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¿Cómo nace “Pero sigo siendo el rey”?
Desde hace años quería escribir una novela que hablara de España, de la España que conozco y de la que formo parte, después de veinte años aquí. También llevaba tiempo con ganas de escribir el primer “caso” para mi propio detective, Txema Arregui, que camina desde hace mucho tiempo, esperando su momento. Un día esas dos necesidades se encontraron y surgió la novela…
Las situaciones de la novela me recuerdan mucho a la película “Amanece que no es poco”. Es totalmente surrealista todo lo que ocurre en la novela ¿a qué se debe este punto de vista para contar tu historia?
Me lo han dicho ya en varias ocasiones y suelo responder lo mismo: si la novela recuerda a “Amanece que no es poco” y yo quería contar mi España, será tal vez porque esa película define más de esa España que cinco tomos de sociología y cuatro de historia. En realidad, no creo que todo lo que ocurre en la novela sea surrealista. Hay una parte, la segunda del libro, que usa ese lenguaje para hablar de cosas de de otro modo sonarían a moraleja y coñazo: la España frenada a doscientos metros de muchas autovías, la guerra civil que sigue sin acabar para mucha gente, o la gloriosa sensación de país a medio hacer que te asalta en cualquier esquina. Todo esto visto desde dentro, con cariño. En mi primera novela, “Camino de ida”, uno de los personajes que también aparecen aquí, Soldati, señalaba que en España se sentía como en la Argentina, “porque acá también lo atan todo con alambre”. El surrealismo de la primera y la tercera parte del libro es de otro origen, es el que te encuentras cada mañana o cada noche si paseas por mi barrio, Lavapiés…
¿Cómo se te ocurrió meter en este fregado al Rey?
Hay dos motivos básicos. Uno es que desde que vine a vivir aquí y, como periodista estudié la biografía de los personajes relevantes en la política y la cultura española, me llamó la atención del rey ese momento, cuando con diez años de edad, su familia decide confiar a Franco su educación, es decir su futuro. Me imaginaba a un niño de diez años, en 1948, que jugaba en la playa de Estoril y de pronto es nombrado príncipe de nada… También está el hecho de que el Rey formaba parte de la historia vital de Arregui, que ya dejé ver en “Matar y guardar la ropa”. Cinco años antes de la acción de “Pero sigo…”, un Arregui que aún era policía salva al Rey casi por casualidad de un secuestro, y eso le cambia la vida, porque el mismo día dos yonquis anacrónicos matan a la mujer que amaba para robarle el bolso. Así que cuando ideaba el primer libro de Arregui me dije, ¿por qué no hacer que vuelva a encontrarse con el Rey? Y el contraste entre el anciano con entusiasmo de niño y el hombre aún joven pero que ya comienza temer a la vejez, me pareció fascinante…

Novela negra-surrealista ¿te parece bien es denominación?
La verdad, no. Pero cuando uno escribe una novela no es dueño de la percepción que tengan los lectores. Y los críticos y los que escriben reseñas, al menos los que a mí me gustan, son ante todo lectores. Así que admito cualquier denominación que se quiera utilizar. Sólo me molesta un poco cuando califican mis escritos como de “parodia” porque no es lo que hago. De hecho, tengo escritas algunas parodias y en ellas no cabe la ternura ni la melancolía. En mis novelas publicadas, creo que sí. Otra cosa es que use el humor del absurdo cotidiano para contar, sin letreros indicadores, otras cosas. Por ejemplo, en esta novela hablo mucho del miedo a envejecer, del temor a que el tiempo nos frene, pero lo hago con algo de humor, para no resultar pedante. Suelo decir, y no para provocar, que el humor tiene muchos efectos secundarios positivos, pero el principal es que combate la solemnidad en la literatura. Y, desde mi punto de vista, la solemnidad mata al arte, o evita que se le ponga dura…
¿Cómo llegaste a la novela negra como escritor?
La novela negra es el género más generoso que existe, porque no te pide nada y te da todas las posibilidades. Por lo general, sucede dentro de una situación límite, y ese es un escenario ideal para llevar al extremo a los personajes. En una crisis uno es quien suele ser, pero también todos los otros que ha sido o podría ser. Además, y en contra de opiniones más importantes que la mía, sostengo que la novela negra es, sobre todo, una novela de personajes. Es inevitable que reflejes. En mayor o menor medida, la sociedad en la que ocurre, pero para mí, lo que importa en una novela negra es el personaje y lo que le ocurre, que siempre está condicionado por su tiempo o por su historia. Hace poco releía “Ocho millones de maneras de morir”, de Block, y volvió a maravillarme, pero no tanto por lo que cuenta de la prostitución o de una ciudad como Nuevas York, en la que la vida no vale nada, como por la lucha de Matthew Scudder con la culpa y el alcohol, esa pelea desigual por mantener un código de decencia que sólo le vale a él, porque es el suyo…
No parodias pero retratas. En el fondo las rivalidades políticas, las sinfonías perdidas o el olvido del pasado ¿es todo parte del lado surrealista de la vida?
Sin ninguna duda, basta leer los diarios o asomarse a la ventana. En los veinte años que llevo aquí, España ha cambiado tanto que por momentos vuelve a parecer la misma de cuando llegué a Barajas por primera vez y tiré de la cadena del váter en el baño del aeropuerto, para ver si lo de Corilis era verdad.
Cameo prodigioso de Paco Ignacio Taibo II ¿Por qué?
Porque soy un forofo violento de su detective Belascoarán, que para mí es uno de los más logrados que he leído, a la altura de Marlowe o el injustamente olvidado Lew Archer de Ross Mac Donald. Y porque me gustaría llegar a ser como Paco: un tipo con docenas de libros, que sigue entusiasmándose con el nuevo que escribe como si fuera el primero. Además, lo de la capacidad para adivinar la procedencia de las cocacolas es cierto. Aunque yo lo exageré un poco en la novela, pero no demasiado…

Txema Arregui es el típico detective arrogante y gris ¿es necesaria tanta tristeza par ser un buen detective de novela negra?
Admito que, además de “Taibiano”, soy profundamente Chandleriano. Y Arregui es un sobrino vasco de Marlowe. Creo que su arrogancia es aparente, en realidad Arregui es un tipo brillante a su manera, pero que se siente gris por dentro. Un hombre frenado, como asume en un momento de la novela, que teme no poder seguir siendo el que eligió ser. El título, “Pero sigo siendo el rey”, va más por Arregui que por Juan Carlos. Soy un ferviente defensor del detective privado como figura literaria, porque encarna al vecino de al lado que hace lo que yo no me atrevo a hacer. Y no tiene el amparo de un cargo oficial ni el respaldo del Estado. Sólo sabe está seguro de cuatro cosas pero es capaz de llegar hasta el final para defenderlas…
Los disfraces son una metáfora de la propia pérdida de la identidad y su búsqueda en Txema. (el Rey por su lado disfruta por un lado siendo totalmente otro, perdiendo momentáneamente su identidad). ¿Qué opinas?
Creo que sí, pero en Txema los disfraces son también una vía de escape para ser otro por un rato, una diversión de niño que no le pega nada al Arregui que rompe narices o se enfrenta a poderes mayores. Eso, como su falta de decisión para enfrentar el amor, son indicios de que este hombre fuerte y decidido es también un crío con miedo a despertar una mañana y descubrir que se ha vuelto viejo…
No puedo dejar de comentarte que “Buster”, el Ministro de Interior de tu novela le pega a la perfección al Ministro Rubalcaba. ¿Qué opinas?
Podría ser. Es curioso ver a gente de origen progresista al frente de un ministerio como el de Interior. “Buster” representa para mí al político que intenta no cambiar en lo esencial los ideales que lo llevaron hasta donde está, pero se vigila todo el tiempo en los espejos para ver si no ha cambiado sin darse cuenta…
¿Tienes algún personaje más que vaya a crecer como lo hizo Txema Arregui?
Sí. Hay toda una serie de novelas en torno al Poe, un ex escritor borrachín y cínico al que se le pegan todos los locos que andan sueltos por Madrid, que acabará por cruzarse con Arregui y hasta puede que acabe trabajando junto a él en algún caso. Por lo pronto, aparecerá en breve como protagonista de la mayoría de los cuentos de mi próximo libro
“Yo lloré con Terminator 2 (Relatos de cerveza-ficción)”

¿Qué lees en estos días?
Suelo leer varios libros al mismo tiempo. Ahora estoy acabando con la excelente “Sé que mi padre decía”, de Willy Uribe, y con “1969”, de Jerónimo Tristante, que también me ha fascinado. Y esta mañana terminé con “Oro ciego”, de Alejandro Hernández, que ya se ha ganado en lugar en la estantería de los libros que releo cada dos años, porque es una maravilla.
¿La cuarta para cuando? ¿Volverá Txema?
La cuarta sale en enero, aunque no será negra, bueno, no del todo. Se titula “Cracovia sin ti” y es la novela con la que gané el Premio Internacional Ciudad de Seseña. Una historia de amor urbano nada ñoña, en la que Arregui hace un cameo importante. Me gusta mucho y espero que a los lectores les guste tanto como al jurado del premio. Es una historia contada a lo Jorge Amado pero transcurre en el Madrid que conozco y amo. Y Txema volverá pronto con novela propia, aunque no sé si será lo siguiente que publique. Trabajo ahora en tres novelas diferentes, una de ellas de Arregui, porque mi método de escritura es pésimo para la salud pero me divierte mucho: avanzo sin prisa con varias ideas que me gustan, dejándolas madurar, hasta que una mañana me levanto y digo: esta. Y me pongo a escribir y la termino.
Dos novelas negras para recomendar.
Iba a decir lo que digo siempre: “El Largo Adiós· de Chandler y “Triste, solitario y final” de Osvaldo Soriano, pero hay excelentes novelas negras y casi recién salidas que me gustaría recomendar: “Así murió el poeta Guadalupe”, de Cristina Fallarás, y “La mala espera”, de Marcelo Luján, que ganó el Premio Getafe de Novela Negra y es una incorporación brillante al panorama negro en español.
Pedro Crenes Castro
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Título: Pero sigo siendo el rey
Autor: Carlos Salem
Editorial: Salto de página
Págs: 352
Precio: 21,95 €
Txema Arregui tiene una misión: buscar al “número Uno”. La orden le viene de “Buster”, el Ministro del Interior español. El “número Uno”, que no es ni más ni menos que el Rey Don Juan Carlos ha desaparecido dejando una extraña y elocuente nota: “Me voy a buscar al niño. Volveré cuando lo encuentre. O no. Feliz Navidad”. A partir de aquí, nada es lo que parece y todo apunta a una trama que tendremos que desvelar paso a paso junto a un grupo de personajes extravagantes y muy humanos.
“Pero sigo siendo el rey” (Editorial Salto de página, 2009), la tercera novela del escritor “argenñol” Carlos Salem (Semana negra de Gijón, Buenos Aires, 1958), nos ofrece una historia hilarante, tierna y trepidante donde a cada paso nos sale al encuentro una pista más que tenemos que seguir hasta llegar al desenlace de esta historia que os reconciliará con la novela negra si es que algún día tuvisteis alguna decepción con ella.
Carlos Salem rescata para sus lectores a Txema Arregui ahora ex policía de puñetazo en la nariz y disfraz rápido que tiene una honda pena por una mujer. Héroe nacional, distinguido por haber salvado casi por casualidad en una ocasión al Rey se le encomienda esta vez la difícil tarea de encontrar a Don Juan Carlos que ha desaparecido dejando la citada extraña nota.
Arregui lo encuentra (no os preocupéis que no os he desbaratado la novela) y el camino de vuelta a casa está lleno de extravagantes personajes en una España surrealista y tierna que nos retrata a la perfección y que nos hace pensarnos desde una perspectiva distinta. Recuerdan muchos pasajes de esta novela a la película “Amanece que no es poco”, otra joya que nos llama a pensarnos mejor. En esta novela resolver el caso no lo es todo: nos arrastra la curiosidad por saber por qué y para qué se ha montado todo este tinglado de vértigo.
La intriga que hay detrás de la desaparición del Rey está salpicada de matones, secuaces, amigos en los que confiar e inesperados traidores que nos llevan en volandas por la páginas de esta novela que nos anima a seguirle la pista a este escritor que va mostrando novela a novela ser un valor seguro de nuestras letras.
La maravilla de esta novela es por un lado el personaje de Arregui, un personaje bien dibujado, triste, leal y experimentado policía. Sentimos sus miedos, sus alegrías, su necesidad de afecto y su profunda tristeza lo que nos recuerda a los grandes detectives del género negro. Un personaje que formará parte seguro de la nómina de los inolvidables del género y al que echaremos de menos cuando terminemos de leer la novela. Por otro lado está la valentía necesaria del autor para echar mano de lo surrealista para narrar su España. El tono y las escenas que parecen mentira forman parte de un dibujo preciso de lo que es España, en lo que se ha convertido España en estos últimos veinte años. Al hilo de lo dicho, un capítulo de la novela que merece especial atención es el que dedica a la Guerra Civil (busquen y lean). Es la mejor radiografía, la mejor estampa, la mejor expresión que he leído hasta hoy de lo que fue y en lo que se ha convertido aquel conflicto que tanto nos dolió y nos duele.
“Pero sigo siendo el rey” coloca a su autor Carlos salen como uno de los escritores del momento y la obra es una de las novelas que no debemos perdernos este año. Desearán los que no conocen a Carlos Salem leer su obra anterior y la que viene (que viene pronto) esperarla con entusiasmo.
Pedro Crenes Castro

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Título: El deshielo
Autor: Risto Isomäki
Traducción: Ursula Ojanen y Rafael García
Editorial: Booket
Págs: 416
Precio: 8,95 €
Hace ya unos años, cuando estaba en la Universidad y la gente me preguntaba por mi licenciatura, muchos ponían cara extraña al escuchar el nombre de la misma. “¿Qué es eso de Ciencias Ambientales?”, me preguntaban. “Pues la carrera para hacer ambientadores”, bromeaba yo. Y es que en esos años la concienciación medioambiental no estaba muy extendida que digamos. ¿Y ahora? ¿Es consciente la población del mundo del daño que el ser humano le hace al Medio Ambiente? Quizá vendría bien que más de uno le echara un vistazo a El deshielo, la novela de Risto Isomäki que hoy comentaremos.
Sergei Savelnikov, el oceanógrafo experto en fondos marinos, es requerido, junto con su sofisticado batiscafo Lomonosov, por el Instituto Nacional de Tecnología de la India para llevar a cabo ciertas investigaciones en la Bahía de Cambay. Como pronto sabrá Sergei, la científica india Amrita Desay ha descubierto en el fondo marino de la zona los restos de una desconocida civilización. ¿Serán estos restos en realidad lo de La Atlántida? ¿Qué fenómeno natural consiguió enterrar en el fondo del mar a esta ciudad y a otras que más tarde descubrirán? ¿Podría este espeluznante fenómeno repetirse en la actualidad? Si quieres encontrar respuesta a éstas y a otras muchas preguntas, tendrás que leer esta novela hasta la última página.
Ésta es una de esas historias donde el narrador externo a la trama, pero perfecto conocedor de la personalidad de los personajes y de todo lo que ocurre a su alrededor, tiene tanto o mayor peso que los personajes. Me baso en lo siguiente para afirmarlo: el narrador de El deshielo no sólo es un guía como podría serlo otro cualquiera, sino un paciente profesor que nos ofrece continuamente interesantes y asequibles explicaciones científicas, siempre con el fin de que podamos comprender mejor los fenómenos que veremos a lo largo de estas páginas, fenómenos que, por desgracia, también podrían darse en el mundo real.
Aunque muchos son los personajes que desempeñan un papel importante en esta novela, podría decirse que sólo dos son los protagonistas: Sergei y Amrita. Sergei, el oceanógrafo viudo, sólo parece vivir para su trabajo desde hace unos años, concretamente desde la muerte de su amada esposa. Su viaje a La India, en principio, no parece que vaya a suponer nada especial a nivel personal para este científico ruso. No cuenta nuestro hombre, desde luego, con que allí conocerá a la inteligente Amrita, ni que con ella llegará a experimentar de nuevo el amor. Pero, ¿tendrán acaso tiempo para disfrutar de su nueva relación, con lo que se les avecina?
Amrita, por su parte, es una científica en un país de hombres que, gracias a su brillantez, ha alcanzado un puesto importante en el mundo científico de su país. Sus últimas investigaciones la han llevado a descubrir los restos de una antigua civilización que podría estar relacionada con la Atlántica y hasta puede que con el diluvio universal. ¿Qué más podrán desvelar estas misteriosas ruinas? ¿Llegará Amrita a probar sus teorías? ¿Le será Sergei de ayuda?
El deshielo, en definitiva, es una trepidante novela de aventuras a nivel planetario en la que los personajes (casi todos relacionados con el mundo científico, de una forma y otra) intentan, por todos los medios, evitar que el desastre que se avecina sea lo menos dañino posible para el planeta y la humanidad. Gracias a El deshielo y al afán divulgativo de su autor, y ya que hay más de material científico real que ficticio en esta obra, no sólo pasaremos un buen rato, sino que aprenderemos más acerca del cambio climático, los fenómenos naturales que han ocurrido en la Tierra y los que puede que estén por venir por culpa del hombre. ¿Estaremos aún a tiempo de cambiar? ¿Y acaso tú te piensas perder todo lo que este libro nos ofrece?
El cambio climático es una realidad palpable hoy en día. Podemos cruzarnos de brazos y esperar a ver qué hacen los políticos o contribuir con nuestro esfuerzo. En todo caso, y aunque pueda parecer catastrofista, creo que no iría nada mal que todos leyéramos de vez en cuando obras como El deshielo.
Cristina Monteoliva

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Título: Los lugares intactos
Autor: Luís Artigue
Editorial: Pre-textos
Págs: 80
Precio: 10 €
Podríamos decir que Lugares intactos es ante todo un trazado poético-existencial que descubre al lector un itinerario estético poblado de formas y lugares de una complejidad latente. Y es que esta obra de Luis Artigue (premio de poesía “Arcipreste de Hita” 2008) representa precisamente ese territorio en el que todas las experiencias buscan su instante preciso (incólume) en medio de una cotidianidad que de algún modo es la responsable de otorgar ese matiz inmortal, perenne, que recorre gran parte de sus composiciones.
La mención de situaciones y ambientes de fácil reconocimiento, se inunda de imágenes y metáforas desconcertantes que se aplican sucesivamente a un sentimiento, a una visión e incluso a otra imagen, a las que no denota literalmente, sino que las hace más perceptibles, translúcidas, poéticas (“Ante el Muro de las Lamentaciones me sentí igual que/ un arqueólogo/ al descubrir/ el fósil de su amada”). Este trazado, asfaltado por un verso sencillo alejado de retóricas cadenciosas, consigue que el lector se apropie de él sin dificultades y le sirva como pasaporte idóneo para un viaje que busca sobretodo los rincones del lenguaje.
Articulado en torno a una triple división (“Hallazgos de perdidizo”, “Una ilusión de continuidad”, “Todo tránsito”), la voz poética se extiende por un vasto territorio que va de Nueva York a Túnez, de Roma a Portugal y Menorca, de Toronto a Inglaterra pasando por Jerusalén, Lima, Ámsterdam o Galicia, sin olvidar un misterioso amanecer en Machu Pichu, pues “Allí, creyendo/ que el son bendice la hora de placenta del comienzo,/ tuvimos nuestro primer aviso,/ casi un bautismo de sangre:/ buena cuenta del éxito, del poder, de la vida/ y del amor eterno/da/ asomarse a las ruinas de un imperio”.
Parece que el contacto con la alteridad, con la otredad que representa aquello que nos es ajeno, es lo que produce el arranque emocional que hace que la voz interior (quizá la identidad) gire en torno a una superposición de planos distintos, de tal modo que el nombre de una mujer, un amigo, un beso, una calle o un coche, se erijan -en medio de un marco referencial privilegiado- como auténticos valedores del sentido último del poema.
La predilección por títulos extensos y cargados de sentido (“Caminando sobre tallos de totora una sonriente niña sucia hija nonata que me reconoce por fin papá venga ven sí dime hola”,“Si el odio no fuera tan industrioso si del fanatismo no convirtiera la espiritualidad en un camino de montaña que se pierde en la niebla visitar Jerusalén volvería a parecerse a regresar al clasicismo”, etc.) otorga a los poemas una peculiar idiosincrasia (“artigueana”), que el lector aprehende y utiliza como una esfera diáfana dentro de la cual discurrirá, subordinado, el contenido del poema.
Tratándose de un libro de Luis Artigue, alargar más nuestras palabras sería absurdo, pues sólo la lectura detenida de sus versos revelará definitivamente el verdadero ser de una poesía de gran altura. Tal vez sólo cabe añadir que tras la lectura de Los lugares intactos, uno reconoce que, poéticos o reales, los viajes, como ya señalaba Bioy, agrandan enormemente la vida.
David Porcel Bueno

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Título: Como una novela
Autor: Daniel Pennac
Traducción: Joaquín Jordá
Editorial: Anagrama
Págs: 172
Precio: 9,50 €
Quienes semana tras semana compartimos este espacio coincidimos, por encima de todo, en un aspecto: nos apasiona la lectura. Por eso, estoy convencido de que a todos nos invade la misma extrañeza cuando alguien nos espeta a bocajarro que no soporta leer. No es elitismo, en absoluto; es incomprensión.
Sin embargo, si cada uno de nosotros reflexionara sobre su carrera como lector, encontraríamos múltiples escollos, zancadillas, trabas que hemos tenido que superar y dejar atrás. Y, lamentablemente, muchos de estos obstáculos habrían sido causados por el sistema educativo. «Como una novela» es esa reflexión, realizada por Daniel Pennac, realizada desde dentro del sistema, pues Pennac es profesor de literatura en un instituto en Francia.
Estructura el ensayo en cuatro partes, en las que desgrana, siguiendo las convenciones del género narrativo más que del ensayístico (como indica el título), los puntos principales de su exposición.
Parte de la idea de que nunca deberíamos olvidar la parte de placer que tiene la lectura, el componente lúdico maravilloso que hallamos en los libros. Y que, de todas formas, siempre está la respetable opción de no querer leer. Si a nadie nos gusta que nos obliguen a hacer algo, ¿por qué obligamos a leer?
"El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo «amar»..., el verbo «soñar»...” (p.11).
Su reflexión nos señala a todos (incluyéndose a él mismo): padres, profesores, adultos en general. ¿Por qué los jóvenes no leen? Ofrece una respuesta:
"Si los adultos que lo rodean alimentaran su entusiasmo en lugar de poner a prueba su competencia, si estimularan su deseo de aprender en lugar de imponerle el deber de recitar, si le acompañaran en su esfuerzo sin contentarse con esperarle a la vuelta de la esquina, si consintieran en perder tardes en lugar de intentar ganar tiempo, si hicieran vibrar el presente sin blandir la amenaza del futuro, si se negaran a convertir en dura tarea lo que era un placer, si alimentaran este placer” (p.53).
Y propone pasar a la acción leyéndoles. Porque igual que los venenos, que las enfermedades, que la amistad o el amor, la pasión por la lectura sólo puede transmitirse si el que lo está haciendo la posee. Al final, ofrece un decálogo sobre los derechos del lector.
Extraordinario ejercicio de buen gusto, raciocinio, lógica y pasión lectora, destila sinceridad en cada párrafo, porque exponiéndose como ejemplo fallido logra la empatía necesaria para que lo escuchemos sin prejuicios.
Todos los que tenemos pensado dedicarnos a la enseñanza de la literatura (o los que ya se dedican a ella) deberíamos leer, interiorizar y nunca olvidar este fantástico libro.
Raúl Rubio Millares

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No es muy usual, en un mundo donde el YO lo ocupa todo, donde las vanidades de unos y otros tienen que ser satisfechas continuamente, encontrar autores que firmen con pseudónimo, que dejen que sean sus obras las que brillen por sí mismas, por su calidad, por lo que hacen sentir a sus lectores.
Joseph Gelinek es el pseudónimo del autor de El violín del diablo. No conozco su verdadera identidad ni tengo gran curiosidad por saberla. Lo que sí me es su amabilidad a la hora de contestar mis preguntas y las interesantes respuestas que ahora podéis todos leer:
¿Cuándo empezaste a escribir?
Fue después de descubrir los libros de Sir Arthur Conan Doyle (Las aventuras de Sherlock Holmes) y de Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro). Ambos nacieron en la misma ciudad, Edimburgo, y los dos son coetáneos y amantes del género de aventuras. La lectura de sus relatos me proporcionó tal placer en la adolescencia que me juré que algún día intentaría hacer yo lo mismo con mis lectores. Tengo la satisfacción de poder decir que con algunos lo he conseguido, es decir que se lo han pasado muy bien leyendo mis novelas. Me gusta especialmente que digan que han leído la novela en tres días. No te imaginas lo que hay que trabajar para que un libro sea devorable en tres días. Las librerías están llenas de libros muy bien escritos que la gente abandona a las cincuenta páginas porque la narración se estanca o porque hay demasiadas palabras difíciles.
¿Dónde encuentras normalmente la inspiración?
La inspiración puede venir de cualquier parte. El violín del diablo se originó a partir de una historia real que me relató el violinista Ara Malikian hace unos años.
¿Por qué publicar bajo pseudónimo? ¿Es por timidez o comodidad?
Cuando escribes historias de misterio siempre es más atractivo para el lector llamarte Joseph Gelinek (que es un nombre de origen checo) que Perico el de los Palotes (typical spanish). Y además el hecho de que el autor se oculte tras una cortina, como si fuera un asesino, añade un ingrediente extra al lanzamiento de la novela que viene muy bien en el género que yo cultivo, que es el de misterio.

Si te exigieran que prescindieras de la música o de la literatura, ¿con cuál de tus dos pasiones te quedarías?
Si me pidieran eso, me suicidaría. Bastante difícil es ya la vida para que encima venga alguien en plan Mayra Gómez Kemp a decirme que escoja entre las dos cosas que más llevadera hacen la existencia.
¿Es el mundo de los músicos tan competitivos en la realidad como en El Violín del diablo?
Cualquier actividad que consista en ganarse el favor del público es altamente competitiva. Te contaré una historia que voy a emplear en la novela que estoy escribiendo. Cuando Litlle Richard grabó su primer gran tema, Tutti Fruti, que es un rock & roll electrizante, se encontró con que la versión que subía al Top Ten no era la suya, sino la de un músico blanco bastante mojigato llamado Pat Boone. Era su canción y Pat Boone se la robó. Little Richard quería matarlo, porque le estaba cortando el paso al estrellato.
¿Existen los instrumentos malditos?
No me cabe la menor duda. La madera del violín está viva y reacciona de una manera diferente si quien toca el instrumento es tímido y pusilánime o es valiente y extravertido. Eso me lo han confirmado varios fabricantes de instrumentos (luthiers). Así que, si la madera está viva, ¿por qué no puede cargarse de vibraciones negativas y contaminar con sus radiaciones malignas a las personas que se acercan demasiado a ella?

¿Crees que Paganini hizo un pacto con el diablo?
No le hacía falta, él mismo era la encarnación de Satanás. La mayor parte de lo que se cuenta de Paganini en la novela es verídico. Y el resto es verosímil, o como dicen los italianos, se non é vero é ben trovato.
¿Crees en los mediums?
Creo en la médium de mi novela y me fascinan los thrillers paranormales, que es casi lo mismo que decir que me fascina Stephen King.
¿Te identificas con alguno de tus personajes?
Un escritor no se identifica con ningún personaje en particular, sino que crea personajes con los cuales está dispuesto a pasar muchas horas, porque le resultan interesantes y/o misteriosos. El 90% de la gente que empieza una novela no llega a terminarla, y suele ser porque los personajes tienen demasiado de su autor y éste acaba por aburrirse de sí mismo. Es mi consejo de autor que despega a los primerizos: si quieres terminar tu novela, inventa personajes a los que te gustaría conocer.

¿Qué esperas que encuentren tus lectores en esta novela?
Lo que ya han encontrado. La web de Casa del Libro está llena de comentarios de lectores satisfechos con los dos misterios musicales que he publicado hasta ahora. Lo que más les gusta es la manera en que la información musical se va trenzando con la historia, porque van aprendiendo muchas cosas a medida que avanza la investigación del crimen.
¿Tienes ya nuevos proyectos?
Sí, ya tengo varios capítulos de mi próximo misterio musical, que aparecerá en 2010, está ambientado en el mundo de las grandes estrellas del rock y que lleva por título…no, mejor que sea una sorpresa.
Muchas gracias, Joseph, por tu tiempo y tus sinceras respuestas. Espero que todos tus thrillers musicales tengan tanto éxito como ya lo están teniendo ahora.
Antes de irme y emplazaros hasta la próxima, amigos, os comento que la primera de las imágenes, sugerida por Joseph Gelinek, pertenece al cuadro de Arnold Bröcklin “Autorretrato con la muerte con un violín”. La última es una imagen de uno de los Stradivarious expuestos en el Palacio Real (Madrid- España).
Ahora sí: gracias a todos por estar ahí, y hasta la próxima entrevista.
Cristina Monteoliva
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Título: El violín del diablo
Autor: Joseph Gelinek
Editorial: Plaza y Janés
Págs: 416
Precio: 18,90 €
Aunque muchos afirmemos no ser supersticiosos (o, al menos, no en demasía), la mayoría de nosotros hemos escuchado alguna vez con interés la historia de algún objeto maldito que ha causado el infortunio, incluso la muerte, de todo aquel que lo poseyera a lo largo de los siglos. Puede que sean sólo supercherías, puede que lo que suceda con estos objetos se escape a nuestro entendimiento. El caso es que dan mucho juego, sobretodo a la hora de escribir buenas historias de intriga como la que hoy comentaremos, El violín del diablo.
El inspector de policía Raúl Perdomo y su hijo Gregorio acuden al Auditorio Nacional de Madrid para ver, sobretodo, la actuación de la ambiciosa concertista de violín Ane Larrazábal. Poco hace presagiar que ésta en realidad vaya a ser su última actuación, que la joven violinista pueda aparecer muerta por estrangulamiento justo tras su más brillante actuación. Sobre su pecho, escrita con la propia sangre de la víctima aparece la palabra iblis, diablo en árabe. ¿Tendrá algo que ver este asesinato con los terroristas islámicos? Pero, ¿para qué querrían ellos llevarse el Stradivarius de Ane, el violín al que su dueña le hijo tallar la cabeza de un demonio, el mismo que parece haber pertenecido, en origen, al endiablado Antonio Paganini?
El narrador de esta historia no sólo es el guía nos conduce a través de una historia de intriga, una trama policíaca en la que el asesino podría ser cualquiera, además de mostrarnos a unos personajes perfectamente perfilados, con unas funciones muy definidas y unas personalidades tremendamente atractivas, sino que también podríamos considerar su papel como el de un sabio y paciente maestro, un experto en música que no duda en poner sus conocimientos al servicio del lector, de una forma clara y amena, asequible a todo tipo de público, atractiva para cualquiera, de forma que al finalizar la lectura de esta obra todos habremos aprendido mucho o poco de música, pero siempre algo, y seguro que tendremos ganas de adentrarnos más en ese mundo tan apasionante.
El protagonista de este thriller musical no es otro que Raúl Perdomo, un viudo que se enfrenta como puede a la dura tarea de criar a un joven adolescente con talento para el violín que no deja de pensar en su desaparecida madre. El Perdomo profesional es un gran policía, un investigador excepcional, que no cejará en su empeño en desvelar al asesino de Ane Larrazábal. Pero, ¿cómo podrá conseguirlo con tan pocas pistas?
Muchos son los personajes secundarios que componen el elenco en esta obra. Me gustaría resaltar al menos el papel que juegan tres de ellos en esta novela: en primer lugar, tenemos a Gregorio, el joven músico hijo de Perdomo, un chico despierto que, como muchos otros adolescentes de su edad, no siempre sabe distinguir lo correcto de lo que no lo es; luego tenemos a Elena, la joven que toca el trombón tanto en la Orquesta Nacional de España como en un informal grupo de jazz, la misma que está dispuesta a ayudar a Gregorio a elegir un nuevo violín y puede que consiga enmendar el roto corazón de su padre; aunque tal vez sea Milagros, la madura y atractiva psicóloga infantil que hace las veces de médium, la persona que tanto ayudará a Perdomo a resolver un caso tan complicado como emocionante, la que pase a ocupar el hueco que dejó la mujer de Perdomo en su vida al desaparecer tan trágicamente.
Pero, ¿y si os he mentido? ¿Y si el verdadero protagonista no es Perdomo, sino ese violín endemoniado que ha desaparecido tan misteriosamente, el mismo que tantos regueros de sangre ha dejado a su paso? ¿Y porqué no considerar al genial músico Paganini, su primer y legítimo dueño, como el verdadero actor principal, el causante de todos los desbarajustes que veréis a lo largo de las páginas de este libro? Creo que lo mejor es que leáis vosotros mismos esta interesante obra y saquéis vuestras propias conclusiones.
No sé si existen los objetos que todos consideramos malditos, verdaderos instrumentos del diablo para hacer el mal. Me interesa, eso sí, la literatura que de ellos pueda surgir, todas las apasionantes novelas y cuentos que hacen que devoremos páginas y páginas en busca del final que nos aclare el misterio. Si a vosotros también os interesan este tipo de historias, no lo dudéis: El violín del diablo es vuestro libro.
Cristina Monteoliva

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VUELVE LA REVISTA AL OTRO LADO DEL ESPEJO
Ya podéis visualizar el número 1 de la revista AL OTRO LADO DEL ESPEJO en http://issuu.com/alotroladodelespejo/docs/aolde01web1 o bien descargarla en http://www.megaupload.com/?d=FIV962T2
En esta ocasión, Al Otro lado del Espejo cuenta con la colaboración de Guy de Maupassant, Ricardo Pligia, Hipólito G. Navarro, Lorenzo Silva, Carlos Salem, David González, Ana Pérez Cañamares, Miguel Ángel Zapata, José Ángel Barrueco, Hasier Larretxea, J.Ramallo, Carlos Ardohaín, Escandar Algeet, Reyes Monje, Lola B.Gallardo, Marcos Vasconcellos, Carlos Ollero, Nacho Viñuela, Inés Martín, Carlos Frühebeck, Carmen Guzmán, y las ilustraciones de Lidia Litrán (portada), Juanito Kalvellido, Leticia Vera, Ángel Rodríguez Robles, Ana Rodríguez Pastor, Beatriz Chave, sLucía Barredo, José Navieras y Alberto Rivas
SUSANA FORTES EN EL PÚBLICO LEE
La escritora Susana Fortes, con su obra “Esperando a Robert Capa”, obra con la que ganó el premio Fernando Lara de novela 2009, es la invitada al programa EL PÚBLICO LEE, que presenta Jesús Vigorra y que se emite el domingo 27 de septiembre en CANAL SUR 2 a partir de las 19:30 horas.
Si quieres conocer los contenidos del programa, entra en http://blogs.canalsur.es/elpublicolee/
Para colgar tus opiniones literarias, entra en www.youtube.com/user/elpublicolee
Para ver EL PÚBLICO LEE por internet, entra en http://www.radiotelevisionandalucia.es/tvcarta/impe/web/portada
Que lo difundas y lo disfrutes
Salud y saludos,
el público lee
EMISIONES DE EL PÚBLICO LEE TEMPORADA 2009-2010
Canal Sur 2 - Domingos, 19:30 horas; Redifusión: Miércoles, 01:30 horas (madrugada del martes al miércoles) y Miércoles, 11:00 horas
Andalucía TV - Sábados, 20:00 horas
TV a la carta (internet): www.radiotelevisionandalucia.es/
El 20 aniversario de la caida del muro de Berlín en el Hay Festival de Segovia
Viernes 25 de septiembre 13:30 - 14:30. La periodista, ensayista y escritora rumana Gabriela Adamesteanu conversará con el periodista e historiador francés Olivier Guez. Sala: San Juan de los Caballeros 17:00 - 18:00. El famoso filósofo y politólogo checo Václav Belohradský, conversará con el periodista español Fernando Orgambides. La noche del 9 de noviembre de 1989, comenzó a desmoronarse el muro de la vergüenza, que durante muchos años había simbolizado la división Este-Oeste entre el bloque soviético y la esfera de influencia de Estados Unidos y sus aliados occidentales. En estos veinte años, el mapa de Europa no ha dejado de cambiar y el continente ha experimentado transformaciones políticas, económicas y sociales. Sala: San Juan de los Caballeros Más información en Ubik Europa, http://www.ubikeuropa.eu/
Presentación de LA BÓVEDA CELESTE, DE CARMEN RESINO (Roca Editorial)
Carmen Resino La bóveda celeste. En el año del 400 aniversario de los descubrimientos del maestro Galileo Galilei, Carmen Resino homenajea con esta historia a Livia Galileo, la hija olvidada del gran astrónomo condenado por la Inquisición.
29 de septiembre, 11.30 Rueda de prensa Hotel de las Letras (Gran vía, 11)
Presentará a la autora Blanca Rosa Roca.
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Título: La redención de Alexander Seaton
Autor: Shona MacLean
Traductor: Carlos Valdés
Editorial: Bóveda
Págs: 504
Precio: 17 €
Carlos Fuentes comienza su famoso trabajo «La nueva novela hispanoamericana» invocando los clichés, los tópicos que la rodean, y dice que estos sirven “para arrancar” y situarse en el lugar común, “un sitio de encuentro, una posibilidad inicial de diálogo”. Actualmente, hablar de novela histórica es rodearnos de tópicos: productos hechos por encargo que no reflejan al autor, que sólo pretenden llegar a ser best-seller, que no tienen calidad literaria... También, centrándonos en la obra en sí, que responden a una fórmula que se repite hasta el infinito: un contexto histórico, un héroe y un anti-héroe, un misterio, la presencia del componente religioso y/o espiritista, una trama amorosa (o erótica) paralela al desarrollo de la historia principal (a veces llega a convertirse en ella)... «La redención de Alexander Seaton» es una novela histórica y responde a todos los tópicos que hemos enunciado.
Nos situamos en Escocia, en el burgo de Banff, año 1626. En una noche tempestuosa, el cadáver de Patrick Davidson, joven aprendiz de boticario y sobrino del alcalde, aparece en el aula del protagonista de la historia, Alexander Seaton (que asumirá el papel de narrador en primera persona), figura clave para desvelar todos los misterios que rodean el asesinato de Davidson y que comprometen a los habitantes de Banff. Lo religioso está presente en la resaca de la separación de la Iglesia de Inglaterra de la Iglesia Católica Romana como parte de la reforma protestante ocurrida en Europa durante el siglo XVI; además, Seaton es un aspirante a pastor que se quedó en el camino (de ahí que necesite redención su alma). La trama amorosa tiene varias vertientes, relacionadas todas con puntos principales de la historia (y que, por lo tanto, deben ocultarse).
Destaca la fuerte influencia romántica en la escritura de MacLean. Se percibe en la utilización de los rasgos característicos del Romanticismo literario: las ruinas, la correspondencia de la Naturaleza con los estados de ánimo de los protagonistas, la elección de los adjetivos que modifican a los sustantivos, la sentimentalidad a flor de piel en casi cada página, el amor imposible y trágico. Por ejemplo:
"Ella separó ligeramente sus labios y tomó aliento como si fuera a decir algo, pero no dijo nada. Me miró un momento y después miró hacia otro lado, mientras sus pálidos ojos verdes, que habían mirado hacia el mar sin expresión a bordo del transbordador, amenazaban con dar salida a sus sentimientos. Tomó la mano que le había tendido y me dejó subirla sobre su caballo” (p.160).
Cuando acabé de leer esta novela tuve la sensación de que continuaría, y he comprobado que así será, pues este es el comienzo de la saga sobre Alexander Seaton que ha planeado Shona MacLean.
Sin duda, los amantes del género que se acerquen a esta novela no quedarán defraudados.
Raúl Rubio Millares
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Título: Las noches revolucionarias
Autor: Rétif de la Bretonne
Traducción: Eric Jalain
Editorial: El olivo azul
Págs: 216
Precio: 18 €
Los amantes de la Historia estamos de enhorabuena. La publicación de “Las noches revolucionarias” (El olivo azul, 2009) viene a dotar de la atmósfera precisa de los días terribles que se vivieron antes durante y después de La revolución francesa.
“Búho de parís”, cronista de los días bárbaros, Nicolas-Edme Rétif de la Bretonne (Sacy, 1734-París, 1809) nos deja un legado de sombras y sucesos terribles que dan cuenta de la atmósfera humana que se respiraba en aquellos días. El testimonio “en directo” de aquellos días es impagable y nos sitúa correctamente ante los hechos históricos. Su relato de aquellos sucesos le convierte en precursor del periodismo, sobre todo de la crónica de sucesos.
Lo que fascina de estos textos (y mucho se puede decir y discutir) no es sólo lo que de histórico y revelador tienen sino también su absoluta crudeza, su incontestable realidad. Son una suerte de espejo que trasciende lo local y lo cronológico para abarcar lo universal e intemporal porque todos los hombres ante los cambios y las luchas terminan convirtiéndose en seres terriblemente primitivos.
La brutalidad de los hechos contrasta con las ideas revolucionarias y la búsqueda de un bienestar mayor. Notamos los deseos de que la situación cambia, que nuevos aires vengan para Francia, es el caso de el texto de la Primera noche (27 de abril de 1789) que es una alegoría de la situación y un magnifico manifiesto de lo que se deseaba para Francia.
El famoso 14 de julio, el día de la toma de La Bastilla, nuestro cronista nos asegura “planea sobre la ciudad un genio destructor”. Esta es la grandeza de estas crónicas: poder respirar siglos después el mismo aire de aquellos días que cambiaron para siempre a Francia y a Europa. Ese capítulo completo nos da una visión de primera mano de que se veía por las calles, de cómo olí el aire de los sonidos de aquel día terrible de fuego y muerte.
Llama la atención también el hecho de que tenemos algunas pinceladas de la propia vida de Rétif de la Bretonne. Al final nos dice que mientras ocurren estas cosas (el castigo de Custine) el acode a la Comuna para el divorcio de su hija mayor. Es interesante observar que las cosas no han cambiado mucho: hoy también se puede acompañar a los hijos a divorciarse.
La edición de El olivo azul esta precedida por un interesante prólogo que perfila al personaje y la época. Nos contextualiza y nos invita a abandonarnos a la lectura de unos textos que no nos van a dejar indiferentes. Este excelente prólogo firmado por Alicia Mariño es todo un acierto y una invitación muy sugestiva para seguir leyendo a Rétif.
Rétif fue contemporáneo de mi querido Marqués de Sade que siempre me ha fascinado como personaje más que como escritor. Rétif le detestaba y el sentimiento fue mutuo. Ante la “Justine” del Marqués, nuestro autor escribió una “Anti Justine”, más escabrosa, dicen, que la de Sade. Rétif fue bastante denostado por sus contemporáneos pero sin duda hoy es una de los grandes del XVIII francés y uno de los grandes cronistas de una época irrepetible. Lean y juzguen, dejen volar su imaginación hasta el París del XVIII comprobarán que hoy faltan cronistas como Rétif y sobran periodistas amarillos.
Pedro Crenes Castro

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