Una historia de romance erótico para fin de año

diciembre 19, 2017

Han sido muchas las noches del 31 de diciembre en las que el fin de fiesta para mí ha estado lleno de una sesión online de videos xxx gratis, después de haber llegado de la fiesta de turno a altas horas de la madrugada. No sé, siempre he pensado que está de puta madre empezar el año con sexo, a poder ser en vivo; pero claro, como no siempre se ha dado esta circunstancia, pues me he tenido que buscar la vida como he podido, y esto ha sido lo más parecido que he podido encontrar.

Pero desde que mi vena inspirativa ha llegado a sus cotas más altas, esta costumbre me ha inspirado una idea distinta, más intelectual y desde luego que conlleva mucho más esfuerzo. Y es que hace par de años, he probado a escribir relatos eróticos, un género que generalmente se cree hecho por y para mujeres, pero que es una impresion fallida, tanto lo uno como lo otro; últimamente, están saliendo a la palestra autores masculinos de este tipo de literatura, y hay un leve repunte de público de este género que también parece haberse aficionado a este génere literario.

En fin, que yo, ni corto ni perezoso, decidí lanzarme de cabeza a esta incursión en la novela erótica, y me di cuenta de dos cosas: primera, que no era tan fácil imaginar una escena de sexo así de la nada, por mucho porno que hubiera visto; y segunda, que plasmar folladas en papel, era mucho más complicado de lo que puede parece en un principio. Hay quien cree que usar palabras burdas pero reales es la manera de escribir ese tipo de escenas, pero cualquiera con un poco de sensibilidad literaria puede deciros que, una vez que la escribes, te das cuenta de que en realidad no te está inspirando nada, con lo cual ha perdido todo el sentido con el que está escrita.

Porque, realmente, ¿para qué se creo el género de literatura erótica? Bueno, mi teoría es que es una especie de porno, sólo que en vez de visionarlo, hay que hacer trabajar la mente para transformar en imágenes lo que estás leyendo. No es tan fácil como se piensa, hablo de la lectura, pues no todo el mundo tiene su imaginación desarrollada para eso; y mucho menos es fácil escribirlo, pues hay que ser capaz de provocar ese efecto en quien lo lee, y aunque pueda parecer lo contrario, no todo el mundo está preparado para eso.

Y es normal que los hombres estén menos preparados para este tipo de lectura, y acaben por encontrarla aburrida y con poca gracia; apuesto a que debe ser el mismo efecto que para la mayoría de las mujeres ver un partido de fútbol. Los hombres tiene por lo general menos desarrollado el aspecto imaginativo, por lo que llegar realmente a comprender estas novelas eróticas, o directamente sexuales, puede hacerse una ardua tarea; por eso, yo creo que se prefiere ver películas porno antes de leer estos relatos, porque ahí no hay que imaginar nada: lo que se ve es lo que hay, y madre, a veces se ven cada cosa… Lo que entra por el ojo no se olvida en mucho tiempo, y no requiere ningún esfuerzo ni imaginativo ni de abstracción, ¿cómo no va a ser el porno una asunto principalmente de hombres?

Aunque quizá este sea un pensamiento injusto y bastante estereotipado, quién sabe. Dicen por ahí que el porno se está volviendo cada vez más popular entre las féminas, que parece que también están empezando a apreciar este tipo de cine, aunque eso sí, con cierta restricciones y queriendo darle su propio toque. Por ahí están saliendo diferentes profesionales del cine, todas mujeres, que hablan de otro tipo de pornografía, que no se centre sólo en los gustos y necesidades masculinos, y que pueda llegar también a las mujeres mostrando realmente sus gustos y prácticas favoritas. Puede ser que con la literatura erótica pase otro tanto, aunque parece ser que este es un territorio de mujeres, al igual que el porno clásico. Se puede cambiar, por supuesto, aunque quizá sea una tarea ardua que no muchos quieran comenzar.

Por de pronto, a mí nadie me corta la inspiración; una vez lanzado, algo saldrá de mi ordenador, y quién sabe, quizá la novela erótica se me dé mejor de lo que creo.

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