugar el próximo martes 2 de junio a las 12.30h en el Pabellón Carmen Martín Gaite (Parque de El Retiro). En la presentación intervendrán: D. Javier de Agustín, Consejero Delegado del Grupo AXA en España y Vicepresidente de la Fundación AXA, D. Joaquín Álvarez de Toledo, Consejero Delegado de Lunwerg Editores y D. Joaquín Araújo, autor de Aire y comisario de la exposición. La exposición podrá visitarse hasta el próximo 28 de junio en el Paseo de Carruajes del Parque del Buen Retiro de Madrid Lugar y hora de la presentación: Martes 2 de junio de 2009 Hora: 12.30 h. Lugar: Feria del Libro de Madrid - Parque de El Retiro Pabellón Carmen Martín Gaite
FRANCISCO RUIZ EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
Francisco Ruiz, autor de “La multitud silenciosa” (Patrañas ediciones) nos informa de que estará el próximo domingo 31 de mayo, a partir de las 12:00 firmando libros en la caseta nº 167 (Librería Punto y coma) de la Feria del Libro de Madrid.
Por otro lado el viernes 5 de Junio en el Bukowsky Club (c/San Vicente Ferrer) entre las 9 y 10 de la noche, Franciso Ruiz leerá fragmentos de su libro, "La multitud silenciosa" de Patrañas ediciones.
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Título: Juntos, nada más
Autora: Anna Gavalda
Traducción: Isabel González-Gallarza
Editorial: Seix Barral
Págs: 592
Precio: 23€
La literatura y el cine siempre han sido mundos muy relacionados entre sí. Al fin y al cabo, una película comienza con un guión escrito, es decir, es literatura. A veces, algún director queda prendado del argumento de una buena novela (o no tanto, pero sí muy comercial) y decide llevar la historia a la gran pantalla. El estreno de estos largometrajes nos da la oportunidad de redescubrir estos libros, pues suelen volver a editarse para aprovechar el tirón. Éste es el caso de Juntos, nada más, la novela de la autora francesa Anna Gavalda, que hoy nos ocupa.
Nadie entiende como una joven pintora tan brillante como Camille puede trabajar como mujer de la limpieza y habitar en una buhardilla que es poco más que una madriguera. Pero lo cierto es que Camille siente que su vida es un desastre y no ve la luz al final del túnel. Inesperadamente, todo cambia para ella cuando Phillibert, el vecino de aire aristocrático y tartamudo, decide darle cobijo en su gran casa. La convivencia con Phillibert, el arisco cocinero Fran y, más tarde, la abuela senil de éste último, no será siempre fácil; sin embargo, al mismo tiempo, todos y cada uno de los habitantes de la casa sentirán que mientras sigan juntos, unidos, todo les irá a las mil maravillas.
Anna Gavalda y Camille, la protagonista de esa historia, tienen mucho en común: ambas retratan sus universos de tal manera, que el que observa su obra no puede evitar verse sumergido dentro de la misma. En el caso de Gavalda, esto se logra por medio de la utilización de las más variopintas técnicas literarias, algunas de las cuales trataremos ahora. El narrador de esta historia es en sí un elemento singular: cuando se acerca a un personaje, nos cuenta lo que le pasa o lo que piensa con el mismo vocabulario que utilizaría él o ella. De vez en cuando se meterá en la cabeza de sus actores para contarnos lo que por la misma pasa, en forma de monólogo interior. Por si todo esto fuera poco, no son escasas las veces en las que el narrador se gira hacia el lector y se refiere a los personajes en términos tales como “nuestro carretero”, “nuestros dos criminales”, “como diría uno que yo me sé”, etc. Parece, sin duda, que el que cuenta la trama se niega a ser un mero transmisor de lo que sucede a lo largo de las páginas: está ahí como un actor más, como un elemento imprescindible, y así lo hace ver cuando busca la complicidad con el lector. Encontramos en esta novela, además, diálogos ágiles, descripciones precisas e incógnitas que se mantienen sin desvelar hasta casi el final. Los problemas que preocupan a los personajes les serán comunes a muchos lectores. En un mundo tan competitivo como lo es el nuestro, no es suficiente tener talento. Siempre hay alguien que espera más de las personas brillantes, padres o allegados que desean que otros hagan por ellos las cosas que no pudieron o no quisieron hacer. Ante tal presión, las personas sensibles sienten que nunca conseguirán satisfacer las expectativas de los demás. Es entonces cuando se hunden y echan a perder todo lo bueno que había en ellos. Por otro lado, y en relación a lo anterior, Gavalda nos plantea el tema de la convivencia hoy en día, de cómo algunas personas, muy distintas entre sí, pueden llegar a cohabitar en armonía hasta llegar a formar una familia. No son los lazos de sangre los que unen a estas personas, sino el cariño sincero, el no esperar nada de los otros, el aceptar al resto de los integrantes por lo que son y no por lo que el otro esperara que llegue a ser. No hay nada mejor que exprese este sentimiento como el propio título de esta novela: “Juntos, nada más”. Es ésta, en definitiva, una historia llena de esperanza, que nos viene a demostrar que por muy hundidos que nos sintamos, siempre puede llegar alguien que nos tienda una mano y nos haga creer que todavía tenemos un futuro al margen de lo que otros puedan creer.
No puede decirse que todas las adaptaciones cinematográficas sean del todo buenas o del todo malas. Algunas, como en este caso, son bastante fidedignas y consiguen transmitir el mensaje del autor. Sin embargo, por muy buena que sea la versión en imágenes en movimiento, no podemos olvidar que el libro original siempre será mucho mejor. Introducirse en las páginas de Juntos, nada más merece la pena.
Cristina Monteoliva

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Título: Indecisión.
Autor: Benjamin Kunkel
Editorial: Destino.
Págs: 335
Precio: 18,50€
Todo aquél que alguna vez haya intentado escribir un relato, poesía, novela, etc, se habrá dado cuenta, en algún momento del proceso creativo o ya finalizado el trabajo, de la importancia de un buen título, de esa carta de presentación que puede hacer que el lector lo elija o lo destierre al olvido.
Avalada por el premio Giuseppe Berto de novela (Italia), aterriza por fin en España la genial ópera prima del americano Benjamin Kunkel, cuyo título, Indecisión, es capaz de sintetizar en tan sólo una palabra la razón de ser de toda la historia.
Dwight tiene una inteligencia notable, una novia hindú con la que no sabe si quiere comprometerse, unos padres divorciados que van a la deriva, una hermana bastante radical (a la que se siente muy unido) y un trabajo del todo insatisfactorio. Es consciente de que se ha quedado estancado en la inmadurez de su época universitaria, de que su conformismo es un verdadero problema, mucho más cuando se acerca el día de la reunión de antiguos alumnos del instituto y no tiene ningún logro del que presumir. Además, está a punto de quedarse en el paro y sin piso; pero Dwight es incapaz de hacer algo por mejorar las cosas en su vida, pues padece de una terrible indecisión crónica. Al borde de la desesperación, Dwight acepta la ayuda de su compañero de piso, una ayuda en forma de pastillas mágicas que harán que pase de ser un ser lleno de dudas a un temerario. Inmerso en esta euforia, emprende viaje a Ecuador para encontrarse con un viejo amor adolescente. Sin embargo, las cosas no saldrán como él espera y se verá recorriendo el país latino en compañía de una chica con las ideas mucho más claras que las suyas. La aventura, desde luego, está asegurada.
Es probable que cuando leas esta novela, si es que te decides a hacerlo, te sientas identificado con el personaje de Dwight Wilmerding. Porque la globalización, ese fenómeno económico y social del que tanto oímos hablar en nuestros días, y en que sabemos que estamos inmersos (aunque no queramos), no sólo hace que los que vivimos en el hemisferio norte tengamos cada vez más comodidades y bienes materiales a costa de la explotación y la pobreza de los países del sur; también es el responsable de que personas que viven en distintos países puedan tener exactamente los mismos problemas existenciales. Y es que Dwight, que vive en Nueva York, lo mismo podría ser madrileño, londinense o berlinés, pues son muchos los jóvenes adultos que se encuentran desesperanzados ante el futuro, inmersos en esa apatía que les hace ser incapaces de tomar decisiones para forjarse un futuro. Bien parece que lo tenemos todo, y dejarse arrastrar por la corriente es mucho más fácil que plantearse unos objetivos y luchar por ellos.
Benjamín Kunkel no es el primero ni el último en explorar el tema de la crisis existencial en los jóvenes del nuevo milenio. Sus predecesores a menudo han optado por puntos de vista excesivamente crudos, han retratado situaciones con un realismo extremo, han sumido a sus protagonistas en una espiral de autodestrucción y, en definitiva, no han aportado más que pesimismo. Sin embargo, Kunkel retrata al protagonista de Indecisión como un chico alegre, con un gran sentido del humor, imaginativo y hasta filósofo. Es un personaje capaz de preocuparse por temas de lo más dispares, económicos, sociales o psicológicos: la hipocresía en la sociedad americana, la tiranía de la “meritocracia” (una persona se mide por sus éxitos profesionales), el aislamiento de las personas en los países desarrollados, la falta general de empatía, las enormes diferencias entre norte y sur, el egoísmo... Gracias a la cercanía que proporciona la narración en primera persona y a la habilidad de Kunkel para introducir todo este conjunto de problemas actuales, sin dejar nunca la clave de humor, la consciencia que el lector tiene (o no) por los mismos se verá afectada. Por tanto, la originalidad de Kunkel reside en ese optimismo, que pasa del personaje al lector, y en esa forma de tratar temas tan complicados sin aburrir al que está leyendo. Obtener conclusiones propias es del todo inevitable.
Como conclusión, y no porque esta obra no de más de sí, podemos afirmar que Indecisión es una novela que, además de divertir, entretener, invita a la reflexión. Y eso, en los tiempos que corren, es siempre de agradecer. Si buscas algo diferente para este verano, éste puede que sea tu libro.
Cristina Monteoliva

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Comenzamos una nueva semana en La Biblioteca Imaginaria con la entrevista que hace unos días José Antonio Castro Cebrián, autor de La última confesión, tuvo la amabilidad de concedernos a través del correo electrónico.
La última confesión, como os cuento en la reseña que veréis tras las respuestas del autor, es una novela intensa en muchos aspectos. Pero no menos intensa creo que es esta entrevista. Juzgad vosotros mismos, yo no os entretengo mucho más:
¿Cuándo empezaste a escribir?
Mis primeras letras las dibujé en un papel con doce años. Al menos es la primera vez que recuerdo nítidamente que lo hiciera. Fue un poema que escribí a una amiga de mi hermana, no me acuerdo su nombre aunque sí su sonrisa cuando le di el papel garabateado con dibujos que ilustraban todo ese amor que yo le decía dar en aquellas líneas. Después todo fluyó inesperadamente, como un torrente sin control, aunque fue una casualidad la que hizo que naciera en mí la necesidad vital por escribir, el Quijote de Cervantes. Lo cogí a regañadientes de la biblioteca, sin mucho convencimiento, y me enamoró. Como he dicho en otra ocasión, me sedujo la idea de hacerme creador, y a partir de esos catorce o quince años empecé a escribir más asiduamente.
¿Dónde encuentras la inspiración?
Yo soy de los que piensan que la inspiración es quien encuentra al escritor. Cualquier cosa que ocurre alrededor mío, y que merece un pellizco de mi interés puede resultar algo grandioso para mí. A veces una simple mirada de una anciana, en el andén de una estación del tren, por ejemplo, es suficiente para imaginarme una historia detrás de esos ojos, me es suficiente para ponerle sabor u olor a un relato. Podría decir que la fuente de la inspiración para mí se encuentra en todas partes.
¿Podemos decir que el género negro es el tuyo o te sientes cómodo también en algún otro?
Indudablemente es un género que me gusta, pero me siento igual de cómodo escribiendo otro tipo diferente de literatura. De hecho dentro de La última confesión hay poesía, hay historia, existe una mistura de amor, crimen, religión… Al igual que nunca me planteé encontrar una fórmula que ensamblara distintas temáticas en una misma historia a la hora de escribir la novela, tampoco creo que sea mayor problema el trazar una historia de otra manera… La literatura surge, al igual que las notas en una composición musical, sin ningún tipo de esfuerzo… aparente.

¿Cómo surgió la idea de escribir La última confesión?
Es curioso cómo procede la vida a veces. Llevaba más de cinco años sin escribir nada cuando un cofrade de una hermandad del Cristo Cautivo de Alicante me pidió que le hiciera una oración para la Semana Santa alicantina. Mientras lo hacía me vino a la mente una historia que me contó un tío de mi mujer sobre un cura “republicanísimo”, con muy mala leche, que sirvió de soldado en la guerra civil. Aunque lo narrado por este familiar a mi mujer no tenía nada que ver con lo que después escribí, podríamos decir que sí fue el germen del padre Eduardo. A partir de entonces empecé a crear al personaje, haciendo su currículo vitae a partir de las confesiones…
¿Y cuánto has tardado en escribir esta novela?
Ha sido un proceso duro, muy duro. No sabría decirte a ciencia cierta si fueron dos años, tres o uno y medio, el tiempo que tardé en crear la novela, lo que sí puedo asegurarte es que durante un año aproximadamente he estado trabajando exclusivamente para la novela con jornadas de lunes a sábado de ocho a diez horas, casi ininterrumpidas. Había días que escribía diez folios, y otros, los más, que no avanzaba más de cuatro líneas. Antes de ese año a “jornada completa”, estuve otros meses buscando información de todos los aspectos que trataba en la novela, preguntando a forenses, policías, psiquiatras, periodistas…incluso viajando a distintos lugares de España para escenificar la trama.
¿Te identificas con alguno de tus personajes?
Realmente no me identifico con ninguno en especial, más bien creo ser una argamasa de varios de ellos, y a la vez de nadie. Aunque si tuviese que decir uno, creo que con el que más se asemeja mi carácter sea el inspector Martínez, sobre todo en la crudeza y en su particular manera de entender la soledad.

¿Conseguirá Gisela encontrar la felicidad?
Quiero creer que sí…me reservo una respuesta más sincera para otra ocasión…
¿Se te ha quedado alguna confesión en el tintero o está todo lo que querías contar en esta historia?
Confesiones no quedaron en el tintero. El padre Eduardo contó lo que le atormentaba, lo que necesitaba narrar para expiar sus pecados, lo que creyó necesario para dejar claro que su alma estaba por encima de la percepción de cualquier persona. Las confesiones espolean lo peor que hay del ser humano, lo hace real, pero a la vez refleja la debilidad de la propia alma frente a la locura o la enfermedad.
¿Te gustaría que La última confesión se llevara al cine?
Es una pregunta que me han planteado muchas veces. No me disgustaría, pero no a cualquier precio. Pienso que el cine es un complemento ideal para narrar lo que ya está escrito. Me gustaría que si se llega a hacer, sea respetando la idiosincrasia de la propia novela, sin demasiados efectos, o adornos visuales. Me gustaría que narraran La última confesión con el pulso conforme que tiene sobre el papel.

¿Qué esperas que encuentren tus lectores en este libro?
Espero que encuentren ante todo diversión, misterio, suspense. Me encantaría que bucearan en las entrañas del libro y descubrieran entre sus páginas los rincones del alma que están escondidas entre las confesiones del padre Eduardo y las bravuconadas de algunos de los personajes. Estoy seguro que por lo menos no dejará indiferente a nadie que la lea, y por supuesto amortizará, con mucho, el tiempo que se tarda en leer sus casi cuatrocientas páginas.
¿Qué proyectos tienes para el futuro?
Ahora mismo estoy trabajando en otra novela también con tintes policiacos, aunque no me atrevería a calificarla cien por cien como negra. Su título provisional es “El Juramento”. En ella hay mucho misterio, escrita en primera persona, con relaciones afectivas muy fuertes y con una extraña desaparición como telón de fondo. Está en el proceso último de narración, donde más juega esa inspiración de la que antes hablábamos. Calculo que a finales de año quizás esté ya terminada y revisada.
Muchas gracias, José Antonio, por tomarte tu tiempo a la hora de contestar estas preguntas, además de por cedernos tus fotos personales. Esperamos ver pronto acabada esa nueva novela de la que nos hablas.
A vosotros, como siempre, espero que hayáis disfrutado de esta entrevista y os emplazo a la próxima
Cristina Monteoliva
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Título: La última confesión
Autor: José Antonio Castro Cebrián
Editorial: Vía Magna
Págs: 368
Precio: 17,95 €
Es curioso como algunas palabras se suelen relacionar, en nuestras mentes, con otras. Por ejemplo, si yo ahora digo “confesión”, seguro que más de uno se imaginará una Iglesia, un confesionario y, al otro lado, un sacerdote. Pero, ¿quién escucha las confesiones de los confesores? ¿Quién se encargará de guardar los secretos de los que guardan los de los demás? Quizá despejemos esta duda tras leer La última confesión, la novela negra de José Antonio Castro Cebrián que hoy nos ocupa.
Todo el mundo piensa que el padre Eduardo es un sacerdote ejemplar en su parroquia (situada en un pueblo de Lérida), un ser bondadoso siempre dispuesto a hacer el bien al prójimo. Entonces, ¿qué es lo que lleva a este cura a presentarse en una comisaría de Madrid enloquecido, exigiendo que una periodista de nombre Gisela lea sus más oscuras confesiones? ¿Será verdad eso que dice, que ha cometido un crimen? ¿Habrá sido capaz de llevar a cabo tan terribles actos? Las cosas no parecen estar nada claras. Sin lugar a dudas, y mientras los misteriosos asesinatos se sucedan, el inspector Martínez, la subinspectora Marga y las periodistas Gisela y Lucía no pararán hasta averiguar qué es lo que verdaderamente está pasando.
Si bien en esta historia es fácil identificar al narrador como un ser externo, omnisciente, que nos da a conocer todo lo que sucede en esta novela, dejando, de vez en cuando, que las cartas del padre Eduardo, escritas en un lenguaje tan culto y metafórico, nos permitan conocer todos los matices de un oscuro pasado que no podría más que volver loco a su poseedor, no será tan sencillo, sin embargo, hablar de un único protagonista. Quizá lo justo sería afirmar que existe todo un grupo de actores que cumple la función del personaje principal. Este grupo estaría compuesto por el rudo e impulsivo inspector Martínez, la guapa e inteligente subinspectora Marga, la intrépida periodista Lucía y Gisela, la también periodista a la que van dirigidas las misivas del trastornado padre Eduardo, tal vez la más vulnerable de todos.
También podríamos decir que, aunque cada uno de los personajes mencionados anteriormente, con todos sus virtudes, sus defectos, sus dudas, sus inseguridades, sus certezas, etc, así como tantos otros de los que no tendremos tiempo de hablar (si bien el papel que cumplen en la trama no es menos importante), tienen una función clara e imprescindible en esta obra, en realidad ninguno de ellos, ni individualmente ni en conjunto, es el protagonista. Es decir, y dicho de otro modo: lo importante aquí sería la trama en sí, esta serie de misterios que se suceden a lo largo y ancho de la geografía española (sobretodo en Madrid, Barcelona y Sevilla), y no el etiquetar a uno o a otro como personaje principal de la historia. Quizá esto que acabo de decir no parezca tener mucho sentido ahora, a simple vista. Los que hayan leído esta obra, o vayan a hacerlo, puede que lo comprendan mejor.
La última confesión es una interesante propuesta en forma de novela negra escrita de forma ágil, una historia vertiginosa que se adentra en lo más oscuro del ser humano para dejarnos claro, una vez más, que las cosas a veces no son lo que parecen, y hasta un humilde sacerdote podría, en la teoría o en la práctica, esconder un terrible pasado que pugna por rebelarse en el presente con unas consecuencias totalmente imprevistas. Los secretos, el amor, la depravación, el asesinato, la envidia, el arrepentimiento, la amistad y las más modernas técnicas policiales son algunos de los ingredientes que harán de esta novela una obra difícilmente olvidable, una obra ambiciosa que está esperando ser leída por todos vosotros.
Quizá tener tantos secretos no sea bueno para el ser humano, en general. Tal vez deberíamos dejarlos escapar en forma de confesión antes de que empiecen a aliarse entre ellos con el propósito de volvernos locos. Casi mejor dejar esto al campo de la ficción. Y si lo que tenéis es ganas de conocer secretos irrevelables, intrigas y acción, estoy segura de que La última confesión será vuestro libro.
Cristina Monteoliva

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JOSÉ ENRIQUE RUIZ-DOMÈNEC EN EL PÚBLICO LEE
El catedrático José Enrique Ruiz-Domènec, autor de “España, una nueva historia”, es el invitado al programa EL PÚBLICO LEE, que presenta Jesús Vigorra y que se emite el domingo 31 de mayo en CANAL SUR 2 a partir de las 19:30 horas.
Si quieres conocer los contenidos del programa o dejar tu opinión, entra en http://blogs.canalsur.es/elpublicolee/
Si quieres ver por internet en TV a la carta programas ya emitidos de EL PÚBLICO LEE entra en
http://www.radiotelevisionandalucia.es/tvcarta En estos momentos están disponibles los programas de Mercedes Abad, con "Media docena de robos y un par de mentiras", Fernando G. Delgado, con "De una vida a otra" y Maha Akhtar, con "La nieta de la maharaní" (nuevo).
Además, hemos recuperado el programa en el que estuvo como invitado Emilio Lledó, con su obra "Elogio de la infelicidad", emitido el 13 de noviembre de 2005. Este programa permanecerá en esta página durante todo el mes de mayo.
Que lo difundas y lo disfrutes
Salud y saludos,
El público lee
EL PÚBLICO LEE SE EMITE
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PRESENTACIÓN DE ENTRE EL XX Y EL XXI ANTOLOGÍA POÉTICA ANDALUZA EN GRANADA
El pasado jueves 21 de mayo, aproximadamente a las 19 horas, tuvo lugar en La Casa de los Tiros (Granada) la presentación de Entre el XX y el XXI Antología poética andaluza (Ediciones Carena).
Aunque el acto se centró especialmente en el segundo volumen de esta antología, el editado más recientemente, también se habló de la obra en su conjunto y de la dificultad a la hora de seleccionar a los autores que la integran, entre otros temas.
La presentación corrió a cargo de Francisco Morales Lomas, escritor y persona al cargo de la edición de esta antología, y el editor de Ediciones Carena José Membrive. Además, los poetas Antonio Enrique y Fernando de Villena deleitaron a los asistentes con la lectura de algunos de sus poemas incluidos en esta obra.
Aquí os dejamos una foto. De izquierda a derecha: Antonio Enrique, Fernando de Villena y Francisco Morales Lomas.

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Título: Donde sueñan los tigres
Autora: Ana Ayuso Verde
Ilustraciones: Juan Gonzalo Lerma
Editorial: Traspiés
Págs: 62
Precio: 12 €
No sé si los tigres sueñan. Tampoco estoy seguro que pertenezcan a la subfamilia de los félidos, como los gatos. Pero de todas formas, como aquellos, están dotados de unos pies almohadillados para no hacer ruido, olfato finísimo, oído agudo, y una lengua rasposa con la que van arrancando el pelo a sus víctimas cadáveres en la zona donde van a hincar el diente. Relatos que tienen suavidad de pelo de gato, y una prosa enmoquetada sin ácaros ni pelos, con lo que no tendrá problemas de alergia, no va a levantar ninguna estridencia (algo así como un estornudo), al transitarla. Es este un volumen amigable que consta solo de cuatro narraciones que se complementa por las ilustraciones de Juan Gonzalo Lerma.
Un funeral propio es un relato en voz baja que parte de un presupuesto fantástico: una familia que en su salón no tiene a un abuelo o una abuela, sino la cabeza viva de una prima lejana del padre, excusa de la narración, pero verdadero narrador, protagonista, y testigo, aunque no parece ninguna de las tres cosas. Enfrente una naturaleza muerta compuesta de una madre beata obsesionada por la purificación de las almas de los muertos a través del luto y la oración, un padre que del “laiser faire, laiser passer” inicial respecto a su mujer, (“Eres más seca que la mojama”, espeta una de las veces la cabeza de Josefina a la madre), deriva en la infidelidad, y unas hijas testigos mudos de la acción dentro de la casa, que miden el tiempo al ritmo que envejece la cabeza de Josefina.
El final tampoco es de montaña rusa, porque la autora lo va dejando entrever, pero en el momento en que ella quiere y hasta ahí no se intuye nada. Eso se debe a que el lector es incapaz de distraerse, de sustraerse de la narración para realizar cualquier razonamiento sobre la trama porque está atrapado por esa trama tan bien trazada.
Homenaje, y excusa metaliteraria, Esperando a Godot viene después. En un mundo este más reducido, menos matizado, al final de la lectura todavía uno se sigue preguntando qué puede llevar a un tendero, a una telefonista, a una agente inmobiliaria, al cocinero de un hotel de postín, a un distribuidor de listines telefónicos y a un o una auxiliar administrativo (no sabemos el sexo del narrador) a esperar todos los jueves a determinada hora y lugar como aquellos dos personajes del absurdo nihilista de Samuel Beckett. Porqué se especializan en esperadores de nadie en estaciones de tren, o en funerales, o en la cola de un supermercado… Una interrogación sobre una materia literariamente tan manoseada y tratada como el tiempo, pero a la que la autora no obstante consigue sacarle partido.
Donde sueñan los tigres toma ya el camino que deriva hacia lo tibio, lo pretendidamente dudoso. La autora, docente en numerosos cursos y talleres de escritura ha venido haciendo hasta ahora un uso razonable de todos los recursos y técnicas que tan bien domina, pero en este relato, homenaje a aquella mariposa que soñaba que era un escritor que soñaba que era una mariposa o viceversa, termina de desplegar toda su artillería y esboza uno de esos relatos muy bien trazados en lo técnico, pero de cierto desangelamiento interior, con los que colmar las aspiraciones de un sector de lectores con una inclinación hacia este tipo de relato que también merece ser atendido. Aunque me gusta más que el siguiente, no es uno de los anteriores, en los que transita la vida, sino que para mi gusto ya digo que pertenece a la otra corriente, a la de los relatos con un cierto minimalismo emocional, perfectamente trazados pero que no remueven nada en las tripas del lector, uno contempla una obra de arte pero su frialdad marmórea no nos conmueve.
Ada abunda en esa tendencia anterior, con lo que se completa el 50%, la paridad, la cota de poder entre relatos “calientes” y “fríos”, según mi absurda e innecesaria clasificación, pero que por lo menos me sirve para tratar de explicarme mejor. Una gorda misteriosa por lo exacerbado de su peso y por su extraño proceder, y unos enamorados rotos transitan por este relato que es un solo fotograma en ese álbum de conquistas que la despampanante manceba atesora.
Un libro amable, tanto como los tigres cuando están enredados en sus ensoñaciones, que va a colmar las expectativas de los dos tipos de lector: el aficionado al relato clásico con una historia clara, y al que gusta del olor de la carne más que de la carne propiamente dicha. Que dicho sea de paso gusta mucho a los tigres.
José Cruz Cabrerizo

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Título: Saber Perder
Autora: David Trueba
Editorial: Anagrama
Págs: 524
Precio: 20 €
En el mundo en el que vivimos, cada vez más competitivo, no caben las derrotas. Hay que ganar a toda costa, cueste lo que cueste, pasando por encima del que haga falta. El fracasado, por lo general, está muy mal visto en este tiempo de vencedores. Pero, seamos sinceros: ¿acaso no son más las veces que caemos que las que estamos sobre la cima? De Saber Perder y otros muchos temas entienden bastante los cuatro personajes principales de la tercera novela del director de cine y escritor David Trueba.
Comienza el curso 2004-2005 en un instituto cualquiera de Madrid. En él estudia Sylvia, una adolescente bastante madura para su edad que, sin embargo, se deja llevar por el irrefrenable deseo de vivir, cuanto antes, ciertas experiencias. En el día en el que cumple los dieciséis, Sylvia es atropellada por el joven jugador de fútbol argentino Ariel Burano, quién acaba de fichar por un equipo español de primera división. El accidente tendrá, sin lugar a dudas, consecuencias del todo insospechadas por parte de ambos. Mientras tanto, Lorenzo, el padre de Sylvia, intenta llenar los huecos de una vida vacía tras el abandono de su mujer y su fracaso laboral. A su vez, Leandro, el abuelo de Sylvia, pretende recuperar el tiempo perdido de una existencia que se extingue, aunque de una forma nada convencional.
Muchas son las características que hacen a la de Trueba una prosa totalmente genuina. En primer lugar, diremos que predomina el uso del tiempo presente sobre el pasado: el lector vive las situaciones más relevantes de las vidas de los personajes a la vez que ellos, haciendo que estos episodios destaquen sobre los que ya han quedado atrás. Este tipo de narración consigue que todo tenga mucho más color, como si no fuera éste un libro, sino una película que pasa ante nuestros ojos.
En segundo lugar, en este libro los diálogos no están dentro de su demarcación habitual (con la típica acotación entre guiones), sino ocultos entre los párrafos. Este novedoso recurso consigue despertar mucho más nuestro interés, nuestra curiosidad por conocer lo que va a pasar en cada momento.
Por último, pero no por ello menos importante, señalaremos que Trueba nos presenta esta historia de vidas cruzadas a través de los ojos de un narrador externo a la trama, una voz en off que se asemeja mucho al Dios en el que Lorenzo no puede creer, pues conoce todo lo que ha pasado, lo que pasa y pasará tanto dentro como fuera de los actores de esta historia. Este ser supremo quiere que sepamos que todo ocurre en un tiempo concreto (como señalábamos anteriormente, el curso 2004-2005) y en un mundo que es el nuestro. Por ello, tiende a hacer alusión a hechos acontecidos en ese periodo: la torre Windsor en llamas, el Tsunami en el océano Índico, los atentados del 11-M...; y también a problemas sociales que aún hoy nos preocupan, como son el síndrome de Diógenes, la bulimia, la anorexia, los pisos patera... Con bastante frecuencia, y como novedad dentro de la categoría de los narradores omniscientes, se permite esta voz hacer inteligentes reflexiones acerca de temas tan variados como el deseo, la gran distancia que existen entre el ser y el querer ser, el desengaño que suponen las expectativas de vida no cumplidas, los entresijos reales (y poco idílicos) del mundo del fútbol... Otras veces, son los propios personajes los que nos muestran sus pensamientos más profundos acerca de estos y otros muchos asuntos. Se hace imposible, en consecuencia, no contagiarse de esas ganas de pensar más allá de la superficialidad de nuestras vidas.
Aunque pueda parecer lo contrario, por lo dicho hasta ahora, la obra de Trueba no pretende ser, ni por asomo, moralista y/o ejemplarizante. El ser que nos cuenta las aventuras y desventuras de estas cuatro personas nada puede hacer por cambiar las cosas. Los personajes de Saber Perder son totalmente libres de decidir si guiarse o no por sus instintos. Se dejan arrastrar por las circunstancias, sienten miedo, decepción, se llegan a arrepentir de algunos de sus actos... Al igual que pasa en la vida real. Porque los personajes de Trueba son totalmente humanos, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Y aunque sepan que sus acciones les avergüenzan, que deben llevar dobles vidas por el temor a lo que sus seres queridos piensen de ellos, por no ser juzgados por los demás, volverán a cometer errores.
A veces se gana, otras muchas se pierde. Lo importante, sin duda, es levantarse a tiempo, no compadecerse de uno mismo en exceso y seguir adelante. La propia supervivencia es el reto del ser humano. En eso consiste el saber perder.
Cristina Monteoliva

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