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Título: El tipo que escucha
Autor: Alberto García Salido
Editorial: Alfasur
Págs: 88
Precio: 9 €
El ser humano no puede ser una isla. Todos, hasta el más reservado de nosotros, necesitamos, al menos en un momento dado de nuestras vidas, alguien que nos escuche. El que escucha puede ser un sacerdote, un amigo o un desconocido con el que no temamos volcar nuestros pesares. Los médicos también escuchan. Últimamente he descubierto, gratamente, que algunos médicos, además, escriben. Éste es el caso de Alberto García Salido, el autor del El tipo que escucha, el libro de cuentos que trataremos a continuación.
El tipo que escucha no es otra cosa que un libro de relatos, como antes avanzábamos, compuesto por un total de trece cuentos y una pieza poética (más que pseudopoética, que es como el autor la califica) a manera de epílogo. Debe su nombre este libro precisamente a uno de estos relatos, especialmente significativo, pero que no por ello se sitúa como el primero que encontramos al abrir el libro, ni tampoco como último (pues, como ya hemos indicado antes, la obra se cierra con un poema).
¿Y qué vamos a descubrir en estos cuentos? ¿Qué tiene este libro de especial? Quizá mucho más de lo que pienses en un principio. Y es que gracias a estos relatos conoceremos historias que identificaremos como bastante cotidianas (“Las estrellas mismas de la creación”, “Quedan demasiado lejos”), aunque no por ello dejarán de resultarnos enormemente tristes e injustas; personajes que nunca hacen lo que se espera de ellos (“Cierta majestad en su forma”, “Reparar lo que otros han vendido antes”, “Dulces sueños”, “El tipo que escucha”), pues no está en su naturaleza, o situaciones que no son lo que parecen (“Agujero en la tierra”); la intensidad de la primera vez en algo, todas las emociones contradictorias que esto puede provocarnos (“Era la primera vez”, “Mi primera jornada de trabajo”) , para bien o para mal; la angustia de la espera que se hace eterna (“Quiero irme de aquí”, “Rodeado”), sobretodo para el que asiste en contra de su voluntad y desearía salir corriendo en dirección contraria; y, por último (siempre desde mi punto de vista, por supuesto), historias en las que el protagonista se da de bruces con una realidad que debería haber visto mucho antes (“Pistas”, “Siempre”), a veces cuando ya no se puede hacer nada para remediar las cosas. El colofón final lo pone “Si te mira fijamente”, una pieza poética que supone una especie de canto a la esperanza, al amor, a todo lo bueno que nos espera en la vida, y que no hace más que dejarnos un buen sabor de boca, como ese delicioso postre que nos sirven después de haber tomado un no menos grato almuerzo.
Podemos decir, en definitiva, que El tipo que escucha es un libro de cuentos lleno de historias cargadas de sentimiento, no excesivamente largas, y generalmente de final inesperado, como un soplo de aire fresco que se cuela por la ventana en un caluroso día de verano. Todas estas piezas, además, nos invitan a la reflexión, a que pensemos más allá de la lectura del cuento en cuestión. Se nota, por tanto, que el autor no sólo está interesado por componer relatos de buena prosa, bien estructurados y asequibles a todo tipo de público lector, sino también por lo que le rodea y le preocupa, ya sea esto divertido o triste. Por tanto, el tipo que escucha no es tan sólo el protagonista del relato número trece, esa especie de terapeuta que presta su oído a los tres actores angustiados que recurren a él; sino que en realidad lo somos nosotros, todos aquellos que nos zambullimos en estas páginas, todos los que al leer escuchamos, comprendemos, empatizamos para, finalmente, quedarnos con ganas de más.
No hay nada que hacer al respecto, por mucho que nos opongamos a ello: los seres humanos necesitamos ser escuchados, a la vez que los libros necesitan ser leídos. De este modo, sabrás que El tipo que escucha te está esperando, para que descubras todo lo bueno que hay en él y pases un buen rato durante su lectura. Anímate: estoy segura de que no te arrepentirás.
Cristina Monteoliva

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