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Título: Voracidad
Autor: Juan Bas
Editorial: Ediciones B
Págs: 240
Precio: 13 €
Todos tenemos alguna debilidad gastronómica, algún plato o alimento que hace que arrasemos con él nada más tenerlo delante de nuestras narices, de forma inevitable. Hay personas, que, sin embargo, no tienen control con ningún tipo de comida. Y yendo más allá, podemos decir que hay algunos que no sólo devoran los alimentos, sino, metafóricamente hablando, todo lo que tienen alrededor, impulsados por una terrible fuerza que llamamos voracidad. Precisamente así, Voracidad, se titula la novela de Juan Bas de la que hoy hablaremos.
Pacho Murga Bustamante despierta después de dos años de un coma que le produjo una terrible intoxicación alimentaria. El mundo ha cambiado bastante en este tiempo, especialmente el más cercano a nuestro protagonista. Así, Pacho tendrá que adaptarse a las nuevas circunstancias, esas en las que ya no es un hombre acomodado de Bilbao y ni siquiera tiene donde caerse muerto. Menos mal que en su camino se cruza Ricardo, un tipo siniestro, con un terrible pasado, en el que, sin embargo, Pacho puede confiar.
Antes de continuar, he de indicar que Voracidad es el segundo libro de aventuras y desventuras de Pacho, este hombre bilbaíno de mediana edad venido a menos. Pero tranquilos, amigos, que este libro se entiende perfectamente de forma independiente, sin haber leído antes Alacranes en su tinta, el primer libro de lo que Juan Bas promete ser una trilogía. De hecho, yo no he leído la primera parte, que si se cumpliera ese discutible dicho que anuncia que segundas partes nunca fueron buenas, he de pensar que tiene que ser una historia al menos tan genial como ésta. Pero centrémonos en Voracidad, que es el libro que yo sí he revisado y que puedo decir que no tiene desperdicio alguno.
Dicho esto, sigamos: el protagonista y narrador de Voracidad no es otro que Pacho Murga Bustamante, ese hombre que intenta sobrevivir a toda costa en un mundo terriblemente hostil después de despertar del coma. Se trata éste de un hombre de gustos refinados (o al menos así era antes de su accidente culinario), gran lector, cinéfilo empedernido, de sentido del humor ácido, un tanto enamoradizo, y con una opinión muy concreta de la política de España y el Pais Vasco, la Iglesia y ese opio del pueblo al que llamamos televisión. Gracias a él conoceremos situaciones de lo más estrambóticas, personajes increíblemente estrafalarios, prácticamente lo mejor y lo peor del ser humano y de esta España en la que vivimos (porque, no nos engañemos: la visión de Pacho no es muy distinta a la que muchos de nosotros podríamos tener, colorismo “freaky” incluído), en esta historia que cuando comienza no tendremos ni idea de cómo va a terminar.
El elenco de personajes secundarios, como ya indicábamos, no puede ser más singular y variado: un viudo siniestro que escribe guiones televisivos, prostitutas enamoradas, viejas nacionalistas vascas más que chifladas, agentes artífices de la telebasura, comedores compulsivos que no conocen el límite… Especialmente divertido para el lector será reconocer en numerosos nombres ficticios a algunos personajes de nuestro mundo real, así como algunas de las cosas que quizá hayan hecho también en nuestra esfera, o que podrían llegar a hacer. Y es que la feroz crítica de Pacho Murga Bustamante no sólo se quedará en su mundo de papel, sino que también llegará al nuestro, haciendo que, al menos, nuestras neuronas se pongan en marcha y miremos a nuestro alrededor con otra perspectiva.
Voracidad, en conclusión, es una historia terriblemente corrosiva e inteligente, llena de sarcasmo e ironía, en la que pasaremos del la risa al más terrible de los horrores casi sin darnos cuenta, una historia de almas que sucumben a la voracidad por los alimentos, por el sexo y por el poder, pues, al fin y al cabo, la debilidad forma parte de nuestra naturaleza. Pero este libro también nos habla de otro tipo de fueraza irrefrenable, de otro tipo de voracidad: la que el propio destino ejerce sobre algunos de los seres humanos, esa manera de cebarse con algunos de nosotros, hasta los puntos más insospechados.
Está claro que el hombre, el ser humano, no tiene medida. Todos tenemos nuestro pequeño o gran punto de “voracidad”, ese impulso irrefrenable de arrasar con algo o con alguien, o con todo a la vez. De igual manera, estoy segura de que cuando abráis las páginas de este libro, no podréis dejar de devorarlo con la misma palabra que le da título, Voracidad. ¿Os lo vais a pensar?
Cristina Monteoliva

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