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Título: Cuentos
Autor: Leopoldo Lugones
Editorial: Paréntesis
Pags: 140
Precio: 12 € (8,40€ en versión ebook)
La necesidad de construir un espacio estético autónomo y una única moral hizo que los escritores modernistas (entre ellos, y ocupando un lugar privilegiado, Leopoldo Lugones) se cubrieran de una peculiar idiosincrasia literaria que se manifestaba, en muchos casos, en una búsqueda apasionada de la eufonía. Magistralmente presente en estos relatos, la eufonía no sólo es un hallazgo que el lector puede advertir en ocasiones diversas, sino un elemento vehicular que unifica en gran medida los cuentos que en esta flamante edición se nos presentan. Sirvan, como ejemplo de eufonía y precisión metafórica, algunas de las descripciones que aparecen en los relatos: “Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico”; “Desde un oscuro fondo de tradición petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su ser”; “Inmóvil ante la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como uno de esos bloques en que el pelasco, contemporáneo de las montañas, esculpió sus bárbaras divinidades”; etc.
De manera análoga a lo que Rubén Darío hiciera en libros como Prosas profanas, en los relatos de Lugones la música no sólo está presente en las palabras, sino también en las ideas, buscando quizá esa conexión con la música del Universo, de las Esferas.
A lo largo de esta selección, la prosa lugoniana constituye en sí misma una inmejorable mezcla de plasticidad y exotismo, entendido este último no como lo entendieron los románticos, sino tal y como lo veía Schulmann, es decir, como una posibilidad de cumplir los anhelos ideales y estéticos ante las barreras impuestas por la realidad cotidiana.
Dada su complejidad formal y de contenido, los distintos cuentos que se nos presentan deben ser leídos y analizados en su más absoluta individualidad ya que es la única manera de advertir su especificidad y el lugar que cada uno ocupa en la totalidad de la prosa del escritor argentino. En los tres primeros cuentos (“Los pastorcillos”, “Las manzanas verdes” y “Flores de durazno”) aparece la naturaleza y los paisajes rurales como un marco idílico para el discurrir de los amores juveniles, pues como señala una voz omnisciente en uno de estos relatos “lo único grave que puede acontecerle a uno cuando tiene quince años es enamorarse”. Ya a partir del cuento “¿Una mariposa?”, los relatos presentan rasgos muy peculiares: el cientificismo positivista, el ocultismo modernista, el orientalismo, el humanismo clásico, las preocupaciones por el subconsciente, etc. ¿Qué quiere decir esto? Pues que aparecen con gran esplendor muchas de las problemáticas de lo que será el cuento fantástico, dilatado hasta la saciedad en el la literatura hispanoamericana posterior. Relatos como “Viola Acherontia”, en la que un extraño jardinero vive obsesionado en crear la flor de la muerte, “Yzur”, donde el empeño de un hombre por hacer hablar a su mono se convierte en toda una reflexión sobre el lenguaje, o los tres últimos relatos, “Los caballos de Abdera”, “La estatua de sal” y “La lluvia de fuego” (que serán los preferidos de Borges), aportarán ambientes, estructuras y reflexiones que influirán sobremanera en escritores como Quiroga, Güiraldes o el propio Borges.
Como lúcidamente escribe Elena Almeda en su prólogo a esta edición:
Con estos mimbres escribió, pues, el argentino unos cuentos que son obras maestras de su género, además de una demostración continua de inefable emoción estética. Quizá fueran estas las joyas nuevas que de esa plata vieja que representa la tradición quisieron fabricar los escritores modernistas.
Si de algo puede quedar convencido el lector es que difícilmente quedará defraudado.
David Porcel Bueno

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