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Conversando en diferido con JUAN BAS
29/06/2009 13:04:27

Esta semana, en La Biblioteca Imaginaria, tenemos el placer de conversar con Juan Bas, autor, entre otras muchas obras, de Voracidad, la novela que reseñaremos a continuación, y sobre la que le hemos preguntado. 


Entre otras cualidades, encuentro en Juan la de crear personajes “sin pelos en la lengua” que viven situaciones de lo más disparatadas, sin dejar de tener la trama de su obra (en este caso, Voracidad, que es la que he leído) una profundidad considerable.


Sin más, aquí os dejo con las palabras del autor:


¿Qué prefieres: devorar libros a través de la lectura o devorar páginas en blanco por medio de la escritura?


Hoy en día, escribir. Obtengo más placer, aunque sea trabajoso, de la escritura que de la lectura. Estoy un poco anegado de lectura. Pasará.


¿En qué género te sientes más cómodo como escritor?


En el humorístico. Formato: cuento. Lástima que los editores no los aprecien más.


 


 


 


Voracidad es la continuación o segunda parte de Alacranes en su tinta. Sin embargo, me da la sensación de que se pueden leer ambas novelas de forma independiente. ¿Era esa la intención?


Sí, así es. Son novelas autónomas con el mismo tono y protagonista, pero independientes. Formarán una Trilogía del Exceso con la que ahora escribo.


¿Por qué los lectores que han leído Alacranes en su tinta deberían leer Voracidad, o viceversa?


Porque se reirán, creo.


¿Has estado alguna vez en una convención de comedores compulsivos?


No, pero me contó una amiga, recepcionista de un hotel, el tremendo impacto de un congreso de overeaters que se celebró allí.


¿Se parece en algo Pacho a ti?


Sí, bastante. Cada vez más. Pero yo soy más noble y sobre todo más guapo.


 


 


 


¿Y los otros personajes?


No. Y especialmente no Vasili Karlovo, que se basa en un conocido productor de tv que es un tipejo.


¿Hay algo ocurrido en la realidad que hayas utilizado a la hora de escribir esta novela?


Sí. Aparte de los comedores compulsivos, las dos tías locas, Auxi y Ampa, existen. Y desde luego la crisis económica, que pronostiqué en esta novela.


En la revista XL Semanal del domingo 21 de junio el autor Andrés Trapiello afirma que se apuntaría a un “Supervivientes” de escritores y editores, ¿cómo crees que sería un reality así? ¿Tendría audiencia?


Sí están Antonio Gala y Lucía Etxebarria, sí. Con Trapiello, no creo.


 


 


 


El protagonista de Voracidad, Pacho, tiene una visión bastante clara de la sociedad actual. Como se suele decir, no deja títere con cabeza. ¿Te ha traído esto algún tipo de problema?


No. Me los trajo ‘Alacranes en su tinta’, la anterior. A los sicarios de ETA no les hizo gracia verse ridiculizados.


¿Habrá una tercera parte que cuente más aventuras de Pacho Murga Bustamante?


La ya antecitada, con la que cerraré la trilogía. Se titulará ‘Ostras para Dimitri’.


Muchas gracias, Juan, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos ver pronto la tercera parte de la trilogía, y que tengas grandes éxitos con todos tus proyectos.


A vosotros, como siempre, muchas gracias por estar ahí una semana más.


Cristina Monteoliva

VORACIDAD. Juan Bas
29/06/2009 13:01:32

Título: Voracidad


Autor: Juan Bas


Editorial: Ediciones B


Págs: 240


Precio: 13 €


Todos tenemos alguna debilidad gastronómica, algún plato o alimento que hace que arrasemos con él nada más tenerlo delante de nuestras narices, de forma inevitable. Hay personas, que, sin embargo, no tienen control con ningún tipo de comida. Y yendo más allá, podemos decir que hay algunos que no sólo devoran los alimentos, sino, metafóricamente hablando, todo lo que tienen alrededor, impulsados por una terrible  fuerza que llamamos voracidad. Precisamente así, Voracidad, se titula la novela de Juan Bas de la que hoy hablaremos.


Pacho Murga Bustamante despierta después de dos años de un coma que le produjo una terrible intoxicación alimentaria. El mundo ha cambiado bastante en este tiempo, especialmente el más cercano a nuestro protagonista. Así, Pacho tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias, esas en las que ya no es un hombre acomodado de Bilbao y ni siquiera tiene donde caerse muerto. Menos mal que en su camino se cruza Ricardo, un tipo siniestro, con un terrible pasado, en el que, sin embargo, Pacho puede confiar.


Antes de continuar, he de indicar que Voracidad es el segundo libro de aventuras y desventuras de Pacho, este hombre bilbaíno de mediana edad venido a menos. Pero tranquilos, amigos, que este libro se entiende perfectamente de forma independiente, sin haber leído antes Alacranes en su tinta, el primer libro de lo que Juan Bas promete ser una trilogía. De hecho, yo no he leído la primera parte, que si se cumpliera ese discutible dicho que anuncia que segundas partes nunca fueron buenas, he de pensar que tiene que ser una historia al menos tan genial como ésta. Pero centrémonos en Voracidad, que es el libro que yo sí he revisado y que puedo decir que no tiene desperdicio alguno.


Dicho esto, sigamos: el protagonista y narrador de Voracidad no es otro que Pacho Murga Bustamante, ese hombre que intenta sobrevivir a toda costa en un mundo terriblemente hostil después de despertar del coma. Se trata éste de un hombre de gustos refinados (o al menos así era antes de su accidente culinario), gran lector, cinéfilo empedernido, de sentido del humor ácido, un tanto enamoradizo, y con una opinión muy concreta de la política de España y el Pais Vasco, la Iglesia y ese opio del pueblo al que llamamos televisión. Gracias a él conoceremos situaciones de lo más estrambóticas, personajes increíblemente estrafalarios, prácticamente lo mejor y lo peor del ser humano y de esta España en la que vivimos (porque, no nos engañemos: la visión de Pacho no es muy distinta a la que muchos de nosotros podríamos tener, colorismo “freaky” incluído), en esta historia que cuando comienza no tendremos ni idea de cómo va a terminar.


El elenco de personajes secundarios, como ya indicábamos, no puede ser más singular y variado: un viudo siniestro que escribe guiones televisivos, prostitutas enamoradas, viejas nacionalistas vascas más que chifladas, agentes artífices de la telebasura, comedores compulsivos que no conocen el límite… Especialmente divertido para el lector será reconocer en numerosos nombres ficticios a algunos personajes de nuestro mundo real, así como algunas de las cosas que quizá hayan hecho también en nuestra esfera, o que podrían llegar a hacer. Y es que la feroz crítica de Pacho Murga Bustamante no sólo se quedará en su mundo de papel, sino que también llegará al nuestro, haciendo que, al menos, nuestras neuronas se pongan en marcha y miremos a nuestro alrededor con otra perspectiva.


Voracidad, en conclusión, es una historia terriblemente corrosiva e inteligente, llena de sarcasmo e ironía, en la que pasaremos del la risa al más terrible de los horrores casi sin darnos cuenta, una historia de almas que sucumben a la voracidad por los alimentos, por el sexo y por el poder, pues, al fin y al cabo, la debilidad forma parte de nuestra naturaleza. Pero este libro también nos habla de otro tipo de fueraza irrefrenable, de otro tipo de voracidad: la que el propio destino ejerce sobre algunos de los seres humanos, esa manera de cebarse con algunos de nosotros, hasta los puntos más insospechados.


Está claro que el hombre, el ser humano, no tiene medida. Todos tenemos nuestro pequeño o gran punto de “voracidad”, ese impulso irrefrenable de arrasar con algo o con alguien, o con todo a la vez. De igual manera, estoy segura de que cuando abráis las páginas de este libro, no podréis dejar de devorarlo con la misma palabra que le da título, Voracidad. ¿Os lo vais a pensar?


Cristina Monteoliva


POSTPOESÍA. HACIA UN NUEVO PARADIGMA. Agustín Fernández Mallo
29/06/2009 12:59:58

Título: Postpoesía. Hacia un nuevo paradigma


Autor: Agustín Fernández Mallo


Editorial: Anagrama


Págs: 176


Precio: 15 €


Hace poco menos de un mes vi una película después de unos cuantos años de curiosidad: «La liga de los hombres extraordinarios» (Stephen Norrington, 2003). Dejando a un lado la calidad de la obra (y aún más al lado la interpretación postpoética que se podría hacer del pastiche de personajes que la forman y la relación del cómic – obra original de Alan Moore – con el cine – adaptación de Norrington –), rescato una secuencia: la hermosa y decadente ciudad de Venecia está en peligro, pues han colocado explosivos en sus cimientos; y aquí la imagen: gracias a la informática los espectadores vemos esos cimientos que sostienen la ciudad, esa aparentemente frágil red de columnas donde descansan los palacios, las plazas, etc. Me valgo de esa imagen (Venecia reposando sobre unos débiles cimientos bajo el agua) para ejemplificar lo que creo que quiere hacer Fernández Mallo con la poesía española: la ciudad decadente, condenada a desaparecer bajo las aguas implacables de los nuevos tiempos, que se sustenta sobre unos pilares corroídos por la humedad, esconde en sus entrañas una carga explosiva letal, la obra de Fernández Mallo.


Y no ha crecido esta idea en el vacío, nace del impacto con ciertos párrafos de «Postpoesía», por ejemplo:


 


"La poesía ortodoxa viene siendo sostenida por una serie de pilares, puntales inamovibles como raíces, para luego desarrollarse ramas arriba en diferentes escuelas y técnicas” (p.177).


 


Fernández Mallo quiere volar esos pilares, con una lógica demoledora. Fundamenta su argumentación en dos conceptos clave: poesía ortodoxa y poesía postpoética. Explica cómo en la sociedad actual las artes han adaptado sus paradigmas, se han contemporaneizado, mientras que la poesía (aunque es perfectamente extensible la idea a la narrativa o el teatro) se ha mantenido anquilosada en los viejos paradigmas; es decir, mientras vivimos en una sociedad cibernética, semivirtual, multitecnológica, algo que se refleja en la pintura, en la arquitectura (domótica) o en el cine, la poesía española se mantiene al margen, como un coto privado en el que una serie de capos vigilan que todo siga atado y bien atado, controlando quiénes entran a jugar con ellos y quiénes se deben mantener fuera (páginas 41-44, citando a Vicente Luis Mora). Esta actitud, señala Fernández Mallo, provoca que el sistema se vuelva anoréxico, una especie de invernadero poético (p.148). Frente a esto, la postpoesía. Durante el texto, Fernández Mallo no sólo define (en positivo, en negativo y por contraste), sino que teoriza y ejemplifica.


Aunque en un principio, para entes como yo ajenos a la terminología postmoderna y/o científica, puede resultar desconcertante, a medida que se avanza en la lectura nos apropiamos de un campo léxico interesantísimo, rico en metáforas e imágenes visuales, que además, se reflejan en constantes mapas, gráficos, reproducciones, etc.


Se podrá estar de acuerdo o no con la propuesta que Fernández Mallo expone en «Postpoesía», pero al menos da un paso adelante y hace esa propuesta, no se conforma con dejarse engullir por un sistema caníbal que se limita a perpetuar hasta el hastío unas mismas formas.


Comencé a leer este libro buscando respuestas, termino de leerlo y sólo encuentro una ingente cantidad de preguntas, por suerte, porque debo reconocer que esta lectura ha removido, como hacía bastante que no ocurría, mis redes intelectivas.


Raúl Rubio Millares


PASEO DE LOS TRISTES. Javier Egea
29/06/2009 12:56:01

Título: Paseo de los Tristes


Autor: Javier Egea


Editorial: Diputación provincial de Granada


Págs: 107


Precio: 6 €


La poesía de Javier Egea se erige como claro referente en el parnaso de las letras hispánicas, al menos en lo que a la segunda mitad del siglo XX se refiere. Este que nos ocupa -Paseo de los tristes- sea tal vez el libro más celebrado del poeta granadino, uno de los poetas españoles más importantes de los años ochenta y uno de los padres del movimiento poético La otra sentimentalidad junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador Jofre.


El libro está dividido en tres grandes bloques que a su vez nos servirán para dividir nuestro análisis. La tripartición es la siguiente:


I. RENTA Y DIARIO DE AMOR.


II. EL LARGO ADIÓS.


III. PASEO DE LOS TRISTES.


Los indicadores poemáticos en esta primera parte serán, como en las sucesivas, fundamentales. Desde el mismo título el poeta parece querer aunar en un solo sintagma dos cosas que aparentemente no tienen ningún tipo de relación lógica. Según el DRAE, la palabra renta tiene las siguientes acepciones:


1. f. Utilidad o beneficio que rinde anualmente algo, o lo que de ello se cobra.2. f. Aquello que paga en dinero o en frutos un arrendatario.3. f. Ingreso, caudal, aumento de la riqueza de una persona.4. f. Deuda del Estado o títulos que la representan.5. f. Der. En materia tributaria, importe neto de los rendimientos.


Cualquiera de las definiciones que consideremos más oportuna para nuestro propósito nos lleva a reconocer que en ella hay una presencia evidente del factor económico, e incluso podríamos decir de cierto materialismo monetario. Esto es una cuestión muy importante que configurará en gran medida todos los poemas que bajo este título se integran. Además viene a enlazar con el elemento paratextual que abre este primer bloque de poemas, me estoy refiriendo a la cita de Gustavo Adolfo Bécquer (Voy contra mi interés al confesarlo,/no obstante, amada mía,/pienso cual tú que una oda es sólo buena/de un billete del Banco al dorso escrita.). Está claro que la intención del autor no es meramente destacar una trayectoria (“diario”) amatoria sino que dicha trayectoria está atravesada por el interés de un capitalismo salvaje, que ve en todo una suerte de actividad comercial regida meramente por el interés y el dinero. Esto configura sobremanera el tono de los poemas, todos ellos llenos de escepticismo e incluso de clara denuncia, si bien en muchos casos irónica, de los tiempos en los que discurre la poesía. El poeta debe pagar la renta del dolor, pues desde su torre de marfil y de revolución, percibe esta realidad como un espectador sufriente e incomprendido.


El esquema temático en esta serie de poemas es más que evidente. Los poemas de “Renta y diario de amor” no tienen título, algo peculiar, pues el título de los poemas singulariza e individualiza a los mismos, mientras que en este caso, la ausencia de título hace que los poemas, muy breves en su mayoría, se establezcan con una suerte de poema único. Hay poca variedad temática como decimos. El apartado lo abre un breve poema en el que aparece lo que será el eje temático de todos los siguientes, el dolor:


 


Tú me dueles, amor, pero te canto


y es el gusano que en la carne horada,


no torbellino sino abrazo lento,


sí razón o temor, sí bárbaro camino.


 


Puede este ser el poema que sintetice la tónica general del resto. El poeta es consciente del dolor, pero éste no le hace retrotraerse en lamentos superfluos o en vanas tristezas; el poeta por el contrario sume ese dolor, lo interioriza e intenta incluso vislumbrar ciertos aires de entusiasmo. Es algo semejante a lo que años antes ya había dado título a uno de los libros de Ángel González: Sin esperanza, con convencimiento.


Esa misma desolación y soledad se reconocen en poemas como Cuando dijiste ¡basta! era diciembre… en el que aparece una soledad más ligada al desamor que a ciertas posturas ideológicas o comprometidas con la sociedad. También en poemas como ¿A qué vienes, mi amor, si ya no hay nadie,… o Ni siquiera la muerte ni tu ojos…, posiblemente el poema que mejor y más brevemente ejemplifica la consecuencia del dolor. Como se puede observar, es Paseo de los tristes, un todo unitario hecho, en esta primera parte, de fragmentos, de chispas, de momentos mezclándose; fragmentos o chispas que el poeta transmite algunas veces exaltado, o desilusionado, o cargado de ironía…y, casi siempre, con una nostalgia que no quiere ocultarse.


Hay nostalgia del pasado y algunos elementos claramente autobiográficos. Como muy bien señala Francisco Díaz de Castro, “toda la capacidad musical, toda la gracia y todo el tino expresivo de Javier Egea –y también todo ese acervo de lecturas cultas y populares- se desenvuelven con riqueza de matices en Renta y Diario de amor, que elige, dentro del género del diario, la eficacia y la rotundidad epigramática de las formas breves paralelísticas o de cantares que avanzan formando con su fragmentarismo el mosaico de impresiones de la conciencia cotidiana de un individuo solitario y desposeído”.[1]


La estructura climática es peculiarmente distinta en esta primera parte, sobre todo si la comparamos con las dos siguientes. Dado que en su mayoría los poemas son algo parecido a ráfagas de luz, chispazos intelectuales, el clímax ocupa generalmente la totalidad de dichos poemas. En los poemas algo más extensos, tras una breve descripción de las distintas  situaciones, la estructura climática se mantiene igualmente al final de cada poema, más o menos coincidiendo con los dos últimos versos o con la estrofa última, si es que se tratara de poemas estróficos. Es el caso de poemas como Entre cuatro paredes…, o En ti comparecimos como a un despacho oscuro…, que a modo de broche final, los últimos versos viene a otorgar esa tensión poética que tanto caracteriza a la poesía de Javier Egea.


Ya en “El largo adiós” nos encontramos con otro plano de la escritura, no más densa que los breves poemas que anteceden, pero sí discursivamente más compleja e indicativa. Esta parte reúne algunos de los poemas emblemáticos de la práctica de la “otra sentimentalidad” en Javier Egea: “Materialismo eres tú”, “Sobre el papel”, “Aniversario”, etc


No sólo la extensión es lo que los diferencia de los primeros, sino también el hecho de que todos ellos lleven título. Esto quita como decíamos anteriormente, cierto aire de unidad, dotando a cada poema de una idiosincrasia específica. No obstante, la temática no es mucho más esperanzadora. Aparece nuevamente el tema de la desolación que experimenta la voz poética con motivo de la incomprensión, el desamor o la ausencia de un aliciente por el que merezca la pena seguir luchando. Pero en cuanto a la temática respecta, es interesante uno de los poemas que aparecen en esta parte: me estoy refiriendo al poema “Otro romanticismo”. Con este título el autor nos deja claro que esta nueva sensibilidad puede formar parte también de un recurso puramente poético. Me explico. Es cierto que conociendo la biografía de este autor sea difícil defender esta postura, pero creo que las temáticas que aparecen en estos poemas, no son tanto el fruto de un situación desesperante por parte de su autor, sino que se trata de un técnica que hay que saber manejar para crear este “otro romanticismo” que busca no sólo el deleite de un amor correspondido o no correspondido, sino la mezcla del aparato amatorio con otras realidades sociales y con otras ideologías.


Mucho más complejo se presenta la última parte que da titulo al conjunto del libro, Paseo de los tristes,  todo un itinerario que, bajo el Réquiem  de Fauré, parece una gran aliteración del hombre desolado.


Abunda el poema en descripciones que no hace sino servir de un complemento extensivo a ese sentimiento de agotamiento que acompaña al caminante. Podríamos decir, salvando evidentemente las distancias, que domina en el poema una eco retórico manriqueño, el Ubi sunt?, un preguntarse por el devenir del hombre en un destino que es imposible de cambiar. Se asume esa condición con cierta sobriedad, pues en ningún momento el poema parece una elegía, o un lamento histriónico, de la desafortunada situación que a la voz poética le ha tocado vivir. Pero hay un claro atisbo de la filosofía existencialista, pues a pesar se ese reconocimiento en el abandono, el caminante no se deja caer en el quietismo, sino que en primer lugar hay que comprometerse. Sólo hay realidad en la acción, como decía Sastre, “el hombre no es nada más que su proyecto , no existe más que en la medida en que se realiza; por lo tanto, no es otra cosa que el conjunto de sus actos, nada más que su vida”.[2]


 





[1] Contra la Soledad,  p. 139



[2] Jean-Paul Sastre, El existencialismo es un humanismo, Barcelona, 1999. p. 56.



David Porcel Bueno




LA LLUVIA ANTES DE CAER. Jonathan Coe
29/06/2009 12:53:26

Título: La lluvia antes de caer


Autor: Jonathan Coe


Traducción: Javier Lacruz


Editorial: Anagrama


Págs: 256


Precio: 18 €


No es difícil encontrar alguna foto antigua en cualquier casa, instantáneas tomadas en momentos más o menos felices de nuestras vidas o las de nuestros familiares. Todas tienen una historia que quizá no conozcamos a la perfección, a veces sólo sabemos parte de ellas, y otras, absolutamente nada. A menudo nos gustaría que alguien nos las contara, que nos dijera que se esconde tras esas caras tristes o sonrientes. Así es como decide hacerlo Rosamond, la protagonista de La lluvia antes de caer, el libro que hoy comentaremos.


Rosamond ha muerto. Su doctora la encontró ya sin vida en la casa donde la anciana residía sola, y se lo comunicó a su familia de inmediato. Gill y su hermano, David, sobrinos ambos de Rosamond, recibirán dos tercios de la herencia. El otro tercio será para Imogen, una mujer a la que Gill recuerda haber visto sólo una vez en una fiesta, hace veinte años. Será tarea de Gill buscar a Imogen para comunicarle la muerte de Rosamond, hacerle llegar su parte de la herencia y, también, unas cintas en las que la anciana le revela parte de su historia.


Comienza la narración con un voz omnisciente, un ser externo que no se involucra en la trama, sin duda el encargado de meternos en situación. Sin embargo, pronto habrá un cambio de rumbo, un interesante giro, justo cuando Gill y sus hijas decidan escuchar las cintas que Rosamond dejara para la misteriosa Imogen, esa niña ciega de la que no hay ni rastro. La anciana Rosamond será a partir de entonces, y durante casi toda la historia, la narradora en primera persona de su vida a través de las fotografías que ha ido guardando desde su niñez. Quizá no sea correcto decir que Rosamond habla de su vida, puesto que en realidad ésta está subordinada a otra, o mejor decir otras. Estoy hablando de Beatrix, su querida prima, aquélla con la que hiciera un pacto de sangre en su infancia, y toda la familia de ésta. Se trata, pues, de contarle a Imogen toda su historia, de desvelar todos los secretos, de ir interpretando cada gesto hasta llegar a la verdadera personalidad de todas aquellas personas que una vez dejaron su impronta en las fotografías que la anciana se esfuerza por describir al detalle.


La Rosamond protagonista es una mujer fuerte, independiente, aunque quizá con una visión un tanto idealizada de la realidad, sobretodo cuando se trata de las personas a las que ella ama. Gracias a esta anciana, entre otras cosas igualmente interesantes, descubriremos que los gestos, que los hechos, pueden a veces tener más de una interpretación, dependiendo de la persona que nos lo cuente.


Del extenso elenco de personajes secundarios que campan a sus anchas por estas páginas, me gustaría destacar la figura de Gill, la sobrina de Rosamond, una persona de mediana edad decidida, de naturaleza sensible, en apariencia frágil, con dos hijas de las que se siente orgullosa, pero casada con un hombre que parece hacerle poco caso. Nos quedaremos con las ganas de seguir conociendo tras el fin de esta novela. Tal vez también ella merezca ser protagonista de su propia historia.


La lluvia antes de caer, en definitiva, es una novela de emociones, donde el autor, Jonathan Coe, se esfuerza en describir a la perfección, a través de los ojos de su protagonista, las costumbres y cambios a lo largo del siglo XX, en la sociedad y el paisaje inglés, la enorme fuerza de los lazos familiares, la fragilidad del ser humano y la importancia, al menos así yo lo veo, de apoyarse, de vez en cuando, en todas esas ilusiones que, aunque sepamos que no se harán realidad, nos hacen felices al pensar en ellas, como esa lluvia antes de caer que no sabemos que existe o no, pero que nos reconforta cuando la imaginamos.


Una foto no es tan sólo una imagen tomada en un instante de nuestras vidas. Las fotografías pueden esconder muchas historias que esperan a que nosotros las recordemos o las conozcamos. De igual manera, La lluvia antes de caer, esta interesante novela, está esperando a que la descubras.


Cristina Monteoliva


Conversando en diferido con ALBERTO GARCÍA SALIDO
22/06/2009 9:55:12

En La Biblioteca Imaginaria tenemos hoy el placer de entrevistar a Alberto García Salido, un joven autor que acaba de publicar su libro de relatos El tipo que escucha (la reseña un poco más abajo, como siempre).


Lo sé que todo el mundo resalta lo mismo de él, pero es inevitable comentar que Alberto, aparte de un excelente cuentista que demuestra su sensibilidad y su ingenio a través de su prosa, también es médico. ¿Qué como un médico se hace escritor o vicecersa? Intentaremos averiguarlo a través de las respuesta del autor. Sin más, aquí está la entrevista:


¿Cuándo empezaste a escribir?


No lo recuerdo con exactitud. De algún modo lo he estado haciendo desde que tengo “encendida” la memoria y he ido modificando lo que escribía en función de las “necesidades” mentales que tenía en el momento en el que lo hacía. De pequeño historias de aventuras, en la pubertad historias sinsentido, en el instituto poesías y relatos de una profundidad que no llegaba a entender y, ya en la facultad, relatos que no eran más que un conjunto de ideas que sin llevar a ningún sitio me proporcionaban una excusa para contar historias. En resumen: escribir he escrito siempre y no me importa haber olvidado cuando empezó todo. Lo importante, creo, es que empezó.


¿Dónde encuentras la inspiración?


En cualquier sitio y de cualquier persona. Escribo sobre lo que me rodea. Intento capturar situaciones cotidianas y aportar sobre ellas una visión diferente, transformar lo común en algo que no lo es tanto y hacer mucho más pequeña la línea que separa realidad de ficción. Me resulta interesante experimentar con algo muy simple, que parece no tener importancia, para crear mis relatos.


¿Dejarías la medicina por el oficio de escritor?


No lo sé. Tampoco sé si dejaría la escritura por la medicina. Ambas profesiones se complementan y la formación que consigo con una redunda en beneficio de la otra. El médico, a parte de saber qué medicamento utilizar o qué enfermedad sospechar, debe comunicarse con el paciente. Es ahí, en la comunicación, donde la capacidad de contar una historia resulta beneficiosa pues te permite adaptar el discurso para lograr una transferencia más efectiva. El médico usa palabras constantemente y en el cómo se usan puede que esté el secreto, el verdadero arte, de la medicina.


 


                           


 


¿Por qué “El tipo que escucha” y no cualquier otro título para este libro?


El escritor, al menos el tipo de escritor que yo quiero llegar a ser, debe “escuchar” aquello que tiene alrededor para luego crear historias, cambios, que realmente resulten interesantes. Después el lector debe emplear su tiempo en descubrir esa realidad encubierta sin darse cuenta de que lo que hace es “escuchar”. El título es un juego pues tanto el uno como el otro escuchan sin escuchar en realidad.


¿Qué cuento de este libro te ha costado más escribir?


Tengo que decir dos: “Reparar lo que otros han vendido antes” y “Mi primera jornada de trabajo”. Escribirlos no me llevó demasiado tiempo pero tuve que reescribirlos varias veces antes de estar contento con el resultado final. Al primero le tengo mucho cariño por las características del personaje principal y me apetecía ofrecerle en pocas páginas un origen cerrado y un final muy abierto. En cuanto al segundo, debido a que el tema sobre el que trata es bastante conocido, me preocupaba mostrar una visión irreal y al tiempo demasiado comprometedora para el lector. No sé si habré logrado evitar esto.


¿Te sientes identificado con alguno de tus personajes?


Me siento identificado con pequeños pedacitos de cada uno de los personajes que forman parte del libro. Soy todos y ninguno a la vez.


 


 


 


¿Te angustian las esperas?


No, esperar me parece un prologo y por lo tanto me gusta. En cuanto al relato que aparece en el libro y que habla sobre una espera  (“Quiero irme de aquí”) ésta la describí como algo verdaderamente angustioso por la gran incertidumbre que envuelve ese tipo de situaciones. Tan sólo hay que mirar a los ojos del que está sentado sobre esas sillas de plástico…


¿Qué pistas crees que dejamos escapar más a menudo?


Infinitas. Vamos demasiado rápido y pasan de largo. Actualmente la velocidad con la que nos movemos impide dar importancia real a lo que nos pasa. Trivializamos lo importante y consideramos imprescindibles multitud de hechos que son banales. Si prestáramos atención quizá nos iría un poco mejor. Esa es una de las ventajas que encuentro en la escritura. Cada párrafo queda ahí para siempre y si pasas por encima hay tiempo después para un nuevo vistazo y encontrar así pequeños detalles que pasaron por alto la primera vez.


¿Eres de los que hacen lo contrario de lo que se espera de ellos?


Sí y no; digamos que intento sorprender al que me conoce sin llegar a sorprenderle demasiado como para que quiera dejar de conocerme. Todos debemos hacer alguna vez lo contrario de lo que se espera y es en esos cambios de ritmo donde aprendemos, sin duda.


 


 


 


¿Qué esperas que encuentren los lectores en este libro?


Me conformo con que encuentren aún sin estar buscando. Con que tan sólo uno de los relatos suponga una pregunta o un motivo para pensar ya habré conseguido algo.


¿Tienes nuevos proyectos literarios en mente?


Actualmente estoy revisando una novela corta para comenzar a enviarla a concursos y editoriales. Del mismo modo continuaré intentando publicar los relatos inéditos que tengo ya escritos (en julio de 2009 la revista literaria “Fábula” va a publicar uno de mis relatos junto a una poesía). Al tiempo seguiré escribiendo microrrelatos y poesías en mi página personal (http://citopiensoluegoexisto.blogspot.com) mientras completo la residencia de pediatría y realizo, si puedo, alguna publicación médica que, y espero que mi jefe no lea esta entrevista, ya va siendo hora…


Muchas gracias, Alberto, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que tengas éxito en todas las facetas de tu vida, especialmente con este libro, El tipo que escucha, que nos ofreces.


Como siempre, gracias también a vosotros por seguir esta sección una semana más.


Cristina Monteoliva

EL TIPO QUE ESCUCHA. Alberto García Salido
22/06/2009 9:44:24

Título: El tipo que escucha


Autor: Alberto García Salido


Editorial: Alfasur


Págs: 88


Precio: 9 € 


El ser humano no puede ser una isla. Todos, hasta el más reservado de nosotros, necesitamos, al menos en un momento dado de nuestras vidas, alguien que nos escuche. El que escucha puede ser un sacerdote, un amigo o un desconocido con el que no temamos volcar nuestros pesares. Los médicos también escuchan. Últimamente he descubierto, gratamente, que algunos médicos, además, escriben. Éste es el caso de Alberto García Salido, el autor del El tipo que escucha, el libro de cuentos que trataremos a continuación.


El tipo que escucha no es otra cosa que un libro de relatos, como antes avanzábamos, compuesto por un total de trece cuentos y una pieza poética (más que pseudopoética, que es como el autor la califica) a manera de epílogo. Debe su nombre este libro precisamente a uno de estos relatos, especialmente significativo, pero que no por ello se sitúa como el primero que encontramos al abrir el libro, ni tampoco como último (pues, como ya hemos indicado antes, la obra se cierra con un poema).


¿Y qué vamos a descubrir en estos cuentos? ¿Qué tiene este libro de especial? Quizá mucho más de lo que pienses en un principio. Y es que gracias a estos relatos conoceremos historias que identificaremos como bastante cotidianas (“Las estrellas mismas de la creación”, “Quedan demasiado lejos”), aunque no por ello dejarán de resultarnos enormemente tristes e injustas; personajes que nunca hacen lo que se espera de ellos (“Cierta majestad en su forma”, “Reparar lo que otros han vendido antes”, “Dulces sueños”, “El tipo que escucha”), pues no está en su naturaleza, o situaciones que no son lo que parecen (“Agujero en la tierra”); la intensidad de la primera vez en algo, todas las emociones contradictorias que esto puede provocarnos (“Era la primera vez”, “Mi primera jornada de trabajo”) , para bien o para mal; la angustia de la espera que se hace eterna (“Quiero irme de aquí”, “Rodeado”), sobretodo para el que asiste en contra de su voluntad y desearía salir corriendo en dirección contraria; y, por último (siempre desde mi punto de vista, por supuesto), historias en las que el protagonista se da de bruces con una realidad que debería haber visto mucho antes (“Pistas”, “Siempre”), a veces cuando ya no se puede hacer nada para remediar las cosas. El colofón final lo pone “Si te mira fijamente”, una pieza poética que supone una especie de canto a la esperanza, al amor, a todo lo bueno que nos espera en la vida, y que no hace más que dejarnos un buen sabor de boca, como ese delicioso postre que nos sirven después de haber tomado un no menos grato almuerzo.


Podemos decir, en definitiva, que El tipo que escucha es un libro de cuentos lleno de historias cargadas de sentimiento, no excesivamente largas, y generalmente de final inesperado, como un soplo de aire fresco que se cuela por la ventana en un caluroso día de verano. Todas estas piezas, además, nos invitan a la reflexión, a que pensemos más allá de la lectura del cuento en cuestión. Se nota, por tanto, que el autor no sólo está interesado por componer relatos de buena prosa, bien estructurados y asequibles a todo tipo de público lector, sino también por lo que le rodea y le preocupa, ya sea esto divertido o triste. Por tanto, el tipo que escucha no es tan sólo el protagonista del relato número trece, esa especie de terapeuta que presta su oído a los tres actores angustiados que recurren a él; sino que en realidad lo somos nosotros, todos aquellos que nos zambullimos en estas páginas, todos los que al leer escuchamos, comprendemos, empatizamos para, finalmente, quedarnos con ganas de más.


No hay nada que hacer al respecto, por mucho que nos opongamos a ello: los seres humanos necesitamos ser escuchados, a la vez que los libros necesitan ser leídos. De este modo, sabrás que El tipo que escucha te está esperando, para que descubras todo lo bueno que hay en él y pases un buen rato durante su lectura. Anímate: estoy segura de que no te arrepentirás.


Cristina Monteoliva


NOTICIAS/PROMOCIÓNATE. Junio 2009 (VI)
22/06/2009 9:41:57

LOS PACKS-OFERTA DE JULIÁN SÁNCHEZ


PACK 1 DE OFERTAS


JULIÁN SÁNCHEZ


ESCRITOR, CRÍTICO MUSICAL Y PERIODISTA


*VENIDOS DEL MIEDO-Microcuentos de fantasía, terror y miedo- Ed. Páginas de Espuma, Madrid.


*VAN CONTRA EL PUNK Y CONTRA TANTAS OTRAS COSAS-ensayo sociomusical -Ed. El Baile del Sol, Canarias.


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¡LOS DOS POR 20 EUROS!
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PACK 2 DE OFERTAS


JULIÁN SÁNCHEZ


ESCRITOR, CRÍTICO MUSICAL Y PERIODISTA


*FIGURANDO EN EL PAISAJE-cuentos- Ed. Baile del Sol, Canarias.


*GALIMATÍAS DE LA VIDA-aforismos- Ed. VOSA, Madrid.


*A PESAR DE TODO LA CERVEZA NO ENMUDECE-poesía- Ed. Celya, Salamanca.


*Aquí abajo, hermano, hay un paraíso-microcuentos


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¡LOS 4 POR 20 EUROS! 


+ 5 euros por gastos de envío 


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MARUJA TORRES, EN EL PÚBLICO LEE


La escritora y periodista Maruja Torres, autora de “Esperadme en el cielo”, obra ganadora del Premio Nadal de Novela 2009, es la invitada al programa EL PÚBLICO LEE, que presenta Jesús Vigorra y que se emite el domingo 28 de junio en CANAL SUR 2 a partir de las 19:30 horas.


Si quieres conocer los contenidos del programa o dejar tu opinión, entra en http://blogs.canalsur.es/elpublicolee/


 Si quieres ver por internet en TV a la carta programas ya emitidos de EL PÚBLICO LEE entra en


 http://www.radiotelevisionandalucia.es/tvcarta
En estos momentos están disponibles los programas de;  José Enrique Ruiz-Domènec, con "España, una nueva historia" y Andrés Trapiello, con "Los confines" y Martín Casariego, con "La jauría y la niebla" (nuevo).
 Además, hemos recuperado el programa en el que estuvo como invitado María Vargas Llosa, con su obra "Travesuras de la niña mala", emitido el 4 de julio de 2006. Este programa permanecerá en esta página durante todo el mes de junio.
Que lo difundas y lo disfrutes
 
Salud y saludos
el público lee



EL PÚBLICO LEE SE EMITE 


Canal Sur 2 - Domingos, 19:30 horas; Martes: 00:45 horas; Miércoles: 11:00 horas


Andalucía TV - Sábados: 17:20 horas; Martes: 01:25 horas


TV a la carta (internet): www.radiotelevisionandalucia..es/


 


LOS AMANTES DEL HOTEL TIRANA


María José de Acuña nos ha pedido que nos hagamos eco de esta noticia:


LA SOLEDAD DE LOS VENTRÍLOCUOS. Matías Candeira
22/06/2009 9:39:37

Título: La soledad de los ventrílocuos


Autor: Matías Candeira


Editorial: Tropo Editores


Págs: 175


Precio: 15 €


Hay escritores que no conciben una literatura que no sea capaz de remover algo en el lector, que no altere la circulación sanguínea. Ejemplos de escritura y de libros publicados bajo la consigna del “ni fu ni fa”, y que como hojarasca caen más pronto que tarde bajo la escoba del tiempo, no faltan. En este volumen de catorce relatos y una de deudas, usted, a quien dios guarde muchos años, encontrará la excelentísima e ilustrísima corrección formal, estructural y estilística del perfecto tallerista. Es un libro que no incendia la sangre, pero por él corren los aceites sintéticos de base mineral que mueven los actuadores de sus autómatas. Aunque nadie podrá decir que pertenece a la corriente de los sin alma, que cabe en el saco de lo “light”. Y no precisamente porque los textos busquen ser amigables, ni porque a toda costa se vea un esfuerzo del autor por sintonizar a la frecuencia de resonancia donde vibran las cuerdas sensibles del lector, sino quizá, por todo lo contrario. “La soledad de los ventrílocuos” es un título que describe a la perfección lo que uno puede encontrar: un muro, una interface fría, alejada de cualquier atisbo de “amigabilidad”,  que pone una distancia abismal entre autor y lector. Matías Candeira sella las juntas con flema británica. Y el efecto más parecido es el de esa broma cuartelera consistente en llenarle a uno de migas de pan duro la cama, la molestia menor de esos pinchazos que terminan impidiendo conciliar el sueño, que lo dejan a uno en un fronterizo duermevela. 


Partimos de una escritura transparente, limpia, totalmente comprensible, y sin embargo transitamos un paisaje de historias extrañas (¿se puede imaginar un bombardeo con flores como el que se da en “Flores, señor”?), ajenas, sin asideros espaciales o temporales que permitan la tranquila seguridad de lo reconocible.   Al final el lector llega a su destino, y pone pie, pero el apeadero no le resulta del todo seguro. Es cierto que está satisfecho, eso sí, de que le han contado una historia completa, consistente, creíble en su incredulidad, pero  con la incierta sensación estomacal que le deja a uno flotando el viajero demasiado silencioso, o críptico, que iba en nuestro mismo compartimiento. Esa difícil capacidad para satisfacer al lector, pero al mismo tiempo generarle una inquietud indefinible que no es miedo, que no es angustia, que no es contrariedad, pero que es molesta, parece manejarla Matías Candeira con la mayor maestría en “Al final de Sara”. También en el tercer relato, el que da título al volumen: “La soledad de los ventrílocuos”. Si echo mano del desgastado recurso de la unidad de efecto de la que hablaba Poe,  esta obra desde luego es un ejemplo digno.


La segunda parte del volumen, de las tres que consta, transita hacia un terreno menos movedizo, más “realista” dentro de lo surreal. En “Fuegos en la oscuridad” hay una historia que se puede hilvanar: tío Falco, un antiguo mago se está muriendo en una pensión junto a su sobrino y la que puede ser novia del sobrino. Pero ni por esas, de nuevo nos quedamos sin saber, tío Falco/Candeira nos deja con dos palmos de narices (p. 75, “Cada cual tiene su momento de acabar el número, queridos sobrinos. Habría muchas cosas que querría deciros ahora.” Y ahí queda la cosa). Al final tío Falco expira y no sabemos si lo suyo, su número final ha sido una broma, o encierra algún arcano no apto para lectores poco avezados que se dedican a comentar los libros de otros. De cualquier forma subyace una sensación agridulce, de cotilleo truncado porque hablando del rey de Roma por la puerta asoma ese/a mismo/a  a quien estábamos cortándole el traje y el narrador-cotilla se calla…


Un trozo de otra mujer” ya es plenamente “normal” narratológicamente hablando, en el sentido de que el relato no deja herida sin su punto de sutura (y no precisamente porque el protagonista sea forense). Quiero decir, que el lector tiene la posibilidad de tenerlo todo bien atado cuando pasa la página, respira tranquilo, no le sobrevuela el moscardón de la duda. Aunque no por ello la anécdota, lo que se cuenta, sea baladí ni deje de asombrarnos. “Los que esperan” sigue en la misma línea de satisfacer al lector que quiere las cosas en su sitio, pero además hay un punto poético disimulado, tierno invisible, en la historia, que la favorece. Si tengo que elegir uno me quedo con “Insectos”, esa demostración de que está tan preparado para este tipo de historias que discurren en nuestra dimensión espacio temporal como para las otras, las “creacionistas made in Candeira” . Y como si el autor nos preparara para el siguiente bloque, el que contiene los tres relatos más oscuros, nos ofrece un relato de tránsito, “La segunda vida”, el más largo de todos, cuarenta y una páginas en las que demuestra su buena puntería también en las distancias menos cortas. Fascina y pone verde de envidia a partes iguales, esa extraordinaria capacidad fabulatoria para la construcción de un universo borroso y personal. Casi se puede sentir la humedad, señalada en algunos relatos, pero aquí ciertamente palpable. Parece normal esa pelusilla de algas que lucen los personajes. Cómo se acostumbra uno a estas cosas, cómo se deja enredar no lo sé.


Los tres primeros relatos del  bloque tercero y último para mi gusto me han resultado crípticos, no he sido capaz de penetrar más allá de la corteza, por ejemplo en “Subsuelo”, de cualquier modo inquietante. Pero como si el autor hubiera querido dejarme el mejor de los sabores de boca posibles, me ha ofrecido la guinda en forma de “El hombre en el barreño”. Por un momento llegará a aceptar como lo más normal y apetecible del mundo esa consigna de vivir en un entorno placentario. Pura magia literaria. O ilusionismo. ¿No es también un ventrílocuo un ilusionista que se saca la voz del estómago? De dónde saca Matías Candeira su portentosa  capacidad ficcional no lo sé. Tampoco me atrevería a preguntárselo, no sea que me responda con una voz impostada.


José Cruz Cabrerizo


EL PASEANTE DE LAS DOS ORILLAS. Guillaume Apollinaire
22/06/2009 9:36:31

Título: El paseante de las dos orillas


Autor: Guillaume Apollinaire


Traducción y notas: Elena Fons y Jérôme Gauchet


Epílogo: J.Ignacio Velázquez


Editorial: El olivo azul


Págs: 104


Precio: 16 €


Durante los primeros años del siglo XX el mundo del arte vivió una época de convulsiones y cambios, de reestructuraciones y desafíos a lo establecido. Esta época se conoce como las vanguardias. Una figura fundamental en este período fue Guillaume Apollinaire.


Poeta, narrador, ensayista, Apollinaire creó obras fundamentales para entender este período en la Historia del arte, como «Alcoholes» (1913) o «Caligramas» (1918) en poesía o «La pintura moderna» (1913) en ensayo.


En este libro, «El paseante de las dos orillas» (publicada de forma póstuma en 1918), Apollinaire refleja en prosa el mapa de París, de su París, la capital del mundo en el momento. Como indica J.Ignacio Velázquez en el epílogo “formalmente, se trata de un collage […] que consiste básicamente en la yuxtaposición de elementos tomados de la realidad en estado bruto, dentro de un único espacio creativo” (p.98).


Este paseo no es simplemente físico, no sólo es la relación de lo que un paseante va encontrando por las calles por donde va, sino también intelectual, por sus recuerdos, por su memoria, una recuperación de sus vivencias, porque siempre aparece su primera persona, en todo, es el hilo que une todos los retazos: “el poeta nos ha regalado su memoria, la riqueza de sus recuerdos filtrados por el tiempo” (p.102).


Esta recuperación está cargada de un intenso lirismo, sobresale la melancolía en cada uno de los párrafos, pero también el humor, y sobre todo, la ironía (aunque ciertos comentarios necesitarían un mayor conocimiento de la situación de la época, de los nombres, de los gustos de Apollinaire, para saber cuánto de ironía hay en esos comentarios).


Así como el ambiente artístico de París, de su París: poetas, pintores… desde Baudelaire a Jarry, pasando por Picasso o Cezanne… porque Apollinaire juega con los espacios y los tiempos, mezcla “la vida real con las imaginarias” (p.102), fusionándolo todo en ese presente desde el que escribe. También destaca Velázquez con acierto en el epílogo la cercanía del pulso de la prosa de Apollinaire con el tono conversacional.


En el plano de la edición, «El paseante de las dos orillas» contiene fotografias, grabados y textos que complementan el texto de Apollinaire y que facilitan al lector, en cierta manera, la comprensión de la obra.


Estamos ante el rescate de una obra curiosa, un texto interesante que nos refleja un entorno, el París de principios del siglo XX, nos habla de una época, la de las vanguardias, y de un autor fundamental para entender este período, Guillaume Apollinaire.


Raúl Rubio Millares


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