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PRÓXIMAS PRESENTACIONES DE “VIDAS Y TRÁNSITOS”
*El próximo 29 de abril a las 19 horas tendrá lugar en la central de MNCARS (Ronda Atocha, 2 - Madrid) la presentación de “Vidas y Tránsitos”, libro de Miguel Lizaña publicado por Tropo Editores.
*El mismo libro, “Vidas y tránsitos”, se presentará un día después, el viernes 30 de abril en Huesca, concretamente, en la Biblioteca Municipal Ramón J. Sender. El acto comenzará a las 20 horas.
PRÓXIMAS PRESENTACIONES DE LA EDITORIAL CARENA
* Presentación de Por los caminos del versos, de María Ángeles Medina, poemario intimista de canciones y juegos. Viernes 30 de abril, a las 19 horas, en la sala Ámbito Cultural, en la sexta planta de El Corte Inglés de Portal de l’Àngel, en Barcelona
* Presentación de Si volviera a nacer, de Pablo Peña Almagro. Viernes 30 de abril, a las 20 horas, en el salón de actos del Museo Antonio Manuel Campoy, en la plaza de la Libertad, en Cuevas de Almanzora (Almería)
CARLOS BARBARITO EN INTERNET
Hola amigos de La biblioteca imaginaria. En http://carlosbarbarito.tumblr.com/ comencé a reproducir mis poemas traducidos al inglés por Brian Cole, Stefan Beyst y Jonah Gabry, entre otros. Un saludo cordial desde Argentina.
Carlos
¡¡¡INVENTO REVOLUCIONARIO!!!
Es muy probable que todos hayáis visto este ingenioso video, todo un éxito en internet. Merece la pena, sin embargo, ponerlo también aquí, por si aún queda alguien que no haya disfrutado con este invento revolucionario…
http://www.youtube.com/v/iwPj0qgvfIs?f=videos&c=ytapi-iLikeInc-iLike-1493oebb-0&d=AbzsdEu9A2kwQxMBPfYLdoQO88HsQjpE1a8d1GxQnGDm&app=youtube_gdata
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Título: El caso de las dos ciudades
Autor: Qiu Xiaolong
Editorial: Almuzara
Págs: 462
Precio: 19´95 €
Mi experiencia lectora dentro de la literatura china contemporánea era nula hasta que me hice de esta novela. Debo añadir, en honor a la verdad, que no sabía que pertenecía a una saga y que era su cuarta entrega. Pero al parecer las novelas anteriores deben ser casi autoconclusivas, o al menos, que ésta se puede leer de manera independiente sin haber leído las anteriores.
El inspector jefe Chen cao es un policía con alma de escritor. Su poemario ha obtenido tal éxito que su nombre está en boca de todos, y sus proezas al mando de la policía de Shanghai no son menos. Tanto es así que los grandes cuadros del partido comunista se ponen en contacto con él para que investigue la corrupción que brota en China después de aceptar algunas reformas económicas. Más concretamente, le piden que empiece investigando a Xing Xing, un empresario corrupto que se exilió en Estados Unidos, y a sus contactos en China. Y no será algo fácil de hacer: su antecesor en dicha investigación, es hallado muerto por sobredosis de una variedad de “viagra chino”. Esto no será más que el principio, ya que cuando empieza a mover hilos, la amenaza empieza a cernirse también sobre su familia y amigos, y aunque persiste con entereza, pronto será desviado de la investigación para representar a una delegación de escritores chinos que viajará a Estados Unidos.
¿Una desdichada casualidad que le aparta del caso o una oportunidad directa aunque no autorizada de investigar a Xing en los USA?
Con la ayuda del policía retirado Viejo Cazador, la de su amigo y ayudante en la comisaría, el joven Yu, Peiquin, la inteligente mujer de Yu y un antiguo romance de pelo rubio llamado Catherine, que le espera en América, tendrá que conseguir resolver todo este entramado político, que afecta hasta a las más altos cuadros del Partido Comunista.
Personalmente, el libro me ha encantado. Además de ayudarme a comprender un poco más cuál es la situación actual de China vista desde dentro. Si debo ponerle un pero sería, quizá, que al final no todos los hilos quedan debidamente cerrados, pero supongo que es para dar pie a una más que posible continuación.
Durante la novela, se intercalan constantemente poesías tradicionales del país. Cargadas de simbolismo y que nos son apropiadamente explicadas a los lectores occidentales para su mejor comprensión. No en vano, el autor, es un exiliado chino en los Estados Unidos y comprende también el carácter occidental.
Intriga, asesinato, corruptela política, poesía, romance… todo un acertado cóctel para disfrutar de esta novela de serie negra de Xiaolong.
Juande Garduño

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Título: Fantasías animadas
Autora: Berta Marsé
Editorial: Anagrama
Págs: 241
Precio: 17 €
Días atrás vuelvo a leer en algún sitio algo que ya creo haber leído hace algún tiempo en otro sitio, aunque en aquella ocasión documentado con cifras y letras:
“En el mundo de las letras existe una controversia interminable en cuanto a la literatura femenina, la eterna reflexión de en qué medida se puede hablar de ella como de un subgénero con entidad propia.
En cualquier caso el debate es amplio y cargado de matices y si algo parece concluyente es que los cánones literarios favorecen la escritura hecha por hombres”.
Y me digo que toda opinión es respetable, y también repudiable. Me molesta como hombre lector, como hombre escritor, como hombre, que se nos siga culpabilizando, anatemizando, buscándonos las cosquillas en terrenos como la literatura y el arte, donde suerte, visibilidad, por supuesto talento, y algunas habilidades sociales priman más que el sexo. Hace ya bastantes años que las escritoras no tienen que ocultar su identidad firmando bajo un seudónimo masculino. Ya pasaron aquellos tiempos en que una mujer no podía abrir por sí sola una cuenta corriente, ni firmar una escritura de propiedad…
“Ahora en confianza les diré que soy una víctima del sistema. Solo envié mi manuscrito a una editorial, y me dijeron que no, pero no por ser un pésimo escritor, sino por ser hombre. Es que los editores no quieren ganar dinero. Todos carecen del olfato empresarial necesario. Y como no tienen deudas que pagar, ellos lo que quieren es publicar solo mujeres para ganarse sus favores sexuales”. Compárelo con la afirmación que está en el origen de esta pajilla mental. Cualquiera de las dos atenta contra la inteligencia lectora, escritora, y editora sin distinción de sexos, y la única verdad que contiene es la de que soy un mal escritor.
No son pocas las mujeres que se sienten hartas de tanta “defensa”. Hace unas semanas una profesora universitaria me comenta a propósito del tema que ella jamás se ha sentido desplazada o ninguneada, que no necesita que la defiendan, y que ese “ruido social de fondo”, empaña sus propios méritos porque a este paso habrá quien termine sospechando de su capacidad y de su trabajo: “esa no está ahí por sus méritos, sino por ser mujer”. ¿En qué momento se tocarán los extremos?
Berta Marsé, a pesar de ser mujer, y a pesar de ser hija de, es de las que tampoco necesita que literariamente nadie la defienda. No requiere de incendiarias/bomberas que se despeinen o se partan alguna uña por ella. Su obra “Fantasías animadas” se sostiene sola a poco que se lean las primeras líneas. Cualquier editor/a, a poco listo/a que fuera, habría publicado esta obra sin mirar quién la firmaba. Porque empezando por lo técnico, estamos ante un libro de factura impecable, nada le sobra nada le falta. Su intención es contar, contar historias en lenguaje natural, y en ningún momento se plantea a qué huelen las nubes. Pocos relatos, siete, pim, pam, fuego, y vaya si hacen pupa estas historias.
Por circunstancias de falta de tiempo, la lectura de este libro me ha llevado bastante tiempo (perdón por las limitaciones de mi vocabulario y por hacerle perder el tiempo leyendo mis disculpas). Pero aún en esas circunstancias adversas de dejar relatos a la mitad durante periodos tan largos, jamás he tenido pereza por volver a él, bajo ninguna circunstancia he podido olvidar la trama abandonada, las expectativas de diversión, el giro que la historia seguro va a dar hasta llegar a la categoría de puñalada trapera que me esperaba tras cada narración “interruptus”.
“Los Pons Pons” borda una familia a la que por mucho tiempo guardaré en el recuerdo, estoy seguro. Pese a que Berta Marsé engaña con ellos; bueno, nos engaña con todos menos con el último de los relatos. Actúa como un camello abriendo mercado: las primeras dosis no las pagas. Las narraciones se abren con una expectativa mordaz, jiji jaja, pero qué humor tan depurado gasta esta muchacha, y luego la historia se va fermentando, aparece la costra (también un señor Costra) seca de una pupa provocada quizá por una pequeña caída como la del padre de Teresa, la de “Gran Noche de Gala”, que Berta Marsé fotografía, y luego rasca y rasca, hasta arrancar. Ya es demasiado tarde, la piel ya está colonizando el contorno, sí, con su tono más sonrosado en los bordes, pero es imposible volver a poner la costra en su sitio. Uno se encuentra suspendido ya en la historia, cagondiez, en el sillón de dentista que es cada narración: ergonómico, pero susceptible de servir de soporte para la tortura a manos de un sádico. El lenguaje que utiliza es un anestésico cinematográfico, tiene un poder visual y evocador imposible de resistir.
1 + 6. Los relatos en que la historia se vehicula en mujeres son seis frente a uno. ¿Es un libro sobre mujeres? No. ¿Es un libro para mujeres? No. ¿Es un libro feminista? No. Es una obra universal en la que la excusa son las mujeres, que no juzga a nadie, sin victimismos, que no contiene moralinas pías, sino que disecciona en una sala limpia a unos seres sencillos, tan rotunda y necesariamente sencillos que podrían ser vecinos nuestros (una empleada de agencia de viajes, una funcionaria, un emprendedor con poca fortuna, una hermana desquiciada y que es una carga más que un alivio, un padre autoritario, un taxista con ciertas tendencias a la anacronía social, unas amigas que se ganan la vida trabajando y que en su cena periódica se despellejan entre ellas…) Nada extraordinario, nada glamuroso, mujeres que intentan no pagar el billete del niño en el autobús y miran de reojo el taxímetro pensando en lo que les va a costar la carrera, mujeres que son un reflejo de todos los miedos, ansiedades y sobrecargas que hoy día, sin distinción de sexos, nos acechan y nos quitan el sueño: ¿cómo voy a cuidar a mi padre que tiene principio de Alzheimer si no puedo tirar ni con lo que tengo ahora mismo? es la pregunta que subyace en el referido “Gran noche de Gala”, y ¿porqué las ratas abandonan el barco?, la que flota en “Lo de don Vito”.
Ya digo que quizá la fórmula reside en la síntesis de habilidad cinematográfica y talento narrativo, nunca fue más verdad esa capilaridad, ese intercambio iónico entre cine y literatura (“El bebé de Rosa” es un homenaje a “La semilla del diablo”, que siento no haber visto). El caso es que hay una conexión emocional con los personajes, el lector los adopta y quiere proteger a estas mujeres como hijas suyas. ¿Es una pose machista? ¿Me traicionó la testosterona y por eso merezco fregar de rodillas la próxima vez?, pues no lo sé. Uno (otro ramalazo del hombre primitivo que me habita) quisiera sacar de su madriguera a ese Santi de “Lo de don Vito” por las solapas para que dé la cara en este asunto que también le incumbe, y que se ha enquistado y que amenaza con infectarse, y que ha revelado la naturaleza de esta familia triangular en la que además la hija siguiendo el curso de los tiempos no quiere saber más allá de sus derechos.
Las mujeres a la hora de asesinar siempre utilizan métodos con los que no mancharse las manos, el veneno es su arma principal. Berta Marsé, como mujer, ejercita en estos relatos una crueldad limpia, y “Cocinitas” (el título viene que ni pintado), es el paradigma. Una venganza, sí, merecida, pero… Y ahí está lo interesante (aparte del material ficcional) de este relato: que crea un conflicto en la conciencia del lector entre esos dos pesos pesados que son la justicia, y la corrección política, en este caso llevados al terreno de la práctica social, ¿hasta dónde debe uno/a aguantar que lo/la tomen por imbécil?
“Los amigos perdidos” (en realidad las amigas), podría ser el relato más “femenino”, pero ni por esas. Ya dije que las mujeres son solo una excusa, el altavoz que reproduce la tonada. La envidia de baja intensidad, los pequeños “y tú más”, las traiciones menores, no tienen identidad sexual. Aquí también el color de la reacción química va virando (no me acuerdo ya si el Predictor también viraba como una tira reactiva), y el mazazo final, la única verdad que nos aguarda, pone a todas en su sitio.
“Fantasías animadas” ya digo que es un título engañoso. Y si además uno lo asocia con el apellido de la autora, el entramado molecular de las estructuras mentales preestablecidas empieza a trabajar: “esta es la hija de, que nos va a ofrecer unas burbujas cosquilleantes como las de algún cava de Sant Sadurní d’Anoia, pero sin más bouquet o buqué que el que pueda dejar el agua”. Es bueno equivocarse, que las malas expectativas se quiebren, darle por allí a la mala baba. “Fantasías animadas” los tiene bien puestos (ay, perdón), nos enfrenta mediante estos relatos a los fantasmas de nuestro tiempo: la presión por el exceso de responsabilidades a que mujeres y hombres nos vemos sometidos, la ansiedad que nos provoca no poder llegar a todos los frentes que se nos abren, el sentirnos rodeados de agua por todas partes... Pero también (y esta me parece la reflexión más novedosa e interesante de todo el libro), pone sobre el mantel de hule de nuestro salón comedor personal el binomio identidad y realidad. Sin demasiadas brumas, sin frases espesas, sin quincalla verbal. “Las prosperitas” es ese relato final (aquí ya en ningún momento hay esa brisa de humor suave, pero tampoco una solemnidad de altar mayor) que indaga en las raíces de una familia, (en los libros de relatos que me han gustado siempre encuentre un ejemplo de este tipo).
Dejemos a un lado las consideraciones de indignidad física y de dependencia terrible que implican enfermedades degenerativas. ¿Es lícito querer traer a una persona al presente cuando sabemos que en el pasado (real o en forma de “falsos recuerdos”) es más feliz? ¿Qué derecho tenemos sobre nadie para decidir qué es realidad o no, qué le hace feliz o no?
La pregunta queda en el aire, y yo desde luego espero conservar por mucho tiempo este libro en la memoria. Será buena señal.
Ah, se me olvidaba. Si después de todo es verdad que “…los cánones literarios favorecen la escritura hecha por hombres”, bendita excepción la de “Fantasías animadas”, literatura hecha por una mujer para seres humanos sensibles, sin estreñimiento, ni malos rollos pasados.
José Cruz Cabrerizo

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Título: Ensalada de canónigos
Autor: J. Ramallo
Editorial: Ediciones Idea
Págs: 236
Precio: 12,95 €
“Leí el cuento una, dos, y hasta cinco veces, y ahora puedo decir que sólo entendí una parte del mismo, la parte externa, la que parecía aconsejar al lector. La otra, la interna, la peligrosa, no la percibí en ese momento”. Así comienza la tercera parte de uno de los relatos incluidos en el libro de JRamallo, Ensalada de canónigos. La escojo adrede para contarles que mi caso, como lector de este libro, fue al contrario. Ni me vi obligado a leer varias veces ningún relato de este libro para entenderlo ni mucho menos me quedé con su parte externa, “la que parecía aconsejar al lector”. En primer lugar porque no existe en ninguno de los relatos de JRamallo nada “exterior”: ni moralejas ni lecciones conclusivas dirigidas a ningún lector, ni siquiera paisaje de fondo para sostener lo expuesto. Me atrevería a decir que cada uno de los relatos sólo consta de esa parte “interna, la peligrosa”. Uno se fue dando cuenta a cada página que pasaba, y a medida que iba terminando cada relato más todavía. Por supuesto que como confiesa el mismo autor en alguna parte uno encontró cierta ironía, aunque también un aticismo elemental y aplastante que en lugar de vestir su estilo lo desviste, por lo que en cada relato uno puede llegar a morirse de frío. Puede a uno escapársele de vez en cuando una sonrisa, cómo no, pero ese lenguaje “sencillo y directo, de tono urbano e intimista” con que están construidos los relatos no consigue más que dejar a cualquiera alongado al filo de algún precipicio. ¿Que resulta triste la escritura de JRamallo por lo que expongo? Creo que no. En su escritura está siempre de fondo, aunque nunca veamos descrito por ninguna parte un escenario urbano, la sociedad moderna con todas sus tripas y mierdas al aire, sus vergüenzas y miedos, sus secretos y obscenidades, sus tetas y pollas, sus culos y rostros, el extremadamente solitario y el que está acompañado a punto de morir loco por amor… En toda esta sinfonía de literatura pura y dura y, por tanto, desnuda, están patentes el estrépito y el rechinar y el fragor y el desamparo y el vértigo y el temblor y la locura y el blues. Bastan la manera de relacionarse los personajes entre sí, sus parcos diálogos para traducir el mundo en el que se desenvuelven, para atisbar que esa sociedad es nuestra ciudad, la misma que habitamos, la misma que, perteneciendo a ella, desconocemos o, en todo caso, encubrimos y nos encubre. Avanzamos en su lectura pero no encontraremos en su mapa trazado hospitales donde curarnos ni, señalados en rojo, los prostíbulos donde desahogarnos. Sin embargo es posible leer como si recorriéramos andenes sucios o baños públicos, bulevares o ramblas, museos o restaurantes, topándonos de camino con amores y desencuentros, topándonos con Tchaikovsky y Rachmaninov y los Rollings Stones y sólo dios sabe con quién más, esa banda sonora que uno va concatenando sin querer y que proviene de esa única parte interna y peligrosa con la que está construido todo el libro, la que lo pone en pie, lo apuntala: anverso y reverso de cada cuento. ¿Que cómo puedo demostrar que es posible oír música? No tengo respuesta… Tal vez ustedes insistan en preguntarme, que me interroguen una y mil veces y yo continúe sin saber responderles. Y si insistieran sobre los porqués de estas apreciaciones mías como lector una vez se hayan leído Ensalada de Canónigos, o bien ocurre que a ustedes les habrá pasado como al protagonista del cuento de JRamallo que, aun leyendo “una, dos, y hasta cinco veces” cada relato se quedaron entendiendo sólo “la parte externa” -precisamente la que yo les aseguro que no existe-, o eso, que yo me volví loco sin razón ninguna porque me quedé con esa otra parte, “la peligrosa”, y no supe cómo deshacerme de ella. Pero les aseguro que por este libro desfilan muchos escritores imprescindibles de nuestra literatura universal, sin copia y pega, sino con ardor de hijo. Casi, casi es una novela -¿por qué no?-, porque la palabra “ensalada” incluida en el título del libro permite también esta consideración cuando uno ha traspasado algo más de la mitad de sus relatos, como capítulos escritos bajo el estigma “peligroso” de algún maestro literario: maestros de los filos y las aristas, de los extremos, todos -eso sí- con algún arma cortante en el bolsillo, por lo que no puedo terminar sin antes expresar que para ser el primer libro de un autor resulta digno -demasiado digno diría yo- para ser elegida Ensalada de Canónigos entre tanta bazofia literaria que sale al mercado editorial.
Pero ¿qué pasa cuando se alcanza el último relato y se cierra el libro? Queda esa música, sí; quedan esos filos, sí. Pero uno se da cuenta que esa urbe, esa sociedad moderna y sus movimientos de vida consecuentes no suceden, acaso, más que en una habitación despiadada, con dos o tres habitantes nada más como mucho, que manejan al dedillo el lenguaje de la crueldad. Dos o tres personajes que deambulan en una habitación y que prácticamente no hacen más que intercambiarse sus nombres propios, representando así, con totalidad teatral, a tantos millones de seres que habitamos este nuestro mundo, cotidiano y moderno, en el que sólo somos dueños de nuestra propia crueldad y libres para sentirla. JRamallo está ahí dentro también, y desde ahí dentro escribe.
Como conclusión, y desde el punto de vista de un lector más, decir que llevaba tiempo echando de menos un libro como éste, que pasara tanto tiempo sin aparecer en Canarias un libro como éste, un libro para el mundo. Ahora bien, lamento que por una vez que pasa, tenga la desgracia de caer en manos de una editorial que apenas va y viene a ningún lado pero está… Disculpen mi embrollo, pero es que en este libro, no sé en cuál de sus páginas en concreto -esto no me lo pregunten, por favor- también vi a “un niño que está cantando mañana”, como le gustaba decir a Julio (Cortázar, claro). Sería una gran pena para mí como lector que a este niño que entreví no se le permitiera cantar una vez más “mañana”, o que si se le permitiese se le volviera a truncar el alcance de su voz.
Antonio Jiménez Paz

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Título: El nombre del viento
Autor: Patrick Rothfuss
Traducción: Gemma Rovira
Editorial: Plaza & Janés
Págs: 872
Precio: 22,90 €
¿Quién no ha estado alguna vez en apuros y ha deseado que un poder invisible saliera de la nada para echarle una mano? ¿No sería fantástico conocer las palabras justas con las que llamar a las fuerzas de la naturaleza siempre que hiciera falta? Agua, fuego, tierra y viento, éstas se suponen que serían las fuerzas clásicas, los cuatro elementos fundamentales. Pero el protagonista de la novela de la que hoy os hablaré sólo quiere conocer el nombre de una de ellas. Estoy hablando de la novela de aventuras “El nombre del viento”, de Patrick Rothfuss, libro que paso ya a comentaros.
Existe una taberna en un pueblecito regentada por un misterioso pelirrojo. Le acompañan normalmente un joven empleado y unos pocos parroquianos. Todo parece en calma hasta que empiezan a suceder extraños sucesos, todos relacionados con unas monstruosas arañas gigantes de cortantes patas. Pero quizá esto no sea lo más alarmante para este curioso tabernero. Y es que al pueblo se dirige un escribano dispuesto a lo que sea por conseguir arrancar de los labios del modesto hostelero una fantástica historia, un largo y emocionante relato lleno de desgracias, aventuras y secretos por desvelar.
Existen en este primer volumen de la trilogía de Patrick Rothfuss dos narradores perfectamente diferenciados. El primero de ellos, un ser externo a la trama, se ubica en el momento más actual de la trama, por así decirlo, y será el encargado tanto de dar comienzo a la historia como de finalizarla (más bien, dejándola en suspense hasta la siguiente entrega de esta saga), así también como de ofrecernos los capítulos en los que el narrador en primera persona, el predominante, descansa (por diversas razones, como descubriréis vosotros mismos si leéis este libro).
El narrador en primera persona y total protagonista de esta novela no es otro que el tabernero Kote. Kote, que en otro tiempo se llamó Kvothe, ha tenido, sin duda, una vida muy azarosa. Él nos contará como descubrió la magia, gracias a su maestro Abenthy, cuando aún era un artista circense, y todas las vicisitudes por las que tuvo que pasar hasta llegar a la universidad, el lugar donde, probablemente, pudiera llegar a conocer las palabras mágicas que hacen que el viento venga hacia ti y te ayude cuando lo necesitas.
El Kote (o Kvote) protagonista es, ante todo, un ser humano, con todo lo bueno que eso implica. Por ello, no debe esperar el lector que sepa comportarse correctamente en todos y cada uno de los momentos de su vida, ni que las cosas siempre le vayan bien, simplemente por ser el personaje principal.
La acción de esta entretenida historia transcurre en unas tierras que mucho tienen de parecidas a las nuestras (si acaso fuera posible que el transcurrir de los siglos en la historia de la Humanidad se mezclaran, de forma que a veces pareciera que estamos en el siglo XIII y otras, en el XIX), aunque también se diferencian en otro tanto. Así, no será difícil toparse a cada momento con la magia, como antes decíamos, los seres fata (no del todo humanos), los dragones, los escrales (las arañas gigantes antes mencionadas) o los chandrians (los demonios); pero también con personas en apariencia normales y corrientes con los que nuestro pelirrojo protagonista trabará amistad o enemistad en algún momento de su corta pero intensa vida.
El nombre del viento, en definitiva, es una emocionante novela fantástica de aventuras, misterio, amor y venganza que sigue la tradición de otras como El señor de los anillos o Harry Potter, no dejando, por ello, de ser una historia totalmente original. Aunque el primer volumen es de por sí extenso, digamos que se hace corto al llegar al final, justo cuando nos damos cuenta de que nuestra curiosidad no quedará saciada hasta haber leído los otros dos tomos. Mientras tanto, amigos de la fantasía y la ciencia ficción, empezad con éste, a ver lo que os parece.
“El nombre del viento” es su título, pero a mí no me han dado ganas de llamarlo (al viento) tras finalizar la lectura de tan interesante lectura. Más bien me gustaría conseguir el número de su autor para preguntarle cuando estará lista en España la segunda entrega de esta saga. Estoy segura de que si os adentráis en las páginas de esta novela, vosotros pensaréis lo mismo.
Cristina Monteoliva

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¿Cómo te fueron llegando estos cuentos o saliste tú a su encuentro?
Bueno, fueron llegando en momentos y épocas diferentes. Por lo general, los temas surgen de hechos que ocurrieron en la realidad y de los que uno fue testigo, pero también surgen de visiones imaginadas, a veces de una simple frase o un verso. Con cierta habilidad y técnica esos embriones terminan convertidos en relatos, con un entorno creíble que imita la realidad para que el lector lo digiera sin cuestionarlo.
¿Te parece que estos cuentos son antropológicos o una suerte de ensayo de geografía humana que nos retrata un Perú poco revelado en Europa?
La intencionalidad de la escritura en mi opinión no apunta a un fin en concreto preconcebido. Al escribir mi única obsesión es que el texto, digamos la forma, tenga fluidez, tratar de atrapar al lector desde el inicio de la manera más persuasiva posible y llevarlo hasta el final, aunque la historia narrada sea en el fondo poco grata. Creo que de los cuentos, los relatos, las novelas se pueden extraer contenidos antropológicos, independientemente del tema o el enfoque elegido por el autor. Es el lector quien otorga o interpreta significados que de manera racional el autor tal vez no se planteó al escribir el relato.
¿Escribes en modo “foto”? Cuando te leo tengo la sensación de que tus escenas están perfectamente equilibradas y que comunican sensaciones muy visuales.
Esas sensaciones que apuntas provienen sin ninguna duda de tu apreciación visual, que es parte esencial de la cultura audiovisual característica de nuestros tiempos de quien lee y de quien describe. No hay intención deliberada. Abundan autores tremendamente visuales cuyas obras son anteriores a la invención de la fotografía y el cine. Me vienen a la mente los Cuentos de Canterbury, por ejemplo. Son tan visuales estos relatos medievales de Chaucer que Pasolini los llevó al cine. En nuestros tiempos cine y literatura intercambian influencias, y puede decirse que se nutren de las mismas fuentes. El modo “foto” que señalas es interesante por la observación, la apreciación que haces del texto narrativo. Puede ser que la fotografía como género te impone la depuración de elementos ajenos al encuadre, a centrarte solo en el tema que retratas. Y aunque son lenguajes distintos, tal vez esa disciplina siga funcionando a la hora de escribir.
La protagonista de Josefina ¿es un alter ego de los que escribimos? Veo en ella esa locura del que escribe y espera.
La mujer de ese relato es un personaje muy entrañable para mí. Produce poesía en cantidades ingentes impulsada por el irrefrenable placer de escribir, y es su novio quien trata de sacar alguna utilidad práctica a esa afición suya, de sacarla del anonimato. Si son buenas o malas sus composiciones es algo que a ella parece importarle poco, del mismo modo que ignora si existen otros poetas. Tiene bastante con sacar lo que bulle dentro de ella, y es irrelevante darse a conocer más allá de acceder a la petición de su admirador atormentado. Estoy seguro de que existe mucha gente que escribe por placer y no llega a publicar nunca su obra, al menos en forma de libro. Ahora gracias a la red es más asequible tener lectores, y que sean pocos o muchos da igual.
Castillo ¿es un retrato de macho latinoamericano que oculta su “sensibilidad”? Crees que muchos “machos” no te perdonarán esta revelación.
Sensibilidades como la de Castillo existen en todas las culturas, no creo que sea exclusivo del latinoamericano. Esa sensibilidad se manifiesta de diferentes modos y en grados distintos. La diferencia es que el personaje de este relato se expresa de manera desembozada, muy consciente de la visión que tiene del género femenino, una convicción devastadora que no oculta. No creo que haya razón para que los “machos” recalcitrantes tengan que perdonarme. Lo que sí puedo decir es que he recibido opiniones de mujeres de diferentes edades, a la mayoría le impacta la descarnada visión que este personaje tiene de ellas, al mismo tiempo que les hace sonreír el contraste entre lo que proclama y lo que le ocurre en la realidad.

En todos estos relatos me encuentro con la soledad de sus protagonistas ¿a qué se debe?
Es cierto, la soledad, la exclusión y la marginalidad están presentes en todos los relatos, aunque no haya sido una elección deliberada. En cualquier ciudad del mundo se convive con estas situaciones, lo ves por todas partes, han llegado a ser normales a nuestros ojos porque tal vez individualmente uno nada puede hacer. Además, son cosas que responden a estructuras sociales complejas y también pueden ser razones existenciales, algo de cada individuo, algo mucho más complejo, donde no rigen estructuras ni soluciones colectivas.
Consideras este libro un rescate de personajes silenciados y desconocidos de Perú, de América Latina.
Se trata de escribir honestamente de lo que uno conoce, de las cosas que te removieron la conciencia, o que te golpearon en la línea de flotación de la sensibilidad. Tú sabes que secularmente ha habido y sigue habiendo gente sin voz en toda Latinoamérica, silenciada o ignorada por la Historia digamos oficial. Gente que espera poco o nada del Estado. En estos relatos trato de mostrar esto, pero de manera indirecta, no se trata de denunciar sino de recrear literariamente ese vacío.
Varios de tus cuentos los narras en tercera persona ¿a qué se debe este recurso técnico?
La narración en tercera persona es la más extendida, seguida por la narración en primera persona. Yo he tratado de hacerlo en segunda persona en algunos relatos de este volumen porque me sonaba mejor, me resultaba incluso más cómodo y porque insinúa la ambigüedad de que la historia está siendo recordada por el propio personaje narrador, o que una entidad digamos superior, que podría ser su propia consciencia, le está dictando las acciones que lleva a cabo. En resumen, los temas lo imponían así.

¿Qué le debe tu literatura a los viajes y a tu visión de fotógrafo y autor de documentales?
Antes de dedicarme a los documentales o a la fotografía había escrito ya algunos relatos, y me he dedicado por etapas a una u otra actividad. Por tratarse de lenguajes muy diferentes es necesario involucrarse a fondo y en exclusiva. Los viajes nutren la imaginación y amplían la visión del mundo, las gentes que encuentras te revelan que el ser humano en el fondo es igual en todas partes, con sus pasiones e inquietudes, con sus grandezas y sus mezquindades. Por eso hay que huir de actitudes maniqueas dividiendo el mundo entre malos y buenos puros.
¿En qué trabajas ahora?
Si uno trabaja con cierta regularidad y no a golpe de impulsos, a la larga y casi sin darte cuenta tienes un buen puñado de nuevos relatos. Tengo terminado un nuevo volumen con historias que transcurren en diferentes países, o en ninguno, no como en Contraluces, cuyos temas transcurren exclusivamente en Perú. Y como tú bien sabes, siempre hay proyectos sobre la mesa de un escritor. Hay que ir paso a paso, todo tiene su momento.
Pedro Crenes Castro
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Título: Contraluces
Autor: Leoncio Robles
Editorial: Baile del Sol
Págs: 132
Precio: 12 €
Para los que quieren conocer un poco mejor el Perú, para los que quieren internarse en las entrañas de lo que los hombres y mujeres alejados del bullicio de las grandes ciudades sienten, Leoncio Robles (Huaraz, Perú) nos retrata con una prosa precisa personajes que se asemejan a nosotros, animales del asfalto, más de lo que creemos. Porque el gran acierto de este libro es acercarnos a personas que están tan lejos de nosotros físicamente pero muy cerca de nosotros en materia de sueños, “padeceres” y vivencias.
Los catorce cuentos que nos presenta Leoncio Robles le han ido llegando poco a poco manifestándose ante el autor que ha ido trabajándolos con esmero de orfebre, poniendo en cada uno de ellos las palabras exactas que mantienen en equilibrio unos sentimientos y unas emociones que están al servicio de cada historia.
Historias estas que nos salen al encuentro para arrancarnos una sonrisa o una lágrima o un reproche. Son los personajes de “Contraluces” (Baile del Sol, 2009) seres hechos de soledad, de ecos de un pasado irremediablemente lejano, obsesionados con sus quehaceres o con sus maneras de ver el mundo, seres de ficción tan humanos que terminan por mirarnos a los ojos para decirnos que también nosotros formamos parte del elenco de estos cuentos.
No debemos perder de vista nada de estas historias. Forma parte fundamental de ellos el paisaje peruano que se despliega ante nosotros. La construcción de las escenas, la posición de los personajes, nos hacen pensar que Leoncio Robles escribe en “modo foto”, colocando narrativamente a cada personaje en su circunstancia para que la historia fluya y nos afecte. Otro aspecto a señalar en esta línea es el lenguaje de los personajes que se comunica con un sabroso deje peruano, con los giros del idioma que nos proponen otras maneras enriquecedoras de llamar a las cosas en este universo tan fascinante que es el español.
Quiero señalar, por la emoción que comunican y por la precisión técnica de los mismos, tres de estos cuentos: Castillo, Josefina y Torero.
Castillo es el retrato interior de un rudo “latin lover” que pretende enseñar a un jovencito como hay tratar y sentir a las mujeres. Un relato entrañable de lo que de verdad va por dentro de las emociones de muchos hombres que sólo muestran una fachada y cómo esos sentimientos se van pasando de generación en generación. No se lo pierdan.
En Josefina se experimenta con la obsesión de los que escriben. Una joven peluquera escribe poemas sin parar y hasta aquí les puedo leer. Con estas dos vertientes de la existencia Leoncio Robles traza un finísimo retrato de la creación literaria por el mero placer de crear. Pasen y lean.
Pero el que más despierta en mi ternura, porque al personaje lo conozco, con otro nombre, con otra historia que contar pero con el mismo aura del pasado que se recuerda es Torero, una hermosa anécdota de juventud que pinta la memoria de un hombre que recuerda lo que fue, o lo que quiso ser. Una joya por su brevedad y precisión para levantar tanta belleza en unas pocas líneas.
Al final de la lectura, no la lean antes, tenemos una nota del autor en la que nos revela el origen de los cuentos. Lo valioso de la nota es que nos permite contrastar nuestras propias sensaciones con el origen de los mismos y nos revela el buen hacer del autor que ha transformado retales de la vida en profundas ficciones.
“Contraluces”, como su propio nombre indica, ha de leerse viendo a estos personajes que se encuentran en el lugar opuesto a la luz, en una penumbra que atrae a la soledad y a la nostalgia. Cuentos que sin duda nos hacen esperar la próxima entrega de este autor que haremos bien en conocer.
Pedro Crenes Castro

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Título: Cantar de Guillermo
Autor: Anónimo
Editorial: Gredos
Págs: 198
Precio: 13 €
No hemos podido evitar durante la lectura del libro mirar por el retrovisor de la intertextualidad y analizar las hazañas de Guillermo a la luz de las que, un tiempo atrás, hiciera su compatriota Roldán en aquel primer vagido de las gestas románicas. Si bien muy próximo a la idiosincrasia argumental de su antecesor, este se presenta rico en matices, por lo que no es una cuestión baladí hacer hincapié en estos peculiares aspectos sobre todo cuando sabemos que el ciclo de Guillaume d´Orange o de Garin de Monglane “es el conjunto más extendido y mejor organizado de la épica francesa medieval”.
Antes de entrar en cuestiones concretas, daremos una breve pincelada sobre algunas cuestiones extratextuales del cantar. Existe más o menos un acuerdo general a la hora de fechar este texto ya que la mayoría de estudiosos coinciden en que la “obra se compusiera en la mitad del siglo XIII, y no es nada extraño que en este intervalo se produjeran alteraciones en la transmisión del texto. Junto a un copista anglonormando pudo haber otro copista glosador que añadiría epítetos a los nombres propios y palabras explicativas y que alargaría los textos”. No parece nada arriesgado señalar que es casi indudable que el altor del Cantar de Guillermo conocía el Cantar de Roldán, lo que no resta un ápice de originalidad como más adelante comprobaremos.
Dado que simplemente ordenar en un monográfico todo lo que se ha escrito sobre este cantar sería material más que suficiente para elaborar una tesis doctoral, nos limitaremos a partir de ahora a señalar algunas de las cuestiones que a nosotros (como lectores de literatura medieval) nos han parecido más interesantes y novedosas. Como una constante que recorre todo el libro, diremos que sobresale en él un realismo y plasticidad que realmente impresiona. Si bien es cierto que el libro no sobresale por la consecución de una intriga (ya que en los primeros versos el autor nos anticipa que será Guillermo quien triunfe sobre Deramé, dándole muerte en la batalla de Larchamp) el despliegue de personajes y situaciones se irá progresivamente enriqueciendo. Como bien se apunta en una nota al pie de página el nombre del antagonista, Deramé, tan recurrente en la conciencia literaria de los trovadores, no es otro que el antropónimo Abd al-Rahman “muy corriente entre los musulmanes desde el siglo VIII al XI”.
La valentía de los personajes, la bravura, el honor y la fe de los cruzados aparecerán recurrentemente ya desde las primeras páginas. Estos calificativos generalmente irán acompañados de epítetos épicos que se repetirán hasta la saciedad en el transcurso de la historia (serán también muy frecuentes aquellos epítetos referidos a determinados rasgos físicos de los personajes, siendo el más frecuente el que se refiere al propio Guillermo: “el de nariz corva”).
Nos parece interesante hacer la primera escala en las palabras que Vivién profiere cuando los gonfaloneros, Teobaldo y Esturmí, abandonan a éste y a sus compañeros en el campo de batalla (pag. 80 de nuestra edición). Lejos de achantarse aun sintiéndose abandonado dice: “yo afrontaré tan terrible peligro, no retrocederé, pues he prometido a Dios que jamás me hará huir el miedo a la muerte”. Sin duda estas palabras nos llaman poderosamente la atención no sólo por la carga emotiva que albergan este tipo de declaraciones, sino porque para nosotros Vivién supera incluso al propio Guillermo en lo que a heroicidad se refiere, pues no duda en dar la vida en defensa de una causa juramentada desde el principio.
La exagerada crueldad de que goza este cantar es notoria. Las muertes de los enemigos se cuentan a miles y la descripción que de ellas se hace es siempre muy sangrienta, horadada por un detallismo morboso y redundante. Hay un momento en que el autor describe la espada que porta Girard resaltando que “toda ella está roja desde el puño y la funda está llena de hígado y de sangre” (pag. 99). Del mismo modo, unas páginas más a delante, el autor nos cuenta con suma precisión el momento de la muerte de Vivién, lo describe herido, vagando solitario, “y entre sus pies va arrastrando sus intestinos, que sujeta con el brazo izquierdo” (pag. 104). También, al referirse a su sobrino Gui, se dice que sigue a sigue a Guillermo a pie y “poco a poco se va hundiendo en la sangre hasta las rodillas” (pag. 137).
La muerte de Vivién representa una parte fundamental del Cantar de Guillermo, ya que éste personaje acaba muriendo como trágica. Como señala A. Vàrvaro, “la relación entre el sacrificio de Cristo y el de Vivién constituye una especie de vínculo figural […] Gracias a esta relación figural el héroe se transforma en mártir, en víctima de un sacrificio llevado a cabo con un rito heroico en el que se materializa una fe divina y humana, en Cristo y en Francia”. Tras este malogrado final, el autor nos dice que Guillermo, estando en Barcelona y tras enterarse se la fatídica noticia por boca de Girard, manaron de sus ojos “lágrimas de piedad y de ternura” (pag. 108).
Ni que decir tiene que la cuestión de la oralidad está presente por cada rincón del texto, son comunes las llamadas al lector del tipo “¿Os gustaría escuchar cómo estos nobles barones se separaron de su regio compañero?” (pag. 112). Al margen de esto, advertiremos que en muchos momentos el autor hace un ejercicio metaliterario al referirse a la presencia de los juglares en las cortes y durante la comida de los nobles: “Guiburc ha llamado aparte a los adalides y arriba, en el palacio, les acomoda para comer. Delante de ellos hace cantar y recitar cantares e historias”. En otro momento se dice explícitamente: “Mi señor Guillermo lleva consigo un juglar” (pag. 115-116).
Es curiosa la identificación que se hace de los enemigos, aunados por gentes tan ajenas entre sí como son los sarracenos y los eslavos. Interesante también es la edad que se atribuye a los héroes, pues el propio Guillermo aclara que hace más de trescientos cincuenta años desde que mi madre me trajo al mundo (pag. 119). Pero sin duda lo que más nos ha llamado la atención es el modo en que se describe la peculiar idiosincrasia de los enemigos, sobre todo en lo que a su religión se refiere. El desconocimiento del mundo musulmán de la época se entiende por el débil contacto que habría entre la sociedad francesa de la época y los territorios de al-Andalus. En la página 146 el autor, refiriéndose a Alderufe el sarraceno dice que “cree en el infante Pilatos y en Belcebú, en el Anticristo, en Bagot y Tartarin y en el viejo Astarot que está en el infierno”. En otro momento pone en boca de un sarraceno que los cristianos deben adorar a Mahoma, Apolo, Bagot y a Macabeo.
Ni que decir tiene que sin duda uno de los pasajes más curiosos es aquel en el que con gran virulencia Guillermo se dirige a la reina Blanchefleur, hija de Aymeri, casada con el rey Luis, inmediatamente después de que esta se oponga a que su marido ayude a las tropas de nuestro héroe contra los sarracenos. Dice literalmente: “Reina inmunda, lengua de víbora. Teobaldo, el miserable canalla, fornica contigo y también Esturmí de cara siniestra […] Más de cien prestes os han poseído y vigorosamente han golpeado el yunque” (pag. 163). Se ha destacado unánimemente la gran virulencia de la invectiva que Guillermo lanza contra la reina, siendo algo totalmente novedoso con respecto a otros cantares.
A partir de la página 139 de nuestra edición, empieza el la segunda parte del Cantar de Guillermo, independientes una de otra, ya que alguien debió de formar el relato que hoy leemos fundiendo dos o quizá tres obras de orígenes bien distintos mediante una serie de arreglos o pequeñas lañas. La conciliación entre ambos no es del todo satisfactoria. De este hipotético segundo texto cabe destacar la figura de Renuard,
Un misterioso personaje armado con una poderosa maza que hará una verdadera matanza entre el bando enemigo, inclinando definitivamente la balanza hacia el triunfo de las tropas de Guillermo. Renuard es de origen árabe, aunque reniega de la religión de éstos. Tras la victoria y como premio a su fidelidad y arrojo, se le dará un feudo, no sin antes entregarle una esposa y ser bautizado.
David Porcel Bueno
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Título: El jardín de los suplicios
Autor: Octave Mirbeau
Traductores: Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 216
Precio: 19 €
El jardín de los suplicios es uno de los libros más repugnantes que he leído en mi vida. Dicho esto, queda aclarar que la repugnancia viene dada por las descripciones de torturas de todo tipo y pelaje y que es indudable reconocer lo bien escrito que está para provocar esas sensaciones. Probablemente hoy podríamos decir que El jardín de los suplicios es una obra gore o hardcore, un verdadero manual de la tortura china.
Recuerdo haber visitado hace unos años en Santillana del Mar una exposición de la tortura durante la Inquisición que, si bien era bastante repugnante, no llegaba al sibilino grado que plantea Octave Mirbeau (1848-1917).
No me cabe la menor duda de que en el planteamiento inicial hay un poco de épater les bourgeois y otro poco de influencia del Marqués de Sade (1740-1818), además de una denuncia (p. 94. “Europa, con su civilización hipócrita y bárbara, es la mentira”).
La obra tiene dos partes claramente definidas y aborda en cada una de ellas un tema diferente.
En la primera parte conocemos la vida de un joven venido a menos que lleva una existencia canallesca aprovechándose de sus contactos sociales y de su relación con un ministro francés. Envuelto en constantes corrupciones políticas debe abandonar Francia con la excusa de una misión científica haciéndose pasar por un falso embriólogo que viaja hacia Ceilán. En esta parte todo nuestro asco viene de la repugnancia moral o ética que a uno le produce la forma de conducir la política y el tráfico de influencias constante (¿Alguna relación con la política actual?). Esto es lo más sobrellevable.
La segunda parte se inicia cuando en el viaje a Ceilán traba contacto con una mujer, de nombre Clara, que le desviará de su ruta hasta China. Aquí es donde veremos la mezcla entre sexualidad y dolor.
El desarrollo de la historia proviene de un diálogo inicial sobre las teorías que tienen que ver con el dolor, la sexualidad y el comportamiento primitivo. El diálogo se da en un salón frecuentado por personas de posición de la Francia del momento.
Esta segunda parte puede considerarse excesiva, tanto en longitud como en exhibición. Asistimos a todo tipo de torturas, canibalismo, y violencia que podamos imaginar. Conoceremos la tortura de la caricia, de las varas candentes, del tañido de la campana, de la rata, etc.
Durante el viaje en barco tenemos un espacio de transición entre la repugnancia moral y la física. Este desplazamiento de una a otra viene dado por el propio desplazamiento del barco y las conversaciones que en él se dan. Por ejemplo hay una crítica a la supuesta civilización que representa Europa al hablar de las guerras y del descubrimiento de munición cada vez más destructiva (balas dum-dum): “Para hacerla más y más mortífera y expeditiva.(..) Se trata de una cuestión de humanidad (…)¿y el derecho de las gentes?(…)ése es el derecho que tenemos de matar a la gente en masa o al menudeo (…)”(p.85).
Posteriormente también hay una parte que abre la explicación del porqué de las torturas: “Yo he visto colgar ladrones en Inglaterra, he visto carreras de toros, he visto agarrotar anarquistas en España…En Rusia he visto a unos soldados azotar hasta matarlas, a hermosas muchachas (…) Pero nunca vi nada tan hermoso como esos presidiarios chinos”(p.108)
Y encontraremos críticas abiertas al papel de la religión en Asia:
“(…)el misionero católico que lleva también la civilización en la punta de las antorchas, de los sables y de las bayonetas” (p.147).
Importante comentar todos estos aspectos pues una lectura superficial nos reduciría el contenido del libro a sus aspectos más escatológicos. El lector sensible convendrá que tenga en cuenta todo este catálogo de pequeñas advertencias, mientras que el lector más osado quizá disfrute descubriendo lo sibilino de la tortura de la rata y llegue a la parte en donde aparece el Ídolo de las Siete Vergas.
En definitiva, un libro no apto para leerse en las comidas, quizá extraño, cuyo autor era considerado por Tólstoi como “el más grande escritor francés contemporáneo”.
Átense con correas de cuero y lean El jardín de los suplicios. Si se atreven, claro.
Luís Vea García

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Títulos: ¡No! Dijo el pequeño monstruo / Los monstruos grandes no lloran
Autores: Ástaug Jóndsdóttir, Rabel Helmsdal y Kalle Güettle
Ilustraciones: Ástaug Jóndsdóttir
Traducción: Úa Matthíasdóttir
Editorial: Beascoa
Págs: 36 / unidad
Precio: 11,95 € /unidad
¡Pero qué difícil a veces es llevarse bien con los amigos! ¿Es bueno callarse cuando algo te molesta? ¿Será mejor ser totalmente sincero todo el tiempo, aunque con ellos podamos herir la sensibilidad de los demás? ¿Por qué nos da tanta vergüenza que los demás nos vean llorar? A muchos de nosotros nunca nos han enseñado la manera correcta de solventar los problemas con los amigos, ¿verdad? Tal vez de adultos nos cueste un poco más aprender a interrelacionar mejor con los demás. No dejemos que a las próximas generaciones les pase lo mismo: eduquémosle en estas materias de forma adecuada. ¿Y qué mejor manera que hacerlo mientras les contamos un cuento que, además, les divierte? Conozco a dos seres que os lo pondrán muy fácil: son el monstruo grande y el monstruo pequeño, y de ellos hablaremos un poco hoy.
Después de pensarlo mucho, he decidido reseñar de forma conjunta los libros “Los monstruos grandes no lloran” y “¡No!, dijo el pequeño monstruo”, aunque no por ello deban, obligatoriamente comprarse los dos. Y es que, aunque se trata de dos aventuras distintas protagonizadas por tan adorables seres peludos, creo que ambos libros muestran, en su mensaje, grandes similitudes que ahora os comentaré.
En “¡No! Dijo el pequeño monstruo” es el menor de los amigos el que nos expone sus quejas. El monstruo grande es un mandón y el pequeño monstruo está cansado de su actitud fanfarrona. Por otra parte, tal y como vemos en “Los monstruos grandes no lloran” el monstruo grande se siente mal porque el pequeño es muy inteligente y parece que le sale todo bien. ¿Será posible que los monstruos se reconcilien? Claro que sí. En el fondo, ambos monstruos no pueden vivir el uno sin el otro. Sólo tienen que hablar un poco para entender que todos tenemos defectos y es bueno de vez en cuando decirle a los demás que algunos comportamientos nos molestan, hacerles entender que tal vez si todos intentáramos portarnos un poco mejor, nadie lo pasaría mal.
En definitiva, amigos, gracias a estas dos historias en apariencia simples, con unas ilustraciones tan buenas y divertidas, a todos nos será más fácil enseñarles a los pequeños de la casa cosas como el valor de la amistad y la comunicación, que también de vez en cuando es bueno llorar y que todos y cada uno de nosotros tenemos cualidades que nuestros amigos aprecian.
En conjunto o por separado, da igual como los encontremos: estos libros de los que hoy os hablo, que tanto éxito, por cierto, han cosechado en Finlandia, son una buena herramienta con la que contar a la hora de educar a los niños desde las edades más tempranas. ¡Palabra de monstrua lectora, que así lo piensa!
Cristina Monteoliva
 
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