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Título: El paseante de las dos orillas
Autor: Guillaume Apollinaire
Traducción y notas: Elena Fons y Jérôme Gauchet
Epílogo: J.Ignacio Velázquez
Editorial: El olivo azul
Págs: 104
Precio: 16 €
Durante los primeros años del siglo XX el mundo del arte vivió una época de convulsiones y cambios, de reestructuraciones y desafíos a lo establecido. Esta época se conoce como las vanguardias. Una figura fundamental en este período fue Guillaume Apollinaire.
Poeta, narrador, ensayista, Apollinaire creó obras fundamentales para entender este período en la Historia del arte, como «Alcoholes» (1913) o «Caligramas» (1918) en poesía o «La pintura moderna» (1913) en ensayo.
En este libro, «El paseante de las dos orillas» (publicada de forma póstuma en 1918), Apollinaire refleja en prosa el mapa de París, de su París, la capital del mundo en el momento. Como indica J.Ignacio Velázquez en el epílogo “formalmente, se trata de un collage […] que consiste básicamente en la yuxtaposición de elementos tomados de la realidad en estado bruto, dentro de un único espacio creativo” (p.98).
Este paseo no es simplemente físico, no sólo es la relación de lo que un paseante va encontrando por las calles por donde va, sino también intelectual, por sus recuerdos, por su memoria, una recuperación de sus vivencias, porque siempre aparece su primera persona, en todo, es el hilo que une todos los retazos: “el poeta nos ha regalado su memoria, la riqueza de sus recuerdos filtrados por el tiempo” (p.102).
Esta recuperación está cargada de un intenso lirismo, sobresale la melancolía en cada uno de los párrafos, pero también el humor, y sobre todo, la ironía (aunque ciertos comentarios necesitarían un mayor conocimiento de la situación de la época, de los nombres, de los gustos de Apollinaire, para saber cuánto de ironía hay en esos comentarios).
Así como el ambiente artístico de París, de su París: poetas, pintores… desde Baudelaire a Jarry, pasando por Picasso o Cezanne… porque Apollinaire juega con los espacios y los tiempos, mezcla “la vida real con las imaginarias” (p.102), fusionándolo todo en ese presente desde el que escribe. También destaca Velázquez con acierto en el epílogo la cercanía del pulso de la prosa de Apollinaire con el tono conversacional.
En el plano de la edición, «El paseante de las dos orillas» contiene fotografias, grabados y textos que complementan el texto de Apollinaire y que facilitan al lector, en cierta manera, la comprensión de la obra.
Estamos ante el rescate de una obra curiosa, un texto interesante que nos refleja un entorno, el París de principios del siglo XX, nos habla de una época, la de las vanguardias, y de un autor fundamental para entender este período, Guillaume Apollinaire.
Raúl Rubio Millares

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