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En La Biblioteca Imaginaria tenemos hoy el placer de entrevistar a Alberto García Salido, un joven autor que acaba de publicar su libro de relatos El tipo que escucha (la reseña un poco más abajo, como siempre).
Lo sé que todo el mundo resalta lo mismo de él, pero es inevitable comentar que Alberto, aparte de un excelente cuentista que demuestra su sensibilidad y su ingenio a través de su prosa, también es médico. ¿Qué como un médico se hace escritor o vicecersa? Intentaremos averiguarlo a través de las respuesta del autor. Sin más, aquí está la entrevista:
¿Cuándo empezaste a escribir?
No lo recuerdo con exactitud. De algún modo lo he estado haciendo desde que tengo “encendida” la memoria y he ido modificando lo que escribía en función de las “necesidades” mentales que tenía en el momento en el que lo hacía. De pequeño historias de aventuras, en la pubertad historias sinsentido, en el instituto poesías y relatos de una profundidad que no llegaba a entender y, ya en la facultad, relatos que no eran más que un conjunto de ideas que sin llevar a ningún sitio me proporcionaban una excusa para contar historias. En resumen: escribir he escrito siempre y no me importa haber olvidado cuando empezó todo. Lo importante, creo, es que empezó.
¿Dónde encuentras la inspiración?
En cualquier sitio y de cualquier persona. Escribo sobre lo que me rodea. Intento capturar situaciones cotidianas y aportar sobre ellas una visión diferente, transformar lo común en algo que no lo es tanto y hacer mucho más pequeña la línea que separa realidad de ficción. Me resulta interesante experimentar con algo muy simple, que parece no tener importancia, para crear mis relatos.
¿Dejarías la medicina por el oficio de escritor?
No lo sé. Tampoco sé si dejaría la escritura por la medicina. Ambas profesiones se complementan y la formación que consigo con una redunda en beneficio de la otra. El médico, a parte de saber qué medicamento utilizar o qué enfermedad sospechar, debe comunicarse con el paciente. Es ahí, en la comunicación, donde la capacidad de contar una historia resulta beneficiosa pues te permite adaptar el discurso para lograr una transferencia más efectiva. El médico usa palabras constantemente y en el cómo se usan puede que esté el secreto, el verdadero arte, de la medicina.

¿Por qué “El tipo que escucha” y no cualquier otro título para este libro?
El escritor, al menos el tipo de escritor que yo quiero llegar a ser, debe “escuchar” aquello que tiene alrededor para luego crear historias, cambios, que realmente resulten interesantes. Después el lector debe emplear su tiempo en descubrir esa realidad encubierta sin darse cuenta de que lo que hace es “escuchar”. El título es un juego pues tanto el uno como el otro escuchan sin escuchar en realidad.
¿Qué cuento de este libro te ha costado más escribir?
Tengo que decir dos: “Reparar lo que otros han vendido antes” y “Mi primera jornada de trabajo”. Escribirlos no me llevó demasiado tiempo pero tuve que reescribirlos varias veces antes de estar contento con el resultado final. Al primero le tengo mucho cariño por las características del personaje principal y me apetecía ofrecerle en pocas páginas un origen cerrado y un final muy abierto. En cuanto al segundo, debido a que el tema sobre el que trata es bastante conocido, me preocupaba mostrar una visión irreal y al tiempo demasiado comprometedora para el lector. No sé si habré logrado evitar esto.
¿Te sientes identificado con alguno de tus personajes?
Me siento identificado con pequeños pedacitos de cada uno de los personajes que forman parte del libro. Soy todos y ninguno a la vez.
¿Te angustian las esperas?
No, esperar me parece un prologo y por lo tanto me gusta. En cuanto al relato que aparece en el libro y que habla sobre una espera (“Quiero irme de aquí”) ésta la describí como algo verdaderamente angustioso por la gran incertidumbre que envuelve ese tipo de situaciones. Tan sólo hay que mirar a los ojos del que está sentado sobre esas sillas de plástico…
¿Qué pistas crees que dejamos escapar más a menudo?
Infinitas. Vamos demasiado rápido y pasan de largo. Actualmente la velocidad con la que nos movemos impide dar importancia real a lo que nos pasa. Trivializamos lo importante y consideramos imprescindibles multitud de hechos que son banales. Si prestáramos atención quizá nos iría un poco mejor. Esa es una de las ventajas que encuentro en la escritura. Cada párrafo queda ahí para siempre y si pasas por encima hay tiempo después para un nuevo vistazo y encontrar así pequeños detalles que pasaron por alto la primera vez.
¿Eres de los que hacen lo contrario de lo que se espera de ellos?
Sí y no; digamos que intento sorprender al que me conoce sin llegar a sorprenderle demasiado como para que quiera dejar de conocerme. Todos debemos hacer alguna vez lo contrario de lo que se espera y es en esos cambios de ritmo donde aprendemos, sin duda.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en este libro?
Me conformo con que encuentren aún sin estar buscando. Con que tan sólo uno de los relatos suponga una pregunta o un motivo para pensar ya habré conseguido algo.
¿Tienes nuevos proyectos literarios en mente?
Actualmente estoy revisando una novela corta para comenzar a enviarla a concursos y editoriales. Del mismo modo continuaré intentando publicar los relatos inéditos que tengo ya escritos (en julio de 2009 la revista literaria “Fábula” va a publicar uno de mis relatos junto a una poesía). Al tiempo seguiré escribiendo microrrelatos y poesías en mi página personal (http://citopiensoluegoexisto.blogspot.com) mientras completo la residencia de pediatría y realizo, si puedo, alguna publicación médica que, y espero que mi jefe no lea esta entrevista, ya va siendo hora…
Muchas gracias, Alberto, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Espero que tengas éxito en todas las facetas de tu vida, especialmente con este libro, El tipo que escucha, que nos ofreces.
Como siempre, gracias también a vosotros por seguir esta sección una semana más.
Cristina Monteoliva |